Buch lesen: "Tristes. Pónticas"
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 165
OVIDIO
TRISTES * PÓNTICAS
INTRODUCCIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE
JOSÉ GONZÁLEZ VÁZQUEZ

EDITORIAL GREDOS
Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por VICENTE CRISTÓBAL y EULOGIO F. BAEZA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO271
ISBN 9788424932008.
INTRODUCCIÓN
1. EL DESTIERRO DE OVIDIO
Al abordar en este volumen la casi totalidad de la producción poética del destierro de Ovidio, nos ha parecido obligado comenzar nuestra introducción refiriéndonos al hecho mismo del destierro del poeta, que tanto ha dado que hablar a la crítica de todos los tiempos y sobre el que no se ha dicho aún la última palabra 1 .
A finales del año 8 de nuestra era cristiana, cuando se encontraba en la isla de Elba, caía sobre Ovidio una inexorable sentencia dictada por Augusto que le condenaba a abandonar Roma y a trasladarse a Tomos, la actual Constanza, en la costa rumana de Dobrucha, la ribera occidental del Mar Negro. Dura condena por cuanto significaba de abandono de la patria y de los seres queridos, así como por las duras condiciones climáticas y de vida del lugar al que se le relegaba: el gélido país de los getas, hombres absolutamente extraños a los romanos por todos los conceptos, es decir, unos auténticos bárbaros.
Ovidio regresa de Elba a Roma, pasa allí su última noche en compañía de su familia y amigos más allegados y al amanecer emprende el camino del destierro, de donde no habría de regresar nunca más. Contaba por entonces el poeta 52 años de edad.
1.1. Causas del destierro
Y bien, ¿cuáles fueron los verdaderos motivos de tan dura e inesperada condena?
Es ésta una de las cuestiones más debatidas de cuantas se refieren a los escritores latinos y que tanto la Antigüedad como el propio Ovidio dejaron envueltos para siempre en el más recóndito de los misterios. En efecto, tal y como dice F. Della Corte 2 , «no estamos en condiciones de resolver el misterio de los motivos por los que Ovidio fue relegado a Tomos». No se nos antoja una mera casualidad que John C. Thibault haya titulado su estudio sobre el particular «The mystery of Ovid’s exile». Y es que parece como si nuestro poeta hubiera querido correr una cortina de humo sobre el tema 3 . Pues, si bien es abordado en casi todos sus poemas del destierro, lo hace Ovidio con un cierto halo de misterio, sin desvelar nunca el secreto y dándolo por sabido, como de hecho debió de ser para sus contemporáneos 4 .
Desgraciadamente, nuestro largo estudio de los poemas del destierro no nos ha aportado nada nuevo a la incansable búsqueda a la que, por otra parte, las mentes más lúcidas y las imaginaciones más fantasiosas han dedicado todo su esfuerzo durante siglos. Y es que el misterio que rodea la condena de Ovidio, de no mediar algún descubrimiento inesperado, parece realmente avocado a quedar sin desvelar para siempre.
Hay quien piensa que la condena de Augusto se debió más a una medida de precaución que a un crimen o delito concreto cometido por el poeta, ya que no medió proceso condenatorio oficial alguno.
Ahora bien, aun en el supuesto de que esto fuera así, habría que pensar en una o varias razones que indujeran al Emperador a tomar dicha medida. Y ahí es donde la crítica de todos los tiempos se ha torturado y lo sigue haciendo en su intento de clarificar la cuestión. El propio poeta alude constantemente en su producción del destierro a las causas de la condena, pero, cuanto más lo hace, más impreciso, misterioso y oscuro resulta.
Con dos palabras nos define Ovidio los motivos de su condena: carmen et error 5 , «un poema y una equivocación». Respecto al poema, parece haber acuerdo unánime en que se refiere a su Arte de amar, sobre el que, al parecer, descargó el Emperador toda su severidad, a tenor de las referencias del propio poeta y de otros autores antiguos 6 . Augusto, restaurador de la moralidad pública romana, no podía dejar de castigar al autor de una obra con la que se convertía en maestro del adulterio y de la obscenidad: «Se me acusa de haberme convertido en maestro del impúdico adulterio» 7 . En efecto, la moderna crítica coincide en interpretar que con esta afirmación Ovidio se revela como el primer y único poeta que permanece básicamente ajeno a los ideales de la restauración políticomoral de Augusto. Y ello en toda su poesía erótica, pero muy especialmente en su Arte de amar, que representaba la negación de los valores morales defendidos por el Príncipe y difundidos por la propaganda imperial y por las Leyes Julias sobre el matrimonio.
