Buch lesen: "Ciropedia"

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 108


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por EMILIO CRESPO GÜEMES .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1987.

REF. GEBO221

ISBN 9788424931421.

INTRODUCCIÓN

1. PRIMERA APROXIMACIÓN A LA OBRA

Es evidente que el título, Ciropedia o Educación de Ciro 1 , se ciñe solamente al libro I, ya que el resto de los libros tienen por objetivo presentar el ideal de caballero y soberano a partir de la figura ejemplar de Ciro. No obstante, Jenofonte, en el Proemio (I, 1, 6), establece tres aspectos fundamentales de su investigación sobre gobernante tan excepcional: linaje, cualidades naturales y educación. El autor se compromete a representar, en primer lugar, el devenir de su héroe (libro I); en segundo lugar, su modo de actuar, entendido como producto de ese devenir (libros II-VIII), poniendo de manifiesto que la personalidad del héroe no es más que el resultado del germen de su juventud. El título adquiere, por tanto, su total significado referido al conjunto de la obra 2 , que constituye una asistemática Summa de las ideas de su autor sobre educación, caza, equitación, política, moral y arte militar, que el propio Jenofonte había plasmado o iba a expresar más sistemáticamente en tratados especializados.

El libro I comienza con un capítulo cargado de consideraciones filosófico-políticas, el Proemio, donde el autor reflexiona sobre las muchas dificultades que implica gobernar y concluye que tal tarea, aunque ardua, no es imposible, ya que existió un hombre que fue capaz de hacerse respetar y amar por los súbditos de su vasto imperio: el persa Ciro. — En I 2 se pasa a referir los orígenes de Ciro: sus padres, sus cualidades innatas y la educación que siguió, aspecto éste que Jenofonte describe en detalle aludiendo al sistema perfectamente organizado que, según él, imperaba en Persia y que se basaba en una división en clases por edades, cada una con sus respectivas obligaciones. — En I 3 y 4 se narra de un modo anovelado la estancia del niño Ciro en la corte de su abuelo, el rey medo Astiages; sus ingeniosas ocurrencias, el cariño por su abuelo y por sus amigos, su paso a la adolescencia acompañado de dos experiencias que intencionadamente aparecen yuxtapuestas: su primera asistencia a una cacería y su primera participación en una empresa guerrera con una brillantez extraordinaria 3 , y, finalmente, su partida de Media rodeado del cariño de todos. — A su vuelta a Persia (I 5), Ciro prosigue su formación cívica y moral, distinguiéndose de los demás jóvenes por su celo en el cumplimiento de sus deberes. Pasado algún tiempo, el joven príncipe debe salir al frente de un ejército de persas en auxilio de los medos que, una vez muerto Astiages y entronizado su hijo Ciaxares, son amenazados por el Asirio y sus aliados. En el camino hasta la frontera con Media, que abarca I 6 en su totalidad, el padre de Ciro, Cambises, expone a su hijo con todo detalle las cualidades que deben adornar a un buen jefe militar y los conocimientos indispensables para obtener el celo y la obediencia voluntaria de sus hombres, prestando especial atención al cuidado de su higiene, salud y condición física, pero, sobre todo, de su espíritu. Especial interés tienen los consejos para conseguir la superioridad sobre el enemigo, siendo lícito tenderle emboscadas y engañarlo por medio de todo tipo de trucos 4 .

Los libros II y III, hasta III 3, 9, forman una unidad que comprende los preparativos previos a la contienda y las campañas de Armenia y Caldea. Ciro se manifiesta ya con todo el carácter de un jefe: resolviendo el problema de la falta de contingentes por medio del equipamiento de los soldados ordinarios con el mismo armamento que los de élite, estableciendo el modo de vida en las tiendas, organizando concursos y otorgando recompensas para fomentar la emulación (II 1 y 3). No faltan las anécdotas, generalmente graciosas, de la vida cotidiana en el ejército (II 2), como la del comensal glotón, la compañía con excesivo celo o el feo amante de Sambaulas. A continuación se narra la campaña de Armenia y su sometimiento (II 4-III 1), que tiene su punto culminante en el dramático diálogo entre el hijo del Armenio, Tigranes, quien intenta justificar y salvar a su padre, y Ciro, que se muestra muy generoso con los vencidos. La expedición de Caldea (III 2) concluye con la paz propiciada por el arbitraje de Ciro entre armenios y caldeos.

