Buch lesen: "Un año en quince minutos: pieza en un acto"
Manuel García González
Un año en quince minutos: pieza en un acto

Publicado por Good Press, 2019
EAN 4057664112156
Índice
UN AÑO EN QUINCE MINUTOS.
ACTO ÚNICO.
ESCENA PRIMERA.
ESCENA II.
ESCENA III.
ESCENA IV.
ESCENA V.
ESCENA VI.
ESCENA VII.
ESCENA VIII.
ESCENA IX.
UN AÑO EN QUINCE MINUTOS.
Índice
PIEZA EN UN ACTO,
ARREGLADA Á LA ESCENA ESPAÑOLA
POR DON MANUEL GARCÍA Y GONZALEZ.
Estrenada con general aplauso en el teatro del Instituto, á
beneficio del primer actor don Antonio Alverá el 12 de
agosto de 1852.
TERCERA EDICION.

Nº 188.
SALAMANCA:
ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE OLIVA, RUA, 25
1863.
Esta obra es propiedad de DON JOSÉ GARCÍA DE SOLÍS que perseguirá ante la ley al que sin su permiso la reimprima, varie el título ó represente en algun teatro del reino ó en alguna sociedad de las formadas por acciones, suscripciones ó cualquiera otra contribucion pecuniaria, sea cual fuere su denominacion, con arreglo á lo prevenido en las Reales órdenes de 5 de Mayo de 1837, 18 de Abril de 1839, 4 de Marzo de 1844 y Ley sobre la propiedad literaria de 10 de Junio de 1847, relativas á la propiedad de obras dramáticas.
Se considerarán reimpresos furtivamente todos los ejemplares que carezcan de la contraseña reservada, que distingue á los legítimos.
| PERSONAS. | ACTORES. | |
| DON LUIS. | D. Antonio Alverá. | ||
| JULIA | D.ª Rita Revilla. | ||
| DOLORES, criada. | D.ª Manuela Bueno. |
La escena es en Madrid.
ACTO ÚNICO.
Índice
Salon amueblado con lujo: puerta al foro y laterales: á la izquierda una ventana; á la derecha y en primer término, chimenea con espejo encima. Mas allá de la chimenea una mesa de escritorio. A la izquierda un velador con recado de escribir. Dos butacas al lado de la chimenea. Sillas al rededor de la mesa y del velador.
ESCENA PRIMERA.
Índice
JULIA.—DOLORES.—La primera estará sentada al lado de la chimenea leyendo. La segunda aparece en la ventana de la izquierda mirando hácia la calle.
Julia. Qué haces, Dolores?
Dolor. Nada, señorita; estaba arreglando los visillos.
Julia. No sé qué te se ha perdido ahí; nunca te apartas de la ventana: en todo el dia haces otra cosa, y ya sabes que eso no me gusta.
Dolor. Pues ahora, señorita, ha sido una casualidad.
Julia. Quiero que te llegues á la librería, á ver si ha salido la última entrega de esta obra: en ella tal vez encontraré los pormenores de la desgraciada muerte de mi pobre hermano, víctima de la desastrosa guerra civil. Dícese que ha sido escrita por uno de los testigos presenciales que se hallaban en el ejército de la Reina. Quisiera conocerlo! (Vuelve á leer).
Dolor. (Mirando el libro por detrás de la silla).«Página 114.» Cómo, señorita! Está usted todavía en el mismo pasage al cabo de tantos dias? En la toma de Morella?...
Julia. Si, quiero aprender de memoria hasta los menores detalles de aquella reñida lucha, que tantas lágrimas costó, y que tan estéril fué para algunos.
Dolor. Vaya, vaya!... Olvide usted eso, señorita, y haga por distraerse: ya sabe lo que dice el refran: «lo que no tiene remedio, olvidarlo es lo mejor.» Mire usted, no sé en qué consistirá, pero lo cierto es que desde que hizo usted el último viaje á Sevilla, me parece que no es usted la misma: antes tan alegre... ahora siempre triste.
Julia. Yo triste? No lo creas. (Aparte). Tiene razon, no puedo olvidar á aquel jóven.
Dolor. Vamos, señorita; esas cosas nunca se pueden ocultar por mucho disimulo que se tenga. Habrá acaso algun caballerito?...
Julia. Quieres callar, tonta? Ya sabes que mi tio me ha mandado llamar á Valencia, y que dentro de dos semanas tenemos que ponernos en camino. Hace cerca de tres años que murió mi esposo, y desde entonces, te lo juro, no he vuelto á mirar á ningun hombre á la cara.
Dolor. Y por qué?
Julia. Porque no quiero volverme á casar; porque no puedo ver á los hombres; porque todos son iguales; y en fin, porque si yo volviese á querer á alguno, de lo que Dios me libre, habia de ser con la condicion de que no se pareciese á nadie.
Dolor. Cosa muy difícil, señorita.
Julia. En primer lugar, si empezaba por hacerme la córte, le despediria acto contínuo; y si tenia la nécia pretension de solicitar mi mano sin hacerme la córte, le daba calabazas.
Dolor. Pues entonces...
Julia. Será un capricho; pero para agradarme, habia de hacer en un cuarto de hora lo que todos hacen en dos ó tres años: es decir, habia de proceder de un modo hábil, discreto, y sobre todo muy breve, sin rodeos, y sin perder un momento: ya sabes que mi genio es como una pólvora.
Dolor. Es verdad, señorita; aquí estoy yo que lo puedo decir.
Julia. Pero vamos, qué haces que no vas á lo que te he dicho? Ah! has puesto papeles en el balcón?
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