Buch lesen: "Casiopea y la bóveda celeste"

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LAUTARO MAZZA

Casiopea y la bóveda celeste


Mazza,Lautaro

Casiopea y la bóveda celeste / Lautaro Mazza. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-87-2297-9

1. Novelas. I. Título.

CDD A863

EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA

www.autoresdeargentina.com info@autoresdeargentina.com

Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina – Printed in Argentina

Dedico este libro a mi familia, pareja y amigos, pero en especial a mi viejo, que durante toda su vida me ayudó a ser quien soy, me guio y me educó de manera fenomenal. Gracias, viejo, nunca me voy a olvidar de lo que me contaste unos años atrás, hoy reafirmo que ya nos conocíamos de otra vida, de otro tiempo.

¡Gracias!

Tabla de contenidos

1  AGRADECIMIENTOS

2  CUIDADO

3  INSTRUCCIONES

4  G É N E S I S

5  E L D O N

6  C R Í M E N E S

7  L A B Ú S Q U E D A D E L T E S O R O

8  A N D R Ó M E D A

9  E L T E M P L E T E G R I E G O

10  E L R E O

11  L A L U Z M A L A

12  E L C A S C O H I S T Ó R I C O

13  E L N A C I O N A L B U E N O S A I R ES

14  L A I S L A D E S A N B R A N D Á N

15  U N A M I G O D E O T R O M U N D O

16  LA C.R.A.D.E.M.

17  P E L I G R O

18  E L P A L A C I O H I R S C H

19  L A S B R U J A S D E Z U G A R R A M U R D I

20  E L P A L A C I O D E S E G U R I D A D M Á G I C A

21  E L Y A S Y Y A T E R E Y L A S T I E R R A S C O L O R A D A S

22  S T E L L I U M

23  P R U E B A S

24  2 0 D E E N E R O

25  A B R A D E L A V E N T A N A

26  B U E N O S A I R E S F A N T A S M A

27  E L D E S V Í O

28  M I S T E R I O S A B A R C E L O N A

29  LUPUS IN FABULA

30  EL ACERTIJO

31  LA CARTA SIETE. EL ÚLTIMO JUEGO

32  EL PRINCIPIO DEL FIN

33  CÚPULAS

34  EL FIN DEL MUNDO. PARTE UNO

35  EL FIN DEL MUNDO. PARTE DOS

36  NESSUN DORMA

37  FIAT LUX

Landmarks

1 Table of Contents

AGRADECIMIENTOS

Gracias a todos los que siempre me prestaron sus oídos y tiempo para contarles sobre esta loca historia llena de magia y extraños personajes en la ciudad de Buenos Aires.

CUIDADO

Estás a punto de ingresar en un mundo donde no todo es lo que parece, a partir de ahora, las puertas de la percepción y el tiempo están abiertas, un viaje a través de lo desconocido que dejará una enseñanza que perdurará para toda la vida, una vez que se comprendan los siete principios básicos, nada será igual, atención, este no es cualquier libro.

¿Alguna vez deseaste algo y se terminó cumpliendo? ¿Alguna vez diste, y recibiste el doble? Nuestros pasos por este universo son medidos a la perfección, y así también las acciones que desencadenamos día a día, ya sean buenas o malas, todo está conectado, todo tiene sentido y todo tiene un efecto. Este libro tiene la capacidad de abrirle la mente al lector e impulsarlo a romper las barreras para comenzar a mirar más allá.

El universo posee una fuente vital de energía que lo recorre a lo ancho y a lo largo, de arriba abajo, a esa energía muchos la conocemos como MAGIA.

Este libro guarda muchos secretos. No solamente conocerán a su protagonista y las historias que marcarán su vida, sino que cada vez que recorran las ciudades de Buenos Aires o Barcelona encontraránMAGIA alrededor.

“Hola, soy el oráculo, antes de comenzar con la lectura, te invito a que completes los siguientes ítems, los cuales pasarán a formar parte de la ficha técnica de los iniciados, recordá que a partir de ahora todas tus acciones y emociones van a ser monitoreadas.

La energía que maneja este misterioso libro es única, aprovechala”.

INSTRUCCIONES

• Leer los primeros capítulos de noche.

• Dejar el libro a la luz de los astros sol y luna.

• Nunca leerlo en noches de tormenta.

• Nunca leerlo en noches sin luna.

• A mitad del viaje está permitido leer de día.

