Correr con el alma es posible

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Correr con el alma es posible
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Correr con el alma es posible
Testimonio de un maratonista

Fecha de Edición: Septiembre 2020

@2020, Abdala, Ramón

Corregido y redactado por Elena Abdala

Escritora magister, Licenciada en literatura.

eliana.abdala@yahoo.com.ar

Derechos exclusivos de edición digital reservados para todo el mundo.

Editado por:


ISBN: 978-987-47549-5-0

Editado en Argentina

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de portada, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, sin permiso previo del editor.


Correr con el alma es posible
Testimonio de un maratonista


Ramón Abdala

Dedicado

A mi madre que en algún lugar del universo está siguiendo mis pasos en el camino elegido. Ser un espíritu libre, valiente, intrépido, pleno de desafiantes aventuras sin límites.

Ramón Abdala (2020) Edad. 70 años Profesion. Odontólogo Residencia . Ciudad Capital, Provincia de Mendoza . Email. ramabdala2000@gmail.com

Agradecimientos

A mi prima Eliana Abdala por su colaboración desinteresada en la corrección y redacción del libro para que sea posible. La considero como una hermana del alma estoy eternamente agradecido.

Al Dr. Néstor Almagro entrañable amigo y maestro espiritual que está siempre presente en mi vida. A mi querido Néstor, gracias por estar y mostrarme el camino.

A todos mis amigos de aventuras, gracias por compartir experticias inolvidables que atesoro quedando para siempre en los recuerdos.

A las organizaciones deportivas, Canal Aventure, a su director Jerome Lollier, a Global Limits, a su director Stefan Betzelt por permitirme participar conocer países, culturas, tradiciones en diferentes lugares más recóndito del mundo, en contacto con la naturaleza pura y libre. Sin su aporte hubiera sido imposible tener experiencias enriquecedoras de vida.

Quiero agradecerle a Edelweis Briner, fue la encargada de organizar mis viajes, vuelos y estadías. Una verdadera aventura de dos hasta tres días para llegar a participar en competencias en el otro extremo del mundo.

También va mi agradecimiento al fotógrafo y amigo, Vicente Kronental por su excelente trabajo que me permitió testimoniar mi trayectoria con las mejores fotos constituyendo así un recuerdo inolvidable y un acopio documental.

Ramón Clemente Abdala.

Prólogo

Correr es un acto de libertad que me hace feliz, pleno, porque me contacta con mi ser interior donde los pensamientos fluyen, giran, se elevan y vuelven y luego permanecen en un estado de paz, encuentran una armonía difícil de explicar.

El aporte de este libro no es solo para hablar de lo que correr significa, sino que esa acción de correr apunta más allá del movimiento físico, apunta a la integridad del vivir humano, a la armonía del cuerpo, la mente y el espíritu.

La meditación ayuda a superar situaciones difíciles, a salir de ellas cambiado y fortalecido. La meditación muestra que, citando a Saint Exupéry: lo esencial es invisible a los ojos. La meditación muestra esa esencialidad porque volcamos la mirada y el pensamiento hacia el interior de nosotros y allí percibimos lo invisible para el mundo, lo que no se muestra.

No es fácil vivir el día a día desde otra mirada, desde otros paradigmas apuntando a ser mejores en una sociedad en la que privan los intereses por sobre las personas. Pero tomar conciencia de ello es lo que nos dará las herramientas para lograr una vida armónica y entender la felicidad.

Mi objetivo al correr no es competir, no es ganar, no es llegar antes. Es lograr lo que mi ser completo puede lograr y, sobre todo, disfrutar de la maratón. Desde esta mirada es posible superar objetivos impensados. Un ejemplo es el hindú Fauja Singh quien empezó a correr a los 86 años. Se decidió a hacerlo luego sufrir varias pérdidas de seres queridos, así su primera maratón de 42 km la corrió a los 89 años. Siguió corriendo y superando marcas y en la maratón de 2013 en Toronto, Canadá, los periodistas del mundo lo esperaban para reconocer su esfuerzo y trayectoria porque ya había alcanzado los 100 años de edad. Cuando le pusieron la medalla dijo: “Imposible… no significa nada”. Quiso decirnos a todos que no hay imposibles cuando el objetivo es claro y la voluntad firme.

