Buch lesen: "Epigramas II"

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 237


Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CARMEN CODOÑER .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1997.

www.editorialgredos.com

La traducción y notas han sido llevadas a cabo por A. RAMÍREZ DE VERGER (Libro VII) y J. FERNÁNDEZ VALVERDE (Libros VIII-XIV).

REF. GEBO332

ISBN 9788424932619.

LIBRO VII 1

1

A LA CORAZA DE DOMICIANO

Recibe la coraza de cuero 2 de la belígera Minerva,

a quien teme la ira misma de la cabellera de Medusa.

Mientras ésta no ejerza, César, podrá llamarse coraza:

cuando se asiente en tu sagrado pecho, será una égida.

2

A LA CORAZA DE DOMICIANO

Coraza de nuestro emperador inaccesible a las saetas sármatas

y más fiel que el escudo gético de Marte,

que, segura incluso a los golpes de un dardo etolio 3 ,

han fabricado las pezuñas resbaladizas de innumerables jabalíes:

[5] Feliz con tu suerte tú, a quien se permitirá tocar el sagrado

pecho y calentarte con el espíritu de nuestro dios.

Ve de acompañante y merece sin daño grandes triunfos

y devuelve al emperador, pero pronto, a la toga de palmas 4 .

3

A PONTILIANO, UN POETA MALO 5

¿Por qué no te envío, Pontiliano, mis libros?

Para que no me envíes, Pontiliano, los tuyos.

4

LA PALIDEZ DE OPIANO

Al encontrarse, Cástrico, de mal color 6 ,

a escribir versos empezó Opiano.

5

AL EMPERADOR DOMICIANO, PARA QUE REGRESE A ROMA

Si atiendes, César, el deseo del pueblo y de los senadores

y los goces verdaderos de la toga latina,

devuelve al dios 7 ante los deseos que lo reclaman: Roma siente

envidia de su enemigo, aunque lleguen muchos laureles 8 .

Aquel ve más cerca al señor de las tierras y el bárbaro [5]

siente terror al tiempo que disfruta con tu rostro.

6

NOTICIAS SOBRE EL REGRESO DE DOMICIANO 9

¿Es que de regreso junto a nosotros de las costas hiperbóreas

el César ya se dispone a marchar por los caminos ausonios?

No existe fuente fidedigna, pero todas las voces apuntan a ello:

te creo, sueles, Fama, decir la verdad.

Los despachos victoriosos atestiguan alegrías públicas, [5]

los dardos de Marte verdean con sus puntas laureadas.

De nuevo, ¡viva!, Roma aclama tus grandes triunfos

e invicto, César, resuenas en tu ciudad.

Pero, para que sea mayor la confianza en la alegría,

ven ya tú en persona como mensajero del triunfo sármata. [10]

7

AL EMPERADOR DOMICIANO, SOBRE EL AMOR Y AÑORANZA DEL PUEBLO ROMANO POR SU AUSENCIA

Aunque la Osa invernal y la ruda Peuce 10

y el Histro caliente por las pisadas de las pezuñas

y el Rin, doblegado ya tres veces en sus malvados cuernos,

te retengan domeñando los reinos de pérfidos pueblos,

[5] soberano regidor del mundo y padre del orbe:

no puedes, con todo, alejarte de nuestros deseos.

Allí con los ojos y el corazón estamos, César,

y hasta tal punto ocupas tú solo la mente de todos,

que la misma multitud del Circo Máximo no sabe

[10] si corre el Paserino o el Tigris 11 .

8

EL REGRESO DEL EMPERADOR

Ahora alegres, como nunca, para mí, ahora divertíos, musas:

victorioso de la tierra odrisia regresa nuestro dios.

Tú el primero, diciembre, haces realidad los deseos de la gente:

ya se puede decir con voz potente «viene».

[5] ¡Sé feliz con tu suerte! Podrías no ceder ante Jano,

si nos dieras las alegrías que nos dará aquél.

El soldado con la corona triunfal 12 se divertirá con chistes

festivos, cuando te escolte entre los corceles engalanados

con laurel. Séate permitido también a ti, César, escuchar chanzas

[10] y versos ligeros, si el triunfo mismo gusta de burlas 13 .