• Una vez por semana mirar el atardecer.

• Una vez por semana sentir el viento.

• Una vez por semana sentir la calidez del sol.

• Una vez por semana agradecerle a la vida.

• Mantener la mente abierta.

G É N E S I S

Corría 2004 cuando una tormenta se había desatado sobre la ciudad de Buenos Aires, la abundante e incesable lluvia caía sobre todo el territorio, algunas calles estaban completamente inundadas, el viento había causado estragos. Su intensidad fue tal que algunos autos tuvieron la mala suerte de ser aplastados por las ramas que no pudieron resistir tanta violencia. Los cristales estallados de las ventanas de los autos adornaban las calles como purpurina plateada. Grandes descargas eléctricas volcaban toda su energía en los pararrayos y antenas de los más altos edificios de la zona, mientras que los truenos hacían temblar todo. Algunos colectivos parecían barcos al pasar por las calles llenas de agua, ya que generaban un oleaje que rompía contra las casas.

El insomnio había atacado a Marina, el ruido que ocasionaba el temporal no la dejaba dormir, suspiró y con cautela se sentó en la cama. Era de noche y no quería despertar a su esposo, una prominente panza llena de vida se podía ver a simple vista, su largo pelo le tapaba los hombros y con un movimiento circular se acariciaba la panza, por lo bajo cantaba un a ro, a su lado dormía Marcelo que entredormido le preguntó:

—Maru, ¿estás bien? –Ella lo miró y con una dulce voz le pidió que se vuelva a dormir que todo estaba bien. Lentamente giró sus piernas y las dejó colgando al borde de la cama, como si estuviera en un juego de kermés, atinó a colocarse las pantuflas moviendo los pies tratando de embocarlos en los orificios. Una vez calzada, se paró y caminó hasta la ventana corrió la cortina y en un tono muy bajo dijo:

—Cómo llueve, este clima cada vez está más loco. –Un relámpago alumbró la penumbra de la habitación y la idea de un mate en la madrugada se había hecho presente.

Marina bajó las escaleras y fue a la cocina. Un velador alumbraba la alacena y parte del anafe, tomó la yerba y el azúcar. Mientras se calentaba el agua ella ojeaba una revista de espectáculos que había traído la mejor amiga de su madre.

—Qué grandiosa la farándula argentina, nunca un talento –Con su mano derecha agarró la revista y, cuando la quiso apartar, una carta se había caído de entre las hojas, sorprendida la tomó y la dio vuelta, era una carta de tarot, para ser más específico, era la carta del Mago, un arcano mayor. Su madre y la amiga solían tirar las cartas y “predecir” el futuro, ella nunca creyó en esas cosas, pero su madre decía frases como Las brujas no existen… Pero que las hay las hay… Sin tanta importancia agarró el mate y colocó la yerba dentro, el volátil polvillo casi invisible se elevó por el aire ingresando en las fosas nasales de Marina–. ¡Achús!

A Marina le daban pánico los estornudos, sentía que se desarmaba cada vez que el espasmo de aquella reacción la sacudía de manera violenta recorriendo su cuerpo. El agua estaba lista, tomó la pava y se dispuso a tomar el primer mate de la madrugada. Con su cara expresó un sentimiento de ardor y urgencia, tragó con dificultad y relajó, en ese instante nuevamente una luz desplazó la penumbra de aquella oscuridad y un trueno la dejó sorda, debido a la intensidad del ruido Marina pegó un grito, la luz se había ido por unos segundos, y para empeorar la situación, había roto bolsa, las contracciones comenzaron a dar señales de que estaba a punto de dar a luz.

—¡Marcelo! ¡Por favor! ¡Ayudame! –gritó desesperada al ver que estaba a oscuras, sola y por parir, afuera la tormenta no daba tregua. Marcelo salió disparado de la cama al escuchar los gritos de su mujer, las pisadas no tardaron en sentirse, bajó con su celular en mano y al alumbrarla observó que estaba toda mojada.

—No… decime que no.

Una expresión de terror se apoderó de él. Claro, padre primerizo y ya estaba en apuros

—Pensé que iba a ser de otra manera.

—No sé de qué manera hablás, pero vamos al hospital. ¡YA!

Caminaron juntos hasta el garaje y notaron que una rama del árbol de la casa de junto había caído justo en su portón.

—Esto es una pesadilla –refunfuño Marcelo. Marina por otro lado estaba apoyada contra la puerta y se agarraba fuerte la panza, estaba retorciéndose de dolor.

