Buch lesen: "Dijo el Buda..."
OSHO
DIJO EL BUDA…
Traducción del inglés de Miguel Portillo

Titulo original: AND THE BUDDHA SAID by OSHO
Abridged version of The Discipline of Transcendence, Volume 1-4, © 1978
© 2005 by Osho International Foundation, www.osho.com/copyrights
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© de la edición en castellano:
2006 by Editorial Kairós, S.A.
www.editorialkairos.com
Composición: Pablo Barrio
Diseño cubierta: Katrien Van Steen
Primera edición en papel: Marzo 2006
Primera edición en digital: Septiembre 2020
ISBN-10: 84-7245-610-2
ISBN-13: 978-84-7245-610-5
ISBN epub: 978-84-9988-821-7
ISBN kindle: 978-84-9988-822-4
Esta es una nueva versión editada y abreviada de la transcripción original de una serie de discursos de Osho titulada The Discipline of Transcendence (Vol. 1-4) dada en vivo ante una audiencia. Todos los discursos de Osho han sido publicados íntegramente en inglés y están también disponibles en audio. Las grabaciones originales de audio y el archivo completo de textos se pueden encontrar on-line en la Biblioteca de la www.osho.com.
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Sumario
1 1. El mejor de los caminos
2 2. Sólo la nada es
3 3. Permaneced por tanto atentos
4 4. Vivir el dhamma
5 5. La verdad más allá de la magia
6 6. Las veinte cosas difíciles
7 7. En armonía con el camino
8 8. Una luz para ti mismo
9 9. Reflexiones sobre el vacío
10 10. La disciplina más allá de la disciplina
11 11. Iluminación espiritual
12 12. Siempre en la pira funeraria
13 13. No hay nada parecido a la lujuria
14 14. Conviértete en madera de deriva
15 15. Trabajar por una monda
16 16. ¡Fuera con las pasiones!
17 17. El óctuple sendero
18 18. Recuerda el medio
19 19. La disciplina de la trascendencia
20 20. Las diez tierras del camino
21 21. Provisiones para el viaje
22 22. Recoger cantos en la orilla de la vida
23 Sobre el autor
24 OSHO International Meditation Resort
25 Más información
DIJO EL BUDA…
El desafío de las dificultades de la vida
Disertaciones sobre el Sutra de los 42 capítulos
Cada capítulo empieza con un sutra original del Buda. El texto original proviene de Sermons of a Buddhist abbot - Adresses on Religious Subjects, del Rev. Soyen Shaku, traducido por Daisetz Teitaro Suzuki, Samuel Weiser Inc., Nueva York.
1. EL MEJOR DE LOS CAMINOS
Dijo el Buda:
«Estar libre de pasiones y tranquilo es el mejor de los caminos.
»A quienes dejan a sus padres, abandonan el hogar, entienden la mente, alcanzan la fuente y comprenden lo inmaterial se les llama shramanas.
»A quienes observan los preceptos de moralidad, son de comportamiento puro e intachable y se esfuerzan por realizar los frutos de la santidad se les llama arhatas.
»Después está el anagamin. Al final de esta vida, el espíritu del anagamin asciende al cielo y realiza la arhatidad.
»Después está el skridagamin. El skridagamin asciende al cielo (tras su muerte), regresa una vez más a la tierra y luego realiza la arhatidad.
»Después está el srotapanna. El srotapanna muere siete veces y renace también siete veces, para luego realizar finalmente la arhatidad.
»Cercenar las pasiones significa que, al igual que ocurre con los miembros cercenados, éstas nunca vuelven a utilizarse.»
El Buda Gautama es como Gourishankar, el pico más alto del Himalaya. Es uno de los seres más puros, una de las almas más virginales, un raro fenómeno en esta tierra. Su singularidad consiste en que el Buda es un científico del mundo interior, un científico de la religiosidad. Se trata de una rara combinación. Ser religioso es sencillo, y también ser científico, pero combinar, sintetizar ambas polaridades, es increíble. Lo es, pero sucedió.
El Buda es el ser humano más rico que nunca ha vivido; rico en el sentido de que en él se ven colmadas todas las dimensiones de la vida. No es unidimensional.
Hay tres maneras de acercarse a la verdad. Una es a través del poder, otra a través de la belleza, y la tercera es la de la grandeza.