Esta afirmación se basa en saber que somos energía, la materia es energía condensada y la disolución de la materia es energía y esa fuerza energética debe estar en movimiento –según Albert Einstein- retroalimentándose a sí misma.

Por lo tanto, partimos de la premisa de que la vida es un proceso en movimiento, no es estática. Debe ser sometida a movimiento, a exigencia porque la vida es un proceso cambiante y ese proceso es cada uno.

Una reflexión taoísta nos dice:

Pocos son los elegidos porque pocos se eligen.

Introducción

Escribo este libro de la misma manera en que puedo hablar con un amigo que vino a visitarme. Lo escribo como un diálogo cálido y espontáneo mientras tomamos unos mates. Porque quisiera sacar de mi corazón toda una vida que fue transformándose y brindarla para dar a conocer todas mis experiencias. Tal vez a alguien ayude. Tal vez sean valiosas. Tal vez podamos juntos comprender lo que nos pasa.

Lo que me llevó a mi transformación y a abrazar este deporte que amo y que es correr maratón fue tomar conciencia de la vida que llevaba. Reflexionar sobre ella y ahondar en las insatisfacciones y en los riesgos. Este descubrimiento de mi cuerpo y de mi espíritu me llevó a correr por los cinco continentes superándome en cada carrera.

Tomé conciencia de que vivimos mal a pesar del confort y por el confort. En primer lugar, porque se nos propone una vida sedentaria. Cada vez más sedentaria con tanta botonera y controles. Y toda esa tecnología que usamos a diario hay que pagarla y no siempre es fácil, provoca estrés y el estrés trae muchas dolencias físicas y algunas muy graves. Nos encierra, nos entretiene con pavadas, nos anula el cuerpo y nos priva de la alegría de movernos, de disfrutar del aire libre, del agua, de la brisa, de los pájaros, y de sentir el cuerpo en el esfuerzo y el espíritu en el logro.

También tomé conciencia que sin alimentación saludable no hay salud posible. Y la alimentación que nos ofrece la industria del alimento es toda dañina. Muy sabrosa, es cierto, pero nada saludable. Muchas grasas saturadas, muchos químicos que adulteran, muchos conservantes, gran cantidad de azúcar. Y profundizando y estudiando qué pasa con la alimentación y la salud, hice mío un mandato que pegué en mi cocina: Se come lo que se debe, no lo que se quiere.

Comprendí que el primer deber que todos tenemos es cuidar nuestra salud. Y hoy es muy difícil porque el interés económico de la industria del alimento maneja muy bien nuestra psiquis y nos hace adictos a todo aquello que es dañino para la salud. Entonces, salirse de los cánones instalados es sumamente difícil, pero necesario. Hasta donde es posible debemos manejar cada uno de nosotros la vida nuestra, y no permitir que nos la manejen por puro lucro de otros.

Tomar conciencia de cada uno de mis pasos, de mis decisiones, de mis elecciones me ha permitido vivir una vida plena y de libertad para alcanzar el objetivo de toda vida: ser feliz. Pero no se puede ser feliz en medio del estrés, el consumo inútil y la enfermedad.

Mahatma Gandhi dijo: He tomado sobre mi espalda el monopolio de mejorar una sola persona, ese soy yo. Sé cuán difícil es, pero no es imposible.