Conviene subrayar, a este respecto, que Ovidio es un poeta con una actitud marcadamente liberal, reflejo de la atmósfera de libertad que se respiraba en el Círculo de Mesala, y bastante indiferente a las preocupaciones políticas de Augusto. Esto debió de influir en que las relaciones entre Augusto y Ovidio no fueran nunca demasiado cordiales y en el hecho de que el Emperador desistiera de atraerse a su lado al poeta más brillante de la segunda generación de escritores augústeos, como antes lo había hecho con Virgilio y Horacio, por ejemplo. Será sólo al final de su vida, en sus poemas del destierro, y por razones obvias, cuando Ovidio se comportará como un poeta de corte, con abiertas lisonjas y adulaciones al Emperador y a su familia 8 .
Hay, sin embargo, quienes piensan que la condena del Arte de amar no fue más que un pretexto para disimular la verdadera causa de la condena del poeta, que habría que buscar más bien en ese error o equivocación fatal que él mismo lamenta tantas veces. El propio poeta nos da pie a pensarlo:
No hay ninguna culpa en tu Arte.
Pero ¡ojalá puedas defenderte!
Tú sabes que lo otro que te perjudicó es más grave 9 .
Ese otro motivo, que parece que fue lo que en realidad le llevó al destierro, debía permanecer en silencio 10 , por cuanto su revelación —en palabras del propio poeta— volvía a ofender al Emperador, si bien en Roma debía de ser un secreto a voces 11 . ¿De qué se trataba?
Ovidio repite insistentemente que se trataba de un «error», de una «equivocación» cometida por él, sin intencionalidad o maldad alguna 12 . En efecto, el poeta habla de una «falta» (culpa), que no llega a ser «delito» (scelus, facinus), debida más a su ingenuidad (simplicitas) o necedad (stultitia) que a una acción consciente o premeditada. Incluso llega a decirnos que su equivocación había consistido en «contemplar algo», «haber visto algo» que no debía 13 y que ofendió al Emperador. Pero no dice más. De ahí la infinidad de teorías surgidas al respecto, que han tratado de explicar el motivo del destierro de Ovidio de las formas más diversas. Permítasenos enumerar, simplemente, las más importantes 14 .
1) El poeta, sin pretenderlo, habría contemplado a Livia mientras se bañaba en su piscina 15 .
2) Ovidio se habría presentado en casa de Augusto en el momento en que éste, informado del desastre de Varo, se encontraba bajo un ataque de cólera tan grotesco que el poeta lo ridiculizaría en epigramas de circulación clandestina 16 .
3) Ovidio habría descubierto fortuitamente el incesto del Emperador con su hija Julia 17 .
4) Ovidio habría sido testigo del adulterio de Julia, hija de Augusto, e incluso lo habría favorecido 18 .
5) Habría sido testigo y habría propiciado el escandaloso adulterio de Julia Minor, nieta del Emperador 19 .
6) Ovidio habría conspirado con Fabio Máximo para devolver el derecho de sucesión imperial a Agripa Postumo, nieto de Augusto y relegado por éste a la isla Planasia 20 .
7) El poeta habría entrado en el recinto donde se celebraba una ceremonia sagrada en honor de Isis o la Buena Diosa, reservada a mujeres, donde pudo también haber contemplado desnuda a Livia 21 .
8) Ovidio habría asistido a una sesión de adivinación prohibida de antemano. Esto vendría agravado por el hecho de que el poeta hubiera pertenecido a uno de los círculos neopitagóricos tan en boga en su tiempo 22 .
9) Nuestro poeta habría frecuentado determinados círculos de oposición al Emperador, como el de Fabio Máximo 23 .
Sin entrar a discutir y valorar todas y cada una de las razones que se han aducido e imaginado, señalemos que las más esgrimidas por los diversos autores se pueden reducir a los tres grupos siguientes: razones de tipo moral, de carácter político y de orden religioso.
