Buch lesen: "Cultura independiente La Plata"

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/ CULTURA INDEPENDIENTE LA PLATA

EMERGENCIAS Y DIVERGENCIAS EN LA CIUDAD IMAGINADA

ILUSTRACIONES / Lucía Piro

Mariana Sáez–Mariana del Mármol–Daniela Camezzana–Pablo Amadeo–Ornela Boix–Alicia Valente–Victoria Trípodi–Clarisa López Galarza–Noelia Zussa–Pablo Pesco–Clarisa Inés Fernández–Carito Sueta–Pablo Ceccarelli–José María “Cuchi” Calderón–Martín Graziano


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*Nota editorial. Lenguaje inclusivo: atendiendo a los procesos de transformación en el uso de la lengua que estamos atravesando, quienes hicimos este libro decidimos optar por mantener en cada artículo el uso del lenguaje que cada autor/autora propuso.

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EQUIPO RGC

Nicolás Sticotti, Emiliano Fuentes Firmani y Leandro Vovchuk

FOTO DE TAPA

Federico Bareilles, Colectivo Otra Óptica

APUNTES VISUALES

Martín Zúccaro, Rocío Bergé y Lucía Piro

CORRECCIÓN

Sebastián Spano

DISEÑO DE INTERIOR Y TAPA:

Ana Uranga B. | melasa diseño

www.rgcediciones.com.ar

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Zúccaro, Martín Aníbal

Cultura independiente La Plata / Martín Aníbal Zúccaro ; Rocío Bergé.–1a ed.–Caseros : RGC Libros, 2021.

Libro digital, EPUB–(Tramas urbanas / 4)

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-8488-08-0

1. Estudios Culturales. I. Bergé, Rocío. II. Título.

CDD 306.098212

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Índice

/ PRESENTACIÓN

Por Federico Escribal

/ PRÓLOGO. AHORA LA VES, AHORA NO LA VES

Por Martín E. Graziano

/ INTRODUCCIÓN

Por Rocío Bergé y Martín Zúccaro

1 / ¿QUIÉNES HACEN LA CIUDAD CULTURAL? SOBRE ARTE, TRABAJO Y ECONOMÍA EN LA PRODUCCIÓN ESCÉNICA AUTOGESTIVA

Por Mariana Sáez y Mariana del Mármol

2 / LA MOVILIZACIÓN VA POR DENTRO. ESTRATEGIAS SENSIBLES PARA LA PROVOCACIÓN DE ENCUENTROS EN LOS BARRIOS

Por Daniela Camezzana

3 / ¡LA CULTURA TOMA TODO! CONVERSATORIO SOBRE CIRCUITOS CULTURALES BARRIALES Participan: Gonzalo Bustos, Eliana Mele, Verónica Piana, Gisela Nomdedeu, Natalia Pissoni, Gabriela Pesclevi y Melisa Carnabali Favero. Coordina: Carolina Sueta

4 / AGENCIAR LO COMÚN. UNA MIRADA POSIBLE SOBRE LOS MODELOS DE GESTIÓN DE LAS PEQUEÑAS EDITORIALES EN LA PLATA

Por Pablo Amadeo

5 / MONTAR PANTALLA TODO EL AÑO. CONVERSATORIO SOBRE FESTIVALES DE CINE Participan: María Donato, Sofía Urosevich, Santiago Cabassi, Catalina Poggio, Josefina Biasotti, Joaquín Almeida, Marianela Siccardi y Antonio Zucherino. Coordina: Pablo Ceccarelli

6 / LA GESTIÓN MUSICAL EN LA PLATA. UN DIÁLOGO ABIERTO DESDE LOS SELLOS INDEPENDIENTES

Por Ornela Boix

7 / VOY A QUEDARME UN POCO ACÁ. CONVERSATORIO SOBRE MÚSICA Y GESTION

Participan: Gisela Magri, Pablo Giacomi, Danny Brichetti, Inés Mauri Ungaro y Sebastián Lino. Coordina: Cuchi Calderón