9

LOS SESENTA DE CASQUELIO

Al cumplir Casquelio sesenta años, se hizo un hombre

inteligente: ¿cuándo se hará elocuente? 14 .

10

CONTRA OLO, CRITICÓN

Por el culo da Eros, Lino la mama: ¿Olo, qué te importa

lo que hagan éste o aquél con su propio cuerpo? 15

Por cien mil folla Matón: ¿Olo, qué te importa?

Por eso no tú, sino Matón será pobre.

Hasta el amanecer come Sertorio: ¿Olo, qué te va a ti, [5]

cuando tú puedes roncar toda la noche?

Setecientos a Tito debe Lupo: ¿Olo, qué te importa?

No des o prestes un duro a Lupo.

Disimulas lo que te incumbe, Olo,

y lo que más conviene a tus intereses: [10]

debes tu toga; esto es lo que te importa, Olo,

nadie te presta ya un duro: también esto.

Tu mujer es adúltera: esto te incumbe, Olo;

tu hija mayor ya pide la dote: también esto.

Podía decir quince veces lo que te incumbe: [15]

pero lo que hagas, me importa, Olo, un bledo.

11

A PUDENTE, QUE HABÍA PEDIDO AL POETA EPIGRAMAS MANUSCRITOS

Me obligas, Pudente, a corregir mis libros

con mi propia pluma y mi propia mano 16 .

¡Oh cuánto me apruebas y me amas tú,

que quieres tener mis tonterías en versión original!

12

A FAUSTINO, SOBRE LA INOCENCIA DE SUS ESCRITOS 17

Que mi señor, Faustino, me lea con frente serena

y acoja mis bromas con el oído habitual,

pues mis páginas ni siquiera hieren a quienes odia con razón

y a mí no me agrada la fama a costa de la vergüenza ajena.

[5] ¿De qué sirve que algunos deseen que parezcan míos,

si algunos dardos se impregnan de sangre de Licambes 18 ,

y bajo mi nombre vomita veneno de víbora

quien dice que no soporta los rayos de Febo y la luz?

Mis juegos son inocentes: sabes esto bien: lo juro por el genio

[10] de la poderosa Fama y el rebaño de Castalia,

por tus oídos, que para mí se asemejan a una gran divinidad,

lector libre de la envidia inhumana.

13

LICORIS, NEGRA 19

Al oír la morena Licoris que el marfil de los dientes viejos

se blanqueaban con los soles de Tíbur,

se vino a las colinas de Hércules. ¡Qué poder tiene el aire

de la alta Tívoli! En poco tiempo volvió negra.

14

SOBRE SU AMADA QUE LLORA LA MUERTE DE UN JOVEN

Una terrible desgracia le ha ocurrido, Aulo 20 , a mi amada:

ha perdido a su diversión y su cariño,

no como el que lloró la amada del tierno Catulo,

Lesbia, huérfana de las gracias de su pajarito 21 ;

ni como el que lloró Jántide, cantada por mi Estela, [5]

cuya negra paloma vuela en el Elíseo 22 .

Mi vida no es cautivada por naderías ni por esos amores

ni tales pérdidas conmueven el pecho de mi dueña:

ha perdido a un esclavo que contaba doce años,

cuya polla todavía no alcanzaba el pie y medio. [10]

15

A ARGINO 23

¿Quién es este joven que se yergue junto a las límpidas

aguas de Jantis? ¿Ha huido Hilas 24 de su dueña náyade?

¡Oh qué bien que se rinda culto al Tirintio 25 en ese bosque

y que guarde tan cerca aguas tan amorosas!

[5] Puedes administrar seguro, Argino, esta fuente: nada

harán las ninfas: cuídate de que el dios lo quiera 26 .

16

A RÉGULO, A QUIEN LE PIDE GRACIOSAMENTE DINERO

En casa no hay dinero. Sólo me queda, Régulo 27 ,

vender tus regalos: ¿me los compras?

17

A LA BIBLIOTECA DE JULIO MARCIAL

Biblioteca de un campo refinado 28 ,

desde donde el lector ve la vecina ciudad,

si entre versos más sagrados algún lugar

hubiere para la lasciva Talía,

podrías colocar en el anaquel más bajo [5]

estos siete libros que te enviamos

anotados por la pluma de su autor:

esta corrección les da valor.

