Buch lesen: "Cómo preparar y predicar mejores sermones"

Cómo
PREPARAR Y PREDICAR
MEJORES
SERMONES
Consejos para convertir una predicación
COMÚN en EXTRAORDINARIA
RIGOBERTO GÁLVEZ

| Editorial CLIE C/ Ferrocarril, 8 08232 VILADECAVALLS (Barcelona) ESPAÑA E-mail: clie@clie.es http://www.clie.es | © 2020 por Rigoberto M. Gálvez Alvarado «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917 021 970 / 932 720 447)». © 2020 por Editorial CLIE |
Cómo preparar y predicar mejores sermones
ISBN: 978-84-17620-42-4
eISBN: 978-84-17620-43-1
Ministerios cristianos
Predicación
DATOS BIOGRÁFICOS
Rigoberto M. Gálvez Alvarado es licenciado en Teología por la Universidad Mariano Gálvez de Guatemala. El Dr. Gálvez posee una Maestría en Dirección de Medios de Comunicación, Máster en Ciencias (MSc), de la Universidad Panamericana; posee un Doctorado académico en Teología (Ph.D.), por la Universidad Panamericana de Guatemala y un Doctorado en Divinidades Honoris Causa otorgado por el Sweet Water Bible College, Phoenix, Arizona. Ha sido catedrático de Teología Sistemática en la Universidad Mariano Gálvez, ha formado parte de ternas examinadoras en el área de humanidades en la Universidad del Valle, Universidad Panamericana, Universidad Mariano Gálvez. Actualmente es Rector del Seminario Bíblico Teológico de Guatemala (SETEGUA) y forma parte del consejo doctoral de CONSELA (Consorcio de Seminarios de Latinoamérica).
En el área espiritual y ministerial el Dr. Gálvez conoció al Señor Jesucristo en Diciembre de 1980 y comenzó a servir en la obra en diferentes áreas. En el Ministerio sirve a tiempo completo desde 1987 hasta la fecha. Es Pastor ordenado, docente, escritor, comunicador, forma parte del equipo pastoral de Iglesia de Jesucristo Familia de Dios. Está casado y tiene dos hijas.
ÍNDICE GENERAL
Agradecimientos
Aclaración
Introducción
PRIMERA PARTE CÓMO ELABORAR UN SERMÓN EXTRAORDINARIO
1.Consejos preliminares
2.Identifique las características de los sermones comunes
3.Aprenda las características de los sermones extraordinarios
4.Acciones importantes para elaborar un sermón destacado
5.Pasos para elaborar un sermón extraordinario
6.Las partes del sermón
7.Ejemplos del orden de elaboración y presentación del sermón en sus tres clasificaciones
8.Tareas, ejemplos de series y recursos bibliográficos
SEGUNDA PARTE CÓMO PREDICAR UN SERMÓN EXTRAORDINARIO
9.Consejos preliminares. Declaraciones que aburren a los oyentes
10.Otras formas de aburrir a los oyentes
11.Cómo captar la atención desde el principio y acciones
12.Actitudes que ayudan a que el sermón sea destacado
TERCERA PARTE CÓMO SER UN PREDICADOR EXTRAORDINARIO
13.Requisitos del predicador extraordinario
14.Conocimientos fundamentales del predicador sobre la predicación
15.Conocer las necesidades de la congregación y cualidades del predicador
16.Vocaciones del predicador extraordinario
Conclusión
Bibliografía
AGRADECIMIENTOS
A todos los que me han apoyado de alguna manera para que este libro sea una realidad.
A mi hermoso y dulce Señor que tuvo misericordia de mí, pecador: Jesucristo, que es el fundamento de toda predicación y por quien recibimos el ministerio de la Palabra.
ACLARACIÓN
Este libro concibe dos propósitos. El primero, es dar consejos y normas de orden práctico para convertir sermones comunes en extraordinarios. El segundo, es parecido: dar consejos para que los predicadores aprendan cómo elaborar y predicar mejores sermones. Sobre elaborar y predicar sermones de forma tradicional hay suficientes tratados, libros y manuales.
