Buch lesen: "Los relatos de Carson McCullers"

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LOS RELATOS DE CARSON McCULLERS

VIAJE HACIA LA GÉNESIS DE UN ESTILO

Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans

http://www.uv.es/bibjcoy

http://bibliotecajaviercoy.com

Directora

Carme Manuel

LOS RELATOS DE CARSON McCULLERS

VIAJE HACIA LA GÉNESIS DE UN ESTILO

Santiago Posteguillo

Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans

Universitat de València

Los relatos de Carson McCullers: viaje hacia la génesis de un estilo

© Santiago Posteguillo

1ª edición de 2017

Reservados todos los derechos

Prohibida su reproducción total o parcial

ISBN: 978-84-9134-188-8

Ilustración de la cubierta e interiores: Sophia de Vera Höltz

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es

publicacions@uv.es

A Lisa y Elsa


Carson McCullers fotografiada por Carl Van Vechten, 31 julio de 1959

Collection of Library of Congress, http://hdl.loc.gov/loc.pnp/van.5a52395

Agradecimientos

Muchísimas gracias, primero y antes que nada, al profesor Javier Coy que tanto me enseñó a amar la literatura y sin cuya supervisión este libro no existiría. Gracias también a la profesora Carme Manuel por el enorme cariño que ha puesto en la edición de este libro y por todo el tiempo que le ha dedicado. Gracias a la Universitat de València por formarme como investigador. Y gracias a la profesora Bates, pues si ella no hubiera insistido Carson McCullers no habría escrito muchos de los relatos que se analizan en este volumen.

Índice

Introducción

Los relatos de Carson McCullers y la indeferencia de la crítica

Cuestiones formativas del estilo narrativo en su primera etapa: relatos escritos entre 1934-1936 en New York University

Temas y preocupaciones de la primera narrativa

El origen de los grandes personajes de las novelas de McCullers

Conclusión

Apéndice

Bibliografía

Introducción

La ausencia de un corpus crítico que se ocupe de los relatos escritos por Carson McCullers justificaría por sí sola la necesidad de este estudio. Pero además, a la hora de analizar la obra narrativa completa de McCullers, y muy especialmente sus novelas, se plantea el conflicto entre una interpretación simbólica de dicha producción (Young 1947, Eisinger 1963, Evans 1965) frente a una visión esencialmente realista (Graver 1969). Es esta otra razón que motiva este análisis de los primeros esfuerzos narrativos de la autora, siempre en busca de elementos que puedan clarificar el porqué de esta conjunción de realismo y simbolismo en sus obras posteriores. Se trata, pues, de un viaje hacia la génesis de un estilo literario cuyo proceso encontramos en una serie de relatos que prácticamente han pasado en su mayoría desapercibidos para la crítica.

En las páginas siguientes analizaré estos relatos, prestando especial atención a las cuestiones formativas del estilo de la autora por un lado, y a los temas que ocupan sus narraciones breves por otro, teniendo siempre como referencia el contexto más amplio de sus novelas. Al final extraeré las conclusiones al análisis, pero anticipo ya que en estas narraciones se puede observar la constitución de un estilo formalmente realista, que basa su verosimilitud en la descripción del detalle, pero cuyos contenidos esencialmente románticos —amores frustrados, desengaños y decepciones, soledad y adolescencia—recurren a menudo a símbolos escogidos por la autora. No se trata de una contradicción sino de una conjunción que apoya sin duda la tesis de Marguerite Young sobre un estilo realista de forma controlada puesto al servicio de la expresión romántica (Young 1947). Finalmente, una aproximación a los relatos escritos por McCullers en su etapa de formación durante su estancia en la Universidad de New York, permitirá encontrar los orígenes de personajes tan destacados en su obra como Mick Kelly, Singer, Frankie Addams, Berenice, Portia y otros, así como descubrir los temas que desde un principio preocuparon a McCullers.


Los relatos de Carson McCullers

y la indiferencia de la crítica

La primera circunstancia con que nos encontramos a la hora de valorar la importancia de los relatos escritos por Carson McCullers y la relación de los mismos con sus novelas es la falta de un corpus crítico que se ocupe de analizar estas obras breves. Por lo general los relatos de McCullers son simplemente mencionados o, aquellos de mayor relevancia, comentados de pasada cuando se estudia la obra narrativa global de la escritora.