El enfoque científico es la búsqueda del poder; por eso lord Bacon dijo aquello de «saber es poder». La ciencia ha convertido al ser humano en alguien muy poderoso, tanto, que puede destruir todo el planeta. Por primera vez en la historia de la conciencia, el ser humano es capaz de llevar a cabo un suicidio global, colectivo. La ciencia ha liberado un poder tremendo. La ciencia no deja de buscar más y más poder. Ése también es un enfoque y una búsqueda de la verdad, pero parcial.
Luego están los poetas, los místicos, y la gente con sentido estético. Buscan la verdad como belleza, como en el caso de Jalaludín Rumí y Rabindranath Tagore, entre otros, que creen que la belleza es verdad. Crean arte, y crean nuevas fuentes de belleza en el mundo. El pintor, el poeta, el bailarín y el músico también se acercan a la verdad, pero desde una dimensión totalmente distinta a la del poder.
El poeta no es como el científico. El científico trabaja con análisis, con la razón, mediante la observación. El poeta funciona a través del corazón, la confianza y el amor, es decir, a través de lo irracional. No tiene nada que ver con la mente y la razón.
La mayoría de las personas religiosas pertenecen a la segunda dimensión. Los sufíes, los baules,1 pertenecen al enfoque estético. De ahí que gentes religiosas creasen tan bellas mezquitas, iglesias, catedrales, y templos, como en Ajanta y Ellora. Allí donde predomina la actividad religiosa se crea arte, música y pintura, y el mundo se torna un poco más hermoso. No se vuelve más poderoso, sino más hermoso, más bello, más vivible.
El tercer enfoque es el de la grandeza. Los antiguos profetas de la Biblia –Moisés, Abraham; Mahoma, el profeta del islam; Krishna y Rama en el hinduismo– utilizan la dimensión de la grandeza, el sobrecogimiento que se experimenta a observar la vastedad del universo. Las Upanishads, los Vedas, se acercan al mundo de la verdad a través de la grandeza. Están repletos de maravillas. El universo es tan increíble, tan majestuoso, que uno sólo puede inclinarse ante él, pues nada más es posible. Uno se siente humilde, reducido a nada.
Ésas son las tres dimensiones normalmente disponibles para acercarse a la verdad. La primera dimensión crea al científico, la segunda al artista, y la tercera a los profetas. La excepcionalidad del Buda consiste en que su enfoque es una síntesis de los otros tres, y no sólo una síntesis, sino que va más allá de los tres mencionados.
El Buda es un racionalista. No es como Jesús, ni como Krishna. Es un racionalista absoluto. Einstein, Newton o Edison no hallarían ningún error en su razonamiento. Cualquier científico quedaría de inmediato convencido de su verdad. Su enfoque es puramente lógico, convence a la mente. No hay lagunas.
Alguien me ha enviado una bonita anécdota acerca de un famoso actor y ateo, W.C. Fields. Realizaba una gira por Estados Unidos. Un día, su agente entró en su habitación del hotel y se sorprendió al verle leyendo un ejemplar de la Biblia que suele haber en la mesilla.
–¡Bill! –dijo– ¿Qué diablos estás haciendo? Creí que eras ateo.
–Estoy buscando lagunas –replicó Fields–; sólo busco fallos.
Pero en el Buda no hay lagunas. Sí, en Jesús pueden hallarse, muchas, porque Jesús cree, confía, tiene fe. Es como un niño. En él no hay argumentos. La prueba existe, pero no hay argumentos que la apoyen. Su prueba es todo su ser.
Pero no ocurre eso con el Buda. Puede que no comulguéis con su corazón, que no creáis en lo que dice, puede que no veáis la prueba que él mismo es, pero tendréis que escuchar sus argumentos. Cuenta tanto con la prueba como con el argumento. Él mismo es la prueba de lo que está diciendo, pero eso no es todo. Si no estáis dispuestos a considerarlo una prueba, entonces puede convenceros, porque es un racionalista.
Incluso alguien como Bertrand Russell, que era ateo, puramente lógico, dijo: «Puedo luchar con Jesús, pero con el Buda empiezo a sentir dudas». Escribió un libro, Por qué no soy cristiano, que fue una obra muy importante y polémica. Los cristianos todavía han de dar una contestación, y mientras no lo hagan, esos argumentos seguirán ahí. Pero frente al Buda de repente duda, no se siente tan seguro, porque el Buda puede convencerle en su propio terreno. El Buda es tan analítico como Bertrand Russell.