8 / PRÁCTICAS, DISCURSOS Y REDES: UN RECORRIDO POR INICIATIVAS COLECTIVAS DE ARTES VISUALES

Por Clarisa López Galarza, María Victoria Trípodi, Alicia Karina Valente y Noelia Zussa

9 / REDES DE ESPACIOS CULTURALES DE LA PLATA: RECORRIDO HISTÓRICO

Por Pablo Pesco

10 / LA POLÍTICA CULTURAL PÚBLICA DE LA PLATA. ANÁLISIS DE LOS ÚLTIMOS DOCE AÑOS (2007-2019)

Por Clarisa Fernández

11 / DE ESTA SALIMOS JUNTXS. LOS ESPACIOS CULTURALES: ZONA DE CONTENCIÓN Y EMERGENCIA DE PROYECTOS

Por Martín Zúccaro y Rocío Bergé

/ AUTORES

/ AGRADECIMIENTOS

/ PRESENTACIÓN

Por Federico Escribal

Cátedra Libre de Gestión Cultural–Facultad de Artes–Universidad Nacional de la Plata

Siempre resulta grato dar la bienvenida a una nueva publicación. En este caso, el trabajo Cultura Independiente La Plata, compilado por Rocío Bergé y Martín Zúccaro, en el que valiosas miradas se aproximan a la trama de la organización popular de la cultura y las artes en nuestra ciudad desde múltiples disciplinas y enfoques, trae algunas alegrías adicionales. En primer lugar, como gesto de resiliencia, después de dos años trágicos para el mundo, la región, la Argentina y nuestra ciudad. Años de encierro y de pérdidas sensibles, que impactaron en nuestras familias, amistades e instituciones y que requieren ser transitadas y dueladas. Seguramente en esto el arte también tiene mucho para aportar. En segundo lugar, la alegría por la mencionada transversalidad disciplinar y la presencia de académicos comprometidos con la realidad de su tiempo y lugar, entre los cuales hay varias y varios de nuestra casa, la Facultad de Artes. En tercero, porque esta publicación es un signo más de la vibrante actualidad del arte y la cultura platense. Todo territorio es culturalmente determinado, pero el platense, si se me permite, un tanto más, por su intensa tradición, sus genealogías creativas y su lugar en la historia del arte nacional y regional.

La Universidad Nacional de La Plata es ante todo un agente dinamizador de la vida cultural platense. Por un lado, aporta al ecosistema cultural local la presencia de una población diversa, primariamente juvenil y de múltiples procedencias, que se acerca a la universidad a formarse en un contexto creativo de excelencia. Por otro, facilita la circulación y exhibición de obra en sus múltiples dispositivos institucionales, entre los cuales la inauguración en 2018 del Centro de Arte y Cultura representa un último hito relevante. Pero muy especialmente, por la presencia de su Facultad de Artes, centro neurálgico para la formación en disciplinas artísticas, con la mayor afluencia estudiantil de un departamento de su tipo en toda América Latina. Un estudiantado heterogéneo, diverso en procedencias —con un componente de compatriotas de países vecinos importante y creciente— y creencias, pero comprometido también con la elaboración de una sociedad más justa y culturalmente soberana. En buena parte, es esa juventud la que motoriza la compleja configuración de lo que se engloba como sector independiente en este volumen. La independencia es el motor de las acciones que se perfilan y analizan a lo largo de los capítulos del libro, ya que, como bien sabemos, no hay sector posible absolutamente desvinculado del modelo social en el que está inserto, que lo constituye en tanto incluye/excluye de las dinámicas comunitarias vinculares, determinando prácticas y metodologías. Independencia, en estos términos, no implica escisión absoluta de lo político. Más bien por el contrario, las prácticas centradas en la comunidad que propone el circuito sobre el que este libro centra su atención reponen presencias y ausencias tanto del Estado como del mercado, dos de las grandes fuerzas reguladoras de la realidad social. En consecuencia, una lectura incisiva de los capítulos que lo componen también acompaña a la propia elaboración del lector de una mirada crítica sobre fortalezas y debilidades, tendencias en general, de los múltiples eslabones que constituyen esos dos polos (Estado y mercado), indispensable para un ejercicio prospectivo que permita identificar no solo aquello que merece ser mejorado o reformado, sino, especialmente, qué debemos construir para navegar el futuro y llevarlo hacia donde nuestros deseos compartidos lo orientan. Más allá de estos debates, que merecen ser profundizados, la condición de autogestivo o independiente constituye una identidad que cobija múltiples experiencias de intervención sobre la cultura como malla de sentido en nuestra ciudad, por lo que su análisis resulta necesario.