La narración de la campaña de Asiria es mucho más extensa (III 3, 9-VII 5, 36), ya que ocupa la mayor parte de la obra. Comienza con los prolegómena: los preparativos, el discurso exhortativo, la discusión entre Ciro y Ciaxares sobre la táctica que hay que seguir (III 3, 9-55); prosigue con la marcha contra el enemigo y la primera batalla, que otorga la victoria a los persas (III 3, 56-IV 1, 18). Ante las reticencias de su tío, Ciro se ve obligado a emprender la persecución del enemigo sólo con sus hombres y algunos voluntarios medos (IV 1, 19-24). Acto seguido, los hircanios, aliados de los asirios, se pasan al bando de Ciro y con él consiguen la derrota total de aquéllos (IV 2). El proyecto y consecución de una caballería persa por parte de Ciro, que encuentra su ejército minimizado frente a los medos de Ciaxares provistos de ella, ocupan tres capítulos (IV 3-5), en los que también se aprovecha para contrastar las figuras de Ciaxares, incapaz y celoso del éxito de su sobrino, y Ciro, emprendedor y triunfante. — La acogida de dos desertores del Asirio, el anciano Gobrias (IV 6) y Gadatas, el príncipe castrado por el Asirio (V 3, 8), y el comienzo del relato de la bella princesa cautiva siempre fiel a su esposo, Pantea, que despierta una fogosa pasión en su vigilante, Araspas, ocupan el final del libro IV y la mitad del V, que continúa con enfrentamientos armados de menor importancia de Ciro y sus aliados contra el Asirio y los suyos (V 4), y el encuentro entre Ciaxares, más envidioso que nunca, y Ciro, quien acaba convenciéndolo de que deponga sus infundados recelos (V 5). — Los libros VI y VII, hasta VII 1, 2, refieren los preparativos para la batalla de Sardes: la discusión sobre la conveniencia de proseguir la lucha enfrentando de nuevo a Ciaxares, en contra, y Ciro, a favor (VI 1, 1-11), los planes para pasar el invierno (VI 1, 12-25), la mejora de la caballería y de los carros (VI 1, 25-30), la fabricación de torres móviles (VI 1, 52-55), los entrenamientos para la lucha (VI 2, 4-8), la organización para la batalla inminente (VI 2, 23-41), el orden de marcha (VI 3, 1-4) y las últimas exhortaciones e instrucciones de Ciro (VI 4, 12-VII 1, 22). A lo largo de esta extensa narración, de corte técnico-militar, reaparece esporádicamente la historia de la pasión de Araspas por Pantea, hecho que Ciro aprovecha para enviar a aquél como espía para averiguar la formación de los asirios y sus aliados, haciendo creer a todos que lo destierra en castigo por su vulgar comportamiento con la cautiva (VI 1, 31-44 y 3, 14-20). El romántico relato se ve enriquecido por el paso del esposo de Pantea, Abradatas, a las filas de Ciro (VI 1, 46-51) y culmina con la emotiva despedida de los esposos antes de que él salga a la lucha (VI 4, 2-11). — Desde VII 1, 24 a VII 5 los acontecimientos se suceden con rapidez: relato de la batalla de Sardes (VII 1, 23-35), muerte de Abradatas a manos de los egipcios (VII 1, 29-32), victoria de Ciro y conquista de la ciudad (VII 1, 36-2, 14), encuentro de Ciro con el rey de Lidia, Creso (VII 2, 15-29), y suicidio de Pantea (VII 3, 4-16). — A partir de VII 4 hasta VII 5, 36 se narra la marcha hacia Babilonia dejando sometidos los pueblos que atraviesan: Caria, las dos Frigias, Capadocia y Arabia (VII 4). Se describen con todo detalle los planes para la conquista de la ciudad, el desvio del cauce del río Eufrates, que atravesaba Babilonia, para hacerlo practicable a los hombres (VII 5, 9-25) y la toma de la ciudad (VII 5, 26-36).