Estos consejos surgen de la preocupación pastoral y teológica de la crisis que estamos viviendo en los púlpitos contemporáneos. Al analizar muchos sermones que están a disposición en diversos medios, descubro que hay una diversidad de cepas bacterianas que han estado matando a la predicación de la iglesia: la frialdad, la abstracción, el entretenimiento, el espectáculo, el legalismo, el moralismo, el sensacionalismo, las falsas enseñanzas, el academicismo desabrido, etc.
Es por ello que decidí escribir sobre un tema fundamental para la iglesia como lo es la predicación. Afortunadamente no lo escribí antes, sino ahora que llevo cuatro décadas de predicación continua, y con un poco más de experiencia. No me escapé de cometer los errores de un predicador novato, intermedio y avanzado. Sigo aprendiendo. Pero puedo decir, por la gracia de Dios, que ahora conozco la diferencia entre un sermón común y uno extraordinario.
En la introducción planteo una serie de preguntas que intento responder a lo largo de este libro de teología práctica, por medio de recomendaciones y ejemplos, con el fin de probar que es posible convertir nuestros sermones comunes en extraordinarios.
INTRODUCCIÓN
¿Existen reglas para predicar sermones poderosos?
¿Cuáles son los recursos que utilizan los grandes predicadores?
¿Por qué hay sermones tan malos en contenido, pero son atractivos para los oyentes?
¿Qué hacen los buenos predicadores para transformar sermones aburridos en sermones destacados?
¿Por qué algunos sermones resultan tediosos, y hasta torturadores, y otros no?
¿Cómo se predica un sermón inolvidable?
¿Cómo lograr que un sermón deje una huella profunda en el oyente?
¿Por qué la mayoría de sermones los olvidan los oyentes?
Estas preguntas no las responden la mayoría de manuales de Homilética. Tampoco se encuentran las respuestas en blogs de predicadores en internet, ni en libros de sermones manufacturados a la carrera, con solo bosquejos esqueléticos y deficiencia muscular o en tratados que contienen abundante y completa información, que, en la mayoría de los casos, cuesta asimilar.
Entonces ¿Cómo descubrir el secreto para transformar sermones comunes y aburridos en sermones extraordinarios? ¿Cómo elaborarlos?
De esto se trata en este escrito.
Buena parte de este libro es el resultado de estudiar concienzudamente Homilética, Exégesis, Hermenéutica; cómo hablar bien en público; de haber elaborado hasta la fecha, más de cinco mil sermones y predicarlos: pésimos, malos, mediocres, buenos y destacados. Es el resultado de escuchar en la radio y de ver en You Tube, en la televisión, cientos de sermones de predicadores de distintos trasfondos eclesiásticos y teológicos, analizarlos, compararlos y sacar conclusiones.
Detrás de estas páginas hay muchos años de experiencia en la enseñanza de cómo predicar. Con todo ello no estoy diciendo que soy la autoridad en la materia, o que soy uno de los más grandes predicadores. ¡No! Carezco del timbre de voz que quisiera, de la fuerza nata para predicar con voz de trueno.
Pero después de servir muchos años en el Ministerio de La Palabra, sé que aun con esas desventajas involuntarias, puedo elaborar y predicar mejores sermones y convertirlos en extraordinarios. Así, he procurado en cada sermón construir un buen título, una acertada introducción, divisiones sólidas, un cuerpo de contornos definidos, con unidad coherente en las diferentes partes del sermón, destacando las verdades esenciales, trasladándolas de manera sencilla, interesante, entendible, creíble, con pasión, convicción, dependiendo del auxilio del Espíritu Santo. He visto buenos resultados por la gracia Dios.
No he alcanzado la perfección, lo sé. Sigo adelante, procurando no dar «golpes al aire», disciplinándome, «no vaya a ser que habiendo sido un anunciador a otros yo mismo sea descalificado» en la santa tarea de elaborar sermones extraordinarios que salven personas y edifiquen a los creyentes.
Pr. Rigoberto Gálvez, PhD.