Pero tú, exquisita, que por este pequeño obsequio 29

serás conocida por todo el orbe 30 , [10]

protege esta prenda de mi corazón,

biblioteca de Julio Marcial.

18

CONTRA GALA, HERMOSA PERO TONTA

Si tienes una cara, de la que ni una mujer podría

hablar 31 , si ninguna mancha hay en tu cuerpo,

¿por qué te extrañas de que tan pocos folladores te deseen

y vuelvan otra vez? Tu defecto, Gala, no es pequeño.

Cuantas veces me inicié en la faena y nos meneamos con las [5]

ingles pegadas, el coño no calla, tú eres la que callas.

Los dioses hicieran que hablaras tú y callara aquél:

me fastidia la garrulidad de tu coño.

Preferiría que te peyeras: que esto, dice Símaco 32 , no perjudica

y es cosa esa que mueve a risa a la vez. [10]

¿Quién puede reírse de los ruidos de un coño loco?

Cuando suena éste, ¿qué polla y cabeza no se vienen abajo?

Di al menos algo y mete ruido al son de tu coño gritón,

y si eres tan muda, aprende a hablar aunque sea por allí.

19

FRAGMENTO DE LA NAVE ARGOS 33

El trozo de madera que consideras leño vil e inútil,

fue éste la primera quilla de un mar desconocido.

A la que no pudieron romper en otro tiempo ni las ruinas

cianeas 34 ni la furia más triste del mar escítico 35 ,

[5] la vencieron los siglos: pero aunque haya cedido a los años,

la pequeña tablilla es más sagrada que la nave intacta.

20

CONTRA SANTRA, GLOTÓN Y AVARO

Nada hay más miserable o glotón que Santra.

Cuando invitado corre a una cena formal,

con la que soñó tantos días y noches,

tres veces pide criadillas de jabalí, cuatro veces lomo,

[5] y los dos muslos de la liebre y las dos paletillas,

y no se ruboriza por perjurar sobre un tordo

ni por arrebatar los pálidos filamentos de las ostras.

Con bocados de pastel unta una sucia servilleta;

allí también se colocan uvas ollares 36

[10] y unos pocos granos de granada

y la piel desagradable de una vulva 37 hueca

y un higo en almíbar y una seta lacia.

Pero cuando ya la servilleta se rompe por los mil hurtos,

esconde en su tibio bolsillo costillas roídas

y una tórtola mutilada tras devorar la cabeza. [15]

Y no considera vergonzoso recoger con diestra larga

las sobras y lo que incluso los perros dejaron.

Pero no le basta a su gula el botín de comida:

llena a sus pies una jarra de vino con agua.

Cuando esto llevó a casa por doscientas escaleras [20]

y se encerró angustiado en su buhardilla con cerrojos

aquel glotón, las vende al día siguiente.

21

CUMPLEAÑOS DE LUCANO 38

Éste es el día que, testigo de un gran nacimiento,

dio a Lucano para el pueblo y para ti, Pola 39 .

¡Ay, Nerón, cruel y por ninguna otra muerte más odiado,

esto al menos no se te debió haber permitido!

22

MISMO TEMA

Vuelve el día memorable por el importante nacimiento del vate

de Apolo: tropel de Aónidas 40 , sed propicias a los

sacrificios. Esto ha merecido al haberte dado, Lucano, a la

tierra, para que mezclaras el Betis con el agua de Castalia 41 .

23

A FEBO SOBRE LO MISMO

Febo, ven, pero como eras cuando tú en persona entregabas

al tonante de la guerra el segundo plectro 42 de la lira latina.

¿Qué te puedo suplicar por un día tan grande? Que tú, Pola,

honres habitualmente a tu marido y él sienta que le honras.

24

CONTRA UN MALEDICENTE, QUE INTENTABA ENFRENTAR A MARCIAL CON JUVENAL

Al intentar enfrentarme a mi querido Juvenal,

¿qué no te atreverás a decir, pérfida lengua?

