Buch lesen: "La detrición de la lengua"

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Registro de la Propiedad Intelectual Nº 2021-A-6224

ISBN: 978-956-6048-61-9

ISBN digital: 978-956-6048-63-3

Imagen de portada: Anselm Kiefer, Lapis philosophorum (detalle), 2006. Gouache y carboncillo sobre fotografía, 89,5 x 60 cm. Fotografía de Todd-White Art Photography. © Anselm Kiefer.

Diseño de portada: Paula Lobiano Barría

Corrección y diagramación: Antonio Leiva

Traducción: Niklas Bornhauser Neuber

De la traducción, © ediciones / metales pesados

E mail: ediciones@metalespesados.cl

www.metalespesados.cl

Madrid 1998 - Santiago Centro

Teléfono: (56-2) 26328926

Santiago de Chile, diciembre de 2021

Impreso por Print Factory

Diagramación digital: Paula Lobiano Barría

Índice

Prólogo Niklas Bornhauser Neuber

Prólogo

El pensamiento de Werner Hamacher hoy en día nos es accesible a través de numerosos textos, plasmados en distintos formatos y traducidos en diferentes lenguas. Lejos de consolidar un corpus definitivo que responda a un ordenamiento cronológico o temático, exhaustivo y debidamente editado, se asemeja, más bien, a la proyección dinámica de una Gestalt rizomática, siempre a punto de ensamblarse para, acto seguido, volver a desarticularse; en suma, una figura afformativa –y no aformativa– que incesantemente va más allá y en contra de sus propios posicionamientos [Setzungen], que disloca sus emplazamientos y desfigura [entstellt] sus asentamientos. Dicha figura, caracterizada por su multiposicionalidad y plasticidad, se corresponde no solo con su biografía, llena de tránsitos, desplazamientos y reversiones, sino también, como ha advertido Christiaan Hart Nibbrig en su nota necrológica –su llamada que sigue a quien se está yendo [Nachruf, titulada «Búsqueda de huellas en lo carente de suelo» [Spurensuche im Bodenlosen]1–, con su corporalidad, con la encarnación de su pensamiento en sus gestos, en su actitud, en sus ademanes y, en particular, el abrir, y eventualmente volver a cerrar, ambos brazos y manos. Este gesto, según cuenta Hart Nibbrig, era el correlato del instante en el que sus conferencias, cuyos manuscritos un poco antes del inicio de la lectura siempre habían sido llevados (bajo la forma de un rough text, de manera fragmentaria y experimental, hacia un final abierto), eran el correlato de instante en el que estas se veían confrontadas con la necesidad imperativa de poner [setzen] un punto final; gesto que ya se insinuaba en pleroma, su investigación doctoral que, según recuerda el autor del obituario en cuestión, exclamado en agradecimiento a un diálogo perpetuo con quien está partiendo [fortgehen], había causado revuelo con la tesis de que «la pretensión o demanda [Anspruch] a la realización [Vollendung] de sistema e historia filosóficas, si es pensado hacia el final, desemboca en el vacío y que lo en última instancia impensable, esquivo del concepto, otro del pensar requiere de otro modo de acceso»2.

