Buch lesen: "Celebración del origen"

Miguel Espejo
Celebración del origen
Colección El Aura
dirigida por Eduardo Álvarez Tuñón
y Mario Sampaolesi

| Espejo, MiguelCelebración del origen / Miguel Espejo. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-599-760-81. Poesía Argentina. I. Título.CDD A861 |
Imagen de tapa: Inkarri, acrílico sobre tela, 2011 (detalle), Juan Carlos Entrocassi
© 2021. Libros del Zorzal
Buenos Aires, Argentina
<www.delzorzal.com>
Comentarios y sugerencias: info@delzorzal.com.ar
Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio o procedimiento, sin la autorización previa de la editorial o de los titulares de los derechos.
Impreso en Argentina / Printed in Argentina
Hecho el depósito que marca la ley 11723
A Caroline, semper et ubique fidelis
Índice
i Entre las ruinas de los dioses | 7
Budas de Bamiyán | 8
Ofrenda | 11
La rosa del desierto | 13
Imaginario festín | 15
El dios cojo | 17
El jardín de los cerezos | 19
Anna Ajmátova | 21
Vita Antica | 24
La ciudad de los sueños | 26
Romance del violador | 28
Imágenes de Lisboa | 32
Partida de ajedrez | 35
Entre las ruinas de los dioses | 38
ii Transmutaciones | 41
Abel y Caín | 42
Plegaria del desierto | 45
Transmutaciones de la tierra natal | 48
El círculo de fuego | 50
Nadie es profeta en su tierra | 53
Antiguas lejanías | 55
Tropelías | 58
Lilith en Sumer | 60
Sueños de viejo | 62
Festival de lo efimero | 66
El toro de Wall Street | 68
Ersatz | 70
Setenta veces siete | 72
iii Visiones de la catástrofe | 77
Rumbo a los agujeros negros | 78
Sarasvati | 83
El odio por la música | 86
El palacio de los objetos perdidos | 89
Monumenta o el sentido del arte | 92
Epopeya de la inacción | 94
Retorno de Cambridge | 99
A pie de página | 101
La nube de Magallanes | 104
La Nakba del Golem | 106
Memento mori | 110
Cada paso que doy | 112
i
Entre las ruinas de los dioses
Abyssus abyssum invocat.
Salmo de David - Vulgata
Quand on sait où l’on va, on va rarement très loin.1
René Thom
Budas de Bamiyán
si por alguno de mis contradictorios sentimientos
no logro, en piel y huesos, de cúbito dorsal o erguido acezante
no logro entenderme a mí mismo
seguro que está en un elemental orden de las cosas
y hasta casi podría decir
si la expresión no fuera tan ridícula
simple débil huella de atisbos
milenarios titilantes
en lo que aún queda de mi pobre corazón
Puedo dar testimonio fidedigno
de ese instante de mi infancia donde la congoja me tomó por entero
al escuchar a un chico de mi edad clamando por los golpes
que recibía su madre
a la que vi poco después de esos gritos desesperados llevando a la
comisaría a punta de cuchillo a sus presuntos victimarios.
Supe entonces sobre la tensión entre hambre y saciedad
la diferencia entre el hilo que se hunde en la piel de seda
y la soga del ahorcado.
¿Realismo mágico o social, estética de la muerte o sabor del bajo fondo?
¿Pero acaso importa lo que en realidad sentimos
cuando todo se hunde en el fragor del ruido y de la imagen?
Por eso no deja de sorprenderme el pánico que se apoderó de mí
al ver explotar en la montaña a los budas de Bamiyán,
como si yo hubiera sido un disciplinado creyente de las bondades
/de Sidartha
y no un observador despiadado que sólo sintió curiosidad ante la carrera
de los peatones en Manhattan, mientras trataban de escapar de la
cercana muerte con la ferocidad de algunos sobrevivientes.
Las ruinas de Palmira me produjeron más desazón que los pobres
jóvenes muertos a doscientos metros de mi domicilio en París
como si yo hubiera sido hermano del arqueólogo que sus asesinos
colgaron en el Templo de Baalshamin
y no un simple espectador de este nuevo derrumbe del mundo.
Me veo a veces tan imprevisible y carente de sensibilidad
como lo comprobé hace años con la voladura de la mutual judía
a la que escuché desde mi departamento en Buenos Aires
y me afectó menos que las magníficas puertas destruidas de una
mezquita de Tombuctú.