Por lo que a las razones de carácter moral se refiere, consistirían en la contemplación por parte de Ovidio de alguna escena humillante para Augusto o para Livia. O, como parece bastante más probable, en su complicidad en la conducta escandalosa de alguna de las dos Julias, la hija o la nieta del Emperador. A la primera, Julia maior, se la habría relacionado con la Corina de los Amores de Ovidio 24 . Pero resulta muy difícil de admitir esta opinión, dado el espacio de tiempo tan enorme que transcurre entre la publicación de los Amores —alrededor del 20 a. C.— y el momento en que se condena al poeta —el 8 d. C.—. Más plausible resulta la idea de relacionar la condena de Ovidio con Julia minor, la nieta de Augusto, que era condenada por éste al destierro el mismo año que el poeta, debido a su conducta escandalosa, conducta que Augusto relacionaría con el Arte de amar.
Las razones de tipo político están relacionadas todas ellas directa o indirectamente con los grupos de oposición a la política imperial o con el grave problema planteado en torno a la sucesión a Augusto. En casi todas las teorías que esgrimen este móvil político como causa de la condena de Ovidio desempeñan papel importante personajes políticos como Fabio Máximo o como el nieto de Augusto, Agripa Póstumo. Se trataría, pues, de que Ovidio hubiera participado con Fabio Máximo en algún tipo de operación política en favor de Agripa Postumo, condenado por su abuelo al destierro, o de Germánico. O bien se pudo tratar de la participación del poeta en alguna otra conjura política contra Augusto, o por el simple hecho de haber caído en desgracia ante el Emperador por cualquier actuación suya particular unida a su fama de poeta licencioso.
Por último, las razones de orden religioso esgrimidas aluden a la revelación o profanación de los misterios eleusinos o de los cultos en honor de Isis o de la Buena Diosa, a su participación en alguna sesión adivinatoria en torno al problema de la sucesión de Augusto o a su participación en algún grupo neopitagórico o rito órfico 25 .
Digamos, para concluir, que lo que nos parece más probable es que Ovidio, al resultar descubierto en alguna reunión vedada o por haber presenciado algo que no debía, más de orden político, quizás, que privado, es por lo que fue condenado por el Emperador, sirviendo de pretexto oficial u oficioso su autoría del Arte de amar, así como su conducta privada un tanto licenciosa e implicada en los numerosos escándalos de la familia imperial. En concreto, el pretexto bien pudo ser una reunión celebrada en casa de Fabio Máximo, conocido por su oposición a Tiberio. Dicha reunión estaría motivada por móviles dinásticos tendentes a propiciar una descendencia a Augusto por parte de Julia o de Agripa Postumo en detrimento de las aspiraciones de Tiberio y Livia, lo que exasperaría a estos últimos, quienes, acogiéndose al pretexto de algún motivo de escándalo o falta grave inherente a dicha reunión, conseguirían la condena de los asistentes a la misma. El motivo bien pudo ser el tinte neopitagórico de todos o de muchos de los asistentes. Bien sabido es cómo el neopitagorismo apelaba a una metafísica revolucionaria que minaba hasta sus fundamentos la religión de los antepasados, que Augusto tanto se esforzaba por renovar y rehabilitar.
En definitiva, vemos que en cualquier caso debió de ser más bien un conjunto o cúmulo de razones de diverso orden lo que debió de motivar el castigo de Ovidio. Por otro lado, parece también muy probable que en la condena de nuestro poeta intervinieran la intrigante Livia y su hijo Tiberio, lo que explicaría la confianza con que Ovidio parece dirigirse en sus poemas a Augusto y Germánico, frente a la desconfianza con que, por el contrario, alude a madre e hijo.
Mejor suerte hemos tenido con los datos relativos al castigo mismo, así como con todo lo que se refiere al hecho mismo de su partida y a las condiciones de vida en el lugar de confinamiento, pues contamos con numerosos datos autobiográficos del poeta a este respecto, especialmente el libro I de las Tristes, que nos cuenta las peripecias de su viaje desde que sale de Roma hasta llegar a Tomos.