PRIMERA PARTE
Cómo elaborar un sermón extraordinario
1
Consejos preliminares
Domine el arte de la Homilética
Para destacar en la predicación y preparación de sermones es necesario estudiar, aprender y dominar el arte de la Homilética. La Homilética es una ramificación de la teología práctica, que enseña sobre el arte y el conocimiento de las reglas de elaboración, composición, contenido, estilos y efectiva predicación del sermón. (Santander 2008). Literalmente del griego homiletikos: reunión, y homileos: «conversar» de manera amable.
Distinga entre la estructura homilética y el mensaje
Las buenas noticias de Dios, «El evangelio del reino de Dios» es un mensaje divino, no es de invención humana. La estructura homilética es una herramienta de fabricación humana, útil para trasladar de manera comprensible el mensaje.
Predique la Palabra de Dios
Si el predicador toma como base la Escritura, la estudia, la enseña y la aplica a los oyentes, en principio ya tiene la victoria. No tiene por qué usar mezclas o aderezos de argumentos puramente humanos o filosóficos. El apóstol Pablo afirma que a él ya no le interesa saber, conocer y anunciar como lo hacen los griegos. Tampoco le interesa enseñar como lo hacen los escribas y los judíos. Él predica la palabra de la cruz. Esa palabra es la que salva, transforma y edifica. Por ello le dice a Timoteo: «Predica la palabra».
Cuando el sermón se fundamenta en la Escritura logrará sus dos propósitos: salvación: «pues ustedes han nacido de nuevo, y no de una simiente perecedera, sino de una simiente imperecedera, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23, RVC); y equipamiento: «Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra» (2 Timoteo 3:16-17, LBLA).
Predique a Cristo
El punto de convergencia en toda predicación cristiana es Cristo. Él es la máxima revelación de Dios y al mismo tiempo es el camino de salvación, el único mediador entre Dios y los hombres. Por ello, aunque se predique sobre cualquier texto de la Escritura, Cristo es el punto focal de referencia al que debe atenerse. Pablo se concentró en predicar a Cristo y a éste crucificado, aunque para unos fuera escándalo y tropiezo para otros
El Antiguo y el Nuevo Testamento hablan de Cristo: «Ustedes escudriñan las Escrituras, porque les parece que en ellas tienen la vida eterna; ¡y son ellas las que dan testimonio de mí! (Juan 5:39, RVC). Un sermón que pierde de vista a Cristo es un discurso religioso, no una predicación cristiana. En todo pasaje de la Escritura que se predique es válido hacer una mención. Por ejemplo, si se predica de la obediencia de Josué, se puede citar la perfecta obediencia de Jesús al Padre a manera de ilustración o aplicación.
Haga que su sermón transmita vida
Organice su sermón de tal forma que el título y cada división sean una instrucción a seguir. Así la información y contenido se convierte en un asunto vivencial. Del contenido del texto pasamos a la urgencia de las implicaciones que tiene para cada oyente. Transmita vida en el sermón.
La predicación se fundamenta en una palabra que produce vida. Cuando se adentre en el texto se encontrará con personajes e historias que vibran: «Los personajes bíblicos no son personajes muertos, Dios nos sigue hablando por medio de ellos. El predicador anuncia cuando camina en las sandalias de Abraham, cuando ve la zarza que arde con los ojos de Moisés, cuando es golpeado por el ángel del Señor como a Jacob, cuando siente lo que vive Isaías como cosa propia. Entonces se obrará el milagro de que los que oyen también caminen, vean, sean, sientan, actúen como Abraham, Moisés, Isaías y Jacob. Así el mundo de la Biblia habrá invadido nuestro mundo, lo habrá llenado de luz y lo habrá redimido» (Arrastia, 1983).
Apele a la razón, a la voluntad y al corazón
Jesucristo predicó sermones y compartió enseñanzas que iban dirigidas a la mente, a la voluntad y al corazón de las personas. Hacía pensar a sus interlocutores por medio de preguntas y afirmaciones en las que se requería de ellos respuestas, pero tenían que meditar antes de hablar. También les pedía que tomaran decisiones, desafiándolos a que se esforzaran por obedecer las enseñanzas. Llegaba a los corazones de sus oyentes de tal manera, que era difícil que se resistieran. Muchos de ellos, con lágrimas y exclamaciones de amor, se postraban, confesaban sus pecados y lo reconocían como el Señor, el salvador y el Dios verdadero.