¿Pero quién soy yo para juzgar lo que sentí en otra edad de mi vida
bajo otro espíritu de la época
para cuestionar mein Zeitgeist?
No alcanzo a comprender la pérdida del sentido de la veneración.
Una mariposa o una orquídea que desaparecen en una selva invisible
me causan más estragos que hombres atravesando mares
para depositar a sus hijos muertos en Lampedusa o playas
/desconocidas.
Quizás sea la disipación de lo sagrado huyendo de nuestras manos
como naves espaciales lo que ha hundido un hacha en mi
cráneo y en mi entendimiento.
Quizás sea simplemente que soporto mejor el exterminio humano
que la muerte de un pájaro que es aniquilado por divertimento.
Quizás la abolición de una estética de la guerra sea en verdad algo
más irreparable que cualquier matanza de inocentes aprestándose
a adorar a los Reyes Magos próximos a un pesebre.
El final de un ciclo, de un sentimiento.
Ofrenda
(en un 26 de octubre de 2015)
¿Sólo tengo palabras para ofrecer
a ese huérfano corazón que me ha dado todo de sí?
Palabras que se disipan antes de salir, mucho antes
de ser pronunciadas en un concierto irrepetible
de las que sólo afloran reconocimientos esquivos, correspondencias
/mezquinas
para un alma generosa en la calma e implacable en la tormenta.
Yo hubiera deseado un vocabulario inédito
y no palabras similares a lecturas ya olvidadas, a alfabetos inventados
en grutas desconocidas, en cacerías insaciables
tras la sangre de animales innominados y de un perro llamado Banjo.
Intuyo el murmullo rebosante del lenguaje
desde su adolescencia desconcertada
donde cada día intentaba descifrar el mundo.
Rebeldía hubiera debido ser el nombre que nos acogiera
casi lo mismo que otros llaman libertad
junto a la tímida ilusión de vencer el tiempo
que alguna vez nos tragará a todos, hasta nuestra sombra.
Y algo así mascullaba intermitentemente
a sus veinte años, en su esplendor de porvenir incierto,
cuatro décadas que vuelven con osadía
el eterno retorno que manifiesta de una vez y para siempre
lo solitario en que se transforma el día
con amigos ya muertos o sin círculos de amigos
bajo el inalterable ritmo de un desamparado corazón.
Oh maravillas de vocablos y de hojas siempre verdes
que nos brindan la ilusión
de un bosque entre glaciares.
La rosa del desierto
Ya no quedan ruinas entre las ruinas de Palmira.
Los hombres y el desierto se encargaron de borrar
los templos, sus columnas y cualquier atisbo de memoria
como antes lo hicieran con Cartago.
Tampoco queda París, que me alojó algún tiempo
entre calles y pasajes, entre iglesias y museos
para que yo pudiese contemplar algunos de sus cuadros
con ese sentimiento de ilusoria eternidad.
Ni El origen del mundo ni los autorretratos de Van Gogh
con la oreja vendada y la locura manifiesta
se conservan en ese espléndido palacio de estación
donde fueron exhibidos hasta su pentimento.
Ya tampoco existe el río que estaba a su lado.
Y del otro lado nunca visto con la mirada de su origen
no permanece siquiera el Templo del Adivino en Yucatán
ni las escalinatas de Ullantaytambo
en el valle sagrado de los dioses
ni las atalayas que en todos los caminos
intentaron proteger el mayor secreto de nuestra especie:
una brizna en la tormenta
un suspiro que se creía recurrente
o un puñado de arena entre los médanos.
No sobreviven ni la esfinge de Gizeh ni el altar de María en Éfeso
que apenas pude visitar con mi presencia imaginada.
No queda un solo rastro de Buenos Aires
tragada hace siglos por aquel río que clamaba
asemejarse al mar para besar la Atlántida.
No queda piedra sobre piedra
en el Tenochtitlán de México, ni los gigantes de Tula
ni los discos solares, ni los conventos trazados
a punta de cruces y de espadas.
No queda Pekín ni la Ciudad Prohibida
y menos todavía alguna señal
de su orgullo milenario
y del primer billete impreso sobre un ciervo blanco.