Esto nos parece un error por varios motivos. En primer lugar hay varios relatos que merecen de por sí una mayor atención, por su técnica. Por otra parte, tanto por los temas que tratan como si tenemos en cuenta que Carson McCullers escribió y publicó su primera novela —muy bien recibida por la crítica— a los veintitrés años, ¿no sería entonces aún más interesante estudiar la génesis de un estilo y una técnica literarias que aparecen en su forma narrativa y evolución en una serie de relatos escritos previamente? Y en cuanto a los relatos que posteriormente, a lo largo de su producción literaria, Carson McCullers va publicando intermitentemente, ¿no pueden ser acaso un interesante punto de referencia para evaluar la evolución de un estilo y forma literarios, y para valorar las preocupaciones que en cada momento ocupan más a la autora, no simplemente basarse para ello en los temas de sus novelas? Adelaide H. Frazier recientemente plantea con acierto ya la necesidad de ahondar más en el estudio de unos relatos que ella considera que han sido menospreciados injustamente:

The short stories of Carson McCullers have been less valued than the intermidiate works—criticism suggests that The Ballad of the Sad Cafe is her best—and, if the dearth of recent criticism about the stories, (excepting “A Tree, A Rock, A Cloud”) is any indication, this judgement will stand. Considered “nerveless and contrived” by Ihab Hassan (227), and summarily treated in only ten pages in the fine book length consideration of Carson McCullers by McDowell in 1980, these short stories have failed to attract the committed larger audience of afficionados who respond so favorably to the longer efforts of Ms. McCullers. Her stories deserve more. (Pembroke Magazine 1988: 77)

Sin embargo, luego Frazier limita su análisis titulado “Terminal Metaphors for Love” a tan sólo cuatro relatos de los al menos veinte que en la actualidad hay publicados. Concretamente analiza “Madame Zilensky and the King of Finland”, “The Sojourner”, “A Domestic Dilemma” y excepting “A Tree, A Rock, A Cloud” como diversos ejemplos que ilustran la teoría sobre el lover y el beloved expuesta por McCullers en The Ballad of the Sad Café. Frazier ve estos cuatro relatos como expresiones dolorosas que recogen el sufrimiento del amante, quien “must house his leve within himself as best he can; he must create for himself a whole new inward world—a world strangely complete in himself”. (The Ballad of the Sad Café 26). Mr Brook en “Madame Zilensky and the King of Finland”, Ferris en “The Sojourner”, Martin Meadows en “A Domestic Dilemma” y el hombre del bar en excepting “A Tree, A Rock, A Cloud” serían los ejemplos concretos de la figura del amante definida por McCullers en The Ballad of the Sad Café.

Ihab Hassan, como la propia Frazier recoge en su artículo, opina que los relatos de Carson McCullers, con la excepción de “A Tree, A Rock, A Cloud”, no merecen mayor atención por parte de la crítica: “The themes of Mrs. McCullers’ stories are not likely to surprise the readers of her novels and their manner is far less distinguished—with the exception of “A Tree, A Rock, A Cloud”, which contains the germs of her doctrine of love, the stories seem by comparison nerveless and contrived” (Hassan 227). Y concluye Hassan hablando de las “deficiencies of Carson McCullers in the short story form”; deficiencias éstas que discutiré con posterioridad.

La valoración de Eisinger sigue la misma línea que la de Hassan. Se trata para él de obras de menor mérito, de las que tan sólo destaca “A Tree, A Rock, A Cloud”:

The subjects of the short stories are music (...) the imaginative experiences of the inner life, and the problems of love. The characters are the inevitable children ar the equally omnipresent grotesques. One story, “A Tree, A Rock, A Cloud”, deserves comment because here Mrs. McCullers works out a hierarchy of love. (Eisinger 256)

Algo parecido encontramos en el estudio crítico de Lawrence Graver, Carson McCullers (1969), en donde sólo se hacen comentarios de pasada respecto a “Wunderkind” y a “A Tree, A Rock, A Cloud”. Asimismo, el exhaustivo trabajo de Oliver Evans, Carson McCullers, Her Life and Work (1965), aunque se hace eco de más relatos, no proporciona un análisis en consonancia con el espacio que el libro dedica a las novelas y teatro de la escritora. Evans hace mención de “Madame Zilensky and the King of Finland”, “Like That”, “Wunderkind”, “A Domestic Dilemma”, y “Sucker”, dedicando únicamente un espacio más amplio —diez páginas— a “A Tree, A Rock, A Cloud”.