Con tus mentiras criminales Orestes habría odiado a Pílades

y el amor de Pirítoo se habría alejado de Teseo; tú

[5] podrías separar a los hermanos sicilianos 43 , a los atridas 44 ,

nombre más famoso, y al linaje de Leda 45 .

Por tus méritos y tales audacias pido esto para ti:

que hagas, lengua, lo que, creo, haces 46 .

25

CONTRA UN POETA MALO

Si sólo escribes siempre epigramas modosos

y más cándidos que la piel de albayalde,

y no hay en ellos ni una pizca de sal ni una gota

de hiel amarga, ¡encima, insensato, quieres que los lean!

No agrada la comida misma defraudada del chorrito de vinagre [5]

ni es agradable el rostro al que le faltan hoyuelos.

Dale al niño manzanas dulces e higos insípidos:

que a mí me sabe bien el higo de Quíos, el que sabe picar 47 .

26

ENVÍA AL ESCAZONTE A APOLINAR 48

Reúnete, escazonte 49 , con mi querido Apolinar

y si no tiene nada que hacer —no seas pesado—,

le darás este presente, cualquiera que sea su valor, y del que

él forma alguna parte: que sus simpáticos oídos se empapen de

estos versos. Si ves que te recibe con buen talante, [5]

pídele que te apoye con su conocida influencia.

Conoces con qué amor arde por mis bagatelas:

ni yo mismo puedo amarte más.

Si deseas estar seguro contra los malvados,

reúnete, escazonte, con mi querido Apolinar. [10]

27

UN JABALÍ QUE LE HABÍA ENVIADO DEXTRO

El jabalí devastador de las bellotas etruscas y engordado

ya con muchas encinas, famoso después de la fiera etolia 50 ,

a quien mi querido Dextro atravesó con brillante dardo,

yace en mi hogar como botín envidiado.

[5] Que los penates se impregnen alegres de húmedo vapor

y la cocina festiva arda con madera de monte.

Pero mi cocinero consumirá un gran montón de pimienta

y añadirá falerno con salsa de reserva.

Vuelve junto a tu dueño, mi fuego no te abarca,

[10] ruina de jabalí: necesito comer más barato.

28

A FUSCO

Que crezca tu bosque de Diana en Tíbur

y que tu bosque a menudo talado vuelva a crecer con rapidez,

y tu aceite 51 , Fusco, no ceda ante las prensas de Tartesos

y den buen mosto tus barriles sin medida;

[5] que los foros 52 te admiren, que te alabe el palacio imperial,

y muchas palmas cultiven las dos puertas de tu casa 53 ;

cuando a mitad de diciembre un pequeño descanso te llegue,

juzga, pero con oído seguro, las bromas que lees.

«¿Te gusta saber la verdad? Eso es difícil». Pero tú

[10] puedes, Fusco, decirme lo que quieres que se te diga 54 .

29

AL JOVEN TÉSTILO

Téstilo, dulce tormento de Víctor Voconio 55 ,

el joven más famoso del mundo entero,

que te amen hermoso incluso tras cortarte el cabello

y que ninguna chica agrade a tu querido poeta:

por un tiempo aparta los doctos libros de tu señor, [5]

mientras leo mis pequeños poemas a tu querido Víctor.

También Mecenas, cuando Marón cantaba a Alexis 56 ,

conocía sin embargo a la morena Melenis de Marso 57 .

30

CONTRA CELIA, PUTA

Te entregas a los partos, te entregas a los germanos, te

entregas, Celia, a los dacios, y no desprecias el lecho de los

cilicios y de los capadocios; el follador de Menfis navega en tu

busca desde la ciudad de Faros y también el negro indio desde

las rojas aguas 58 ; y no haces ascos a los miembros de los judíos [5]

circuncidados ni se te escapa el alano en caballo sarmático.

¿Cómo te las arreglas para que, siendo una joven romana,

no te guste ninguna polla romana?

31

A RÉGULO, A QUIEN DICE QUE LE ENVÍA HUEVOS COMPRADOS EN EL MERCADO

¿Aves de un ruidoso corral, huevos de sus madres,

higos amarillos de Quíos a medio calentar,

tosca cría de quejosa cabrita,

aceitunas ya desiguales por los fríos

[5] y legumbres blancas por las escarchas heladas,

crees que se te envían desde mi campo?