Se podría hablar, en cierto sentido, de un pensamiento wandernd, en movimiento, dotado de una libre desplazabilidad, resistente a las investiduras definitivas y sus correspondientes atrincheramientos. Un pensamiento que ininterrumpidamente explora límites y transgrede fronteras, un pensamiento no solo de la migración sino migratorio; un pensamiento que, además de su libertad de movimiento, como si obedeciera la relación de incertidumbre [Unschärfe] formulada por Heisenberg, en el momento en el que uno pareciera estar a punto de apresarlo, de coger o captarlo [ergreifen], se sustrae [entzieht] para escurrirse entre los dedos y desa­parecer. ¿Por qué, entonces, privar a estos textos de su libertad soberana de movimiento, de su extraordinario potencial especulativo, aprisionándolos, fijándolos en un acotado plexo de relaciones de reciprocidad que necesariamente detiene su despliegue, recorta sus posibilidades de afectar y de significar? Sobre todo si ya se cuenta con importantes y destacadas traducciones al castellano, ya sea de libros completos, que tienen su equivalente alemán como modelo e imagen previa [Vorbild] –Para la filología y 95 tesis de filología (Miño y Dávila, 2011); Comprender detraído (Metales Pesados, 2018)–, o de libros compilatorios armados a partir de una determinada voluntad –como es el caso de Lingua Amissa (Miño y Dávila, 2013)–. Precisamente en Lingua Amissa, que tanto ha contribuido a la circulación del pensamiento de Werner Hamacher en castellano, se ha resaltado, sobre todo, el parentesco con Walter Benjamin – y, en consecuencia, con Kafka y Marx, aunque también con Celan. De esta manera, se crean las condiciones de posibilidad para la recepción en castellano del pensamiento de Werner

Hamacher y, no menos importante, la discusión de sus posibilidades, alcances y limitaciones. De cara a dicha improvisada y probablemente incompleta genealogía de los textos de Hamacher en castellano, el presente volumen responde al esfuerzo por reunir y poner a dialogar algunos textos que puedan ilustrar la diversidad irreductible de sus reflexiones, la inagotable pluralidad de dominios, autores, problemáticas en las que incursionaba infatigablemente, y, por otro lado, al interior de dicha diversidad perenne, puedan resaltar, sin afán de exclusividad, ciertos énfasis, ciertas repeticiones, ciertas incisiones que permitan distinguir, a modo de hipótesis, algunas líneas de fuerza, algunos ejes dinámicos.

A diferencia de Lingua Amissa –y, podríamos agregar, de On the Brink (2020)–, donde la composición resultante fue el resultado de una serie de conversaciones con su autor y, al menos en el segundo caso, tuvo lugar un trabajo de revisión de las traducciones hechas, en este caso la idea nació, primero como una prolepsis, una anticipación, una conceptuación previa o una manera previa de concebir [Vorgriff], sin que esta se plasmara en una propuesta concreta, de algunas conversaciones con Werner Hamacher, en las que se perfilaba el carácter decisivo de este o de aquel texto, siempre sujeto al curso serpenteante y vertiginoso de las conversaciones. Sujeción contingente al instante, al vaivén del diálogo, al desplazamiento de la lengua, pero también a la repetición, compulsiva o no, de ciertas temáticas, ciertas obsesiones. Luego de la dolorosa muerte de Werner Hamacher, le comenté a Federico Rodríguez el proyecto, en aquel entonces como bosquejo preliminar, de armar un libro. Él no solo acogió con entusiasmo esta idea, sino que añadió, a modo de propuesta, varios textos a aquella primera y tambaleante columna vertebral, agregándole extensión, perfil y complejidad al trabajo a ser emprendido. Las conversaciones con Federico llevaron a que se incluyeran cuatro textos más, cuya consideración fortalece los ámbitos o dominios inicialmente bosquejados, agregándoles perfil y carácter – y no pocos dolores de cabeza para el traductor.