—Marcelo, vamos en taxi, olvidate del auto.

Con lo puesto Marcelo salió a la calle en plena tormenta y en la esquina de Julián Álvarez y Castillo apareció un taxi como por arte de magia, Marcelo le hizo señas y lo frenó.

—Señor, por favor, mi mujer está por dar a luz, necesitamos ir al Sanatorio Güemes urgente. –El agua de la intensa lluvia recorría las facciones de la cara de Marcelo. El taxista sin dudarlo le dijo que se subieran. Marina se subió como pudo y los tres emprendieron viaje al sanatorio. Durante el trayecto Marina no paraba de quejarse, los dolores la atormentaban y el pensamiento de parir en un taxi en medio del temporal cada vez cobraba más fuerza. Marcelo tomó de la mano a Marina y trató de calmarla con su mirada.

—Amor, ya vamos a llegar, no estamos lejos, respirá. –En un juego de cómplices miradas, Marina recordó el día de su boda y una sonrisa se manifestó en su cara.

—Parece la noche de nuestro casamiento… Te amo.

El taxi no paraba de dar vueltas, muchas de las calles estaban cortadas, y el chofer en un intento de valentía decidió arriesgarse un poco y tomó una calle inundada. Marina al observar la acción se preocupó y vio algo que le pareció muy llamativo, el agua no tocaba el auto, era como si hubiera una barrera, entrecerró los ojos, y pensó que seguro estaba mareada y veía mal

—¿Qué pasa si nos quedamos? Por favor apúrese, señor. –El auto había salido casi seco de esa calle. De a poco se empezaban a ver las luces del Sanatorio, el limpiaparabrisas no daba abasto, el agua parecía provenir de una cascada. Marcelo sacó doscientos pesos y le pagó al taxista más de lo que valía el viaje. Los dos ingresaron a la guardia empapados. Una enfermera rellenita de pelo rubio y ojos marrones estaba de turno, con rapidez le acercó una silla de ruedas para que se relajara un poco.

—Buenas noches, soy Noelia. ¿Cómo se siente?, ¿cuándo empezaron las contracciones?

Marina estaba pálida, sus ojos miraban para todos lados sin entender lo que pasaba, las luces la encandilaban y podía hablar muy poco. Parecía que la tensión del momento le había bajado de repente. La ingresaron a la sala de partos y dos médicos cirujanos frenaron a Marcelo antes de entrar.

—Hasta acá, señor, del resto se encarga el equipo médico, le voy a pedir por favor que espere afuera.

Marcelo se quedó inmóvil, sus ojos llenos de preocupación veían cómo se cerraban en cámara lenta las puertas de aquella sala, dio unos pasos hacia atrás y sin querer se chocó con una señora alta de ojos color miel atigrados, parecía una pantera, estaba vestida con una especie de capa negra y un turbante, su maquillaje muy ochenta había cohibido a Marcelo.

—Pe Perdón, señora, no la quise empujar.

La dama en cuestión lo miró y le dijo con voz gutural de fumadora:

—No se preocupe, joven, no es nada.

Dentro de la sala de parto, Marina ya había vuelto en sí y estaba lista para dar a luz, con ayuda de las enfermeras y las doctoras de a poco iba dilatando, dos chicas le sostenían sus manos, mientras las otras dos iban ayudando desde la punta de la camilla.

—Vamos, madre, hay que pujar. –Marina con su cara colorada y ardida, parecía que intentaba inflar un globo, inhalaba y exhalaba de manera frenética. De a poco de entre sus piernas flexionadas, asomaba una cabeza–. Vamos que ya sale, vamos, mami –arengaban las enfermeras. Unas gotas de sudor recorrían la cara de Marina y de a poco se fue sintiendo más aliviada…

Fuera de la sala de partos la temperatura había descendido más de lo normal. Marcelo miró con vergüenza a la señora.

—Gracias es que est… –La mujer lo interrumpió:

—¿Está a punto de ser papá, no?

Él la miró asombrado y le dijo:

—Sí, ¿cómo lo supo? –La luz de aquel pasillo parpadeó y Marcelo miró para todos lados, parecía una discoteca. La voz de la señora no tardó en responder.

—Va a ser una linda niña –Las cejas de Marcelo se arquearon y casi le pregunta a la señora cómo sabía que esperaban una beba Pero la señora susurró.