¡Ay cómo te equivocas, Régulo, de medio a medio!

Nada produce mi campo excepto a mí.

Cuanto te envían el granjero o el aparcero de Umbría

[10] o el campo marcado por el tercer mojón

o los etruscos o los túsculos,

eso nace para mí en toda la Subura 59 .

32

A ÁTICO

Ático, que haces vivir los nombres de una familia elocuente

y no dejas que guarde silencio una casa de abolengo,

a ti te acompaña el piadoso tropel de la cecropia Minerva,

a ti te ama el sosiego retirado, a ti todos los sabios.

[5] A otros jóvenes, en cambio, los adiestra un entrenador de oreja

cortada y un sórdido masajista rapiña sin merecerlo sus riquezas.

No la pelota, no el balón, no la bola 60 te preparan para las

termas o el golpe embotado de una espada desnuda,

ni tiendes tus arqueados brazos en el dúctil ceroma,

[10] no arrebatas errantes pelotas polvorientas,

sino que tan sólo corres cerca de las níveas ondas

de la Virgen 61 o donde el toro se encela por el amor sidonio.

Jugar a las variadas artes, para las que sirven toda clase de

terrenos, cuando se puede correr, es pereza.

33

CONTRA CINNA

Si tu toga está más sucia que el cieno y en cambio tu calzado

está más blanco, Cinna, que las primeras nieves, ¿por qué,

imbécil, echas hacia abajo el manto y lo extiendes sobre

los pies? Recoge, Cinna, la toga, que desaparece 62 el calzado.

34

A SEVERO, SOBRE LOS BAÑOS DE CARINO

¿Cómo puede ser, Severo 63 ,

que el hombre más malo de todos, Carino,

haya hecho una cosa bien, me preguntas?

Lo diré, pero rápido. ¿Qué hay peor que Nerón?

¿Qué hay mejor que las termas de Nerón? [5]

No falta al punto, helo aquí, quien de los

malvados hable así con su boca nauseabunda:

«¿Qué? ¿tú prefieres las termas de Nerón

a tantos regalos de nuestro señor y dios?»

Lo prefiero a los baños de un marica 64 . [10]

35

CONTRA UNA MATRONA FINGIDAMENTE IMPÚDICA 65

Un esclavo con sus partes ceñidas por negro taparrabos

está de pie, cada vez que te recreas toda en agua caliente.

Mi esclavo, en cambio, para callar de mí, Lecania,

tiene un peso judío 66 a flor de piel,

[5] pero contigo se bañan jóvenes y viejos desnudos;

¿acaso sólo es auténtica la polla de tu esclavo?

¿Es que vas, señora, en pos de apartados femeninos

y apartado te bañas, coño, en tu propia agua 67 ?

36

A ESTELA, A QUIEN PIDE VESTIMENTA

Cuando mi tosca finca se negaba a soportar las lluvias y el

húmedo cielo y nadaba en medio de las aguas invernales,

me llegaron como regalo enviado por ti muchas tejas,

que pudieran desviar los aguaceros repentinos.

[5] Terrible, mira, suena diciembre con el zumbido del bóreas:

¿cubres, Estela 68 , la finca, no cubres al campesino 69 ?

37

A CÁSTRICO

¿Conoces, Cástrico 70 , la señal mortífera del cuestor?

Merece la pena aprender la nueva señal de muerte 71 :

cuantas veces se sonara la nariz rociada por el frío,

había ordenado que fuera señal mortal de cortar la yugular.

De su odiosa nariz colgaba un moco asqueroso, [5]

cuando el cruel diciembre soplaba con húmeda garganta:

sus colegas le sujetaron las manos: ¿a qué más preguntas?

el desgraciado no pudo, Cástrico, limpiarse la nariz.

38

POLIFEMO Y ESCILA

Eres tan grande y de tal condición, Polifemo, esclavo de nuestro

querido Severo, que incluso el cíclope mismo se asombraría

de ti; pero Escila no es menos: que si unieras los fieros

monstruos de los dos, cada cual sería la pesadilla del otro.