Reseña deportiva
Maratones y Ultra Maratones en 20 años del 2000 al 2020

2000 [42 km Maratón de Nueva York, U.S.A.] - 2001 [42 km Maratón de Praga Rea. Checa] - [42 km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón de Bariloche Arg.] 2002 [42 Km Maratón de Mar del Plata Arg.] - [42 Km Maratón de Viña del Mar Chile.] 2003 [56 Km. U.M. Two Oceans, Sudáfrica] - [42 km Maratón Internacional de Mza. Arg.] 2004 [42 Km Maratón de Mar del Plata, Arg.] - [60 Km U.M. del Mar Muerto Jordania] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón de Chicago U.S.A.] 2005 [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón Cuidad de Rosario Arg.] - [42 Km Maratón K42 Villa la Angostura Arg.] - [120 Km U.M. Desierto de Sahara Túnez] 2006 [42 Km Maratón de Disney Orlando U.S.A.] - [42 Km Maratón de Mar del Plata Arg.] - [42 Km Maratón De Great Wall Muralla China.] - [42 Km Maratón Ciudad de Bs. As. Arg.] 2007 [42 km Maratón de Marruecos Marrakech] - [160 km U.M. Desierto de Kalahari Namibia] - [42 Km Maratón Ciudad de Bs. As. Arg.] 2008 [42 Km Fin del Mundo Maratón Ushuaia, Arg.] - [42 Km Maratón Cuidad de Rosario, Arg.] - [42 km Maratón de Helsinki Finlandia.] - [42 km Maratón de Mar del Plata, Arg.] 2009 [42 Km Maratón de Londres Inglaterra] - [42 Km Maratón de Mar del Plata, Arg.] - [42 Km Maratón K42 Villa la Angostura, Arg.] - [42 Km Maratón de Berlín, Alemania] 2010 [250 km U.M. De Sables, Sahara, Marruecos] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón de Ámsterdam, Holanda] 2011 [100 Km U.M. Cruce de los Andes Arg.-Chile] - [50 Km U.M. North Face, Salta, Argentina] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [160 Ultra Maratón del Himalaya. India] 2012 [42 Km Maratón de Miami U.S.A.] - [80 Km U.M. Patagonia Running, Neuquén] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón de Río de Janeiro, Brasil] - [100 Km Ultra Trail Du Mont Blanc, Francia] - [42 Km Maratón K42 Villa la Angostura, Arg.] - [42 Km Maratón del Cerro Arco Mendoza, Arg.] 2013 [42 Km Maratón de Jerusalén, Israel] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón Internacional de Bs. As. Arg.] - [250 Km U.M. Desierto de Gobi, China] - [215 Km Ultra Maratón Burkina Faso, África] 2014 [235 Km U.M. Coastal Challenge, Costa Rica] - [42 Km Desafío Ansilta San Juan, Arg.] - [170 Km Ultra Maratón Salar de Uyuni, Bolivia] 2015 [520 Km Ultra Maratón TheTrack, Australia] - [80 Km U.M. Cuatro Refugio, Bariloche, Arg.] - [50 Km Iberá Trail Run, Corrientes, Arg.] - [275 Km Grand To Grand Ultra Arizona, U.S.A.] - [42 Km Exe.Race, Huerta Grande, Cba, Arg.] 2016 [42 Km Maratón Cerro Arco, Mza, Arg.] - [75 Km U.M. Am. Comechingones, Cba, Arg.] - [160 Km, Ultra Asia Race, Vietnam] - [42 Km Maratón Internacional, Lima, Perú] - [270 Jungle Maratón, Amazonas, Brasil] - [70 Km Yaboty Ultra Maratón, Misiones, Arg.] 2017 [70 Km Aconcagua Ultra Trail Mendoza, Arg.] - [200 K Peneda Gerés Trail Advent, Portugal] - [170 K Fiambalá Desert Trail, Catamarca, Arg.] - [50 Km Turmalina Ultra Trail Uritorco, Cba. Arg.] 2018 [220 Km Ultra Maratón Albania. [80 Km U.M. Paso Vuriloche, Bariloche, Arg.] - [102 k Tarawera Ultra Maratón, Nueva Zelanda] - [260 Km Burgos Ultra Stage Race, España] - [220 Km Ultra Maratón, Camboya] - [42 Km Margarita Trail Chaco Arg.] - [200 Km Ultra Maratón Bhutan] 2019 [80 Km Ultra Caballo Blanco Urique, México] - [100 Km Elton Ultra Maratón Rusia] - [100 Km Everest Trail Race, Nepal] 2020 [200 Km U.M. Sao Tome y Príncipe, África]

 

Desafíos personales año 2014

790 km Camino del Peregrino a Santiago de Compostela de S. Jean Pied de Port

Francia a Santiago de Compostela España.