A continuación, se presenta a Ciro ya como soberano: asentado en Babilonia (VII 5, 37-69), granjeándose el favor de sus súbditos y tomando medidas para mantener la unidad del Imperio sobre la base de la práctica de la virtud (VII 5, 70-86). El libro VIII comienza con la organización de la corte (VIII 1, 1-8), prosigue con la organización del imperio (VIII 1, 9-2, 28) controlada por un monarca absoluto, Ciro, por medio de una extensa red de funcionarios y espías —los «oídos» y los «ojos» del Rey—, pero siempre resaltando que tal absolutismo era querido por sus súbditos, entre los que gozaba de la máxima popularidad. El relato del desfile real con toda su magnificencia completa la imagen de un Ciro en el culmen de su gloria (VIII 3, 1-34), lo que no impedía que conversara con un hombre del pueblo como Feraulas (VIII 3, 35-50), o se reuniera con sus amigos, a quienes colmaba de regalos y honores (VIII 4). Tras un capítulo que refiere sus viajes a Persia y Media con el fin de formalizar su enlace matrimonial con la hija de Ciaxares (VIII 5), en VIII 6 se vuelve a tratar el tema de la organización del imperio; Ciro establece una institución sin precedentes, la satrapía, para controlar las diversas provincias, así como un sistema racionalizado del correo.

El VIII 7 presenta a un Ciro ya anciano, próximo a morir en su cama de muerte natural, y rodeado de sus hijos, a quienes advierte sobre los peligros de la división; establece su sucesión, da sus últimos consejos y muere.

La obra concluye con el Epílogo (VIII 8), en que se describe la decadencia del imperio después de la muerte de Ciro, atribuyéndola a la pérdida de los valores morales que lo hicieron posible y contrastando la gloria pasada con la ruina actual 5 .

2A. CRONOLOGÍA

La coherencia que la Ciropedia presenta, tanto en el aspecto formal como en el de contenido —con la posible excepción del Epílogo, VIII 8, en donde se aprecia un cierto cambio de actitud del autor respecto a Persia—, hace inviable o, cuando menos, dificultoso todo intento de establecer una datación de cada libro por separado.

El comienzo de la redacción de la Ciropedia está, muy probablemente, relacionado con la vuelta del rey Agesilao a Asia (365), hecho que atrajo de nuevo la atención de Jenofonte hacia Persia. En cuanto a la fecha de su terminación, aunque se admita que la redacción se escalonó en varios años, sigue siendo objeto de controversia. Las fechas propuestas, basadas en gran medida en la consideración del Epílogo como auténtico o espurio y unido o no al conjunto, oscilan entre los años 380 y poco después de 360 6 .

Un análisis interno de la obra puede situarla de un modo aproximado. Por ejemplo, las alusiones indirectas al sistema espartano y a sus instituciones, cuando Jenofonte presenta el régimen socio-político de los homótimos persas 7 , la aproximarían a los años de su estancia en Escilunte (387-371); sin embargo, los sentimientos de Jenofonte no se muestran tan apasionados respecto a Esparta como en la época de la redacción de La República de los lacedemonios (ca. 387).

E. Delebecque 8 propone un método que procura una mayor exactitud cronológica partiendo de los pasajes en que el autor acude a la expresión «todavía en la actualidad», éti kaì nŷn, con la variante kaì nŷn éti, para indicar similitudes y contrastes entre el momento en que vivió Ciro y el contemporáneo del autor. En favor de la autenticidad de tales pasajes, considerados espurios por algunos editores (los mismos que juzgan apócrifo el Epílogo), hay que recordar que expresiones semejantes aparecen en otras obras del mismo autor 9 .

La argumentación de Delebecque se apoya en determinados contextos que presentan la fórmula en cuestión:

a)

Referencias a la corte del Rey, a la que Jenofonte nunca fue invitado 10 . Una información tan detallada del protocolo real persa puede proceder de uno de los delegados atenienses enviados a la Conferencia de Susa (367), probablemente León, que estuvo de vuelta en Atenas después de 366. Si la hipótesis es cierta, realmente el autor manejaba datos de última hora cuando emplea la fórmula «todavía en la actualidad».

b)