En este sentido, desde la Cátedra Libre de Gestión cultural que funciona desde 2017 en nuestra Facultad, se ha observado que la pandemia actuó acelerando procesos organizativos del sector, posiblemente como una respuesta de canalización de la potencia creativa del sector, en momentos en los que la exhibición y el encuentro estaban restringidos a las modalidades virtuales por la cuarentena que requirió la crisis. Actualmente, analizamos el devenir de algunas de esas organizaciones —para cuyo mapeo utilizamos, metafóricamente, el mapa que la Universidad John Hopkins creó para la trazabilidad de los contagios del COVID—, desde la premisa de que la sustentabilidad política de las organizaciones del sector es un reto al que debemos aportar desde el sistema universitario para dar cuenta de los enormes desafíos que presenta la precaria situación endémica que lo atraviesa. Nuestra Facultad se dispone para intervenir más allá de la formación de las y los artistas, atendiendo al debate en torno a qué políticas culturales resultan conducentes a la promoción de los derechos culturales de la ciudadanía en su conjunto, así como a honrar los compromisos asumidos en relación a la condición del artista. En ese sentido, los debates de la gestión cultural son crecientemente acogidos en nuestra agenda, y pretendemos convertirnos en un espacio que dinamice los nuevos debates que se abren ante la aceleración de la digitalización, entre otros fenómenos que hacen al pleno acceso, al consumo y a la producción de cultura, así como a la plena capacidad de circulación de lo que se produce.

Innegablemente, tenemos mucho para aprender como sociedad del entramado político-cultural que los capítulos del libro analizan: los sujetos, prácticas, miradas y abordajes, diálogos y reflexiones sobre los que se articula este volumen representan un laboratorio que nos damos a nosotros mismos para comprender cómo la comunidad se posiciona en relación a su propio futuro, y se da a su elaboración. Los editores han logrado conjugar una serie de análisis necesarios para comprender hacia dónde se dirige la producción simbólica de nuestra ciudad, y cuáles son las coordenadas particulares de esas tendencias. Si bien el presente está determinado por rasgos objetables —como la autoexplotación a la que se refieren Sáez y Del Mármol, que llevan a la movilización política del sector, como bien detalla Camezzana—, ese futuro deseado se ordena a partir de una serie de certezas. Esa “genealogía posible”, a partir de la identificación de las “condiciones necesarias” y el establecimiento de las “reglas del juego” mínimas, siguiendo las reflexiones de Amadeo, vuelve evidente que, cuando las y los agentes del sector cultural se liberan de las lógicas de competencia heredadas de la configuración liberal del mundo del arte y abrazan prácticas de cooperación imbricadas en las formas de entender lo común de las tradiciones populares suramericanas, encuentran trascendencia sobre los límites y regulaciones que la mercantilización absoluta de la vida dispone. Saludamos que este trabajo aporte una nueva capa de sentido para avanzar en ese destino.

/ PRÓLOGO

Por Martín E. Graziano

Por la autopista. Por la infinita calle 44. Por Camino Centenario o las arboledas del Camino General Belgrano. Por los baches bíblicos de la ruta 11. Por atrás del cementerio, como si fuera una película de John Carpenter. Por cada uno de los infames caminos vecinales que se pierden entre las canchas de futbol barrial, la zona de las quintas y la noche de los tiempos. Hay muchas formas de ingresar al casco urbano de La Plata, pero la verdadera puerta de acceso al corazón de esta ciudad no solo está escondida: siempre está cambiando de lugar. Ahora la ves, ahora no la ves.