1.2. El castigo
Por lo que se refiere al castigo propiamente dicho, hay que comenzar diciendo que se le condena por un proceso secreto, del que sólo se conoce la sentencia, con la intervención exclusiva y personal de Augusto, sin la participación del Senado ni de juez alguno 26 . Esto ha hecho pensar que hubiera por medio algún escándalo en relación con algún miembro de la familia imperial (piénsese, por ejemplo, en Julia) y que se intentara ocultar el asunto.
En cuanto al delito cometido por Ovidio, a decir del jurista Ulpiano, parece que se trató de un delito de lesa majestad, consistente en una ofensa al Emperador o a la familia imperial, el delito más cercano al sacrilegio, y que hubiera podido ser castigado incluso con la pena capital. De ahí que el poeta agradezca al Emperador el que le hubiese conservado la vida 27 , sus bienes 28 y demás derechos ciudadanos 29 . Nos consta, además, que a Ovidio no se le prohibió recibir honores en el lugar de relegación ni se le quitó el derecho a recibir sepultura en su patria. En este sentido, recibió el tipo de castigo más suave que cabía 30 . Lo más duro fue el lugar señalado para su confinamiento, así como el tono severo de las palabras empleadas en el edicto imperial 31 .
Por otra parte, hay que recordar que el decreto imperial condenaba tanto al hombre como a su obra. Su Arte de amar era prohibido y retirado de las bibliotecas públicas de Roma 32 , mientras el poeta era relegado por tiempo indefinido a Tomos, lo que conllevaba la prohibición de ausentarse de dicho lugar sin una autorización expresa y especial del Emperador. Por el contrario, como ya hemos dicho, el condenado no perdía sus bienes ni sus demás derechos de ciudadano romano. No se trató, pues, de un exilio o destierro propiamente dicho, ni tan siquiera de una deportación, sino de una relegación 33 , es decir, un confinamiento a un lugar apartado. Y es, precisamente, el apartamiento o alejamiento lo más característico de la pena de Ovidio: se le relega a un lugar muy lejano, en los mismos confines del Imperio, situado en una zona fronteriza, poco segura, muy poco romanizada y, por tanto, muy bárbara, peligrosa y extraña.
Podríamos, pues, decir para concluir este apartado, que si bien Ovidio recibe el castigo más suave que cabía para su delito, en atención tal vez a las circunstancias atenuantes que rodearon su culpa, tanto por la catalogación del delito como de lesa majestad, como por el lugar que se le asigna, recibe una pena excesivamente severa, en cambio, en relación con la presunta culpabilidad del poeta.
Pero el castigo fue duro, sobre todo, por lo inesperado del mismo y por las características personales del condenado. En efecto, Ovidio, hombre a quien había sonreído hasta entonces la vida con sus placeres y sus éxitos y que era un profundo amante de la libertad, se ve sorprendido de golpe por una condena que supone para él toda una metamorfosis, una profunda transformación vital, como el propio poeta comenta:
Yo te encargo que les digas que entre esas metamorfosis
se puede incluir el rostro de mi fortuna,
pues ésta tornóse de pronto diferente de la anterior:
deplorable hoy, en otro tiempo fue favorable 34 .
Y es que, como muy bien comenta Bouynot 35 , si había alguien en Roma que, por su vida, temperamento y obra, fuera lo más opuesto a las condiciones de un relegado, ése era Ovidio: hombre de grandes éxitos literarios y mundanos, a quien la vida sonreía en todos sus aspectos, de la noche a la mañana se ve privado de todo o casi todo:
Se opusieron los hados, los cuales, aunque me concedieron unos primeros tiempos dichosos, me hacen gravosos los últimos 36 .
De la melancólica reflexión del poeta sobre el profundo y terrible cambio experimentado en su vida, surge esa dolorosa constatación de que en sí mismo se ha cumplido la transformación que él había cantado a propósito de otros:
Y esto, otrora inferido de la historia del pasado,
me es ahora conocido como verdadero por mis propias
[desgracias 37 .
Y es que el destierro supuso para Ovidio la negación de todo lo que había rodeado su vida durante los cincuenta y dos años con que contaba. Es importante tener esto en cuenta a la hora de entender y valorar la poesía ovidiana del destierro: el poeta había sufrido un golpe de rayo del que no se recuperaría ya nunca más:
Me quedé pasmado de la misma manera que aquel que,
herido por el rayo de Júpiter, sigue con vida,
aunque ni él mismo tiene conciencia de su propia vida 38 .