—Más sabe el diablo por viejo que por diablo… –La mujer echó una carcajada risueña y buscó asiento en aquel frío pasillo, Marcelo en ese momento la miró y forzó una sonrisa, estaba incómodo, nunca antes se había sentido invadido de esa manera. Parecía que la mujer se había metido en su cabeza.

En el momento en que Marina había dado a luz, un rayo cayó sobre el hospital y un apagón dejó a la comuna de Villa Crespo a oscuras, un llanto agudo surgió entre medio de la oscuridad y automáticamente el grupo electrógeno del sanatorio se había activado, la luz no tardó en llegar a la sala de parto. Los ojos de Marina se llenaron de lágrimas al ver que una hermosa beba había venido a cambiar su mundo, ya no serían dos

La enfermera que los había recibido se acercó a Marcelo y le dijo el número de habitación a la que habían llevado a su esposa y a su hija. Por educación volteó para saludar a la señora, pero ya no estaba Se sintió extraño por unos segundos, pensaba a dónde se podría haber ido.

—Señor, acompáñeme así lo guío hasta la habitación. –Sin más que hacer en aquel desolado pasillo, Marcelo y la enfermera se dirigieron a la habitación 1081. La puerta se abrió y en la cama se encontraba Marina con su hija en brazos, la enfermera se despidió y antes de cerrar la puerta les dijo–: Felicitaciones, familia. –Marcelo se acercó a la cama y comenzó a llorar de felicidad, la espera había terminado, se inclinó y besó en la frente a Marina.

—Te amo, hola, hija, soy papá –Los pequeños ojos de la bebé todavía no se abrían, pero sonreía y eso les llenó el corazón de amor y felicidad a los dos Pasaron la noche en el hospital hasta la mañana siguiente. El doctor de cabecera examinó a Marina, a la beba y satisfactoriamente les dio el alta.

Los tres tomaron un taxi y se dirigieron a su casa, esta vez el trayecto fue corto, dentro del auto solo se respiraba felicidad y el daño que había ocasionado la tormenta pasaba desapercibido para aquellos dos padres primerizos y esa bebita recién nacida. El taxímetro marcaba setenta pesos, pero Marcelo agarró cien y con una sonrisa le dijo al chofer–: Guarde el cambio.

La mañana era fría a pesar de estar en pleno verano, los dos se bajaron del auto y antes de entrar a la casa, se percataron de que la rama del árbol, ya no estaba… Marcelo abrió la puerta de entrada y Marina le dijo a la beba:

—Bienvenida a casa, Casiopea…

E L D O N

Los meses fueron pasando y los padres notaron que su hija tenía algo que la hacía única, eran sus ojos. Casiopea padecía heterocromía, una rara mutación genética que produce que los ojos sean completamente diferentes, en este caso un color turquesa teñía su iris del ojo izquierdo y un color ámbar el derecho, sus abuelos no tardaron mucho en ir a conocerla. Al año los padres de Marina habían viajado de Barcelona a la Argentina para conocer a su nieta Casiopea. Desde el primer instante en que la vieron y la tuvieron en brazos sabían que era una bebita muy especial.

Era tanta la alegría que tenían que ya estaban planeando llevarla a conocer Barcelona. Por otra parte los padres de Marcelo también estaban obnubilados con Casio. Pasaron los años y Casiopea comenzó a viajar de muy pequeña en avión, pasó mucho tiempo yendo y viniendo entre la Argentina y España. Tenía una relación increíble con sus abuelos, ellos le enseñaban de todo y ella con gran agilidad aprendía rápido, muy rápido. A los cuatro años ya hablaba español y un poco de catalán, le encantaba pintar y solía tener amigos imaginarios a donde quiera que iba A los ocho años ya había aprendido a hablar en inglés, tenía facilidad para los idiomas, pero también tenía habilidad para otras cosas Ella tenía sueños premonitorios y la mayoría de las veces atinaba, pero otras no… En algunas ocasiones les contaba a sus abuelos que cuando los extrañaba se tiraba en la cama, se dormía y los visitaba. Los cuatro abuelos sabían que Casiopea tenía cualidades únicas. Ella podía hacer cosas que otros no, pero al ver la velocidad con la que su magia se desarrollaba decidieron por el momento que lo mejor era que esas habilidades quedaran adormecidas, así que por seguridad idearon un plan.