Como buen platense, no nací en la ciudad. Llegué en algún punto de 1998 y, aunque empecé a asistir a la facultad y me deslizaba furtivamente en las fiestas que organizaban los centros de estudiantes del interior, me pasé buena parte de esos primeros años como un turista. Mejor aún, como un extraño. Las señales estaban ahí, pero esmaltadas con una pintura secreta. Claro que había pistas. La voz del Mono Pérez en Radio Universidad. Los anaqueles del fondo en la librería de Mario Lenzi. Un fanzine abrochado en Periodismo. El Cine Select a tres mangos. Una canción de Sergio Pángaro y Bacarrat que, en los altos ventanales de la medianoche de El Estudio, decía: “lluvia dorada cae otra vez / oro en polvo, Federico, yo te adoré / tren en Tolosa, tarde de sol / con la sensación de no hacer nada mejor”.

Las epifanías solo tienen sentido para su protagonista, pero voy a intentarlo. Una noche, por las razones adecuadas, llegué demasiado temprano –o demasiado tarde– a un evento. De manera que seguí de largo y terminé acodado en la barra de Ciudad Vieja, viendo y escuchando otra cosa. Ahora lo veo: un Buster Keaton psicodélico que, parado sobre una banqueta, descubría las espinas en su voz de felpa. Una banda de rock que, a pesar de la gravitación de Buenos Aires, vindicaba su derecho a no cruzar la avenida 32 y probarse la corona del Principado. “Podría ser / el tirano que me obligue / a creer lo que no quiero. / Quizás, tal vez, / habitando una casa / en lo que pienso”. Esa tensión entre una música asociada al entretenimiento (a go-go, lounge, easy listening) y una lírica metafísica, era una bomba. Cuando se disipó el humo, tenía el hilo de Ariadna en las manos.

Centros culturales, bares, casas abiertas, radios comunitarias, disquerías, salas de teatro. El Municipio sigue sin poder mapear el circuito platense porque es una figura evanescente que a veces se esconde bajo tierra y a veces cuelga del tendido eléctrico como los claveles del aire. La Plata es una ciudad hidropónica: sus raíces están siempre en el aire. Fundada por racionalistas y habitada por oleadas de estudiantes golondrina, ni siquiera rompe con el pasado o el futuro. Como en El día de la marmota, cada generación de artistas parece vivir en un presente continuo.

Miren hacia arriba. Por un lado, los edificios promiscuos y atestados de estudiantes. Miren otra vez hacia arriba. Ahí están las torres de los burócratas. Las áreas de prensa de los ministerios, las gacetillas, las camisas limpias. Dos universos conectados por chicos y chicas que, cuando marcan la tarjeta de salida, se ponen las zapatillas y componen su canción. Fundan su propia editorial o filman su corto en blanco y negro. Es así. Con los químicos adecuados, La Plata revela el negativo perfecto del ideal apolíneo: la proporción áurea aplicada al empleado público. El plan masónico que se fue al carajo.

Claro que nada nace de un repollo. Durante los días de la fundación, Dardo Rocha y su consorte de racionalistas dispusieron hasta un mapa forestal sobre el trazado urbano. Ustedes saben: plazas cada seis cuadras, naranjos para perfumar la calle 47 y plátanos robustos para techar las avenidas 51 y 53. Tipas frente al Colegio Nacional, jacarandás en las plazoletas. Nogales negros en 37 y una doble hilera de ginkgos en el camino del museo. A pesar del mito, los tilos germanos de la avenida 7 no son una variedad medicinal. Qué decepción. Todos estos tilos, punteando aquí y allá la sintaxis verde de la ciudad, no pueden curar. Lo que cura, es otra cosa.

La respuesta, mi amigo, está soplando en este libro.

/ INTRODUCCIÓN. DE EMERGENTES Y EMERGENCIAS

Por Rocío Bergé y Martín Zúccaro

“Los días que se atraviesan

como el concierto de un autor sin nombre

que al fin se comprende

para nunca más volverse a tocar…

Mientras espero lo que suceda,

lo que debe pasar”.