Para ser convencido por el Buda no es necesario ser una persona religiosa, y ésa es su peculiaridad. No es necesario creer. No hace falta creer en Dios, ni en el alma, ni en nada… Pero, no obstante, se puede seguir con el Buda, y poco a poco se llega a saber también sobre el alma y la divinidad, pero ya no serán meras hipótesis.
Para viajar con el Buda no hace falta creencia alguna. Se puede llegar hasta él con todo el escepticismo del mundo, pues te aceptará y dará la bienvenida: «Ven conmigo». Primero convence a tu mente, y una vez que ésta está convencida y empiezas a viajar con él, poco a poco empiezas a darte cuenta de que tiene un mensaje que está más allá de la mente, un mensaje que la razón no puede confinar. Pero primero convence tu razón.
El enfoque del Buda es suprarracional, pero no está contra la razón. Esto ha de quedar muy claro desde el principio. Tiene que ver con más allá, con suprarracional, pero que no está contra la razón, sino que sintoniza con ella. Lo racional y lo suprarracional son una continuidad ininterrumpida; ésa es la singularidad del Buda.
Krishna le dijo a Arjuna: «Entrégate a mí». El Buda nunca lo dice, sino que te convence para que te entregues. Krishna dice: «Entrégate a mí y luego te convencerás». El Buda dice: «Convéncete primero, y luego la entrega llega como una sombra. No debes preocuparte por ello, ni hablar de ello».
A causa de su enfoque racional nunca plantea un concepto que no pueda demostrarse. Nunca habla de Dios. H.G. Wells dijo acerca del Buda: «Es el hombre más santo y más impío que ha existido en la historia de la humanidad». Sí, así es… el más santo y más impío. No puede hallarse una persona más santa que el Buda. Cualquier otra personalidad se eclipsa ante él. Su luminosidad es espléndida, su ser no tiene comparación, pero no habla de Dios.
Como nunca habló de Dios, mucha gente cree que el Buda es un ateo, pero no es así. No habló de Dios porque no hay modo de hablar de Dios. Toda conversación sobre Dios es una tontería. Todo lo que podáis decir sobre Dios será falso. Es algo que no puede pronunciarse. Hay otros visionarios que afirman que nada puede decirse de Dios, pero lo dicen, dicen que no puede decirse nada. Pero el Buda es totalmente lógico, y ni siquiera dice eso, porque lo que dice es: «Incluso al decir que sobre Dios no puede decirse nada, ya estás diciendo algo. Si dices: “Dios no puede ser definido” ya le estás definiendo de modo negativo, que no puede definirse. Si dices: “No puede decirse nada” también estás afirmando algo». El Buda es estrictamente lógico. No pronunciará ni palabra.
Ludwig Wittgenstein, uno de los más importantes pensadores de su época, y también de todos los tiempos, dijo: «De lo que no se puede hablar, mejor es callarse. Y sobre lo que no puede ser dicho, uno debe guardar silencio». Porque decir algo sobre algo que es inefable es un sacrilegio.
El Buda no es un ateo, pero nunca habla de Dios. Por eso digo que es una rareza. Lleva a mucha gente a la santidad… ha llevado a más gente que cualquier otro. Millones de personas se santificaron en su presencia, pero nunca pronunció la palabra. No sólo de Dios, sino ni siquiera del alma, del yo… Tiene una teoría al respecto. Se limita a decir: «Puedo mostrarte el camino para ir. Vas y lo miras». Dice: «Los budas sólo pueden indicar el camino, no pueden proporcionarte una filosofía. Eres tú el que estás ahí, así que entra y mira».
Un hombre fue a ver al Buda. Era un gran erudito, una especie de profesor, que había escrito muchos libros, y famoso en todo el país. Se llamaba Maulingaputta. Le dijo al Buda:
–He venido con una docena de preguntas y debéis proporcionarme la respuesta.
Dijo el Buda:
–Yo responderé, pero tú deberás cumplir un requisito. Durante un año permanecerás conmigo en absoluto silencio, y luego responderé, pero no antes. Podría contestar ahora, pero no recibirías las respuestas porque no estás preparado. Todo aquello que pudiera decir sería mal interpretado porque albergas demasiadas interpretaciones en la mente. Todo aquello que pudiera decir pasará por tu mente. Durante un año permanece en silencio, de manera que puedas abandonar el conocimiento. Cuando estés vacío te responderé a todo lo que quieras preguntar, te lo prometo.