Aprovecho aquí de deslizar algunas consideraciones sobre la traducción. Y partamos por la más evidente: no es fácil traducir a Werner Hamacher. Además de su «exigente [demanding] pensamiento»3, si es que fuera separable de la dimensión traductiva, aunque sea solo por razones pedagógicas, los textos de Hamacher presentan más de una complicación ligada a su estilo. En primer lugar, su escritura cuidadosamente compuesta, al mismo tiempo comprimida, densa hasta correr el riesgo de convertirse en un agujero negro, y expansiva, incontenible, hace que su misma lectura –aunque, en un primer momento, se abstenga de todo intento de comprensión– requiera de un esfuerzo considerable. La diversidad de sus registros, que va desde frases hechas, propias del folclore, del gesunder Menschenverstand o common sense hasta referencias clásicas o contemporáneas a textos procedentes de diferentes disciplinas, obliga a estar atentos a la polifonía resultante que en ocasiones engendra combinaciones sorprendentes y desconcertantes. Su pensamiento lingüístico, de y en las lenguas [Sprachdenken], lejos de servirse del lenguaje como de un órganon tecnificado, se arraiga tan indisociable como transitoriamente en la multiplicidad irreductible de lenguas en y a través de las cuales se abre paso, a ratos dejándose llevar por estas [treiben lassen], entregándose al discurrir de las mareas de la pulsión [Trieb], a ratos pujando, esforzándose [drängen] –tal como exige una de las cuatro características, llamémoslas estructurales, de esta descritas por Freud en sus textos metapsicológicos– por ir en contra de sus corrientes. Las vías por las cuales su pensamiento se abre paso son inseparables de la gramática, así como lo son sus numerosos desvíos que incluso lo hacen ir en contra de lo establecido por las leyes del lenguaje. Es por este entrelazamiento entre su pensamiento y las lenguas que atraviesa, que pretender un simple trasvasije a otras lenguas resulta a toda vista imposible. Y sin embargo, más allá del carácter nómade y políglota del pensamiento de Werner Hamacher, se puede constatar el predominio de unas lenguas por sobre otras, partiendo del hecho de que los textos aquí considerados fueron todos escritos en alemán. Ello obliga a tomar partido respecto de dos posiciones que, al menos en un inicio, se perfilan como opciones no solamente alternativas sino antagónicas: primero, castellanizar el texto alemán, cortar las ataduras con la lengua de procedencia, dar el salto [Satz] que anhela a atravesar el abismo que separa entre sí a las lenguas y buscar los términos, las operaciones, las fórmulas equivalentes en castellano, pasando de una lengua (protestante, altogermánica, indoeuropea, que distingue entre el alemán escrito, estándar o alto alemán [Hochdeutsch] y el sinfín de dialectos con los que convive) a otra (católica, romana, procedente del latín hablado, que mantiene una relación al menos espinosa con el español); segundo, no solo conservar sino incluso enfatizar tanto las determinaciones que recibe desde el alemán como las consecuencias que tiene en y para esa lengua, alemanizando el texto en castellano. Más allá de suscribir una determinada doctrina traductológica o de operar bajo un imperativo del traducir, las decisiones tomadas en cada caso, considerando la dicotomía esbozada con anterioridad, responden tanto al estudio, el análisis y el ensayo con diferentes alternativas como al instante de la «voladura», del estar en suspenso entre dos (o más) alternativas, en una tierra de nadie, zona fronteriza, que le ha dado el título a un hermoso libro de Pablo Oyarzun4 – sin mencionar las limitaciones de quien traduce. En lugar de aspirar a una asimilación completa de la lengua extranjera a un idioma más comprensible, la propia lengua, he intentado conservar la extrañeza del texto, incluyendo las múltiples palabras extranjeras, pero también, y más fundamentalmente, de la extranjería interna a cada lengua. De este modo, las traducciones presentes son el resultado sobredeterminado de un tránsito no lineal, que reiteradamente, tras pasar por otros, se repliega sobre sí mismo, y que aspira a poner a dialogar entre sí a más de una lengua. Por último, cabe mencionar la aspiración de no traicionar, al menos no más de lo inevitable, aquello que tiene de extraño el texto hamacheriano, incluso o sobre todo en su lengua materna. Y es que por lo general no se trata necesariamente de textos fluidos, legibles con soltura, que fluyen por lo cauces establecidos de manera calma y predecible, debidamente contenidos por los respectivos diques (de represión), sino de textos ásperos –a pesar de su sofisticación y elocuencia–, esquinados –a pesar de su cuidada composición– y dotados de un tejido no siempre homogéneo ni regular. La decisión de mantener, entre paréntesis y en cursivas, ciertas palabras o giros del decir, obedece a la voluntad de mantener visible, mejor dicho, tangible, en todo caso comprensible (desde la aritmética de la lengua) y realizable a posteriori [nachvollziehbar], dicho vínculo con la lengua o, mejor dicho, empleando una expresión que le debo a las discusiones con Gustavo Bustos, con la materialidad de la lengua. Agradezco a Gustavo su paciencia, su rigor y su infatigable voluntad de ensayar distintas y siempre nuevas variantes de lo traducido sin perder de vista el contexto de significación en el que están puestas y deben funcionar. Como consecuencia de lo anterior, la traducción no apunta a establecer un vocabulario ni, mucho menos, una tabla de equivalencias, lo que se expresa, por ejemplo, en la decisión de no siempre traducir Entfernung como detracción, a diferencia de Comprender detraído, donde el concepto tiene un lugar distinguido y cumple (más de) una función.

