Buch lesen: "El evangelio encarnado en la realidad"
EL EVANGELIO ENCARNADO EN LA REALIDAD
El cura Brochero: autorretrato epistolar
EL EVANGELIO ENCARNADO EN LA REALIDAD
El cura Brochero: autorretrato epistolar
Pedro Trigo, sj
Índice
Portada
Portadilla
Legales
PRÓLOGO
A MODO DE PRESENTACIÓN
1. PROPEDÉUTICA Y PERSPECTIVA
1.1. Cartas sobre gestiones
1.2. Sentido de realidad y praxis trasformadora de la realidad
1.3. La objetivación en la realidad da la medida de su espiritualidad
1.4. Valoración cristiana de su entrañamiento en la realidad
1.5. Un viraje histórico radical
2. ANÁLISIS DE CARTAS SIGNIFICATIVAS
2.1. Vocación discernida y trascendente
2.2. Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios
2.3. Fraternidad presbiteral de un buen pastor
2.4. En busca de la oveja perdida
2.5. Amistad presbiteral y grandeza de alma
2.6. Autocrítica ante las reacciones a su renuncia por bloqueo interior ante lo desmesurado de las responsabilidades y la tristeza de no encontrar ayuda
2.7. Hasta en la expansión íntima, el malhumor por la contrariedad se compone con la objetividad argumental
2.8. Elogio de la madre
2.9. No vale para obispo
2.10. Un cura caminero
2.11. Una renuncia muy dolorosa
2.12. Hay que arar con los bueyes que se tienen, y con ellos ara Dios
2.13. Una renuncia sentida, pero razonable y razonada
2.14. Los demonios del orden establecido impiden la reinserción del que había sido rehabilitado de sus demonios
2.15. El que se esfuerza por rehabilitar se estrella contra la sociedad que no acepta la reinserción
2.16. Un predicador popular satisfecho del éxito de su elocuencia campesina
2.17. Pésame por la muerte de un amigo
2.18. Carta no convencional en la consagración de un obispo
2.19. Su modo de proceder
2.20. En manos de Dios cuando ya no tiene manos
2.21. De la vida activa a la vida pasiva, que es la máxima actividad
2.22. Recibir de sus feligreses da la medida de su madurez cristiana
3. BROCHERO COMO MAESTRO ESPIRITUAL
CARTAS IMPRESCINDIBLES
| Trigo, PedroEl Evangelio encarnado en la realidad : el cura Brochero : autorretrato epistolar / Pedro Trigo. - 1a ed . - Córdoba : EDUCC - Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descargaISBN 978-987-626-462-41. Espiritualidad. I. Título.CDD 248.46 |
De la presente edición:
Copyright © by Educc - Editorial de la Universidad Católica de Córdoba.
Diseño editorial, puesta en página y arte de tapa: Sofía García Castellanos.
Está prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier método
fotográfico, fotocopia, mecánico, reprográfico, óptico, magnético o electrónico, sin
la autorización expresa y por escrita de los propietarios del copyright.
I.S.B.N.: 978-987-626-462-4
Primera edición en formato digital: abril de 2021
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
Crédito fotográfico: fotografía de tapa: Christian Emanuele.
La reproducción de las cartas del cura Brochero cuenta con autorización de la Conferencia Episcopal Argentina, titular de los derechos de la obra: El cura Brochero, cartas y sermones. Buenos Aires, 2013.
PRÓLOGO
Con agudeza y mucha verdad el Quijote afirmaba que “la pluma con más libertad que la lengua suele dar a entender lo que en el alma está encerrado”. Algo de esto ha intuido Pedro Trigo al abordar al Cura Brochero desde sus cartas y con la originalidad –ciertamente novedosa– de “no haber leído nada escrito por otros autores acerca de él, sin ninguna hipótesis ni imagen preconcebida”, dejando que sea el mismo Cura quien a través de sus palabras se vaya dando a conocer, vaya desvelando su mensaje y la estatura de su alma. Y si bien esto puede implicar un análisis parcial, confía –y tiene razón– en que la imagen que surge de este estudio será verídica y certera, porque justamente al leer sus cartas advierte que estamos frente a “un hombre de una sola pieza”.