Mientras el Buda así habló, otro de sus discípulos, Sariputta, empezó a reírse como un loco. Maulingaputta debió sentirse confundido, así que preguntó:
–¿Qué ocurre? ¿De qué os reís?
Sariputta dijo:
–No me río de ti, sino de mí mismo. Este hombre también me engañó a mí. Llegué con muchas preguntas y me dijo: “Espera durante un año”, y esperé. Y un año ha pasado. Ahora me río porque en este momento han desaparecido todas aquellas preguntas. Y él no deja de pedirme: “¡A ver, hazme esas preguntas!”. Pero yo ya no puedo hacérselas porque han desaparecido. Así que Maulingaputta, si de verdad quieres respuestas para tus preguntas, ¡házselas ahora! No esperes un año. Este hombre es un embaucador.
El Buda dio entrada a muchas personas, a millones, al mundo interior, pero de una manera muy racional. Se trata de un sistema muy sencillo: primero has de convertirte en un receptor, primero debes realizar el silencio; y luego la comunión se torna posible, pero no antes.
El Buda nunca solía responder a preguntas metafísicas. Siempre tenía a punto una respuesta a cualquier pregunta sobre método, pero nunca estuvo dispuesto a responder preguntas sobre metafísica. Ése es su enfoque científico. La ciencia cree en el método. La ciencia nunca contesta al “por qué”, sino que siempre responde al “cómo”.
Si le preguntas a un científico: «¿Por qué existe el mundo?», te dirá: «No lo sé. Pero puedo decirte cómo existe». Si le preguntas: «¿Por qué hay agua?», no podrá responder; se encogerá de hombros. Pero puede decir cómo está el agua; cuánto oxígeno y cuánto hidrógeno hace falta para que el agua “suceda”. Puede ofrecerte el método, el “cómo”, el mecanismo. Puede mostrarte cómo hacer agua, pero no por qué.
El Buda nunca contesta a ninguna pregunta de “por qué”, pero eso no significa que sea ateo. Su enfoque es muy distinto al de otros ateos. Los teístas te exigen creer, tener fe, confiar. El Buda dice: «¿Cómo puede uno creer? Estás preguntando lo imposible».
Escucha este argumento. Está diciendo que cómo puede alguien creer si está dubitativo. ¿Cómo puede creer si la duda ya se ha manifestado? Puede reprimir la duda, puede reforzar la creencia, pero en lo más profundo estará la duda, como un gusano, al acecho y royéndole el corazón. Tarde o temprano la creencia se vendrá abajo, porque es infundada, carece de base. En la base está la duda, y sobre esa base habrás levantado toda la estructura de tu creencia.
¿Lo has observado? Siempre que se cree, la duda acecha en lo más profundo. ¿Qué tipo de creencia es ésa?
El Buda dice que si no hay duda entonces no tiene sentido creer. Porque entonces uno sabe. No es necesario ningún Krishna que diga: «Entrégate y luego creerás». No hace ninguna falta. Si Arjuna tuviese fe, la tendría; si no la tiene, entonces no hay modo de crearla. Como mucho, Arjuna podrá jugar a hacer creer, a pretender que cree. Pero la creencia no puede imponerse.
Para aquéllos cuya fe es natural, espontánea, no es una cuestión de fe, porque simplemente creen. Ni siquiera saben lo que es creer. Los niños simplemente creen. Pero una vez que la duda penetra, creer se torna imposible. Y la duda ha de entrar, pues es parte del proceso de crecimiento.
La duda nos hace maduros. Sigues siendo infantil hasta que la duda penetra en tu alma. A menos que el fuego de la duda empiece a quemarte, seguirás siendo inmaduro; no sabrás qué es la vida. Sólo empiezas a saber qué es la vida al dudar, al tornarte escéptico, al tener preguntas.