Mención aparte merece la compleja estructura sintáctica de la mayoría de las oraciones y de los textos en general, entre cuyos variados antecedentes podrían destacarse, considerando lo anteriormente expuesto, a Hegel o Benjamin. A propósito de la sintaxis, vale recordar que Aristóteles en el apartado «La corrección en la expresión», traducido al alemán como «Sprachrich­tigkeit», suerte de primo hermano de Sprachgerechtigkeit (2018), observa que «lo que se escriba debe ser, en general, fácil de leer y de pronunciar –lo que es lo mismo–, cosa que no proporcionan ni la abundancia de conjunciones ni los (textos) que, como los de Heráclito, son difíciles de puntuar»5. Aristóteles se refiere al proceso de (inter)puntuar con el verbo diastizein que, como recuerda Peter Schnyder en un ensayo dedicado al análisis del problema de la traducción, y del lugar de la coma, de la primera oración de la obra principal de Heráclito, cuyo «estilo oscuro», a diferencia de lo que dictaminaría con posterioridad Heidegger, para él constituía un defecto, significa punzar, tatuar, marcar (con hierro candente)6. La frase a la que Aristóteles a continuación hace alusión en la traducción de Quintín Racionero dice: «siendo este el discurso siempre los hombres llegan a ser ignorantes»7; otras traducciones serían: «aunque este logos es este siempre los hombres resultan incapaces de comprenderlo»8, o: «Estando este logos presente siempre los hombres hállanse incapaces de comprenderlo»9, o: «Siendo esta razón eternamente verdadera, nacen los hombres incapaces de comprenderla»10. Las traducciones al alemán son varias y, más allá de cómo se traduzca la palabra logos, una de las preguntas a las que se deben enfrentar es si el adverbio temporal «siempre» [áeí], que Heráclito ubicó en la mitad de su frase inaugural, se refiere al participio de «ser» [eóntos] o si califica el estado de incomprensión de los seres humanos. Así, dependiendo de dónde uno –o sea, el traductor– decida colocar la incisión, es el logos el que es eterno o la incomprensión de los hombres. Julia Prager, a propósito del potencial de violencia de la coma en los textos de Judith Butler, agrega que «aquel momento corporal de la violencia anudada con los signos de puntuación [Satzzeichen] aún resuena en la palabra alemana Komma, tomada del latín comma (incisión, corte, cesura), respectivamente del griego kómma (golpe, incisión), que a su vez se deriva de kóptein (golpear, empujar, separar mediante un corte)»11. La contundencia de las comas, la fuerza de su golpe, su potencia, no debe ser subestimada, ya que su violencia potencial puede interrumpir, suspender [aussetzen] el flujo ya sea del pensar o del escribir obligando a detenerse, a hacer una pausa, antes de retomar. Y es que en esta pausa, como sugiere Schnyder, quizá resida el origen secreto del pensar.