Es un error grave elaborar sermones que vayan dirigidos solo al intelecto, pues, tendrá cristianos con mucho conocimiento, poca acción y escasa devoción. Si se predica solo a la voluntad o solo a las emociones también provocará deformaciones en sus oyentes.
No anuncie el título del sermón desde el principio
En algunas ocasiones es conveniente realizarlo. Pero en la mayoría no. Porque al oír el título, sin una introducción y una transición adecuadas, los oyentes pueden ponerse a la defensiva. Por ejemplo: Si va a hablar sobre el tema de ofrendas y diezmos, sin contar una historia breve y contundente sobre la realidad de la bendición financiera que se recibe al dar, sin escuchar un testimonio y comprender la solemnidad y espiritualidad que acontece entre el oferente y Dios en ese momento especial, ya se ha levantado un muro entre los oyentes y el predicador.
No predique sermones planos
El desarrollo del sermón no deber ser raso. Los oyentes deben mirar, imaginar, sentir, elevarse, descender, identificarse, entender, recordar el sermón. Deben vivirlo. Es bueno recibir información histórica y un poco de gramática hebrea y griega siempre que estos recursos se trasladen de manera sencilla y ayuden a comprender mejor el mensaje.
Los oyentes una vez atrapados desde el principio hay que llevarlos de la mano por el camino ascendente con puntos de giro hasta llegar al clímax del mensaje. Luego, concluir de manera breve, pero eficaz. Es posible que usted logre elaborar un excelente sermón, pero si no lo predica con certeza, energía y con puntos hilados no obtendrá buenos resultados.
Abarque todo el consejo de Dios
Analice sus sermones para detectar si no padece el síndrome de ventus praedicationes1. Todos estamos tentados de predicar sobre los temas, sermones y doctrinas que son nuestros favoritos: en libros y cartas en las que nos sentimos identificados, cayendo en la repetición. No cedamos a esa tentación. La manera efectiva para no caer en la repetición y en el agotamiento de los temas, es que predique de todos los libros y cartas, basando su sermón en textos y pasajes de cada uno de ellos. El resultado será una abundancia, riqueza y variedad de sermones.
Tienda puentes entre los abismos de los tiempos
Usted, predicador, es responsable de aplicar correctamente el mensaje de ayer para el mundo de hoy. Si usted no hace una correcta interpretación, comunicación y aplicación para nuestro tiempo, se quedará atrapado en el túnel del tiempo bíblico. Se convertirá en anunciador de pura información antigua. Será un arqueólogo en lugar de un predicador pertinente para los retos de la época.
Un sermón certero funciona como un puente sobre el abismo cultural e histórico entre el mundo bíblico y el mundo moderno, entre los primeros recipiendarios, patriarcas, sacerdotes, profetas, reyes y nosotros hoy. Entre Jesús de Nazaret, los primeros discípulos, apóstoles, evangelistas, maestros, pastores, la iglesia apostólica, y el hombre actual.
Deje que el texto lo posea a usted y usted al texto
Permita que el texto cale profundamente en todo su ser. Sea su alimento y lo halle exquisito. Jeremías, el profeta llorón, se quejaba, se lamentaba, maldecía, y rehusó seguir anunciando la palabra de Yahvé. Pero él testifica que la Palabra de Yahvé se le metió en todo su ser, como fuego ardiente, de tal manera que no pudo rechazarla, sino anunciarla con más ímpetu. Entonces recuperó el gozo de alabar y exaltar el nombre del Señor.
Si usted no predica poseído por el texto, predicará de sí mismo y su mensaje será llevado sobre calzado de carne con espada de palo.
El sermón extraordinario parte del texto no del contexto, ni de un pretexto.