El Buda dice que la fe llega, pero no en contra de la duda, y no como una creencia. La fe llega destruyendo la duda con argumentos, destruyendo la duda con más duda, eliminando la duda mediante la propia duda. Un veneno sólo puede ser destruido mediante otro veneno, y ése es el método del Buda. No habla de creer. Dice que hay que profundizar en la duda, llegar hasta el fondo, sin miedo; no hay que reprimirla. Hay que recorrer todo el camino de la duda, hasta el final, y ese mismo periplo te llevará más allá. Porque llega un momento en que la duda empieza a dudar de sí misma. Ésa es la duda esencial, cuando la duda duda de sí misma. Ese momento ha de producirse si se llega hasta el fondo. Primero se duda de la creencia, se duda de eso y de lo otro. Y un día, cuando ya se ha dudado de todo, de repente surge una duda nueva y esencial: empiezas a dudar de la duda.
Eso es algo totalmente nuevo en el mundo de la religiosidad. La duda mata a la duda, la duda destruye a la duda, y se obtiene la fe. Esta fe no está contra la duda, sino más allá. Esta fe no se opone a la duda, sino que es la ausencia de duda.
El Buda dice que has de volver a ser niño, pero el camino ha de pasar por el mundo, cruzar muchas junglas de dudas, argumentos, y raciocinios. Y cuando una persona regresa a casa, realiza su duda original, que es del todo distinta. No es que sea un niño, sino un hombre… maduro, experimentado y, no obstante, infantil.
Este sutra, el Sutra de cuarenta y dos secciones, nunca existió en la India. Nunca existió en sánscrito o en pali, sino sólo en chino.
Cierto emperador Ming de la dinastía Han, en 67 d.C., invitó a unos cuantos maestros budistas a ir a China para llevar el mensaje del Buda. Nadie sabe los nombres de dichos maestros, pero un grupo de ellos fue a China. El emperador quería que se recopilase una pequeña antología de escritos budistas como primera presentación para el pueblo chino.
Las escrituras budistas son muy extensas, y la literatura budista es un mundo en sí misma, pues existen miles de escrituras, que estudian detenidamente todos los detalles, porque el Buda cree en el análisis lógico. Llega a la raíz de todas las cosas. Su análisis es profundo y perfecto, y por ello profundiza mucho en los detalles. Así pues, se trataba de una tarea difícil. ¿Qué podría traducirse en un país totalmente nuevo donde nunca había existido nada parecido al Buda? Por ello estos maestros budistas compusieron una pequeña antología de cuarenta y dos secciones. Recopilaron dichos de aquí y allá, de esta escritura y de aquélla, de este sermón y del otro.
Este libro fue recopilado al estilo de las Analectas confucianas porque debía presentarse a un país confuciano, a gentes que estaban muy familiarizadas con la forma de expresarse de Confucio, con el modo en que se recopilaron las escrituras confucianas. La gente estaba familiarizada con Confucio, así que los maestros budistas compusieron este sutra siguiendo ese modelo. Las Analectas de Confucio empiezan cada frase, cada párrafo, con la frase: «Dijo el maestro…». Este sutra empieza de modo parecido, y cada dicho empieza con: «Dijo el Buda…».
A principios del siglo xx los eruditos solían creer que el original debía haber existido en sánscrito o pali, y que debió desaparecer o perderse, y que este sutra en chino era una traducción. Pero estaban equivocados. Este sutra nunca existió en la India. Y de hecho, nunca existió. Sí, desde luego, todos los dichos que aparecen son del Buda, pero la obra en sí es nueva, se trata de una antología nueva. Es algo que hay que tener en cuenta y no olvidarlo.
Y eso es lo que lo convierte en una introducción básica tan buena al mundo del Buda. Es muy simple; lo contiene todo de un modo muy simple. Es muy directo. Es, en esencia, todo el mensaje del Buda, pero muy conciso y, a diferencia de otras escrituras budistas, no es muy largo ni verboso.
Dijo el Buda:
«Estar libre de pasiones y tranquilo es el mejor de los caminos».
Siempre habla sobre el camino, pero nunca del objetivo. Porque dice: «¿Qué puede decirse del objetivo? Hablar de ello es trivial. Si sabes, sabes. Si no sabes, no hay manera de imaginárselo antes de alcanzarlo». Sólo habla del camino. Ni una palabra acerca del objetivo: Dios, Brahma, la verdad, el absoluto, el Reino de Dios. No, ni una palabra acerca del objetivo; sólo habla del camino.
«Estar libre de pasiones y tranquilo es el mejor de los caminos».