Alusiones a los reyes sucesores de Ciro 11 e, incluso, al «rey actual» 12 . En el primer caso, no parece referirse a los ocho reyes que ocuparon el trono después de Ciro el Viejo, ya que sólo pudo estar bien informado de los últimos: Darío II (424-404) y Artajerjes II (404-358). En cuanto a Artajerjes III (358-336), si se admite el año 354 como fecha de la muerte del autor, es muy improbable que llegara éste a tener noticias de su gobierno. Así pues, el «rey actual» no puede ser otro que el tan odiado Artajerjes II, contra quien, como sabemos por la Anábasis , Jenofonte apoyó a su hermano, Ciro el Joven, y, por otro lado, la fecha del comienzo del reinado de Artajerjes III, 358, puede tomarse como terminus ante quem de la Ciropedia .

c)

La mención a los carros troyanos 13 , utilizados «todavía en la actualidad» por los cireneos, y que fueron sustituidos por Ciro con un nuevo y original sistema de carros, podría responder a fuentes literarias 14 . Sin embargo, el conocimiento tan pormenorizado que presenta Jenofonte al respecto más bien debería relacionarse con la campaña egipcia (361-360) del rey espartano Agesilao, quien, antes de morir en las proximidades de Cirene 15 , debió de admirarse ante el tipo de carruajes empleado por los cireneos. Esta hipótesis señala el año de la muerte del espartano, 360, como terminus post quem de la obra.

d)

Por último, Delebecque resalta la atención prestada al papel jugado por los egipcios, especialmente a partir del libro VI, cuando Jenofonte se refiere a su armamento, a su formación dentro del ejército enemigo o a su valiente actuación en la batalla de los alrededores de Sardes 16 , que les valió, después de la derrota, la alianza de Ciro y la donación de las ciudades que sus descendientes «todavía en la actualidad» habitan 17 .

Tal interés del autor por los egipcios, que fueron sus adversarios en Cunaxa, parece responder a su deseo de exaltar la campaña egipcia de Agesilao 18 , a la que acabamos de aludir, y fija, como en la hipótesis anterior, la fecha de la muerte de Agesilao (360) como terminus post quem, al menos para el libro VI.

2B. EL PROBLEMA DEL «EPÍLOGO»

El último capítulo del libro VIII ha sido objeto de controversia por sus contradicciones con el conjunto de la Ciropedia . Mientras unos editores lo consideran sospechoso y otros apócrifo, para otros su autenticidad queda fuera de toda duda 19 . Si bien es cierto que el Epílogo presenta algunos rasgos disonantes con el resto de la obra, no hay que olvidar que también La República de los lacedemonios tiene un último capítulo que, aparentemente, contradice los anteriores. Convenimos con Jaeger en que es altamente improbable que en ambas obras hubiera sido introducida la misma modificación a posteriori por otro autor 20 .

La cuestión se plantea en torno a la causa de esas contradicciones. Si se entienden como elementos compensatorios del excesivo elogio a los persas patente en otros capítulos, con el fin de no herir la susceptibilidad de los griegos, es preciso recordar que las alabanzas a pueblos extranjeros no extrañaban ya al pueblo griego desde hacía tiempo. Si se consideran como una instigación a la conquista del Imperio Persa, hay que tener presente que no se encuentra en toda la obra una insinuación al respecto, a diferencia de las claras incitaciones del casi contemporáneo Panegírico isocrático. Delebecque 21 explica la supuesta incoherencia entre pasajes del Epílogo y otros capítulos —tales como el que alude al «actual» abandono de la práctica de la caza entre los persas, habiendo constatado anteriormente que las cacerías del Rey se siguen celebrando «todavía en la actualidad» 22 , o el que se refiere al «actual» desprecio por la equitación, habiendo dicho antes que los persas suelen ir a caballo «todavía en la actualidad» 23 —, sobre la base de que se trata de contradicciones sólo aparentes, ya que responden a un interés del autor por contrastar el pasado esplendoroso y la decadencia actual, y entiende que los «en la actualidad» del Epílogo proceden de una época en la que Jenofonte había cambiado de opinión respecto al mundo persa, a diferencia de los «en la actualidad» anteriores, producto de un momento en que el autor admiraba las costumbres y prácticas inauguradas por Ciro el Viejo. Esta especie de rectificación sería debida, por una parte, al deseo de Jenofonte de manifestar su odio por la persona de Artajerjes II 24 , quien, a su parecer, encamaba la decadencia del Imperio; de ahí la detallada descripción de la corte de Artajerjes, en la que reinaba la impiedad y la deslealtad 25 , aludiendo muy probablemente a la revuelta de las provincias occidentales del Imperio (362/61). Por otra parte, el autor pretende presentar a los atenienses, a modo de advertencia, el ejemplo de la decadencia de un país próximo, que, como Atenas, había gozado de gran esplendor mientras respetaba una serie de principios morales tradicionales, a cuyo abandono siguió la disolución política.