39

CELIO, QUE FINGÍA TENER GOTA

Al decir que ya no aguantaba y soportaba

los diversos recorridos, el paseo de la mañana,

la altanería y el saludo a los poderosos,

Celio empezó a fingir que tenía gota.

Al querer hacerla demasiado verdadera, [5]

untándose y vendándose sus pies sanos

y caminando con paso trabajoso,

—¡cuánto puede la solicitud y el arte del dolor!—

Celio dejó de fingir que tenía gota.

40

EPITAFIO A LA MUERTE DEL PADRE DE CLAUDIO ETRUSCO 72

Aquí yace aquel anciano conocido en el palacio Augusto

tras soportar con ánimo no humilde a los dos dioses 73 .

La piedad de sus hijos lo unió con las sombras sagradas de

su esposa: los dos viven en el bosque del Elíseo.

[5] Ella murió antes privada de la lozanía de su juventud:

éste vivió casi dieciocho olimpíadas 74 .

Pero quienquiera que viera, Etrusco, tus lágrimas, creería

que los años se habían apresurado para quitártelo.

41

A SEMPRONIO TUCA 75

Te crees, Sempronio Tuca, que eres ciudadano del mundo:

las cosas del mundo, Sempronio, son tanto malas como buenas.

42

A CÁSTRICO 76

Si alguien desea rivalizar contigo en regalos,

que se atreva éste también, Cástrico, con versos.

Yo soy débil en ambas cosas y dispuesto a que me superen:

por eso me agrada el sueño y el descanso profundo.

¿Que por qué te he dedicado versos tan malos preguntas? [5]

¿Crees que nadie ha dado frutas a Alcínoo 77 ?

43

CONTRA CINNA 78

Lo primero es que me prestes, si algo, Cinna, te pido;

después de eso viene que rápidamente, Cinna, niegues.

Quiero al que presta; no odio, Cinna, al que niega:

pero tú ni prestas ni rápidamente, Cinna, niegas.

44

A OVIDIO, SOBRE LA ESTATUA DE MÁXIMO CESONIO 79

Aquel amigo tuyo es, Ovidio 80 , este Cesonio Máximo 81 ,

cuyo rostro todavía conserva la cera viviente.

A éste lo condenó Nerón: pero tú te atreviste a condenar

a Nerón y a seguir el destino del prófugo, no el tuyo:

[5] por el mar de Escila acompañaste a un gran exiliado,

tú que hacía poco no habías querido acompañar a un cónsul.

Si los nombres se confían a mis páginas para seguir viviendo

y se me permite sobrevivir a mis cenizas,

la multitud presente y la futura oirá esto: que tú para aquél

[10] fuiste lo que aquél para su querido Séneca.

45

AL MISMO, SOBRE LA MISMA ESTATUA 82

Poderoso amigo del elocuente Séneca,

cercano o más importante que su querido Sereno 83 ,

éste es el famoso Máximo, a quien en numerosas

páginas saluda la letra propicia 84 .

[5] Tú que has seguido a éste por las aguas sicilianas,

Ovidio, a quien no debe silenciar ninguna lengua,

has despreciado la ira de nuestro soberano enfurecido.

Que la antigüedad admire a su querido Pílades,

quien acompañó al desterrado de su madre 85 .

[10] ¿Quién podría comparar los peligros de los dos?

Acompañaste a un desterrado de Nerón.

46

A PRISCO, PARA QUE NO LE ENVÍE REGALOS CON VERSOS

Cuando quieres recomendarme tu regalo con un poema

y deseas hablar más cultamente que la boca de Homero,

me atormentas tanto a mí como a ti durante muchos días

y tu querida Talía 86 , Prisco, calla sobre mí 87 .

A los ricos podrás enviar versos y elegías sonoras: [5]

a los pobres dales regalos prosaicos.

47

A LICINIO SURA: ALEGRÍA POR SU RECUPERACIÓN DE UNA GRAVE ENFERMEDAD 88

Licinio Sura 89 , el más célebre de entre los hombres sabios,

cuya lengua arcaica nos ha devuelto a los severos abuelos,

te devuelven —¡ay, qué gran regalo de los hados!— a nosotros

cuando casi habías degustado las aguas del Lete.