Los estudios posteriores tampoco se ocupan mucho más de la narrativa breve de McCullers, algo que nos parece sorprendente tanto más si tenemos en cuenta el comentario de Evans sobre el progresivo interés que la obra de esta escritora estaba despertando en Estados Unidos y Europa: “A constantly expanding corpus of critical writings is testimony to the increasing interest in her work in the United States, while in England and in Continental Europe her reputation is decidedly on the increase” (Evans 1965: 194).

Así, durante estos años encontraremos algunos artículos, como el de Frazier ya comentado, o el de Alice Hall Petry sobre “Wunderkind” (también en Pembroke Magazine 1988), o breves valoraciones generales de los relatos dentro de estudios más extensos sobre las novelas de Carson McCullers, como las diez páginas que McDowell dedica a los relatos en su obra Carson McCullers (1980).

THE MORTGAGED HEART

Sin duda alguna, la contribución más destacada para el estudio de la narrativa breve de McCullers ha sido la antología de textos recopilada y editada por la propia hermana de la autora, Marguerite G. Smith, con el título de The Mortgaged Heart (publicada por primera vez en 1972 en el Reino Unido).

The Mortgaged Heart se compone de relatos, ensayos, artículos para diversas revistas, poemas y hasta de ejercicios para la universidad. Los relatos recopilados se dividen en dos grandes grupos:

a) Relatos ya publicados en distintas revistas —especialmente en Mademoiselle y The New Yorker— pero cuya dispersión en el tiempo hacía muy difícil su localización.

b) Otra serie de relatos inéditos, escritos en su mayor parte para la creative writing class de la profesora Sylvia Chatfield Bates de New York University. Se trata de textos de diversa calidad, pero todos ellos de gran interés bibliográfico y muy reveladores, como veremos, del desarrollo de una técnica y un estilo literarios que pronto llamarían la atención del público con la aparición de The Heart Is a Lonely Hunter. Este segundo grupo es el que nos interesa en nuestro estudio: “Sucker”, “Court in the West Eighties”, “Poldi”, “Breath from the Sky”, “The Orphanage”, “Instant of the Hour After”, “Aliens” y “Untitled Piece”.

Marguerite G. Smith, explicando el propósito de la antología, hace un comentario interesante sobre este segundo grupo de relatos que McCullers nunca se molestó en recuperar de entre sus papeles para publicar o corregir siquiera:

So this book is to give some idea of the early work of a writer and to illustrate, within the range of material chosen from her least known work, the development of that talent. My hope is that Carson would have approved. I am plagued with doubt because I wonder why Carson did not collect some of this material while she was living since money was always a problem. Her expenses were excessive doctors, nursing care, hospitals andan invalid’s more than ordinary necessities. However, writers usually think more about their current work and their future plans than about what has already been written and she may not have had the strength or the interest to put together such a book. In fact, she may have fogotten these early stories existed. (M.G.Smith 1985: 14)

Sea cual fuere el motivo por el que McCullers no recopiló y publicó estos relatos, el hecho es que fueron recuperados por su hermana y editados y han estado allí durante veinte años sin que apenas hayan sido objeto de un análisis serio por parte de la crítica. La labor de Marguerite G. Smith me parece encomiable, porque a partir de su antología, junto con los relatos recogidos en The Ballad of the Sad Café, va a ser posible apuntar algunas notas y comentarios sobre la técnica, evolución e interés que por un lado estos relatos tienen en sí mismos, y por otro, permite situarlos en relación con el desarrollo de un estilo narrativo que luego daría sus grandes frutos en la novela.

Es posible que entre los archivos personales de la escritora, sobre todo entre los papeles que escribiera en su juventud, queden todavía algunos relatos de interés, pues la propia Marguerite G. Smith admite en su introducción a The Mortgaged Heart que hay más material inédito que no publicó por motivos personales sin especificar, probablemente porque pensara que podrían ir en demérito del conjunto de la obra de su hermana:

Her [Carson’s] papers included a good number of very early unpublished stories, most of them written before she was nineteen, in the late Sylvia Chatfield Bates’ evening class in writing at New York University. Several of them still had the teacher’s comment attached. My first reaction to this student material was that none of it should be published. After further reading I felt that all of it should eventually be published in a small edition by a university press. Now, four years later after Carson’s death, I believe a few selected examples belong in this volume to round out the glimpse of Carson’s growth as a writer. (The Mortgaged Heart 13)

Ahora, veinte años después de la publicación de The Mortgaged Heart, pienso que fue un acierto que Marguerite G. Smith superará su primer impulso y se decidiera a publicar al menos parte de ese material inédito.