Maratones de 42 km realizadas, 41 Finisher

1.730 Km Maratones de calles y aventuras

Ultra maratones más de 42 km hasta 520 Km, 36 Finisher

5.425 Km Ultra Maratones en cinco continentes

Maratones menos de 42 Km.

500 km Media Maratones de 21 km, 10 km y Maratones solidarias, 25

Prácticas de entrenamientos

80.000 Km de entrenamientos deportivos. Los kilómetros son estimativos.

Se calcula un 1O % de las competencias realizadas

Total de prácticas deportivas y atléticas

88.500 Km desde mis comienzos a la edad de 50 años hasta 70 años en el 2020.

Mi vida

Mi nombre es Ramón Clemente Abdala. Nací el 29 de agosto de 1949 en Rivadavia, Mendoza. Y si bien yo crecí en el centro urbano, el departamento se sustentaba con una economía rural, rodeado de fincas, quintas y bodegas. En mi niñez, vivía más gente en la zona rural que en la ciudad.

Mis padres fueron Clemente Abdala y Yolanda Reneé Chada, ambos descendientes de libaneses. Mis abuelos tanto paternos como maternos eran libaneses. Y eso significa mucho. Pues los libaneses son gente de trabajo y muy inteligentes para el comercio.

Tengo un hermano un año y medio mayor: José Salvador Abdala, casado con María del Carmen Pérez y tiene tres hijos que han realizado bien sus vidas.

En mis recuerdos, en mi infancia fui muy feliz, aunque no me diera cuenta. En medio de primos, tíos, abuelos y amigos, compartíamos diversión y afecto. Todos nos conocíamos en Rivadavia, y a cada paso alguien saludaba, se detenía, conversaba. Éramos partícipes de todos los acontecimientos privados y públicos, alegres y tristes. Pero lo que más recuerdo, las fiestas patrias y patronales de mi pueblo, con desfiles, kermeses, fuegos artificiales y grandes procesiones. Tal vez yo no entendía bien el significado religioso o político de cada fiesta, pero me divertía mucho. Más no necesitaba.

Los recuerdos más atesorados es que en la Rivadavia de entonces nadie cerraba la puerta con llave. La gente saludaba en voz alta y entraba, las casas eran de todos y no conocíamos la inseguridad. Recuerdo que había olvidado mi bicicleta en el correo porque me mandaron a echar unas cartas. Al otro día noto que no estaba en mi casa y recordé: fui a buscarla y allí estaba. Nadie la había tocado, pasó toda la tarde y toda la noche apoyada en una pared, por supuesto sin candado ni cadena, pero ahí estaba. Así era mi pueblo.

Jugábamos en la plaza a mil juegos, en la vereda, en el baldío, en el corralón de mi abuelo. Todo el espacio y todo el tiempo era nuestro. Todos los chicos amigos, pues las familias se conocían.

Cursé la primaria en la escuela estatal Bernardino Rivadavia –todos somos hijos de la escuela pública-. Quedaba a cinco cuadras de mi casa y siempre fui y volví solo. A ningún chico llevaban ni traían, salvo los niños de la campaña. Íbamos solos a la escuela, con lluvia, sol, frío o calor. El guardapolvo blanco, limpio y la maleta de cuero. Nunca conocimos calefacción ni estufas en las escuelas. Jugábamos en el patio, corríamos. En los inviernos, se escarchaba el agua en las acequias y jugábamos a romperla con el taco del zapato. Y no nos enfermábamos. En general éramos delgados y sanos. Pienso que se debe a dos factores: nuestras madres cocinaban muy sano y nutritivo, por ende, estábamos bien alimentados. Y el cuerpo se hace resistente, se adapta a la temperatura, pues la mayor parte del tiempo estábamos afuera. No voy a decir que no había enfermedades ni mortandad infantil porque estaría faltando a la verdad. Sí había problemas también. Pero nosotros no nos enterábamos.