Además de esa extraña mutación genética, Casio a partir de los 4 años había comenzado a presentar una seguidilla de comportamientos extraños, los cuales no solo la alcanzaban a ella, sino que también surtía efecto en el mundo que la rodeaba. Una noche Marina estaba doblando ropa en su habitación y sintió voces, pensó que era la TV de Casio, por lo general siempre estaba encendida. Las palabras sueltas y las risas provenían de la habitación de su hija y sigilosamente dejó de hacer lo que estaba haciendo para salir al pasillo y acercarse en puntas de pie al cuarto de Casio. Al abrir la puerta suavemente como una espía se quedó quieta sin emitir palabra, por la brecha se podía ver la acogedora habitación de Casiopea, la cual estaba pintada de violeta y blanco, una lámpara proyectaba formas de estrellas y lunas contra la pared de su cama y alcanzaba parte del techo, había juguetes por todos lados. Lejos de estar viendo la TV, Casio estaba en la otra esquina de la habitación sentada cruzada de piernas, con su cabeza inclinada.

En ese rincón la luz casi no llegaba, la pequeña miraba el techo en la conjunción de la esquina y hablaba cosas sin sentido, algunas palabras eran irreconocibles y se reía como si estuviera viendo un número de comedia, ella decía:

—Bajá, Melia. Bajá. –Repentinamente se dio vuelta, miró a su madre y se revolcó en el piso riéndose como loca, extendió sus manos y le pidió un abrazo. Marina abrió por completo la puerta y sin dudarlo la levantó a upa y le hizo cosquillas en la nariz.

—¿Con quién hablabas, Casi?

—Con la “señoda” Melia. –Marina la miró y le preguntó si era otra de sus amigas imaginarias... Pero Casi no dijo más nada, se quedó callada y comenzó a jugar con su pelo. Mar no le dio mucha importancia, pero sintió un escalofrío al ver que su hija le estaba hablando a la oscuridad…

Otra de las experiencias inusuales se dio cuando su padre la llevó por primera vez a comer helado.

Mientras viajaban en el auto hacia la casa de los helados, Casio repetía cuatro números todo el tiempo, cuatro, seis, nueve, uno... Cuatro, seis, nueve uno… Marcelo se reía porque parecía una contestadora telefónica. Al llegar los dos caminaron de la mano hasta la puerta, donde se toparon con unas mesitas y unas señoras muy coquetas sentadas.

Una de ellas se bajo sus gafas de sol y miró a Casiopea.

—¡Qué linda nena! –Marcelo largó una carcajada de compromiso y agradeció el cumplido, la pequeña mano de Casio tiró de las mangas del suéter de su padre y le señaló la dirección… 4691, Marcelo nunca le había prestado atención a la altura de la calle, solo se había guiado por su memoria visual, pensaba que ella había visto alguna dirección en algún imán de la heladera, ya que siempre andaba hurgando por todos lados. Entraron de la mano y caminaron hasta un hermoso mostrador de madera color roble claro, un vidrio separaba al público de los helados y Casio en puntas de pie intentaba ver qué había ahí dentro, de pronto sus ojos se abrieron bien grandes observando los intensos colores de los helados, parecía una paleta con acuarelas.

Un empleado extrovertido no tardó mucho en caer hipnotizado por los increíbles ojos de Casiopea,

Parece un siberiano, pensó.

—Hola, ¿qué van a llevar? –Antes de que su padre emitiera una palabra, Casio abrió su boca, apuntó con su dedo y le dijo:

—Papá, dulce “leleche”, chocolate y pistacho y yo “furutilla”, limón y chocolate... –Marcelo desconcertado volvía a forzar una sonrisa.

—Ya la escuchaste… –Sacó su tarjeta de débito y pagó los helados. Los dos se sentaron en un cómodo sillón de color azul noche, debajo de un cartel de neón en forma de cucurucho.

—Despacito, está muy frío y te podés congelar. –Casi lo miró y se echó a reír.