Nuestros votos habían perdido ya el miedo y resignada lloraba [5]

nuestra tristeza, y por las lágrimas ya incluso habías

terminado: no soportó la envidia el que reina en el callado

Averno y él mismo devolvió al Destino los hilos arrebatados.

Pues sabes cuántas lamentaciones de la gente ha suscitado

tu falsa muerte y disfrutas de tu propia posteridad. [10]

Vive como si te hubieran quitado la vida y disfruta de los goces

huidizos: la vida devuelta no pierda día alguno 90 .

48

A ANNIO, DE QUIEN CONDENA SUS CENAS AMBULANTES

Al tener casi trescientas mesas,

Annio tiene sirvientes por mesas:

pasan corriendo los platos y vuelan las fuentes.

Tened para vosotros tales banquetes, ricos:

me molestan la cenas ambulantes.

49

A SEVERO, A QUIEN LE ENVÍA REGALOS DESDE SU FINCA

Te envié un pequeño regalito de mi finca de las afueras:

huevos para tu hambre y fruta, Severo, para tu gula.

50

A LA FUENTE DE JANTIS 91

Fuente de tu dueña, con que se alegra Jantis la reina del lugar,

gloria y delicia de una mansión ilustre,

si tu orilla está adornada de tantos níveos sirvientes

y tus aguas brillan con un coro de Ganímedes,

¿qué hace el Alcida consagrado en ese bosque? [5]

¿por qué el dios ocupa una cueva tan cerca de ti?

¿Es que observa los amores conocidos de las ninfas,

para que no arrebaten a muchos Hilas al mismo tiempo?

51

A ÚRBICO 92

Si te avergüenza, Úrbico, comprar mis bagatelas,

pero con todo te gusta conocer mis versos lascivos,

busca a Pompeyo Aucto —tal vez incluso lo conozcas—;

está sentado a la entrada del templo de Marte Vengador 93 :

empapado de derecho y pulido por el uso vario de la toga, [5]

no es éste un lector mío, Úrbico, sino un libro.

Retiene y tararea mis libros ausentes de tal manera

que no se le escapa ninguna letra de mis páginas:

en definitiva, si quisiera, podría pasar por haberlos escrito,

pero él prefiere favorecer a mi fama. [10]

Puedes molestarle a partir de las tres —pues antes no

estará lo bastante libre— y los dos tomaréis una cena frugal;

él leerá, tú bebe; aunque no quieras, él recitará:

y cuando digas «ya es suficiente», él leerá.

52

A AUCTO, POR LEER SUS EPIGRAMAS A CÉLERE

Es agradable que leas, Aucto, mis libros a Célere 94 ,

si es que también gusta, Aucto, a Célere lo que lees.

Él ha gobernado a mis pueblos, los celtas e iberos

y no hubo lealtad mayor en nuestro mundo.

[5] Un respeto tanto mayor me turba y no estimo sus oídos

como los de un oyente, sino como los de un juez.

53

CONTRA UMBRO, DE CUYOS REGALOS SE RÍE 95

Me enviaste en las Saturnales, Umbro, todos

los regalos que te proporcionaron los cinco días:

doce trípticos y siete mondadientes;

les acompañaron una esponja, una servilleta, una copa,

[5] media medida de habas con una cesta de olivas del Piceno

y una cántara negra de mosto de Laletania;

también llegaron pequeños higos de Siria con ciruelas pasas

y un tarro cargado con el peso de higos de Libia.

Creo que apenas llegaron a treinta sestercios todos

[10] los regalos que trajeron ocho enormes esclavos sirios.

¡Mucho mejor hubiera sido que un esclavo sin esfuerzo alguno

me hubiera traído cinco libras de plata!

54

CONTRA NASIDIENO, QUE LE MOLESTABA CON SUS SUEÑOS

Siempre por la mañana me cuentas sueños sólo sobre mí,

para que conmuevan e inquieten mi espíritu.