Delebecque, tras reconocer el sello del estilo de Jenofonte, tanto en el aspecto interno —vocabulario, uso de partículas— como en el externo —referencia a la traición de Tisafernes 26 , a la Anábasis 27 o a determinados rasgos morales inconfundiblemente suyos 28 —, defiende la autenticidad del Epílogo como parte integrante de la Ciropedia y producto del desarrollo normal de la obra.

En cuanto a su datación, si se toman como terminus post quem los años 362/361, fecha de la revuelta de las provincias occidentales a la que alude indirectamente, puede verse que prácticamente coinciden con la fecha establecida supra para el resto de la obra (361/360, años de la campaña de Agesilao en Egipto). Por ello, sería improcedente suponer un intervalo de tiempo entre el Epílogo y los capítulos anteriores. Resumiendo, puede decirse que Jenofonte comenzó la Ciropedia poco después de la vuelta de Agesilao a Asia (365), incitado por este suceso que obligaba a dirigir la atención, una vez más, hacia Persia; se encontraba en el libro VI hacia el año 361, ya que a partir de él se encuentran resonancias de la revuelta de las provincias orientales y de la campaña egipcia de Agesilao, y terminó la obra antes de 358, año del advenimiento de Artajerjes III, a quien Jenofonte no tuvo apenas tiempo de conocer.

3. MODELOS Y FUENTES

La combinación que hace Jenofonte de material histórico y pseudohistórico complica el análisis de las fuentes, ya que la delimitación entre ambos no es clara. Esta dificultad se incrementa por la presencia de elementos no literarios.

3.1. EL ELEMENTO PERSA .

En primer lugar, la acción se desarrolla en Persia. La elección de ese escenario no es accidental. Jenofonte estaba muy sensibilizado con los problemas de la zona, como demuestra que se enrolara en el ejército que apoyaba a Ciro el Joven contra su hermano Artajerjes; tal interés responde a la corriente filoexótica que aparece en Grecia como efecto de la crisis moral subsiguiente a las Guerras Médicas 29 . De cualquier modo, es evidente que la Ciropedia contiene muchos elementos persas auténticos, procedentes, unos, de sus recuerdos y, otros, de sus lecturas, particularmente Heródoto.

Sobre la base de un análisis comparativo de la técnica narrativa, A. Christensen 30 ha resaltado el influjo de la épica irania en la Ciropedia, y concluye que la repetición de situaciones a lo largo de la obra —tales como las oraciones dirigidas por Ciro a los dioses 31 , o la reserva de una parte del botín para los magos 32 — es rasgo común a la epopeya irania. En su opinión, es en los diálogos donde se manifiesta la impronta del historiador griego, y en las historietas, que a menudo sazonan el relato, donde se deja sentir el estilo de los cuentistas iranios como Firdûsî 33 . Así, el trágico accidente de caza acaecido al príncipe asirio (IV 6, 3-6) recuerda al ocurrido a Ardašâr î Pâbhaghân 34 ; el episodio romántico de Araspas, Abradatas y Pantea (V 1; VI 1, 31-49) tiene extraordinarias similitudes con el apasionado amor recogido en el Šâhnâmâ; la trenodia de Pantea a la muerte de su esposo (VII 3, 8-14) recuerda a la de Tahmînagh 35 a la muerte de su hijo. La figura de Ciro como rey modelo y organizador de un imperio se asemeja a la de Ardašâr î Pâbhaghân 36 . Con todo, es en los últimos momentos de Ciro (VIII 7) donde Christensen ve más claro el paralelismo; en efecto, el Šâhnâmâ de Firdûsî, que conserva el esquema de las antiguas crónicas iranias, presenta los momentos finales del rey modelo regulando la sucesión, comunicando su testamento político y ordenando sus exequias tal como hace Ciro poco antes de morir.