Lo que vale para las comas bien puede aplicarse a los guiones largos o Gedankenstriche, literalmente: rayas o trazos del pensar ( – ) que, reducidos a su cruda materialidad, son una suerte de coma horizontal – o viceversa. De acuerdo a Tim Kammasch12, el trazo, en tanto guion largo [Langstrich] –cuyo largo, haciendo alusión a una medida tipográfica de tiempos del Bleisatz, la composición, mediante letras de plomo, de la forma material que será impresa, es determinado como Halbgeviert, es decir, el doble de la distancia habitual entre dos palabras [Viertelgeviert]– encarna, al ser leído alegóricamente, la dynamis de un pensamiento recitado rítmicamente con énfasis en las elevaciones y los descensos de la voz, fraseado, que acentúa la Gestaltung de los tonos al interior de una frase (musical) respecto de volumen, rítmica, articulación y colocación de pausas. El guion largo, en ese sentido, en su reposada horizontalidad se interpone, separando y, al mismo tiempo, uniendo los elementos entre los cuales es colocado. Kammasch muestra cómo en el relato La marquesa de O de Heinrich von Kleist, un autor cuya presencia atraviesa los textos de Hamacher, el guion largo marca y realiza el entrecortarse, el estancarse de la pretensión –humana, demasiado humana– de tener, poseer o disponer de la lengua, a modo de una Verfügungsgewalt, el poder, literalmente también: la violencia, de disposición de la lengua. Los textos de Kleist, de acuerdo a Klaus Müller-Salget, se caracterizan por un principio de ambivalencia que puede ser rastreado tanto en su macroestructural como en su «construcción conocidamente particular o incluso caprichosa [eigenwilllig] de las oraciones»13, lo que ha generado una proliferación infinita en la disputa de las interpretaciones en curso. Gran parte de este conflicto gira en torno a la pregunta de si la marquesa acaso sabía de su «concepción» de parte de uno de los oficiales que comandaban el ataque ruso a M, una importante ciudad de la Italia septentrional – o no. El Gedankenstrich presumiblemente más célebre de la historia de la literatura alemana –auf dem Strich gehen, literalmente: andar sobre el trazo, sobre la línea, coloquialmente significa prostituirse–, al mismo tiempo marca y oculta el presunto acto en cuestión. En consecuencia, concluye Adam Soboczynski, la raya, en tanto «vacío [o agujero, hueco] semiótico que no puede ser satisfecho [unerfüllbar]»14, de manera análoga a la pulsión freudiana en ese punto liminar marcado por el trazo fronterizo se sustrae a todo intento de parte del texto de asignarle un sentido inequívoco y traba todo esfuerzo de comprensión [Verstehen] a través de un habla que obstruye disimulando [verstellend]. El trazo, por ende, puede ser leído como marca de la ausencia, como Fehlzeichen, como lugar vacío del sentido, garante de un espacio indeterminado de libertad y de juego. Si bien tanto en el mentado pasaje de Kleist las traducciones al castellano suelen reemplazar el guion largo por puntos suspensivos y el empleo del guion largo gramatical y estilísticamente no se corresponde con sus usos en el alemán, he decidido conservar la puntuación empleada por Hamacher, ya que esta no obedece exclusiva ni principalmente a razones debidas a la convención o al estilo prees­tablecido, sino que posee un valor, el valor cero, que, a riesgo de traicionar la empresa hamacheriana, podría calificarse de performativo.

Mención aparte merecería el signo de interrogación, no solo por el ensayo «Preguntas y ninguna. Filosofía» que tematiza y traduce, imprimiéndola a la Gestalt del texto, la relevancia de la pregunta y del preguntar – el sorprendente poder-hacer, en el fondo profundamente misterioso, del «animal no-fijado [nicht-festgestellt]». Sin embargo, semejantes reflexiones ya se adentrarían de lleno en el ámbito especulativo y excederían con creces, si es que aún no se ha traspasado, el marco autoimpuesto de estas breves consideraciones. En este caso, al igual que en los otros, se ha conservado la puntuación o, mejor dicho, la omisión de la puntuación, empleada por Hamacher.