Crecimos con valores que se respetaban. La autoridad la tenían los padres, no los niños, y sin tantas vueltas. A ningún padre se le ocurría cuestionar a la maestra o a la escuela (aunque no siempre tenían razón). Pero la escuela era una institución muy respetada por toda la comunidad, era como sacrosanta y nada que pidiera se le negaba. En la escuela cifraban los padres, pobres o ricos que allí, con el guardapolvo blanco éramos todos iguales, las esperanzas de un futuro promisorio para los hijos. Y esa promesa en infinidad de casos se cumplió. Yo cursé la escuela enciclopédica, del ascenso social posible. De libro de lectura, manuales, diccionario, compás, transportador, y simulcop. Con clases de gimnasia con zapatillas pampero bien blancas. Cuando recuerdo mi niñez, me siento agradecido con la vida.

El colegio secundario lo cursé en San Martín, a 18 km de Rivadavia porque era un colegio comercial, y en Rivadavia no había esa especialidad. Viajaba en colectivo o hacíamos dedo, alguien nos acercaba porque no temíamos nada parecido a la inseguridad. Cursaba a la mañana y las clases de educación física se daban a la tarde de manera que tenía que volver rápidamente a la escuela. Siempre encontraba una excusa para no ir porque la verdad, no me gustaba la actividad física. De adolescente no hice deporte alguno, era muy holgazán para eso.

Puedo asegurar que todos podemos ser atletas, deportistas a cualquier edad. Creo que un deportista se hace, no se nace. Es producto de la convicción y del trabajo. De la aplicación de las 10 P, a saber: práctica, perseverancia, paciencia, predisposición, progresivo, pensamiento positivo, poder pleno, presente y una plegaria de deportista.

No tengo ningún antecedente familiar que sea deportista, ni existía en la familia tal inquietud. No está en mis genes. Estuvo en mi deseo, en mi voluntad, en la alegría y la plenitud que encontré en el deporte. Por eso digo que el talento está dentro de uno, tiene que manifestarse y desarrollarse. La fortaleza no proviene de la capacidad física sino de la voluntad indómita.

Los estudios universitarios los realicé en la Universidad Nacional de Rosario. Llegué a aquella ciudad, a 900 km de casa, siendo un adolescente que creció en un pueblo. Una ciudad populosa, desconocida, donde nadie sabía quién era yo y a nadie preocupaba.

Cuando llegué, no sabía dónde quedaba la facultad de odontología. Pues me proponía seguir esa carrera. Y recuerdo bien, vi unos estudiantes que iban con guardapolvos blancos. Pensé: “estos deben ir a la facultad de medicina o a la de odontología” y los seguí. Así llegué a la facultad y me inscribí. Estaba seguro de que me gustaba odontología porque yo siempre tuve mucha habilidad manual y sobre todo destreza fina. Y, además, tiene un gran costado humanitario aliviar el dolor de la gente. Sin test vocacional, solo por intuición, siempre supe que era una carrera para mí. Aprobé el examen de ingreso y comencé mis estudios. Corría el año 1968.

La integración me costó. Mi manera de hablar, de vestir, mi pobre preparación del secundario. Todo fue un esfuerzo de superación. Pero poco a poco fui lográndolo, y finalmente fui uno más que tuvo amigos, compañeros, idas y venidas. Después supimos todos que no debíamos juzgar por las apariencias, que primero hay que conocer el corazón de las personas, pues todos tienen una historia.