Si bien el entusiasmo de Christensen lo lleva a caer en exageraciones, hay que reconocer que el elemento persa está presente en la Ciropedia, como lo atestiguan los nombres de los personajes y la alusión a las armas, vestimenta y costumbres persas. Sin embargo, estos elementos exóticos parecen, más bien, destinados a crear la ambientación de un relato de corte preeminentemente griego con decorado persa.

3.2. EL ELEMENTO ESPARTANO .

Menos superficial es el elemento espartano. En efecto, el consejo del Rey se ajusta al modelo de la Gerousía; la educación de los niños persas está calcada de la de Esparta, y los homótimos que rodean a Ciro no son más que una réplica de los homoîoi de La República de los lacedemonios.

¿Cuáles son las causas de esta aproximación de Jenofonte a un régimen tan opuesto al de su ciudad, Atenas? Por una parte, su experiencia en el ejército de mercenarios griegos que apoyaban a Ciro el Joven le sirvió para ponerse en contacto con soldados espartanos, por medio de los cuales pudo llegar a conocer sus instituciones políticas, que personalmente tuvo ocasión de comprobar, cuando, por su filolaconismo, sufrió el extrañamiento de su patria 37 y fue a vivir a Escilunte, en la Élide, a una finca que le regalaron los propios espartanos 38 . Por otra parte, las tendencias aristocráticas y guerreras que animan la ideología de Jenofonte tienen su realización más próxima en el sistema laconio, cuyo fin era convertir a los ciudadanos en los mejores guerreros por medio de una formación interior del hombre que acompañara al adiestramiento técnico y una firme educación política y moral 39 .

3.3. FUENTES GRIEGAS .

La mención más antigua de Ciro que se conserva en la literatura griega es de Esquilo, Persas 770 ss., pero no puede ser considerada como fuente de la Ciropedia en el sentido propio. Es, prácticamente, seguro que la figura del rey persa fue tratada en los Persiká de los logógrafos antiguos, como Carón de Lámpsaco, Dionisio de Mileto o Helánico, que pudieron ser consultados por Jenofonte. Más clara parece la relación con una de las obras de Antístenes 40 , Ciro, de la que sólo se conoce el título, ya que ideas propias de este filósofo cínico —tales como que la felicidad procede de la virtud basada en el conocimiento o la exaltación del «esfuerzo» (pónos )— aparecen reflejadas en la Ciropedia 41 . Con todo, está fuera de dudas que las fuentes más cercanas para la figura del Ciro de Jenofonte son Ctesias (Persiká VII-XI 42 ) y Heródoto. Sobre esta base puede ser de utilidad clasificar la Ciropedia en bloques narrativos con el fin de ver el reflejo o el contraste —a menudo, Jenofonte se aparta de sus modelos, generalmente tratando de perfeccionar la imagen de Ciro— con las fuentes 43 :

a) Vida de Ciro hasta la toma de Media. — Tanto Jenofonte como Heródoto 44 presentan a Ciro procedente de estirpe real, como hijo del rey persa Cambises y Mandane, hija del rey medo Astiages; por el contrario, Ctesias 45 lo hace proceder de un bandolero de la estirpe persa de los mardos y de una pastora de cabras.

La relación de Ciro con Astiages aparece tratada de modo muy diverso por los tres autores. Heródoto 46 convierte a Astiages en fallido asesino de su nieto, Ciro, a quien manda matar por temor a perder el trono; gracias a una serie de peripecias realmente novelescas, el niño se salva, vuelve a la corte y acaba siendo reconocido por su abuelo, quien, aun creyendo conjurado el peligro, lo devuelve a sus padres. Posteriormente, Ciro subleva Persia contra Media, de la que era vasalla, captura a Astiages y se hace dueño del país. En el relato de Ctesias 47 , Ciro va a la corte de Astiages, que no es su abuelo, y desempeña allí distintos trabajos —portador de antorcha, escanciador, etc.—, hasta que consigue el favor del rey. Ante la sublevación de los cadusios, Astiages lo pone al frente de un ejército para someterlos; pero, en lugar de ello, se les une y, tras convertirse en su jefe, vence a Astiages y ocupa su trono. Tanto la versión de uno como la de otro difieren bastante de la que ofrece Jenofonte, que presenta, primero, a Ciro como nieto modelo y, después, como jefe del ejército persa que sale en ayuda de los medos 48 .

b) Campaña de Lidia. — Heródoto la presenta desdoblada en dos batallas, la de Pteria, de resultado indeciso, y la de Sardes, que supuso la toma de la ciudad y el apresamiento de Creso 49 . Después de la conquista de Lidia, el general Hárpago, comisionado por Ciro, procede a la campaña contra Jonia, Caria, Licia y otros pueblos de Asia Menor, que consigue someter 50 .