Todas las ciudades se han hundido
al compás de los vientos de Palmira,
todos los campos y los animales sedientos,
todas las torres con sus plegarias cósmicas.
El sol se ha extinguido, aunque un poco antes
el planeta azul retornó a su origen.
Imaginario festín
la vida parte
parte sin contemplaciones
y sin dejar siquiera algunos segundos o algún parpadeo
para aferrarse al último vagón
Auschwitz se ha vuelto el nombre hacia donde todos nos dirigimos
todos marchando con la música de Wagner
mientras La Perla era custodiada por chamamés y los Olimareños
así que a imaginar se ha dicho antes que sea demasiado tarde
a soñar desde luego con todas las vidas que hubiésemos querido tener
tanto la de la víctima como la del verdugo
vidas intercambiables por Adolf (Eichman)
ser hijo huérfano o padre anodino mujer golpeada o niña abandonada
un príncipe de la opulencia o un balbuciente mendigo
aunque por qué no Mark Twain junto a Mallarmé
reunidos ambos en la academia de ningún lugar
de este modo no hay rincón del mundo que no podamos visitar
desde los vertederos de piedras y metales en el centro de la tierra
hasta ese diamantino planeta recién descubierto
mezclando en este festín a sabios con energúmenos
en una sola y misma persona
a científicos con simios ávidos de riquezas depositadas
en la imposible lejanía observada con corazón babeante
al otro nuevo planeta que está a 41 años-luz de nosotros
mientras terminamos de destruir rápidamente los escasos bosques
de pie todavía gracias al horror de Macbeth
a imaginar se ha dicho
bellas durmientes y a las Fedras de nuestro tiempo
representadas en su plenitud en el teatro de Taormina
cuando yo convivía con Esquilo en Siracusa
aunque más me gusta el mundo de las cruzadas
lleno de hombres decapitados mientras yo corría
con un odre henchido de sangre
sirviendo humildemente al gran Ricardo de Inglaterra
que de repente se volvió él en mí y yo en él
un corazón de león apenas sofisticado
con sentimientos que barrían con el principio de identidad
y me desalojaban de toda referencia
El dios cojo
Te burlas de mí por ser ciego.
Pero tú, que puedes ver,
no ves la desgracia en que vives.
Sófocles, Edipo Rey
A mí también me tocó resolver el enigma de la Esfinge
/en carne propia
volverme el animal que camina en tres patas con un bastón a cuestas
sin ningún Egisto de por medio, sin ningún reinado
pero con una Yocasta demasiado envejecida
preparada ya para deslizarse hacia la otra Vía.
Siempre fue un misterio para mí, desde la niñez,
por qué nos encontrábamos en la Vía Láctea
en el espacio interestelar, saltando yo como un cometa
de planeta en planeta o entre soles a la deriva
si allí no había fértiles alimentos para nutrirnos
más bien tetas secas y enjutas por todo horizonte.
Emular a un dios cojo tiene sus dificultades
semidios de entrada, pie torcido y pie quebrado
semejante a esos vastos poemas que hacen del mundo una sucesión de
pliegues y repliegues, arrugas de la corteza terrestre y de nuestro
rostro
porque el mundo se ve muy distinto si contemplamos a nuestra
especie como una muesca en algún punto escondido del globo
y a nuestro tiempo como la chispa que no tiene nada de eterna
iskra revolucionaria de insensateces,
fulgor presto a desvanecerse en unos pocos siglos.
Los libros se leen distinto y algunos personajes se hunden en su
propia magia pedestre
mientras Edipo rengueando se dirige a Tebas para consumar su
delito y su complejo.
Debería haber piedad para aquellos que tienen el pie hinchado
salvados por la casualidad y por el recóndito temblor de los verdugos
que se lleva a algunos y deja a otros
babeando en los confines del horror.
Piedad para los que no saben lo que hacen
piedad para nosotros, contemporáneos de guerras sin fin
hacedores de devastaciones, grandes productores de desiertos
géyseres de polos y glaciares, sedientos de toda el agua dulce
que lentamente se extingue de este pequeño planeta azul.
No habrá piedad, sin embargo, ni siquiera un leve trozo de su sombra
y nosotros también deberemos marchar rengueando por laberintos
indescifrables
a ciegas, después de habernos arrancado los ojos
como ofrenda tardía a un sol indiferente.