Sus cartas, advierte Trigo, hablan poco de Dios y de temas espirituales; la mayoría de ellas se refieren a las necesidades de su gente, son pedidos que procuran una vida más digna para su pueblo: caminos, acequias, ferrocarriles, escuelas, iglesias, lo cual no lo hace un hombre poco espiritual, al contrario, vislumbra a un hombre “evangélico”, un olvidado de sí, con los pies tocando la realidad y con la cristianísima obsesión de que su rebaño tenga una vida más linda. Brochero escribe desde el corazón de su gente, “implicado en lo que trata, entregado a la obra, de cuerpo entero, aún en lo que puede parecer más polémico o apasionado o caprichoso”.
Lo humano en Brochero es medular y es desbordante: en sus cartas menciona agradecido a sus colaboradores y benefactores, reconoce humildemente sus yerros, se defiende a sí mismo cuando le levantan juicios falsos, así como un día Jesús preguntó al que injustamente lo golpeaba ¿por qué me pegas?, embreta sin ningún empacho a las autoridades cuando tiene que negociar beneficios para su pueblo, es implacable e irónico cuando tiene que reclamar para los suyos justicia, consuela a los heridos, anima a los desesperanzados, empuja a los pusilánimes.
Trigo recorre la variada gama de cartas del cura ponderando y describiendo el estilo de quien llama las cosas por su nombre, con una franqueza que sorprende, sin adornos ni vueltas, de quien se dirige al corazón, habla su lenguaje franco y campechano porque siente como ellos: cartas “duras”, interpelantes a las autoridades eclesiásticas y civiles, a “los que puedan hacer algo por mejorar las condiciones de vida de su gente”, cartas abiertas a los diarios para dar a conocer las riquezas de su zona, cartas de amistad, de una amistad que muchas veces iba a contramano del sentir de la sociedad, por lo tanto tienen una finalidad movilizadora, propio de lo evangélico: al malquerido Santos Guayama lo tratará de “mi amigo”, y a los presos, lacra de la sociedad en el sentir de muchos, y para quienes intenta un indulto encabeza su carta diciéndoles: “A mis queridos hijos espirituales”.
Cartas llenas de ternura y reconocimiento como la que describe a Rita, una segunda madre, a quien le agradece “los mil cariños maternales que me dispensó desde el día que me conoció… era otra madre mía que me engendró con sus bondades y virtudes”. Cartas telegráficas de mucha firmeza como se lo expresa a quien lo está proponiendo para obispo: “Agradezco voluntad suya, no felicitación. Soy idiota, sin tino, sin virtudes. Influya no aparezca en terna”.
Sea cual sea el tono y la finalidad, la opción de fondo que guía su lenguaje es la de “ser entendido por su gente”. Decía en expresión de San Agustín que prefería ser entendido, antes que pasar por erudito y que no lo entiendan.
“Todos sienten –nos dice Trigo– con una alegría vivísima que el mensaje se encarna en su mundo, como que Dios a través del cura, les habla desde su vida misma; que Dios no es el de la institución eclesiástica, evocado por palabras que nunca usan ellos, que casi no las entienden y que en todo caso les resultan lejanas, abstractas y no motivadoras. Por eso, sus expresiones ruedan de mano en mano, se festejan y se graban en la mente y corazones y actúan como levadura”.
Guiados por el autor y fieles a su intención al regalarnos estas páginas, dejémonos decir por el Cura Brochero, festejemos sus palabras y que ellas se graben en nuestros corazones. Ese será el mejor homenaje que podamos brindarle a tan grande maestro espiritual.