Finalmente quisiera dedicar, a modo de ejemplo, algunas líneas a dos verbos cuya repetición e insistencia destacan su carácter central, pero que al mismo tiempo representan la complejidad en general de traducir los textos de Werner Hamacher. El primero es lassen, el que ya apareció en las inmediaciones de las extensas notas al pie dedicadas al esclarecimiento de la noción de lo afformativo en «Afformativ, Streik», originalmente publicado en Hart-Nibbrig, C. (ed.), Was heißt «Darstellen»? (340-374), Fráncfort del Meno: Suhrkamp, 1994, y cuya traducción al castellano se encuentra en Lingua Amissa. Lassen es una palabra heredada del medio alemán alto lâʒen y cuyo significado original era «volverse fatigado, agotado o flojo, relajado». Sus usos en alemán son variados y, por lo general, se relacionan con la estabilidad y el cambio, la posibilidad de modificar algo – o no. Puede significar abstenerse de toda acción en general, no hacer ni modificar nada y, de esta manera, dejar [lassen] que todo siga tal como es, en otras palabras, dejar [belassen] el statu quo. También se usa en el sentido de no hacer algo determinado, preciso, de omitir [unterlassen] una acción y así abstenerse [bleibenlassen] de gestar cualquier cambio. Una acción zulassen o geschehen lassen, que en principio también remite a la pasividad o abstención, significa permitir que transcurra cierta acción, dejar que un cambio acontezca. Pero lassen también se usa para referirse, ahora en un sentido activo, a hacer algo y, por ende, promover activamente un cambio, realizar o ejecutarlo. Erlassen, si es aplicado a una constitución, una ley o una prohibición, significa decretar, establecer, declarar. Así, lassen también se usa para decir que se está exigiendo algo a alguien o pedirle que realice una acción. Dar o entregarle algo a alguien en el sentido de traspasar, se dice überlassen, mientras que nachlassen o, más frecuentemente, der Nachlass serían los bienes y obligaciones que alguien al morir hinterlässt deja (de)tras (de) sí y entrega, da algo a alguien. Zurücklassen sería el equivalente del célebre leave no man –or woman, podríamos agregar– behind. Ablass, y con esto volvemos al problema, si no del protestantismo, al menos de la Reforma protestante iniciada por Martín Lutero, hace alusión a la extendida práctica que se remonta al cristianismo antiguo de que ciertas consecuencias del pecado –no así el pecado en sí mismo–, como lo son, por ejemplo, las penas de carácter temporal, puedan ser objeto de una remisión o indulgencia concedida por determinados representantes de la Iglesia y bajo ciertas condiciones. A Lutero, que tenía una reconocida simpatía por el lenguaje popular, no le pasó inadvertida la relación con ablassen, desistir, abandonar, purgar, pero también dejar salir o desaguar en el sentido de orinar. Ante tantos significados que parecen oponerse diametralmente, dependiendo del par de opuestos –por ejemplo, su carácter activo o pasivo– que se aplique, y que varían enormemente dependiendo de sus prefijos y contextos, parece francamente imposible pretender reducir de manera sistemática lassen a uno ellos, sino que más bien, independientemente de la traducción puntual en cada caso, he optado por señalar el verbo entre paréntesis y en cursivas, con tal de señalar la tarea pendiente de intentar llevar las oposiciones en cuestión a una relación de reciprocidad que no aspire a extinguir su ambivalencia, sino que la deje ser [sein lassen]. El verbo lassen, por consiguiente, está en el centro de la filosofía política hamacheriana, y toca precisamente el punto de inversión o de torna en el que un determinado estado de cosas puede convertirse en otro o, abusando de un giro hamacheriano, en otro de un estado de cosas.