—¿Cómo me voy “gelar”? –Sin mucha importancia a la advertencia de su padre probó un gran bocado y con una expresión enfática apretó sus pequeños dientes de leche, abrió los ojos y sus manos temblaron, parecía que estaba dentro de un cohete espacial en pleno despegue. Marcelo la miró y le dijo:

—¿Viste?... –La sensación de a poco fue desapareciendo y el helado había sido una experiencia increíble, era un viaje de ida, la mezcla de los tres sabores habían deleitado el novato y joven paladar de Casio. Al terminar se dirigieron a los lagos de Palermo. Para Marcelo el ejercicio de manejar era casi terapéutico, el día era espléndido, el sol brillaba y en la radio sonaba “20 de enero” de la Oreja de Van Gogh, fecha en la que había nacido Casio. El recuerdo de la misteriosa señora en el pasillo del sanatorio cobraba protagonismo, no solo por la canción sino también por la situación en la heladería, por segunda vez en su vida alguien se había metido en su cabeza, pero esta vez ese alguien había sido su hija. Esa noche Marcelo y Marina estaban acostados haciendo zapping, ninguno emitía una palabra pero sus gestos manifestaban todo lo contrario, las miradas iban y venían, hasta que Marina no aguantó más y largó:

—Tenemos que hablar. No es nada malo pero creo que Casio tiene algo… –Marcelo la miró a Marina con ojos de pekinés–. Sí, no me mires así, antes de ayer mientras mirábamos el noticiero y estaban por dar el pronóstico del tiempo, ella se adelantó y dijo que hoy iba a estar soleado y que mañana iba a llover, y la chica del clima usó las mismas palabras. –Marcelo miró a un costado y le dijo:

—Bueno, hoy pasó algo parecido. –Él le contó la situación que había vivido en la heladería, por ende tuvo que contarle lo sucedido hace 4 años atrás, la noche en que había nacido Casio. La luz titiló y ambos se quedaron a oscuras, de inmediato Marcelo se acercó a la ventana para ver si eran ellos los que no tenían luz o era el barrio completo, Marina se dirigió al cuarto de Casio y antes de entrar, observó que una luz muy brillante se colaba por debajo de la puerta, lo primero que se le vino a la mente era que se estaba prendiendo fuego el cuarto de su hija, pero no había humo, sin pensarlo y con un gritó de “¡NO!”, abrió la puerta… no podía acreditar lo que veía, su habitación aún poseía electricidad y mucha, tanto que en un punto a Marina le costaba mantener los ojos abiertos.

—Marcelo, al escuchar el grito, de inmediato arribó al cuarto de Casio y sorpresa, las luces estaban prendidas. Era el único lugar de la casa donde había luz, ambos se miraron y se acercaron a Casio, ella se encontraba en su cama rodeada de sus peluches y toda tapada, tenía miedo, su cara lo decía todo, su padre se sentó en la cama y le preguntó.

—Amor, ¿vos hiciste que se vaya la luz? –Ella tímidamente le dijo:

—Sí. Hay una “señoda” sentada en el “rompero” comiendo pan y como me dio miedo llamé a todas las luces. –Marina aterrada miró el ropero y no veía nada, Marcelo con cara de preocupación la alzó a upa, una vez fuera, las luces de la habitación se habían apagado como una vela, pero las del pasillo se habían encendido. Casio era como una linterna humana, de alguna manera había aprendido a controlar los flujos de energía y podía hacer que la luz solo la siga a ella, manejaba muy bien a los elementales del fuego, las chicas se quedaron juntas mientras que Marcelo, había ido a la planta baja a reestablecer la electricidad, pero para su sorpresa el tablero estaba okey… Casio en voz baja dijo la palabra lux (lucs), luz en latín, y aunque su pronunciación era bastante rudimentaria, la palabra surtió efecto De los veladores y las luces de techo comenzaron a desplazase pequeñas esferas lumínicas por toda la habitación de sus padres, parecía una galaxia. Cada esfera de luz estaba Regresando a su posición

—¡Chicas, volvió la luz! –Marina con una mezcla de sentimientos encontrados abrazó fuerte a Casio y dijo:

—¡Sí! Y cómo… –De alguna manera dejó escapar algunas lágrimas, quizá de emoción, quizá de miedo.

Esa noche la única que pudo dormir fue la pequeña Casio, sus padres no pudieron pegar un ojo. Era evidente que Casiopea tenía un don y sus habilidades conforme iba pasando el tiempo se iban incrementando, generalmente sucede lo contrario, a medida que crecemos el efecto va desapareciendo…

El cumpleaños de Casi había llegado, todos estaban reunidos en su casa, abuelos, tíos y algunos amiguitos del jardín.