Cuestiones formativas del estilo narrativo en su primera etapa: relatos escritos entre 1934-1936 en New York University

EL NARRADOR: EVOLUCIÓN DE LA PRIMERA HACIA LA TERCERA PERSONA

Sin duda alguna el recurso técnico que más destaca en “Sucker”, el primer relato de Carson McCullers, sobre todo si alguien llega al mismo después de haber leído las novelas y los cuentos posteriores, es el uso de la primera persona. Curiosamente sobre este aspecto no he encontrado ningún comentario por parte de la crítica. En mi opinión, sin embargo, supone un elemento de notable interés que merece un paréntesis para analizar el punto de vista y el narrador que Carson McCullers emplea en su narrativa. Para ello veamos la evolución del estilo de la escritora a través del tiempo.

“Sucker”, escrita a los diecisiete años viene redactada en primera persona. Esto es algo que de por sí no debería sorprender, en tanto en cuanto que el recurrir a la primera persona es algo harto frecuente en gran parte de los que empiezan a escribir: la primera persona localiza el punto de vista del narrador de una manera muy precisa lo que facilita la consistencia de la narración aun cuando todavía no se domine una técnica literaria depurada; el narrador omnisciente, el adentrarse en el stream of consciousness de los personajes mediante monólogos interiores, los flash-backs, y otros recursos requieren una mayor madurez de estilo si se quieren emplear con acierto, y hubiese sido raro que una joven escritora recurriese a ellos a los diecisiete años. Ya será bastante asombroso su más que inteligente utilización de los recursos mencionados a los veintitrés años en The Heart Is a Lonely Hunter; asombro que quedó ampliamente señalado por la mayoría de las críticas que sobre el libro se publicaron.

Es precisamente entre los dicisiete y los veinte años donde vamos a ver el estilo de McCullers adquiriendo la forma que luego encontramos en su máximo desarrollo en sus novelas. Concretamente los relatos recogidos en The Mortgaged Heart escritos por McCullers para la writing class de la profesora Bates en NYU son la mejor ilustración de su búsqueda de una forma y un estilo adecuados para expresar sus ideas sobre el amor, la soledad, el sufrimiento, la adolescencia, etc. Esta búsqueda se observa muy claramente en el vaivén narrativo que encontramos en esa primera etapa en la que la autora continuamente oscila entre narrar desde la primera persona o desde la tercera persona:


RELATO NARRADOR
“Sucker” 1ª persona
“Sucker” 1ª persona
“Court in the West Eighties” 1ª persona
“Poldi” 3ª persona
“Breath from the Sky” 3ª persona
“The Orphanage” 1ª persona
“Instant of the Hour After-” 3ª persona
“Like That” 1ª persona
“Wunderkind” 3ª persona
“The Aliens” 3ª persona
“Untitled Piece” 3ª persona

Al final ya puede verse una preferencia por el narrador en tercera persona, que será definitiva en los relatos posteriores y para todas sus novelas: “The Jockey”, “Madame Zilensly and the King of Finland”, “The Sojourner”, “A Domestic Dilemma”, “A Tree, A Rock, A Cloud”, “Art and Mr Mahoney”, “The Haunted Boy”, “Who Has Seen the Wind?”, The Heart Is a Lonely Hunter, Reflections in a Golden Eye, The Ballad of the Sad Café, The Member of the Wedding y Clock without Hands. Todas estas obras tienen en común un narrador en tercera persona característico que presenta los siguientes rasgos definitorios de estilo y técnica:

1. Se trata de un narrador omnisciente que justifica siempre las acciones de todos los personajes; el tono es de comprensión hacia sus defectos y de compasión ante el sufrimiento en un mundo donde las esperanzas inocentes de la niñez se ven truncadas al llegar a la adolescencia.

2. Esta narración se ve intermitentemente salpicada de:

Monólogos interiores que recogen el stream of consciousness de los personajes

Flash-backs, saltos hacia el pasado que contribuyen a crear esa atmósfera de nostalgia y melancolía tan propia de las obras de McCullers.

Diálogos en los que la escritora sabe distinguir y caracterizar individualmente a cada uno de sus personajes mediante el empleo de diferentes registros. La reproducción del Black English en los personajes de las sirvientas negras es el mejor ejemplo de este recurso en manos de McCullers.

4. El empleo de la elipsis en momentos climáticos de la narración.

Este será el estilo narrativo característico de McCullers. Sólo he encontrado un ejemplo en donde la escritora se olvide de esta técnica para volver a emplear la primera persona: “Correspondence” (1942), pero como luego veremos no se trata de un caso que ilustre la falta aún de un estilo ya formado —McCuller’s por esas fechas ya había publicado sus dos primeras novelas— sino que se trata más bien de una ruptura consciente con un estilo ya consistente, un experimento deliberado de alguien ya en completo dominio del arte de escribir.