Otro de los verbos que destacan por su intraducibilidad es vorgreifen, un verbo compuesto por el prefijo vor- y el verbo troncal greifen. Mientras que vor, dependiendo de si es usado en un sentido espacial o temporal, puede significar «delante de» o «antes de», también es usado en la acepción de «sobre» (Vorrang vor haben: tener preferencia sobre), «a» o «ante» (vor jemandem Angst haben: tener miedo a alguien) u «ocasionado por» (vor Kälte zitttern: temblar de frío). A su vez, greifen se usa en el sentido de tomar algo con la mano, coger, pero también atrapar, apresar, tomar preso. Designa la acción de extender la mano (hacia algo o alguien) con tal de tocar o agarrarlo en el sentido de tomar posesión de [ergreifen]. En alemán, asimismo, se emplea para decir que se hace sonar [zum Klingen bringen: traer hacia el (ámbito del) sonido] un instrumento musical tocándolo, por lo que está emparentado con anschlagen, entonar, golpear ya sea suavemente como en la pulsación de un instrumento musical como el piano o fuertemente como ocurre en el caso de un atentado [Anschlag]. Greifen es tanto dar un valor estimado, evaluar, tasar, como, sobre todo en un sentido técnico, engranar, asir, adherir. Last but not least, begreifen, por supuesto, es comprender, entender, mientras que Begriff es elconcepto. Agradezco a Pablo Oyarzun la mención de prólepsis,

la hermosa idea de Epicuro, que se traduce habitualmente por «prenoción» (importante, porque la prenoción es la adquisición del universal a partir de la frecuentación de sensaciones: «esto es un caballo», momento de reconocimiento en el proceso del conocimiento, evidente por sí y en ese sentido criterio de verdad). En Kant es Antizipation. Y en realidad esta palabra corresponde etimológicamente a Vorgriff: ante-capere (tomar, coger, etc., por adelantado). Quizá de esa consideración saqué el pre-captar (por capere, igualmente). Con prólepsis es lo mismo: pro-lambano. Vi que Hamacher cita a Kant en las «Anticipaciones de la percepción», y Kant remite a su vez a Epicuro con una prevención (que la materia de la sensación no se puede anticipar). […] Me dio la impresión que el Vorgriff podría estar íntimamente relacionado con el carácter de traducción que sería propio y originario del lenguaje como tal. En ese caso, podría haber una lectura hermenéutica de la traducción, en términos de un proceder anticipatorio de sentido. Y ahí uno podría hacer valer a Kant y sostener que hay algo que no puede ser anticipado. Mi diferendo con la hermenéutica es que ese algo es, precisamente, el sentido (el lenguaje, como traducción, se anticipa constantemente a sí mismo)15.

Finalmente, der Greif, un préstamo del latín tardío grȳphus, a su vez derivado del griego antiguo grȳ́ps, en el alto alemán antiguo comprobable como grīf a partir del siglo XX, es un mítico ser mixto formado por cuerpos animales. La mayor parte de las veces es representado con un cuerpo de león, la cabeza de un ave rapaz, con un potente pico, orejas agudas, en su mayoría con alas, pero también en variantes con cabeza de serpiente, pies de pájaro, cola de escorpión, etc. En los Kinder-und Hausmärchen de los hermanos Grimm hay nada menos que dos «cuentos de hadas» dedicados a esta figura: «Das singende springende Löweneckerchen» (KHM 88) y «Der Vogel Greif» (KHM 165). Su representación en la heráldica, documentada a partir del siglo XII en Pomerania y Mecklemburgo, habitualmente es horizontal, ascendente, con las extremidades superiores abiertas, separadas del cuerpo, recordándonos la actitud adoptada por Hamacher durante sus conferencias. Así como los signos de puntuación pueden ser entendidos como una especie de lengua de ademanes o de señas del cuerpo textual, el vorgreifen acaso es una suerte de encarnación en el cuerpo de quien la realiza afformándola. A modo de un Greif que encarna varias tradiciones del pensar, varias disciplinas si se quiere, ocurre, entonces, el gesto de apertura radical a lo que se sustrae a todo comprender.