Cursé y aprobé la carrera en tiempo y forma. Siempre rendí con buenas notas y eso implicaba muchas horas de estudio y mucha voluntad. Odontología es una carrera que necesita mucho dinero en material así que como estudiantes nunca teníamos un peso y en las horas y horas de estudio nuestro gran compañero era el mate. Cuando llegaban encomiendas de nuestras madres, era una fiesta: tortitas, bizcochuelos, frascos de dulces, y mucho más. Porque en seguida tuve amigos verdaderos y todo iba a la mesa para todos. Pelusa, de San Cristóbal, Liliana López, de Rosario, quien terminó con medalla de oro. Estudiábamos juntos en la biblioteca, en el laboratorio, con los libros o apuntes. Mucho les costará imaginarse a los jóvenes de estos tiempos que nosotros no teníamos fotocopias, ni computadoras, ni teléfonos, ni pendrive, ni internet… teníamos libros y apuntes… y mucha voluntad.

Me recibí el 11 de diciembre de 1974. La última materia fue Odontopediatría. La alegría que sentí no cabía en mi corazón. Sentía que había logrado mi objetivo. Supe que soy capaz, que puedo si me propongo algo, aunque sea difícil. Le mostré a mis padres, a toda mi familia que podían confiar en mí. Que yo no defraudo. El proceso interior en mi persona fue muy importante.

Pero faltaba algo más, y no poca cosa: el servicio militar. Había pedido prórroga.

En el sorteo me tocó el número 900, de manera que debía ser incorporado a la marina. Fui incorporado en forma inmediata y opté por hacer el curso oficial de marina en Bahía Blanca. Por ser profesional y aprobado el curso se me designó como guardiamarina odontólogo en el Hospital Naval Río Santiago en Ensenada –La Plata-.

Fue un tremendo cambio: de estudiante a oficial de marina. Viví dos años en el hospital compartiendo con oficiales. Fue otro esfuerzo de adaptación. Y fue difícil porque fue durante el proceso militar y yo sabía quiénes eran y qué estaba pasando. Yo no quería ser parte de ese gobierno. Había visto compañeros estudiantes desaparecer y yo tenía que disimular para que no desconfiaran de mí porque siempre estábamos en peligro. Puedo asegurar que no fue fácil vivir con una máscara tratando de mostrar otro yo, sufrí mucho, no estuve a gusto en ningún momento. Pude sobrellevar esa circunstancia no elegida sino por obligación cívica y eso puso a prueba mi templanza, mi capacidad de resiliencia y me dije “todo pasa” y así fue. Cumplido el plazo, pedí la baja y regresé a Mendoza.

En 1976 empecé a trabajar alquilando un consultorio en el centro de la ciudad. Por el momento no podía comprarme el equipamiento necesario porque es oneroso. Compartía con otros cuatro odontólogos. Los comienzos fueron difíciles porque no tenía clientes, solo familiares y amigos a quienes no les cobraba. Recuerdo tardes enteras sin turnos ni nadie que me requiriera y yo debía pagar el alquiler y vivir. Pero me dije con firmeza: “voy a triunfar, yo puedo” y poco a poco, por recomendaciones iba siendo conocido y empezaban a llegar los pacientes. Entonces agregué las mañanas. Los fines de semana preparaban las prótesis en un laboratorio para ahorrarme ese gasto. La competencia con los demás odontólogos acabó con la amistad, así que tuve que dejar ese sitio y mudarme.

 

A dos cuadras de allí conseguí una casa antigua estilo colonial inglés con frente de ladrillo visto. El resto era de adobe. Estaba averiada por un terremoto que la afectó. Pude comprarla pues pagué solo el valor del terreno, y la ubicación era muy buena, estaba en una zona muy linda del centro de Mendoza. Acondicioné siguiendo el estilo la sala de espera y el consultorio. La embellecí y nunca le hacía faltar flores para lograr un ambiente agradable. Los pacientes me siguieron y mi clientela aumentó notablemente. Trabajaba toda la mañana y toda la tarde, inclusive hasta la noche porque muchos nuevos pacientes podían venir después que terminaran sus ocupaciones.