EL PROTAGONISTA COMO OBSERVADOR SUBJETIVO

Un elemento característico de la narrativa de McCullers que se manifiesta ya desde sus inicios es la marcada subjetividad de los personajes a la hora de ofrecernos su visión de la realidad. Siempre que McCullers nos describe acontecimientos a través de los ojos de un personaje éste no es objetivo sino muy parcial, mezclándose continuamente la narración de sucesos con las opiniones personales del personaje que los comenta. Puede haber ocasiones en que el lector se confunda y tienda a asumir que lo que se le cuenta es lo que ocurre en realidad, cuando muchas veces no es así. McCullers no se limita a describir el mundo de una manera objetiva y neutra; no hay nada más lejos de la técnica de, por ejemplo, Dos Passos que el estilo de The Heart Is a Lonely Hunter, Reflections in a Golden Eye, etc. McCullers desea hacernos llegar las distintas maneras en que cada personaje percibe el mundo que le rodea; y luego las confronta y las superpone de modo que el lector tiene ante sí una multitud de versiones y es él quien debe elegir cuál es la más adecuada, si es que hay una que lo sea. El caso más representativo de esta técnica lo encontramos sin duda en The Heart Is a Lonely Hunter.

Pero si The Heart Is a Lonely Hunter supone la consolidación de dicho estilo, ya antes, la autora había desarrollado esa técnica de presentar el mundo a través de un punto de vista subjetivo: los ojos de un personaje. Lo importante es dar elementos suficientes al lector, además de las opiniones y pensamientos del personaje, para que se pueda distinguir bien entre lo que realmente ocurre y lo que el personaje nos dice que ocurre. Se trata de dos niveles distintos que no hay que confundir. “Court in the West Eighties” supone un primer ejemplo del inicio de esta técnica por parte de McCullers ya durante su etapa universitaria.

La protagonista de “Court in the West Eighties”, una chica de dieciocho años, está en Nueva York por primera vez: ha venido para estudiar en la universidad y vive sola en un pequeño apartamento de Manhattan en los West Eighties. Llega la primavera y la muchacha comienza a observar el patio interior de su edificio. Las ventanas se van abriendo cada vez más y la protagonista observa a sus vecinos a través de la ventana (curiosa premonición de Rear Window, 1954, de Alfred Hitchcock). De entre todos los vecinos llama especialmente la atención de la muchacha un hombre solitario pelirrojo.

Con el verano llega el calor, las ventanas abiertas y los ruidos y las molestias entre vecinos. El primer problema se plantea entre una violonchelista que practica su música y una pareja joven que vive en el apartamento superior; la mujer de la joven pareja está embarazada y especialmente irritable. La protagonista siente que el hombre del pelo rojo percibe la tensión creciente entre la pareja y la violonchelista, y piensa que el hombre tiene el poder y la capacidad para solucionar el problema; la muchacha comienza en este punto, y a partir de aquí en todo el relato de una manera creciente y progresiva, a otorgar al hombre solitario cualidades que, de hecho, nunca se manifiestan como tales: cualidades como la comprensión, intuición, compasión, etc. Surge así por primera vez en la narrativa de McCullers un modelo que luego se ampliará y completará en The Heart Is a Lonely Hunter, con Singer en el centro, y a su alrededor una serie de personajes (Mick Kelly, Jake Blount, Biff Branon y Dr. Copeland) que ven en el sordomudo una especie de redentor que les comprende y que se identifica con sus sufrimientos; mientras que al leer la novela el lector comprende que Singer en absoluto se identifica con la naturaleza real de las preocupaciones que dichos personajes intentan transmitirle.

En “Court in the West Eighties” la protagonista comenta respecto al hombre pelirrojo:

The man with the red hair was there the evening that happened. He heard the cellist and looked a long time at her and at the young couple. He had been sitting as he often did, at the chair by the window—in his pyjamas, relaxed and doing nothing at all. (After he came in from work he rarely went out again.) There was something contented and kind about his face and it seemed to me he wanted to stop the tension between the rooms. He just looked and did not even get up from his chair, but that is the feeling I had. (…) I felt that this man across from me understood the cellist and everyone else on the court as well. I had a feelinq that nothing would surprise him and that he understood more than most people. (The Mortgaged Heart 40-41)

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