En esta sencilla frase se halla condensada toda la enseñanza del Buda. Estar libre de pasiones y tranquilo… Son dos aspectos de un único fenómeno, dos caras de una moneda: estar libre de pasiones y tranquilo. No se puede estar tranquilo si no se está libre de pasiones, y no se puede estar libre de pasiones si no se está tranquilo. Van juntos, y hay que trabajar en ambos aspectos a la vez.
¿Por qué el ser humano está tan tenso? ¿Por qué existe tanta ansiedad y angustia? ¿Por qué el ser humano no está tranquilo, recogido y centrado? Son muchas las pasiones que tiran de vosotros de aquí y de allá. Tiran de vosotros en muchas direcciones, y por eso os fragmentáis, os dividís, os quebráis. Perdéis el centro. Os olvidáis por completo de quiénes sois.
Fijaos en lo siguiente: ¿quiénes sois cuando ansiáis dinero? Sólo sois una avaricia de dinero, y nada más. ¿Quiénes sois cuando estáis enfadados y tenéis el ego herido? No sois más que cólera, un ego herido y nada más. ¿Quiénes sois cuando estáis llenos de pasión sexual? Sois sólo sexualidad, libido y nada más. ¿Quiénes sois cuando sois ambiciosos y ansiáis poder, prestigio y respetabilidad? Sois simplemente ambición y nada más.
Observad, observad y descubriréis muchas pasiones en vosotros, pero no descubriréis quiénes sois. Todas esas pasiones os destrozan, y cada pasión va a la suya. Si queréis dinero entonces debéis sacrificar las otras pasiones. Una persona que está loca por el dinero puede llegar a olvidarse del sexo; es muy fácil que un mísero sea célibe. De hecho, el celibato puede ser una especie de tacañería. No se quiere compartir la energía, no se quiere compartir la energía sexual con nadie; se es miserable.
Una persona con ambiciones políticas puede tornarse célibe con mucha facilidad porque toda su pasión le empuja en un sentido. Un científico muy metido en sus investigaciones puede olvidarse de todo lo referente al sexo contrario. Es fácil; si una pasión os posee por completo, entonces os olvidáis de todo el resto.
Es bien sabido que los científicos son gente muy ensimismada. Toda su mente está pendiente en una única dirección, pero también tiene miras muy estrechas. Su campo de visión se va estrechando cada vez más. Eso es la especialización. Una persona avariciosa se torna cada vez más estrecha. Sólo piensa en dinero, no deja de contar dinero. Su mente sólo conoce una música, la del dinero; sólo un amor, por el dinero.
La gente poseída por una única pasión está, en cierto modo, integrada. No son ricos, y su ser carece de muchas dimensiones; sólo tienen un gusto, pero cuentan con cierta integración. No están divididos. Ese tipo de persona no enloquece, porque ya están locos por una única dirección, así que no están divididos. Pero eso sucede muy raramente. Por lo general, una persona corre en todas direcciones a la vez.
Así me lo han contado:
Enviaron a un científico y a un gorila juntos al espacio exterior. Prendido a la parte delantera del traje espacial del gorila había un sobre con instrucciones especiales. Muerto de curiosidad, el científico esperó hasta que al gorila le tocase dormir, para así poder hurgar en el sobre.
Abrió el sobre con mucho cuidado y desplegó la única hoja de papel que contenía, y donde ponía lo siguiente: «No olvides dar de comer al científico».
Un científico se reconcentra; su vida es concentración, y una persona concentrada alcanza una especie de falsa unidad. Las personas ordinarias no están tan concentradas. La meditación está muy lejos para ellas, ¡ni siquiera son capaces de concentrarse! Sus vidas son un revoltijo, una maraña. Una mano tira hacia el norte, una pierna hacia el sur, un ojo mira hacia el este, y el otro hacia el oeste. Van en todas direcciones. Este tira y afloja en muchas direcciones les destroza. Se fragmentan, perdiendo su integridad. ¿Cómo se puede así estar silente, o tranquilo?
La persona que está concentrada tampoco puede estar tranquila, porque su vida está desequilibrada. Se mueve en una única dirección, y todos los demás aspectos de su vida quedan inánimes. Un científico no se fija en la belleza, en el amor. No sabe qué es la poesía; se halla demasiado confinado en su mundo matemático. Está desequilibrado. Muchas de sus partes están famélicas, hambrientas. No puede estar tranquilo. ¿Cómo se puede estar tranquilo cuando se está famélico?