El jardín de los cerezos
El jardín, en persa pairidaeza,
ha originado nuestro paraíso,
ese sueño incomprensible.
no fue el camino de Chéjov
desesperado a sus veinte años
por devenir la fuente nutricia de madre y hermanos
sabiendo ya lo que significa
cobrar una palabra por un centavo
ni la espléndida o sinestésica pieza de Peter Brook
denostado por su irreverencia
lo que me condujo
a contemplar
por primera vez
en esta vida inconclusa
el jardín de los cerezos
en magnificencia y plenitud
como es debido
en el antes y después de ninguna parte
así fui llevado de la mano
con insólita ternura
hasta el parque de Sceaux
al igual que ese niño de los sueños de Kurosawa
que se impregna de maravillas
sólo para que sea más fuerte su disipación
entonces entonces
conducido a vagar por el jardín de los cerezos
para mirar simultáneamente el regalo que se me hacía
a través del parque de Le Nôtre
oblicuo asalto a su imprevisible diseño del mundo
fui así con mi presente a cuestas
y mi propio instante de implosión
pues se sabe que las enanas blancas se transforman en agujeros negros
ante los ojos de aquellos que pretenden espiar el universo
en el propio cuerpo
y se sabe también que un cadáver es algo atrabiliario
sobre todo en cuestiones de domos y residencias
¿acaso he modificado con mi presencia los jardines de Sceaux
tratando de avizorar algún futuro
entre árboles y pájaros, entre gente empecinada
en buscar un atisbo de felicidad?
miraba los canales
surgidos por una desatinada obstinación (parecida a la mía)
mientras las flores preparaban su canto del cisne
desde el momento en que se abrieron
a la desmesura del alba
no, no hay que renunciar nunca al vértigo de la belleza
ni olvidar jamás, ni por un instante:
la mano que esplendente cultiva el jardín
es la misma que lo abate con indómita ferocidad
Anna Ajmátova
lágrimas metáforas y los horrores de cualquier presente
llueven sobre mi cabeza desvariada
entre una multitud aún más resignada o enloquecida
mi cabello recogido en trenzas también aprende esta nueva escritura
el horizonte materno de mi único dolor
poemas rumiados como quipus al amanecer
observo el retrato de Modigliani
y memorizo pacientemente
uno que otro verso rescatado de la estufa
junto a cenizas de abedul
no he tenido necesidad de acudir a la autodestrucción
otros se encargaron de la tarea con temible eficacia
y debo reconocer que lo hicieron a la perfección
me erguí desde ruinas centenarias
como testigo de un destino común
superviviente ingrata de este tiempo
de este lugar
después de arrebatarle a mi abuela tártara
hasta el nombre que devino mi marca deleble
para no ensuciar la vergonzante conciencia de mi padre
¿y qué podía decirle al supremo lector de mi poesía
verdugo estetizante de estepas sin fin
sino simular con ditirambos que agradecía su deferencia
y arrojarme a sus pies para rogar por la vida de mi hijo?
juntas llorábamos en silencio
pero sólo yo balbuceaba a escondidas
poemas de resurrección
la Reina del Neva me llamaron
cuando conocí la tonta fama en mi juventud
para que la percepción del desaliento fuera más grande
y pisaran mi cráneo no sólo los jinetes del apocalipsis
sino también los rufianes de poca monta
que excavaron mis entrañas
¿a qué hijos hubiera podido esconder en estos abismos?
visité ciudades magníficas inolvidables
para poder recordarlas entre las cuatro paredes de mi celda
y sentir que la revolución ha sido mi destino atroz ineludible
anudada a mi garganta junto a la cuerda de Vladimir
gritando a voz en cuello su preferencia por la muerte
pero yo he sido una mujer obediente desde la infancia
sumisa aplastada trajinada y revolcada por esbirros embravecidos
sin los delirios y alucinaciones de Ossip
sin ganas de que molieran a palos mi triste y gastado cuerpo
privado de lengua y de palabras
brindé por casas derruidas y esposos muertos
mientras lanzaba un grito a través de un país ensordecido
opté por arrastrarme durante largos meses hasta la Plaza Roja
para dejar testimonio de presencia
o insólita ausencia de poeta
Die kostenlose Leseprobe ist beendet.