Agradezco finalmente a ANID, ya que la asignación del proyecto Fondecyt Regular n° 1171146, «Lengua, traducción, pensamiento: Hegel - Freud - Hamacher», hizo posible esta traducción; a Shinu Sara Ottenburger, por conceder los derechos de traducción al castellano, y a Metales Pesados, y en particular a Paula Barría, por apoyar la publicación de este libro, y a Victoria Urtubia, por su infinita paciencia y su lucidez a la hora de proponer salidas viables a atolladeros traductivos que parecían insalvables.

Niklas Bornhauser Neuber

Notas

1 Hart Nibbrig, Christiaan. «Spurenlese im Bodenlosen». Frankfurter Allgemeine Zeitung, 10.07.2017. Accedida el 16.06.2021 bajo: https://www.faz.net/aktuell/feuilleton/geisteswissenschaften/nachruf-auf-werner-hamacher-15098738.html

2 Ibid.

3 Jan Plug. «Editor’s Foreword», en Werner Hamacher: On the Brink, Londres: Rowman & Littlefield International, 2020, p. vii.

4 Pablo Oyarzun. La letra volada. Santiago: Ediciones UDP, 2009.

5 Aristóteles. Retórica, libro III, 5: 1407b (Introducción, traducción y notas de Quintín Racionero). Madrid: Gredos, 1999, p. 508.

6 Peter Schnyder. «Das Komma. Vom geheimen Ursprung der Philosophie», en Christine Abbt y Tim Kammasch (ed.): Punkt, Punkt, Komma, Strich? Geste, Gestalt und Bedeutung philosophischer Zeichensetzung (73-86). Bielefeld: transcript, 2009.

7 Aristóteles. Retórica, libro III, 5: 1407b16 (Introducción, traducción y notas de Quintín Racionero). Madrid: Gredos, 1999, p. 508.

8 Enrique Hülsz. Lógos: Heráclito y los orígenes de la filosofía. México: UNAM, 2011, p. 13.

9 Sebastián Aguilera. «El problema cosmológico en Heráclito de Éfeso». Byzantion nea hellás, 38, 2019, p. 15.

10 José Gaos y Fernando Salmerón. Filosofía de la filosofía e historia de la filosofía, volumen 7. México: UNAM, 1987, p. 178.

11 Julia Prager. «Verletzende Szene. Zum gewaltvollen Potential des Kommas in Judith Butlers Textverfahren», en Helga Lutz, Nils Plath y Dietmar Schmidt (ed.): Satzzeichen. Szenen der Schrift. Berlín: Kadmos, 2017, p. 74.

12 Tim Kammasch. «P Der Gedankenstrich. “stille Ekstase”», en Christine Abbt y Tim Kammasch (ed.): Punkt, Punkt, Komma, Strich? Geste, Gestalt und Bedeutung philosophischer Zeichensetzung (119-140). Bielefeld: transcript, 2009.

13 Klaus Müller-Salget. «Das Prinzip der Doppeldeutigkeit in Kleists Erzählungen». Zeitschrift für deutsche Philologie, 92(2), 1973, p. 196.

14 A. Soboczynski (2004). «Das Arcanum der “Marquise von O…”», en Blamberger G., Breuer I. (ed.): Kleist-Jahrbuch 2004. Kleist-Jahrbuch. Stuttgart: J.B. Metzler.

€18,99
Altersbeschränkung:
0+
Veröffentlichungsdatum auf Litres:
22 Oktober 2025
Umfang:
633 S. 6 Illustrationen
ISBN:
9789566048633
Übersetzer:
Niklas Bornhauser
Rechteinhaber:
Bookwire
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