Conozca la finalidad del sermón
A la luz de la Escrituras vemos que la finalidad de todo sermón se engloba en dos propósitos:
a)Salvación a los incrédulos. Se enfoca en el sermón evangelístico que procura persuadir a los no creyentes para que se conviertan al evangelio, creyendo en Jesucristo como su salvador personal.
b)Edificación y equipamiento a los salvos. En este propósito, Crane, incluye cinco clases de sermones:
Doctrinales: que enseñan las grandes verdades reveladas sobre las Escrituras, Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo, la iglesia, el hombre, los ángeles, el pecado, la salvación, los eventos del fin.
Devocionales: inspiran a crecer en la comunión con el Dios trino para que los creyentes adoren, alaben, exalten al Señor por medio de la oración, la alabanza, la meditación de las Sagradas Escrituras.
De consagración: Llaman al creyente a vivir una vida diferente, separada de los criterios y actuaciones del mundo; para que dediquen su tiempo, talentos, conocimiento, su vida, al servicio de Dios.
De ética cristiana: La ética cristiana comienza por un escuchar, escuchar la Palabra de Dios. Repiensa lo que Dios ha pensado antes para el hombre respecto de la conducta humana. El llamamiento de la ética cristiana es repetir lo que has escuchado de parte de Dios, entenderlo, vivirlo y presentarlo. Es, en alguna medida, el comportamiento, la acción del hombre lo que corresponde al comportamiento y a la acción de Dios en la historia. Dios se hizo hombre en Jesús de Nazaret, habitó entre los hombres, para enseñarles a vivir, para amarlos y para servirlos. El hombre tiene que actuar de esa misma manera: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mateo 5:48, LBLA).
De proveer aliento: El enfoque es proveer el consuelo y la fortaleza a los creyentes en medio del dolor y el sufrimiento. Así, los propósitos cumplen con la meta de la satisfacción de las necesidades humanas de orden espiritual y temporal. Esto debe estar reflejado en los títulos y desarrollo de sus mensajes.
Si no se tiene claro el propósito de la predicación, resbalará en la pendiente de la imprecisión, trasladando pura información difusa. Juan Calvino detectó esa deficiencia: «La palabra de Dios no es para enseñarnos a hablar… o para ser elocuentes y sutiles, es para reformar nuestras vidas, para que tengamos el deseo de servir a Dios, para entregarnos totalmente a él y conformarnos a su buena voluntad». La Biblia y la predicación deben aumentar nuestro conocimiento, pero el fin es transformar vidas.
Los sermones no deben enfocarse en la condenación de los pecados de los hombres, ni en el legalismo. Es claro que hay que hablar de los pecados humanos y sus consecuencias, pero hay que hacerlo desde la correcta perspectiva de la buena noticia del Evangelio: el pecado ya ha sido erradicado por la obra de Jesucristo. El pecado ha sido derrotado por el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Recuerde, la finalidad del sermón es la salvación, transformación, crecimiento, edificación y equipamiento. Por ello, es mejor predicar resaltando los aspectos positivos del mensaje. En esa línea el conocido predicador presbiteriano escocés Tomas Chalmers afirmó: «La predicación positiva de la verdad es mil veces mejor que la refutación negativa del error» (Crane, 1991).
Abundan los sermones que no cumplen con los dos propósitos fundamentales que hemos señalado. Arrastia, en su tesis de grado: «Acentos doctrinales en la predicación en América Latina», realizó una investigación de campo con más de trescientos predicadores. Descubrió que los males de los sermones que predicaban eran la falta de claridad en el propósito, la abstracción y la generalización. Con relación al primer mal es como disparar al aire. Los siguientes males no lograban conectar con el contexto, ni con los aspectos vivenciales de los oyentes. Tampoco sus sermones eran específicos en cuanto al texto y su mensaje, sino que se deslizaban por la predicación imponente del dogma heredado, más que por la dirección del texto estudiado y explicado. Era, en la mayoría de los casos, información plana más que mensaje de vida para la transformación. Eso desemboca en ser impersonal, ambiguo (Arrastia, 1993).
No predique pura historia bíblica
El relatar la pura historia bíblica, se parece a exponer un estudio bíblico. Se aprende, pero no hay transformación, ni desafío a los que oyen.