Quien se mueve en todas direcciones tiene un poco más de riqueza que el especialista, pero esa riqueza tiene un componente esquizofrénico; se halla dividido. ¿Cómo se puede estar silente y tranquilo cuando son tantos los señores que tiran de uno en direcciones distintas?
Esos suelen ser los dos tipos de personas que hay, y ambos tipos están desasosegados, hundidos en la confusión.
Dijo el Buda:
«Estar libre de pasiones y tranquilo es el mejor de los caminos».
¿Qué es este camino?
«A quienes dejan a sus padres, abandonan el hogar, entienden la mente, alcanzan la fuente y comprenden lo inmaterial se les llama shramanas.»
Esta palabra, shramana, es muy básica, y debe comprenderse bien. En la India han existido dos caminos. Uno es el del brahmán y otro el del shramana. El camino del brahmán es el de la gracia. El brahmán cree que uno no puede realizarse mediante el propio esfuerzo. El esfuerzo propio es tan pequeño, y somos tan diminutos… ¿Cómo sería posible conocer la verdad mediante el propio esfuerzo? Es necesaria la ayuda de Dios, la gracia.
El camino del brahmán es el sendero de la gracia, y por ello es necesario orar. Sólo con la ayuda de Dios puede uno avanzar por el camino. A menos que Él quiera, uno no puede llegar por sí mismo; no es posible que uno avance solo. Dios es necesario, su ayuda es necesaria, su mano es necesaria… a menos que Él nos eleve por encima del mundo, no haremos sino luchar en vano. Así que, para el brahmán, la oración es el camino. El brahmán cree en la oración.
El shramana es diametralmente lo opuesto. La palabra shramana proviene de la raíz shram, que significa “aplicarse, esforzarse”. Shram quiere decir “esfuerzo”. No existe la posibilidad de ninguna gracia, porque el Buda nunca habla de Dios. El Buda dice que si no conoces a Dios, ¿cómo puedes rezarle? ¿A quién vas a rezar? Tu oración provendrá de una profunda ignorancia. ¿Cómo puedes rezarle a un dios que no conoces y al que nunca has visto? ¿Qué tipo de comunicación es posible en esas circunstancias? Estarás hablándole a un cielo vacío. ¡También puedes estarte hablando a ti mismo! Es una locura.
¿Has visto a los locos hablando consigo mismos, sentados solos y hablando con alguien? Hablan con alguien, pero todo el mundo se da cuenta de que allí no hay nadie. Están hablándose a sí mismos.
En el enfoque racionalista del Buda, un hombre rezándole a Dios es un loco. ¿Qué haces? ¿Acaso sabes si Dios existe? Y si lo supieras, no tendrías necesidad de rezar. Dices que rezas a fin de conocer a Dios… El brahmán dice: «Sólo podemos conocer a Dios a través de la oración, mediante su ayuda, por su gracia».
Es absurdo, lógicamente absurdo. Es un argumento circular. Estás diciendo: «Sólo podemos conocer a Dios a través de la oración». Entonces, ¿cómo puedes rezar si todavía no conoces a Dios? Y dices: «Sólo a través de la oración podremos alcanzar su gracia». Se trata de un círculo vicioso, es ilógico. El fallo en este razonamiento está muy claro, la laguna es bien aparente.
Ése es el problema de la persona religiosa común, que no puede argumentar. El ateo puede destruir todo ese argumento de un plumazo. La gente religiosa evita el debate porque saben que carecen de toda base desde la que argumentar.
«Buscamos a Dios», dices, y al mismo tiempo estás diciendo: «Sólo podemos buscarle a través de la oración». Todavía no le conoces… así que la oración no es posible. Y si le conoces, entonces la oración es innecesaria.
El Buda dice que sólo mediante tu propio esfuerzo, a través de tu propio shrama, alcanzarás la santidad. No es cuestión de ningún tipo de gracia. En cierto modo parece algo muy duro, y por otra parte parece muy científico.
Aquí estás solo, perdido en el bosque de este mundo, y rezas bajo un árbol, sin saber a quién le estás rezando, sin saber dónde está Dios, y sin saber si existe o no. Puedes estar perdiendo el tiempo. Porque si no hay Dios, ¿entonces qué? Todo ese tiempo que malgastaste rezando podrías haberlo empleado en investigar, en descubrir.