(Mi Predicción–Mister América)1

La Plata, ciudad imaginada o el lugar al que llegamos como estudiantes del interior a probar una carrera universitaria, configurando un sincretismo de identidades, tonadas y temporalidades diversas. ¿Quiénes inventamos la ciudad hoy? ¿Qué ciudad nueva imaginamos con cada proyecto cultural y artístico que instituye nuevos modos de ver y de vivir?

Las diagonales, signo visual que nos identifica en relación con un afuera, y metáfora exacta para definir este encuentro transversal, plural, divergente, donde para hablar de lo local nos remitimos a orígenes, genealogías y trayectorias que confluyen al quedarnos y refundar con cada práctica micropolítica la ciudad que inventamos sobre su infraestructura.

“La Plata es una ciudad con el tamaño ideal para ponerse a conspirar” afirmaba Esteban Rodríguez Alzueta en La Plata, ciudad inventada2, el libro que ya cumplió más de diez años y es una referencia ineludible para este que hoy nos convoca. Con esa frase sintetiza la escala, la idea de pueblo grande, donde todxs nos conocemos o sabemos en qué anda el otrx y en qué podríamos conspirar juntxs. Esta característica es algo que nos diferencia, y mucho, en ese contrapunto que significa estar tan cerca de Buenos Aires, la gran ciudad, la meca, donde muchxs aspiran llegar, aunque no todxs. Nosotrxs también somos ciudad capital pero en otro sentido, no nos percibimos así, aunque la centralización administrativa nos proponga lo contrario. Con este antecedente, y tantos otros comenzamos la tarea...

¿Cómo hacer un cuadro con lo que está en movimiento y se desborda por su propia ebullición? De esta pregunta partimos hacia el desafío de ser curadorxs, de rescatar ciertas voces y relatos de prácticas que, de algún modo, se sistematizan y se vuelven parcialmente imperecederas a través de este libro. El juego de ponernos en el rol de curadorxs, en el sentido que propone Víctor Vich cuando habla de las cuatro identidades del gestor cultural (etnógrafo, curador, militante y administrador)3, nos plantea varios desafíos: a quiénes elegir y por lo tanto, a quienes dejar al margen, qué orden proponer, qué experiencias contar, qué sectores representar y desde qué ópticas. Inquieta la responsabilidad del recorte, es inevitable, no entra todo en un libro, y sin embargo, el espectro de lo conocido se abre hacia lugares nuevos. En el mismo proceso de rastrear

para seleccionar, nos encontramos con unxs autorxs que nos dan nuevas pistas, y señalan otras posibles direcciones y referentes para ampliar el mapa. Entonces, esa curaduría se expande más allá de nosotrxs, y qué bien que así sea.

Esta publicación es una suerte de observatorio, un mapa para conocer, repensar e intercambiar percepciones sobre la cultura independiente de nuestra ciudad. Lo primero que deberíamos resolver entonces es qué entendemos por independencia, ese valor que solemos presentar como estandarte. Claro que supone una dificultad, pero lejos de esquivar el asunto, decidimos emprender el camino, libres, sin pensar en rótulos, carteles indicadores y definiciones estancas, confiando en que el propio andar nos permita encontrar algunas respuestas; en cada charla, en cada experiencia, y en las distintas miradas que proponen lxs autorxs que nos acompañan.

Como decía Eugenio Carutti. “El libro ha dejado de ser un objeto y se revela como un vínculo” y eso es lo que creemos y lo que queremos provocar aquí, un encuentro donde hacernos visibles entre nosotrxs y para toda la comunidad que retroalimenta la producción cultural independiente. Abriendo el diálogo a experiencias de otras ciudades, de aquí y de allí, para que el lector no-platense juegue también a compararse, analizarse y repensarse ¿En qué nos parecemos y en qué no? ¿Compartimos los mismos problemas y las mismas luchas? En este sentido, siguiendo el modelo de los libros que nos preceden en esta misma colección, convocamos autorxs a que escriban un texto, una mirada personal o compartida sobre algún subsector o tema, pero también organizamos conversatorios para hacer inteligencia colectiva, conceptualizando los vectores que mantienen vivo y encendido al sector. Y nos maravilla que el encuentro entre referentes de distintas escenas y circuitos artísticos y culturales se produzca en algunos casos por primera vez; efectos colaterales e incalculables que trae la producción de un libro, como la oportunidad para actualizar debates y producir nuevos sentidos sobre estos campos de acción. En esa búsqueda en torno al formato y el contenido, convocamos también a una artista visual a dialogar con los textos y producir nuevas derivas en forma de ilustraciones y apuntes visuales.