Ángel Rossi, sj
A MODO DE PRESENTACIÓN
Este libro no lo ha escrito el cura Brochero; lo he escrito yo. En este sentido no es una autobiografía. Pero me he atrevido a subtitularlo autobiografía epistolar porque cuando comencé a leer las cartas de Brochero no conocía nada de él y hasta el día de hoy no he leído nada escrito por otros acerca de él. Por eso, no tenía ninguna hipótesis sobre él, ninguna imagen preconcebida. Traté de ponerme en una actitud perceptiva para recibir lo que el cura Brochero iba diciendo de sí, de manera que él mismo, a través de ese dar cuenta de sí que son sus cartas, fuera componiendo su propia imagen. En este sentido, es autobiografía. Y lo es porque no he contrastado su percepción con la de otros protagonistas. Me atengo en todo caso a su propia versión de los hechos y de su persona. En este sentido, creo que bastante denso y genuino, es autorretrato epistolar.
Lo titulo “el evangelio encarnado en la realidad” porque su voluntad de realidad, su honradez con la realidad y su empeño porque la realidad dé de sí, desde sí misma, estimulando sus dinamismos más genuinos, es lo que define su espiritualidad. Y menciono al evangelio porque él y no un cuerpo doctrinal eclesiástico es el que tiene la voz cantante. En este sentido me parece que él hace en su época y circunstancia local lo equivalente de lo que Jesús hizo en la suya. Jesús se autodefine como la luz del mundo y por eso afirma que “quien me sigue no caminará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida”. No se camina a la luz de una doctrina. Se sigue a una persona, un seguimiento espiritual: con el Espíritu de Jesús. Pues bien, la vida que sale de ese seguimiento es la que arroja luz y sentido. Lo primero es la vida en seguimiento y luego la luz: la luz sale de la vida; más aún, es la luz de la vida. Sin vida no hay luz, son puros conceptos vacíos.
El cura Brochero es un hombre de la Biblia; es muy significativo que poseía un ejemplar de la primera edición católica en castellano, y más concreto un hombre de los evangelios, por eso su insistencia en los Ejercicio Espirituales, que en su mayor parte son contemplaciones de la vida de Jesús para seguirlo. Pues bien, lo característico de él es que todo va saliendo de su seguimiento situado, de la pregunta de qué hacer para que aquellos de los que él tiene cuidado (siempre es el cura Brochero) tengan vida y vida en abundancia. La inscripción en la medalla que le dieron como homenaje cuando dejó el curato sintetiza esta tarea: evangelio, escuelas caminos. El evangelio es la inspiración de todo, su motor, un motor personal, una narración abierta, la relación con una persona que es la fuente de su identidad y de su vida. Las escuelas y los caminos, dos concreciones paradigmáticas.
Conozco a Gabriel Brochero exclusivamente a través del estudio de sus cartas. Como se verá, el que ofrezco es un análisis parcial. Sin embargo, tal como es el personaje, un hombre de una sola pieza, estimo que, aunque deje fuera muchísimos datos de su vida, la mayoría, e incluso aspectos enteros de él, este estudio sí puede darnos una imagen verídica, incluso muy significativa y fundamentalmente certera de su autor.
Hace años, estuve dictando durante casi tres lustros un curso sobre pensamiento latinoamericano en la Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas, y continúo dictando, desde principios de la década de 1980, Historia de la Iglesia en América Latina en la Facultad de Teología; antes dediqué veinte años a crítica literaria latinoamericana, por lo que algo he podido contextualizar y sopesar las cartas.
El lector podrá notar que las cartas me han impresionado por su reciedumbre humana y densidad cristiana, y, por eso, forman parte del curso Maestros de Espiritualidad en América Latina en el postgrado de Teología Espiritual.
Espero que este trabajo sobre las cartas aproveche a quienes lo lean, como estas me han aprovechado a mí.
1. PROPEDÉUTICA Y PERSPECTIVA
1.1. Cartas sobre gestiones
Como punto previo hay que hacer notar que estas cartas cubren solo un aspecto de su actividad: lo relativo a gestiones, tanto de la parroquia a la que sirvió como cura párroco, como del colegio internado para muchachas que fundó, como, más aún, de asuntos relativos al progreso de la gente de su curato, y también de asuntos personales. Bastantes son respuestas a peticiones burocráticas hechas por las instancias pertinentes; otras muchas, gestiones suyas ante las autoridades, los políticos o gente influyente, para obtener su respaldo para las obras emprendidas o para que se emprendieran; no pocas están dirigidas a los encargados de las obras y tocan asuntos relativos a su marcha; otras son saludos, noticias y encargos a familiares o amigos. Hay muy pocas relativas a la marcha del trabajo pastoral, tanto sobre la atención al centro parroquial o a las capellanías y la visita a los enfermos, como sobre la marcha de los Ejercicios Espirituales, que tanta importancia tuvieron en su vida.