Un predicador puede confundir un sermón con una narración. Puede hablar sobre los primogénitos de Egipto y la súplica de los egipcios para que Israel partiera. De cómo Dios advirtió al pueblo egipcio y a su Faraón, cómo los castigó. Proseguir con el relato de cómo Dios protegió, liberó y preservó a su pueblo. Pero si no destaca las verdades de cómo ese mismo Dios que salvó a Israel de la esclavitud en Egipto, salva, protege, liberta y, transforma hoy a las personas en Jesucristo, para los que se constituyen en su pueblo hoy, de nada o de muy poco sirve. Las historias, eventos del Antiguo Testamento son una aplicación para nosotros hoy; dice Pablo, para nuestro ejemplo se escribieron.
Veamos siempre la diferencia entre una narración histórica y un auténtico sermón. El sermón destacado explica el texto y muestra que éste exige una respuesta. Entrega el verdadero sentido y significado a la vez que también llama a una cuidadosa aplicación. Solo así obtendremos un buen sermón que traiga vida al valle de los huesos secos, que los recubra de tendones, carne y piel, que los vuelva a la vida. Eso es la predicación, trasladar vida, descubrir la verdad, exponerla con claridad y aplicarla a los oyentes: «Predicar es enseñar la verdad revelada de Dios con aplicación; tal enseñanza con aplicación es profecía, siempre lo fue y siempre lo será…» (Packer, 1984).
Así que este es el consejo: elabore un sermón que siga el texto, y traslade ese sermón con aplicación hacia la congregación. Eso le ayudará a usted y a los que le escuchan.
Conozca los efectos de la Palabra de Dios
Si el predicador sabe que la Palabra de Dios es viva y eficaz, que no regresa vacía y que siempre producirá efectos en los que la escuchan, cada vez que predique estará atento a lo que sucede en las personas que le oyen: sus rostros, sus miradas, sus posturas. No pueden quedar indiferentes, la rechazarán o darán una respuesta de fe: «Y otros son aquellos en que se sembró la semilla en tierra buena, los cuales oyen la palabra, la aceptan y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por uno» (Marcos 4:20, LBLA).
Pero el efecto principal de la Palabra es producir frutos: «Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra, haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié» (Isaías 55:10-11, LBLA).
Este es uno de los parámetros que ayuda a todo predicador para asegurarse si está siendo efectivo o no.
No se distraiga con las muchas clasificaciones
Orlando Costas ve un problema en las clasificaciones. Otros predicadores las ven como una futilidad. Mi consejo es que se atenga básicamente a las tres clasificaciones comúnmente aceptadas: textual, expositiva y temática. Y con dos propósitos básicos que hemos explicado: salvación de los incrédulos, edificación y equipamiento de los creyentes. Lo demás es dar vueltas en el desierto.
Los libros de Homilética que he leído convergen en la clasificación de las predicaciones textual, expositiva, temática. Algunos agregan la biográfica, pero para mí sería una variante de la clasificación temática o de la expositiva si se trata de un personaje que se encuentra descrito únicamente en un capítulo o dos de un libro o carta.
Hay opiniones diversas sobre el tipo de sermones y la manera de predicarlos. Unos insisten en que la mejor forma de predicar es la expositiva. No es cierto. Carlos Spurgeon, el príncipe de los predicadores, predicaba solo de manera textual y su ministerio ha sido uno de los más exitosos de la historia de la Iglesia. Todos los predicadores hemos leído más de un sermón de él, lo hemos predicado, o nos hemos inspirado. Moody predicó solo de manera temática. Lutero predicó de manera expositiva. Calvino llevó a la máxima expresión la predicación expositiva: libro por libro, capítulo por capítulo, versículo por versículo. Ha sido uno de los predicadores de la Reforma con más impacto por medio de sus sermones y enseñanzas hasta nuestros días.
M. White, promotor de la predicación expositiva cita a B. Jones, reconociendo de manera implícita que Dios puede salvar a muchas personas por medio de las diversas clases de sermones. Escribe: «La predicación temática de Moody movió a dos continentes para Cristo; los sermones textuales de Spurgeon iniciaron movimientos que aún siguen bendiciendo a la humanidad; pero fueron los sermones expositivos de Lutero los que redimieron a la cristiandad de la Edad Media e instituyeron la reforma» (White, 1993).