Los odontólogos trabajamos en un consultorio encerrados. En invierno era difícil disfrutar del sol y del aire libre. Y comencé a sentir la necesidad del ejercicio, de las salidas.

Al poco tiempo de tener mi casa y mi consultorio propio, mi madre se enferma gravemente. La traje a Mendoza y la interné. Fue un largo peregrinar de terapias, médicos y remedios, todos ambientes desconocidos para mí. En esta circunstancia la vida me da otra lección: tomo conciencia del gran negocio de la medicina. Y detrás de ello, la deshumanización. Mi madre estaba en terapia intensiva, conectada, con un cuadro irreversible. Entonces me enfrenté a los médicos porque les pedí que la sacaran de allí. Yo tomé la decisión y me hice responsable. Yo no podía ver sufrir a mi madre conectada, obligada a vivir sin esperanzas. Yo sabía bien por la profunda conexión que siempre tuve con ella. Ni hablar de la gran cantidad de medicamentos que me pedían, listas por hora, que no hay cuerpo que pueda absorber esa cantidad de remedios. Y yo sé que todos ellos tapan el síntoma y no curan –al menos el cuadro que mi madre sufría- y además traen complicaciones secundarias. Así que insistí en desconectarla. Porque yo creo que hay que preservar la vida, no la agonía.

Así, en 1983 fallece. Una paz tremenda embargó mi corazón porque como hijo hice todo lo que estaba a mi alcance. Sé que en algún lugar me está escuchando: gracias madre, por haberme dado la vida y poder ser yo como soy.

Una consideración: la industria farmacéutica es la que más factura en el mundo después del petróleo y la publicidad. Entonces vivimos una sociedad enferma y una economía vigorosa.

Me encargué de todas sus pertenencias, de repartir y ordenar lo suyo. Fue una enseñanza, un despertar para mí. Ella vivió atada a su tiempo con más ilusión que realidad. Tenía ropas finas, elegantes y un tapado de piel, pero ella siempre estaba vestida con un batón en la cocina. El comedor impecable y el juego de porcelana preservado para ocasiones especiales que nunca llegaron. ¿Qué pasó con todo eso? Al tapado de piel se lo comieron las polillas, la ropa elegante quedó en un baúl y nadie la quiere, el juego de porcelana desapareció, no sé quién se lo llevó y en el impecable comedor la velamos, se abrió para la última despedida de su casa. Pensé que es un gran error esperar ocasiones especiales para disfrutar de la vida, que esas ocasiones nunca llegan y que las cosas son para uno, no al revés. Entonces me dije: la realidad es el presente. Vivir el presente aquí y ahora es lo verdadero, lo demás es pura ilusión no vivida.

Y pensando en eso, empecé a viajar. Nunca había salido del país. Me inscribí en un congreso de odontología en Japón, un lugar que despertaba toda mi curiosidad. Fue una gran experiencia y admiré mucho esa sociedad: cultura, espiritualidad, orden, disciplina, limpieza y voluntad férrea de superación llegando a ser una potencia después de tremenda derrota en la segunda guerra mundial. Mi pregunta es cómo lo lograron, cuál es la clave, porque Japón es una pequeña isla sin recursos naturales ni petróleo, ni materia prima y superpoblada, además. Debo decir que me identifiqué plenamente con el espíritu y el hacer de la sociedad japonesa. La perseverancia es una de sus virtudes.

Y viene a cuento las palabras de Mandela que hice mías: no me juzgues por mis éxitos, júzgame por la cantidad de veces que me caí y me levanté de nuevo.