En la medalla que le entregaron en un homenaje cuando dejó el curato para ir como canónigo a Córdoba, grabaron como síntesis de su ministerio: “Evangelio-Escuelas-Caminos”. En las cartas nos asomamos a la educación y sabemos mucho sobre la construcción de caminos y carreteras y, más aún, sobre el proyecto, que no llegó a culminar, del ramal de ferrocarril; pero casi no sabemos nada sobre la pastoral y prácticamente nada sobre los Ejercicios. Sí hay un lote de cartas a los sucesivos obispos o a sus secretarios; unas tratan de asuntos administrativos, sobre todo, en relación a la construcción de una capilla, aunque bastantes se refieren a su gestión de párroco o su permanencia en la parroquia o su renuncia a ella. Pero no tratan sobre su vida interior o sobre aspectos de dirección espiritual; sobre estos puntos solo hay atisbos, aunque muy expresivos. Resulta más sorprendente aun que la mayoría de las cartas no contiene ninguna mención explícita de Dios ni de algo que pueda considerarse como evangelización explícita o espiritualidad cristiana, incluso bastantes de las dirigidas a amigos. Aunque, insistimos, las escuetas menciones son macizas y hacen ver que es un cristiano de cuerpo entero.
Por eso, importa penetrar en su talante espiritual para comprender por qué un cura rural de un pueblo perdido en la sierra de Córdoba en la provincia más tradicional de Argentina de la segunda mitad del siglo XIX y de comienzos del XX, un cura, además, del que consta que fue un cristiano integral, es tan escueto en cuanto a religión en sus expresiones epistolares.
1.2. Sentido de realidad y praxis trasformadora de la realidad
Lo más notable es que las cartas tratan de asuntos tocantes a la realidad. Y, más en concreto, a trasformaciones superadoras de la realidad. Para él, una parte fundamental de su ministerio es procurar que la gente tenga más vida y, para empezar, más elementos para vivir, que en ese caso eran caminos, carreteras y ferrocarriles, que hicieran posible sacar a las grandes ciudades los productos agrícolas perecibles, sin pérdida por el demasiado tiempo empleado y las malas condiciones del trasporte, y a bajo costo, y de este modo activar la producción y con ello el nivel de vida de la gente, ayudando a la zona a salir de su pobreza franciscana, como dice tantas veces. También, y para lo mismo, procuró acequias para riego. Y, más aún, iglesias que agruparan en sitios adecuados a una población dispersa. Otro medio para incrementar la vida en el que intervino muy activamente fue la educación, sobre todo de niñas, en la que podemos decir que fue pionero. Ocupa muchísimo tiempo y energías en hacer las diligencias para lograr todo esto, tanto en conseguir colaboradores y dirigir los trabajos y, por supuesto, recabar el dinero necesario, como en animar a la gente y sostener el entusiasmo a lo largo de los procesos.
Es muy consecuente con los colaboradores, muy agradecido. También es muy realista y en las exposiciones de motivos trata de combinar la ayuda desinteresada a los demás con la procura del beneficio del propio colaborador. Para él, el trabajo es algo muy grande y humanizador. Él conoce muy desde dentro el mundo de la producción, tanto agrícola como ganadera, y alude frecuentemente a comparaciones, sobre todo, de animales domésticos, y como realiza sus viajes en mula o caballo, se refiere muchas veces a detalles de esa cultura.