Como decíamos al comienzo, el edicto condenatorio de Augusto sorprendió a Ovidio en la isla de Elba en compañía de su amigo Máximo Cota 39 . Regresa inmediatamente a Roma, pasa allí su última noche en casa, en compañía de su esposa, familiares más allegados y amigos más íntimos, y al amanecer del día siguiente emprende el camino del exilio. Parece que fue en los últimos días del año 8 de nuestra era cuando el poeta abandonó Roma 40 .
El viaje, que tenemos descrito en el libro I de las Tristes 41 , es largo y duro. No podía ser menos al tener que atravesar el Adriático, el Mar Egeo y el Mar Negro en pleno invierno, estación en la que son frecuentes los temporales, que retrasarían la travesía. Parece que debió de embarcar en Brindis hasta el Golfo de Corinto, desde donde atravesaría a pie el Istmo, para después reembarcar en Quéncrea hasta las costas del Mar Negro, si bien diversos temporales le obligaron a desembarcar en Samotracia y luego en Tracia. Allí permanecería el resto del invierno, debido a la imposibilidad material de transitar por ella durante esa época del año. Desde allí, ya en la primavera del 9, se dirigiría a pie hasta Tomos. Para una exposición más detallada del viaje, cf. nuestra introducción a la elegía 10.a del libro I de las Tristes.
1.3. El lugar del destierro.
La ciudad de Tomos, lugar asignado a Ovidio para su relegación, se hallaba en la provincia romana de la Mesia, en la actual Rumania, en los mismos confines del Danubio, límite que Augusto se había fijado como frontera del Imperio. Siguiendo el curso del Danubio, en su margen derecha, estaban las provincias de Recia, Nórico, Panonia, Dalmacia, y Mesia, permaneciendo como independiente Tracia, en la actual Bulgaria. Por su parte, en la margen izquierda del río, había una serie de pueblos que amenazaban continuamente la seguridad de las fronteras: los jáziges, los getas, los sármatas y los bastarnas.
Tomos, la actual Constanza, era una colonia griega, una más de las muchas que los jonios de Mileto habían fundado hacia el siglo VII a. C. y convertida después en vasalla de los romanos, a fin de obtener protección de éstos contra los constantes ataques de los pueblos bárbaros. Pero, aunque se trataba de una colonia griega, al parecer, el elemento heleno estaba bastante desdibujado entre los indígenas.
Era Tomos la metrópoli o ciudad más famosa de la margen occidental del Mar Negro o Escitia Menor. Junto con Histro, Calatis, Dionisópolis y Odeso, formaba la Pentápolis o federación de estas cinco colonias griegas que habían unido sus fuerzas para defenderse de las amenazas de los bárbaros. Posteriormente, ya en época romana, constituirían la Hexápolis con la unión de Mesembria.
La vida en Tomos debía de ser bastante dura, especialmente para alguien llegado de Roma, y más para un hombre del talante y modos de vida de Ovidio. Lo primero que llama la atención del poeta es el paisaje desértico, tan distinto del de su Italia natal: una auténtica estepa diezmada por el frío y el hielo, en la que no hay árboles ni flores, ni siquiera agua potable, pues la que hay es salobre. ¡Qué diferencia con las fuentes de Roma! Pero lo más duro allí es el invierno, con sus hielos duraderos y con continuas nevadas, durante el cual escasean los alimentos. Y si bien es cierto que, por lo que a la descripción del clima se refiere, es muy probable que Ovidio se dejara llevar más por los tópicos antiguos relativos al frío de Escitia que por la auténtica realidad, pues, dentro del frío característico de esa región, el litoral rumano del Mar Negro gozaba de una de las temperaturas más suaves, que debían de distar bastante de las nieves eternas de que nos habla Ovidio 42 . No obstante, la dureza de su clima es innegable, y más para un mediterráneo.
Por lo que a sus habitantes se refiere, a decir del poeta, eran gentes semibárbaras, incultas, hostiles a los romanos, y de aspecto bastante desaliñado y fiero; al menos, así se lo parecía al delicado y elegante poeta del amor romano, sobre todo en sus primeros poemas, pues se aprecia claramente en la producción del destierro una acusada evolución en la consideración que al poeta merecen los habitantes de Tomos, así como en las relaciones que con ellos mantiene. Al principio, encontramos en Ovidio una visión muy negativa y unos juicios bastante duros acerca de los tomitas 43 , y sus relaciones con ellos debieron de ser casi nulas, mientras que, con el transcurso del tiempo, la opinión del poeta cambia notablemente e incluso llega a mantener con ellos buenas y en ocasiones hasta cordiales relaciones 44 .