Divergencia es sinónimo de desigualdad, disconformidad, desacuerdo, oposición, apartamiento, y también de diferencia, diversidad, disonancia, bifurcación. Nos gusta entenderla como una pluralidad de juicios, pensamientos y opiniones. Si ya el libro es un intento por captar algo de la esencia (plural) de nuestra ciudad, hacer una introducción es como hacer su raíz cuadrada, con la dificultad de presentar sin spoilear, con la carga negativa que tiene ese verbo en tiempos de series interminables. Pero ahí vamos…

El solo hecho de ponerse a mirar el conjunto ya trae señales como faros que indican direcciones del devenir cultural local. Una ciudad con, por lo menos, siete festivales de cine de gestión independiente que montan pantalla todo el año, abriendo nuevas visiones del mundo a la comunidad. Una ciudad con una agitada y diversa vida musical que se posibilita y se sostiene por una cadena (¿o un círculo?) de productorxs, comunicadorxs, gestorxs de espacios, sellos y eventos, además de lxs músicxs propiamente dichxs, por nombrar solo algunxs. Una ciudad también con circuitos culturales barriales históricos y emergentes donde vecinxs, comerciantes, productores y agentes culturales toman la calle, hacen de la cultura una fiesta, un carnaval, una caravana de expresiones que se encuentran más allá de sus diferencias, donde lo diverso se hace potencia y la cultura toma todo.

Siguiendo esta línea, el capítulo “La movilización va por dentro” nos lleva de paseo por experiencias que profundizan la relación entre arte y territorio, de modos bien distintos que nos invitan a parar para (re!)parar, y desarman lógicas enquistadas en los museos, a través del movimiento y la itinerancia. Abren, en definitiva, diagonales y bifurcaciones para el intercambio y el encuentro fuera de los circuitos hegemónicos del arte. Así es como dan combate también las editoriales independientes frente al poder del capital, se congregan en un clúster, arman sus propias ferias pero también transfieren conocimientos para una supervivencia mancomunada, porque saben “agenciar lo común”.

En el horizonte de las artes escénicas y la música, emergen prácticas tendientes a la profesionalización que se afirman, militantes, en la visibilización del trabajo cultural, a la vez que se especializan y se dividen en roles, sobre la base de unas redes siempre afectivas. No obstante, la precariedad está a la orden del día, en una cuerda floja que no acompaña la creciente tendencia hacia trabajos culturales profesionales, con un Estado municipal de escasa o nula presencia en este ecosistema independiente. ¿Qué pasaría si ese Estado acompañara y potenciara con políticas públicas el accionar colectivo, desde el diálogo, la escucha, la articulación y la legitimación?

Más allá de la ausencia, se tejen redes, vínculos de cooperación y colaboración para exigirle al Estado que se haga presente, que legisle e impulse lo que los agentes y espacios culturales esperan, para tener bases más sólidas sobre las que construir, para que el temporal de la pandemia no arrastre como un vendaval el trabajo de años. Estas redes crecen, trascienden las ideologías políticas de quienes las integran para configurar frentes de batalla desde lo que tienen en común: galerías de artes visuales, residencias, espacios culturales alternativos, salas de teatro independiente, etc. La bien llamada “Red Multicultural” es hoy la arteria principal de este sistema que se capilariza para ahondar en las profundidades de sus territorios, como en su momento lo fueron la Red de Centros Culturales y también otras.