Ya la vendimia del año anterior y también la de este año ha

tocado fondo, mientras una hechicera me conjura tus noches 96 ;

He consumido pasteles sagrados y montones de incienso; [5]

disminuyeron mis rebaños, mientras continuamente se sacrifica

una cordera; no me quedan cerdos, ni aves de corral, ni huevos:

o quédate en vela o duerme, Nasidieno, para ti.

55

CONTRA CRESTO, ASQUEROSO

Si a nadie correspondes, Cresto, en los regalos,

no me los envíes ni remitas:

creeré que eres bastante generoso.

Pero si se los devuelves a Apicio, a Lupo,

a Galo, a Ticio y a Cesio, [5]

no mamarás mi polla —que es honrada y humilde—,

sino la que vino de la incendiada Jerusalén 97 ,

condenada hace poco a pagar tributo 98 .

56

A RABIRIO, ARQUITECTO ILUSTRE

Los astros del cielo concebiste en tu piadosa mente, Rabirio,

al construir con maravilloso arte el palacio Parrasio 99 .

Si se dispone a ofrecer un templo digno del Júpiter 100 de Fidias,

Pisa 101 pedirá estas manos a nuestro Tonante.

57

ÁQUILA CONSIGUIÓ EL CENSO ECUESTRE

Gabinia transformó a Áquila de Pólux en Cástor:

había sido «un buen boxeador», ahora será «un caballero» 102 .

58

A GALA, QUE QUIERE CASARSE CON UN HOMBRE DE VERDAD

Ya te has casado, Gala, con seis o siete maricas,

cuando te gustan demasiado el pelo y la barba peinada.

Después, tras probar la hombría y que sus miembros parecidos a

un cuero mojado no se empinan ni obligados por tu mano cansada,

[5] abandonas los tálamos afeminados y a tu marido marica,

y de nuevo caes continuamente en lechos similares.

Busca a alguno que siempre hable de los Curios y de los Fabios,

con pelo en el pecho y fiero con dura rusticidad:

lo encontrarás; pero también la turba severa 103 tiene maricas:

difícil es, Gala, casarse con un hombre de verdad.

59

CECILIANO, GLOTÓN

No cena, Tito, sin Apro 104 mi querido Ceciliano:

Ceciliano tiene un bello convidado.

60

A JÚPITER

Guía venerable del palacio de Tarpeya 105 ,

a quien, salvado el emperador, consideramos Tonante,

si cada cual te acosa con votos para ellos

y te pide que le des lo que los dioses podéis,

no me tomes por soberbio, si no te pido,

Júpiter, nada para mí en mi súplica.

Por el César debo pedirte:

por mí debo pedir al César.

61

AL EMPERADOR DOMICIANO

Se había apoderado de la ciudad entera el buhonero temerario

y ningún dintel se mantuvo en sus propios límites. Has

ordenado 106 , Germánico, que crecieran los pequeños barrios y lo

que antes había sido una senda, se convirtió en una avenida.

[5] No hay ninguna pilastra rodeada de botellas encadenadas

ni se obliga al pretor a ir en medio del barro,

ni una navaja se saca ciegamente en medio de un gran gentío

ni negra freiduría ocupa toda la calle.

Barbero, tabernero, cocinero o carnicero respetan sus propios

umbrales: ahora es Roma, antes era una gran tienda.

62

CONTRA HAMILO, ASQUEROSO 107

Con las puertas de par en par atraviesas a adultos, Hamilo,

y quieres que te sorprendan, cuando lo haces,

para que no cuenten nada los libertos, los esclavos de tu padre

y un cliente funesto por su hipócrita garrulería.

[5] Quien da testimonio de que no le dan por el culo, Hamilo,

a menudo hace lo que hace sin testigo 108 .

63

SILIO, PRIMERO ABOGADO Y DESPUÉS POETA 109

Tú que lees los volúmenes imperecederos del inmortal Silio

y sus versos dignos de la toga latina,

¿crees que al vate sólo gustaron los retiros de Pieria

y las guirnaldas báquicas de la cabellera aonia? 110

[5] No tocó el oficio sagrado del coturnado Marón antes

de cumplir con la obra del gran Cicerón 111 .

Todavía a éste le admira la pesada lanza 112 de los centúnviros,

de éste hablan muchos clientes con palabras de agradecimiento.

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