Por otra parte, su emplazamiento, en plena frontera del Imperio con los pueblos bárbaros, puede apoyar los datos de Ovidio relativos a las amenazas por los continuos ataques de dichos pueblos, especialmente de los getas y sármatas, que impedían el normal desarrollo de la vida 45 , si bien pueden resultar exageradas algunas de las afirmaciones ovidianas 46 .
Por lo que se refiere a la vida del poeta en Tomos, poco es lo que sabemos, sobre todo de sus primeros años pasados allí, que debieron de ser los más duros, por lo que supusieron de dificultad y sufrimiento en su adaptación a aquel nuevo estilo de vida, en unas condiciones realmente difíciles y en un país adverso 47 . Los primeros años de su estancia en Tomos nos los pinta Ovidio con tristes palabras, que, sin duda alguna, están intencionadamente exageradas por el poeta 48 . Sin embargo, en la parte final de sus elegías del destierro, en especial en sus Pónticas, Ovidio nos da a entender que las condiciones de su vida en Tomos han cambiado sustancialmente, sobre todo por lo que se refiere a las mutuas relaciones entre el poeta romano, los habitantes del lugar y de las poblaciones cercanas.
A pesar de todo, la soledad y el clima de aquella región fueron desgastando el cuerpo y el alma del poeta de Sulmona, acostumbrado a la vida muelle, entretenida y pacífica de la Roma de su época. Todo lo intentó para obtener el perdón del Emperador, y en verdad que, a decir del propio Ovidio, estuvo muy cerca de conseguirlo, gracias a la influencia de Fabio Máximo ante Augusto 49 . Pero la muerte casi simultánea de ambos, de Fabio y de Augusto, dio al traste con las esperanzas que todavía albergaba el poeta de poder regresar a morir en Roma. Con Tiberio, cuyos triunfos 50 y valor 51 celebra Ovidio, así como con Livia, a quien él llama «la Vesta de las castas matronas romanas» 52 , sabía bien el poeta que podía abrigar muy pocas esperanzas, lo que viene a confirmar su participación o intervención directa en la condena, así como que el móvil principal de la misma debió de ser algo relacionado con la política sucesoria de Augusto y los intereses de su esposa e hijastro. Y, aunque al final de su obra se dirige sobre todo a Germánico 53 , como su última posibilidad de salvación, le sobrevino antes la muerte, a principios del 18 d. C., tras nueve años de exilio.
Mucho se ha discutido acerca del grado de veracidad de los datos que Ovidio nos suministra sobre las condiciones de vida y sobre los habitantes de Tomos 54 . ¿Qué podemos decir al respecto?
Hay que comenzar diciendo que los romanos son bastante malos conocedores de la geografía: la aprendían fundamentalmente sobre los textos poéticos, llenos de clichés y tópicos sobre el particular. En este sentido, la visión que Ovidio tenía de Tomos en concreto y del Ponto en general estaba basada en buena medida en las leyendas poéticas que giraban en torno a aquellas regiones (por ejemplo, las leyendas sobre Orfeo y Dioniso), leyendas que ofrecían todas ellas un aspecto primitivo y salvaje de aquellas tierras y de sus habitantes. Era, pues, una visión mucho más legendaria y poética que real. Cuando esta visión se enfrentó con la realidad, lo primero que debió de llamar su atención, como comentábamos antes, fue el tremendo contraste con el paisaje, clima y habitantes de Roma, en especial con los de los círculos en los que Ovidio había vivido. Aquello era el polo opuesto de lo que había rodeado su vida hasta entonces. En este sentido, el impacto en el espíritu del poeta debió de ser terrible, y no son de extrañar, en este sentido, las posibles exageraciones en sus juicios al respecto. Pero, en líneas generales, hay que decir que los datos que poseemos sobre el particular procedentes de otras fuentes vienen a dar en buena medida la razón a nuestro poeta 55 .