¿Dónde nos refugiamos cuando el tiempo económico, social y sanitario se pone inhabitable? En el proceso de hacer el texto que hoy tienen frente a ustedes, se atravesó la pandemia por la expansión del COVID-19 en todo el mundo. Esa interrupción que llegó para quedarse más de lo que esperábamos, nos hizo recalcular, como a todxs, y nos obligó a preguntarnos cómo íbamos a continuar con esta iniciativa. El mundo cambió para siempre y el impacto en el sector cultural, por no decir, en la cultura del futuro, se hizo sentir con vehemencia.

Más precariedad, pero también más redes de contención. Cuando el tiempo se pone difícil, hay lazos que se rompen pero también otros que nacen. En el desafío de incorporar la escena actual a este observatorio que es el libro, recuperamos las voces de los espacios culturales, refugios de emergencia, nodos de la red que le dan relativa estabilidad al sector más allá de la materialidad de sus edificios y su infraestructura, por la misma perseverancia de seguir existiendo, y siempre gracias a la comunidad que se gestó en torno a cada proyecto y ahora sale a dar una mano porque siente el vínculo y se siente parte. Una sacudida histórica trae nuevas verdades.

Estamos en emergencia. No es una problemática local y tampoco exclusiva de este ámbito, pero en un sector cultural históricamente precarizado se pone mucho más en evidencia. Las voces se hacen escuchar y se renueva el activismo por un trabajo cultural legitimado, por el Estado y la sociedad. En paralelo observamos más allá de lo evidente. La única emergencia no es la económica (y la sanitaria, por supuesto); hay también una emergencia creativa que hace contrafuerza y exhibe su estado de ebullición permanente a través del surgimiento de iniciativas innovadoras y colaborativas.

Emerger, según una de sus posibles acepciones, significa aparecer o salir –una cosa– de detrás o del interior de otra. Y esta lógica es muy común en el sector independiente; proyectos que desaparecen o se terminan, pero también mutan, vuelven a surgir bajo otras formas, con otros nombres, pero con la fuerza intacta. Un proyecto da pie a otro y este a otro, como empujándose indefinidamente. Muchas veces son las mismas personas que los sostienen, reagrupándose y formando nuevos equipos de trabajo, quienes despiden a compañerxs que abandonan la cruzada o emprenden nuevos caminos, pero incorporan nuevos integrantes que traen aires de renovación y disparan nuevas propuestas.

En Imaginarios Urbanos, Néstor García Canclini propone: “Debemos pensar en la ciudad a la vez como lugar para habitar y para ser imaginado. Las ciudades se construyen con casas y parques, calles, autopistas y señales de tránsito. Pero las ciudades se configuran también con imágenes. Pueden ser la de los planos que las inventan y las ordenan. Pero también imaginan el sentido de la vida urbana las novelas, canciones y películas, los relatos de la prensa, la radio y la televisión. La ciudad se vuelve densa al cargarse con fantasías heterogéneas. La urbe programada para funcionar, diseñada en cuadrícula, se desborda y se multiplica en ficciones individuales y colectivas”.4

A la reconquista de un sentido nuevo para nuestro sector independiente, que ponga de relevancia el carácter resiliente de los agentes culturales que tejen redes diminutas, territoriales, donde se intercambian nuevos sentidos para la transformación social, donde lo precario es, por ahora, una condición pero no un impedimento. Seguiremos militando el valor que aportan estos agentes, proyectos y espacios en la reinvención de nuestra ciudad cultural, porque la salida es colectiva y la calle es nuestra.

1 / Mi predicción, Mister América. Letra: Gustavo Astarita. Del álbum Doméstico, 2015.

2 / Artigas, C. (Comp.) (2010). La Plata, Ciudad Inventada. La Plata: Ed. Primer Párrafo.

3 / Vich, V. (2018). ¿Qué es un gestor cultural? (En defensa y en contra de la cultura). En C. Yáñez Canal (Ed.), Praxis de la Gestión Cultural. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

4 García Canclini, Néstor (1997) Imaginarios Urbanos. Eudeba, Buenos Aires.

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Veröffentlichungsdatum auf Litres:
22 Oktober 2025
Umfang:
260 S. 18 Illustrationen
ISBN:
9789878488080
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