De Japón viajé a India y a Tailandia. Allí encontré solo miseria, hambre, abandono, muertos en las calles. El lugar en que trabajó Teresa de Calcuta, que solo podía ofrecer algo de dignidad al morir. Pero lo que me llamó la atención fue la aceptación de vivir en esas condiciones con un conformismo absoluto. Parecían estar en paz con toda esa miseria. Como no soy de juzgar, empecé a leer Bhagavad – gita, un texto religioso. Con el propósito de entender, de comprender la mirada de ese pueblo. Entendí que las castas sociales son partes de la religión. Creen que la vida es eterna y creen en la reencarnación y se debe aceptar lo que toca, no se puede pasar a otra casta. No creen que mueren, creen que trascienden, que el alma se eleva. Conviven en armonía budistas, hinduistas, jainistas porque los une la idea común del ser sagrado espiritual. Este libro iniciático me llevó a informarme más leyendo otros libros: Krishnamurti, Osho, Deeprak Chopra, Eckhart, Tolle entre otros. Recuerdo cuando iba a Buenos Aires pasaba horas leyendo en la librería Ateneo o Kier zambulléndome en las enseñanzas taoístas que muestra un camino de iluminación y paz espiritual.

Empecé a practicar tai chi chuan, una disciplina milenaria de la cultura china que es una filosofía de vida, donde se considera de mayor importancia el cultivo de la salud a través de la respiración energética, el correcto control de la energía vital y la meditación en movimiento. Lo experimento cuando corro y esa forma potenció mis capacidades.

Así fue transcurriendo y cambiando mi vida en el día a día: compatibilizando mi responsabilidad en el trabajo profesional y buscando permanentemente la superación para creer y gozar, siempre con estos objetivos por delante. Me fui transformando, el Ramón de ayer no es el mismo de hoy y no será igual mañana. En realidad, todos estamos cambiando siempre. Porque la vida es energía en movimiento, lo que no se mueve está muerto. Somos como un árbol que cambia continuamente, no como un poste estático. Aprendí que estamos vivos porque estamos en movimiento, si quieres que algo muera, déjalo quieto. Trato de ser artesano del presente y construir el arte de vivir. Para eso no hay recetas, cada uno tiene que encontrar su camino. Porque cada uno es único y lleva sus propios deseos y sus propias cicatrices. Está en el universo.

También cambié la forma en que atendía a mis pacientes. Un trato amistoso. Conversaba con ellos cómo era su vida, sus hábitos, sus comidas. Quienes estaban sanos y vitales, tenían en común el movimiento y el deporte. Aprendí mucho de ellos.

Mi vida era satisfactoria, y me acercaba a los 50 años. ¿Qué más hay? Algo pedía adentro, un vacío de insatisfacción pese a todos los logros a lo largo de mis años. Sentía que solo pasaba por la vida. A los 50 años tenía experiencias, confianza en mí mismo, algo había aprendido de la vida. He aprendido que todo lo que uno incorpora en la vida viene de afuera a través de la familia, la escuela, la iglesia, la cultura. Es importante como guía, pero no conduce a la esencia del ser. Porque yo busco ser, más que pertenecer. Así, me di cuenta que la felicidad es interior a uno, y depende de cada uno. La alegría es un estado interior, que no es diversión, es felicidad. Y es invisible a los ojos. Así, yo elijo en la segunda etapa de mi vida ser feliz, ser sano, completo, buscar la paz interior en un constante crecimiento espiritual.

En el año 2000 me hice un regalo de cumpleaños muy especial: correr la maratón de Nueva York. Yo nunca había corrido más de 5 km. En mi favor contaba un cuerpo sano, una mente equilibrada y espíritu de superación.

El desafío fue creciendo y ya no me satisfacía correr en las ciudades, busqué maratones más difíciles. Y comencé a correr en los ultra maratones: el primero y que fue el puntapié inicial fue en 2003: Two Oceans Maratón. Consistía en correr 56 km en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, uniendo el océano Atlántico con el océano Índico. Fue una experiencia maravillosa, la disfruté tan intensamente que de inmediato comencé a buscar y anotarme en maratones exigentes, ultras, porque en mí es una pasión que no tiene límites.