Pero si vamos al mayor ejemplo de todos: nuestro Señor Jesucristo, encontramos que él no predicó, ni enseñó de manera expositiva, tampoco Pablo, Pedro y los otros apóstoles. En ninguna parte del Nuevo Testamento los vemos tomando un capítulo o un pasaje para explicarlo versículo por versículo, oración por oración, frase por frase, palabra por palabra. La forma en que tomaron de base el Antiguo Testamento para reafirmar sus predicaciones y enseñanzas, jamás las usaríamos nosotros. Ellos tomaron oraciones, frases y versículos –como los conocemos hoy– y los interpretaron y aplicaron a hechos o aspectos completamente diferentes. Esto ocurre una y otra vez en todo el Nuevo Testamento. Uno de los escritos que más ejemplos contiene es el Evangelio de Mateo. Veamos uno: (Mt 2:15, LBLA) «Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi Hijo», y declara esa afirmación tomando como base a (Oseas 11:1, LBLA) «Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo». Pero el significado de este último pasaje se refiere al amor de Dios para su pueblo Israel. Y Pedro lo interpreta en relación a algo diferente: El tiempo que el niño Jesús estuvo en Egipto, hasta que pasara el peligro de muerte para éste por parte del rey Herodes, y lo aplica diciendo «para que se cumpla la profecía ‘De Egipto llamé a mi hijo’».
Observamos que Jesús predicó y enseñó más de manera temática: Algunos de los temas que sobresalen son: la tentación, el pecado, el arrepentimiento, la conversión, el perdón, las bienaventuranzas de los que sufren, el ayuno, la ofrenda, la ira, el adulterio, el divorcio, los juramentos, el amor hacia los enemigos, la oración, las riquezas, el afán, la provisión amorosa, la regla de oro, el camino de la salvación, el pecado de juzgar según las apariencias, por los frutos se conoce el árbol, la religiosidad hipócrita, la voluntad de Dios, el discipulado, el costo del discipulado, la contaminación espiritual, la fe, los impuestos, la mayordomía, la muerte, la resurrección, el infierno, el cielo, la ofensa contra el Espíritu Santo, su propia muerte, y su resurrección, las recompensa de los creyentes, las señales del fin, su retorno. Y por medio de muchas parábolas enseñó los principios, mandamientos, del reino de Dios. Frases que revelan el sermón temático que solía predicar el Señor Jesús: «Ustedes son la sal del mundo»; «Ustedes son la luz del mundo»; «Yo soy el pan de vida»; «Yo soy la puerta»; «Yo soy el buen pastor» y otros.
Es cierto que en una ocasión Jesús leyó la Escritura en la sinagoga, una porción de Isaías 61, pero no la explicó frase por frase, palabra por palabra, era una lectura, no un sermón.
Domine las tres clases de sermones generalmente aceptados
–Sermón textual
En el sentido estricto. Se basa en una frase o una oración de un versículo o versículos. El texto es corto. Pero si toma otros pasajes claramente enlazados sobre el tema principal, esto lo convierte en un híbrido.
–Sermón expositivo
Se basa en un solo pasaje mediano o largo, un capítulo o más. En algunos casos toma en cuenta toda la carta o libro. Generalmente se sigue el orden de los versículos, de los capítulos de un libro o una carta.
–Sermón temático
Se elige un tema y se desarrolla sobre la base de diferentes versículos de libros y cartas del Antiguo y Nuevo Testamento que se relacionan con dicho tema.
Al final, lo que importa es que el sermón contenga la verdad de la Palabra de Dios, la explique y la traslade de manera efectiva a los oyentes. Que se salven, sean transformados, equipados, edificados para que alcancen la estatura del varón perfecto.
No se distraiga con demasiadas sutilezas sobre el tema, proposición, oración transicional, infinidad de clasificaciones y tipos de sermones, pues los mismos textos de homilética asignan diversos valores a estos términos.
© 2020 por Rigoberto M. Gálvez Alvarado «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917 021 970 / 932 720 447)». © 2020 por Editorial CLIE