Tiene una gran tenacidad en sus objetivos y sabe ponerse en el lugar de las personas con las que trata; por eso, sus estilos epistolares son muy variados, desde lo más pintoresco a lo más formal, pasando por lo entrañablemente humano. Sin embargo, en las cartas va directo al grano, priva completamente lo denotativo, lo mostrativo y, cuando es necesario, lo descriptivo; los argumentos y los sentimientos van dirigidos también a patentizar la realidad y situarse proactivamente en ella. Aunque es gradual cuando busca comprometer a las personas. Sabe partir desde donde están, para llevarlas paso a paso a sus propuestas.
1.3. La objetivación en la realidad da la medida de su espiritualidad
En la realidad se encuentra con los demás. La determinación de moverse en la realidad lo obliga a salir de sí o, por mejor decir, a dejarse a sí mismo y entregarse con los demás a la obra de provecho común. Eso es lo que lo agiganta. Lo hace estar a la altura de la situación, lo lleva a encontrarse con las personas, a ver su lado dinámico y a estimularlo.
Esta actitud es la que le granjea la adhesión entusiasta de la gente de su curato, y la que lo saca de su pequeño reducto y lo lleva a la gente de influencia, a la prensa y hasta a los representantes del gobierno provincial y nacional. Así, llega a ser una persona literalmente importante: porque en efecto lleva en sí a todos, los intereses de todos y sus mismas personas, y los congrega para constituir un cuerpo social con los haberes de todos.
Está completamente implicado en lo que trata, por eso a veces da la impresión de que mueve a la gente como peones suyos. Creo que esto es así porque él mismo está entregado a la obra, que es de ellos, que es la obra social, la del conjunto humano que representa. La obra es para el caserío o el pueblo o la comarca o la región entera. Si él se beneficia en algo, es como un miembro más del conjunto humano al que va destinada la obra. Así lo percibe la gente. Por eso, se prestan a lo que les pide de muy buena gana. Y aceptan que los presione. Es claro que él está en lo de ellos y es de ellos. Por eso, el que tenga una estatura gigante no es para ellos motivo de recelo o envidia ni, menos aún, de sentirse disminuidos, porque su tamaño no los infantiliza ni empequeñece sino que los pone a valer. Es el significado literal de autoridad, derivado de augere, aumentar, hacer progresar.
Por eso, él publica una y otra vez los nombres de los que han colaborado pecuniariamente o dando animales o trabajo, y agradece constantemente. Una de las últimas cosas que hace cuando ya está ciego es escribir para su publicación los nombres de los que, por ayudarlo eficazmente a construir el colegio y la Casa de Ejercicios, merecen llamarse benefactores y son dignos de esta mención honrosa.
Otra muestra de su objetivación es la humildad con que reconoce sus yerros, sean por la manera áspera de decir las cosas, que puede herir, sean por error de apreciación. Muchas veces en sus cartas tiene autocríticas con toda sencillez y lealtad.
Otra muestra, mayor aún, es que cuando en una carta ha defendido algo contrario a su interlocutor con todo apasionamiento y de modo extremadamente tajante, concluye la carta diciendo que queda realmente a disposición del que a lo largo de la carta le ha estado diciendo que después de lo pasado no cuente con él. Y es verdad que queda a su disposición porque en cartas subsiguientes vemos cómo sigue a su servicio y en su amistad, como si no hubiera pasado nada.
También es muestra de objetivación la manera como se defiende cuando cree que ha sido malinterpretado, exponiendo pormenorizadamente los hechos y los argumentos, de manera que quede todo lo más claro posible.
No solo él está en la realidad sino que también se esfuerza porque en lo que lleva a cabo esté presente y en bloque toda su realidad personal y no una parte de su ser, una tendencia autonomizada. Se puede ver que en lo que hace se compromete por entero, se juega él mismo; y, por eso, se esfuerza en ser él, su persona, el que lo hace. La firma, el cura Brochero, está presente siempre, a lo largo de todo lo que escribe. Quien escribe, se relaciona, siente y actúa es el cura, es decir, un párroco, y, en sentido literal, que en este caso es el que vale, el que cuida de sus feligreses como la actividad y la actitud que lo define; pero precisamente el cura Brochero. Nada de fragmentación postmoderna: está siempre de cuerpo entero, aun en lo que puede parecer más polémico o apasionado o caprichoso.