Había globos violetas y azules por todos lados, guirnaldas plateadas y doradas colgaban de los techos, la mesa estaba repleta de cosas ricas, había para elegir, snacks, sándwiches de lomito, queso, y demás gustos. Casio y sus amigos estaban todos disfrazados de superhéroes, princesas y hasta piratas, una animadora propuso una decena de juegos para animar las cinco horas que había durado el cumpleaños, esa tarde la casa se había llenado de risas y felicidad. De todos los que estaban allí, solo los abuelos podían sentir la potente energía que emanaba Casiopea, ellos sabían bien que su nieta era especial, los cuatro se apartaron y salieron al patio para poder conversar con más tranquilidad.

Eleonora fue la primera en hablar, con un tono serio se refirió a la situación actual de la Argentina.

—Todo está tranquilo, por el momento, nosotros podemos hacernos cargo… –Lito miró a Eleonora y con su mano le hizo un gesto para que hable más bajo y le dijo:

—Sí, pero esto se tiene que terminar acá, no hay necesidad por ahora que siga incrementando su poder. –Maricarmen asintió.

—Hace tiempo que ellos vienen soportando estos fenómenos, debéis comprender que ni de coña la niña debe despertar por completo ahora.

—Eso seguro, afectaría por completo su psiquis –dijo Paco. Eleonora miraba por el ventanal aquella escena repleta de felicidad, los niños bailaban y cantaban, Casio llevaba un sombrero de bruja y una varita mágica que sacudía sin parar.

—Mirad a la pequeña hechicera. –Los cuatro se echaron a reír, Paco discretamente apuntó su mano contra el ventanal y con los dedos mirando al piso susurró en griego: stamatíste ti stigmí. Automáticamente el tiempo se detuvo, los gritos y risas descontroladas cesaron, el cumpleaños había quedado en pausa, todo se había vuelto más rígido, salvo por una chistosa voz que se hizo presente.

—¿Acaso no me van a invitar? –Cristal Anestiades se había hecho presente, era la mejor amiga de los cuatro y madrina de Marina.

—Casiopea necesita descansar y sus padres también, cuando el momento lo amerite ella va a despertar. –Paco la miró y le dijo:

—Tienes razón, las cosas están tranquilas de momento, el comité reforzó los puntos más sensibles. –Maricarmen los miró y les contó las malas nuevas.

—En Barcelona hace tres días han desaparecido tres niños. Todos con las mismas cualidades que posee Casio, pedimos ayuda al centro de Zugarramurdi pero no tuvimos respuesta, ni desde el organismo presidencial supieron qué decir.

Los cinco se lamentaron, sabían que, aunque las cosas iban bien en la Argentina, no podían dormirse en los laureles, estaban viviendo épocas de cambio y algunas cosas se podían salir de control en un abrir y cerrar de ojos. La desaparición de esos tres niños era un grave llamado de atención… Por otro lado Cristal volvía a redireccionar el tema de la reunión.

—Tenemos que empezar a trabajar en la caja, el libro ya está listo. –Eleonora entusiasmada le comentó que habían hecho un hallazgo fenomenal, habían encontrado una caja muy particular, que había sido construida por el astrólogo, alquimista y astrónomo Claudio Ptolomeo, descubridor de la constelación de Casiopea–. La caja tiene el poder de guardar experiencias y magia, mucha magia, es un oráculo, un reservorio de energía de proporciones siderales, es uno de los artefactos mágicos más buscados, encontramos la caja del almagesto… Maricarmen miró a Cristal y asintió.

—Así es, la condición para hacer uso de la caja tiene un precio, debemos entregar nuestras vidas, ahora ellas están marcadas por nuestras estrellas del destino, sabemos que nos queda poco tiempo Una vez que abordemos ese avión pasaremos a ser parte de esa constelación.

—Sí –dijo Paco.

—Lito está en lo cierto, vosotros sabéis que una vez que el ciclo se cumpla, guiaremos a Casio desde lo más alto, brillando con la energía de mil soles, sé que nuestra partida va a doler. –Eleonora abrazó a Maricarmen–. Es nuestra misión, esta noche debemos borrarles la memoria y adormecer la magia que reside en Casio… –Cristal se puso a llorar, sacó un pañuelo de su bolsillo y se sonó la nariz…

—Son los mejores abuelos del mundo, les prometo que voy a hacer lo posible por aliviar el dolor de su partida en toda la familia.

€4,99
Altersbeschränkung:
0+
Veröffentlichungsdatum auf Litres:
15 November 2024
Umfang:
631 S. 3 Illustrationen
ISBN:
9789878722979
Rechteinhaber:
Bookwire
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