Jenofonte presenta novedades frente a los hechos históricos: en primer lugar, combina las campañas de Lidia y Babilonia, muy probablemente para concentrar la acción y magnificar el éxito de Ciro; en segundo lugar, adorna la batalla de Sardes con sucesos que nada tuvieron de históricos, como la muerte de Abradatas 51 , el esposo de la bella Pantea. La toma de la ciudad 52 se narra de manera muy similar a la de Heródoto; en cambio, las campañas de Caria y Asia Menor aparecen, más bien, como una pacificación y son llevadas a cabo, en lugar de por Hárpago, por un desconocido, Adusio 53 . Por último, Jenofonte minimiza, en favor de los griegos, la conquista persa de Jonia 54 .

c) Campaña de Babilonia. — Tras dedicar un largo excurso a la descripción de las murallas y los monumentos de la ciudad, Heródoto narra los trabajos para la desviación del cauce de dos ríos; primero el Gindes y después el Eufrates 55 , y finalmente la caída de Babilonia ante el prolongado asedio de los persas. El historiador subraya que se trata de la primera conquista de la ciudad para distinguirla de la llevada a cabo por Darío.

Por su parte, Jenofonte reduce la desviación del cauce de los dos ríos al de uno, el Eufrates, como siempre ad maiorem gloriam Cyri, a quien se atribuye la idea de esta stratḗgēma 56 . Por lo demás, parece conocer bien el relato de Heródoto, ya que coincide con él en detalles tales como la duración de los trabajos en el río, que, en ambos, es de un año 57 , o la circunstancia de que Babilonia se encontrara en fiestas cuando fue tomada 58 .

d) Extensión del imperio de Ciro. — Mientras Heródoto presenta a Ciro como rey de los persas por derecho de sucesión, y de los medos, lidios, jonios, carios, licios y asirios por derecho de conquista, Jenofonte, ya en el Proemio 59 , hace una extensa relación de los pueblos que le debían obediencia: persas, medos, hircanios, sirios, asirios, árabes, capadocios, frigios, lidios, carios, fenicios, babilonios, bactrios, indios, cilicios, sacas, paflagonios, magadidas, jonios, chipriotas y egipcios. Es evidente que Jenofonte atribuye a Ciro la conquista de territorios sometidos posteriormente.

En el último libro alude, primero, sólo a seis satrapías 60 Arabia, Capadocia, Gran Frigia, Lidia-Jonia, Caria, Eolia-Pequeña Frigia, pero, poco después, hace referencia a la última extensión del imperio, completando así la lista de países sometidos 61 .

e) Matrimonio y muerte de Ciro. — Según Heródoto 62 , Ciro desposó a Casandane, hija de Farnaspes, noble aqueménida. Por su parte, Ctesias lo casa con una tía suya, Amitis, hija de Astiages 63 . Jenofonte presenta una versión distinta convirtiendo en su esposa a la hija de Ciaxares, seguramente con la intención de fortalecer las relaciones medo-persas 64 .

En cuanto a la muerte de Ciro, Heródoto reconoce que había muchas versiones, de las que escogió la más plausible: luchando contra los maságetas y sufriendo en su cadáver el ultraje de ser introducida su cabeza en un odre lleno de sangre humana 65 . No tan truculenta es la versión de Ctesias, que lo hace morir a consecuencia de una herida recibida durante una batalla contra los dérbices, pueblo del Irán oriental 66 . A Jenofonte 67 no le satisface ninguna de las dos versiones de sus predecesores, y prefiere hacerlo morir, ya anciano, en su palacio, dictando sus últimas disposiciones a la manera de los reyes de la tradición irania, como intuyó Christensen (cf. supra, 3.1).

Respecto a otros aspectos de la Ciropedia, tales como las lecciones de estrategia y táctica 68 por un lado, y las de dietética y medicina 69 por otro, parecen apuntar a que Jenofonte consultara literatura especializada en estos temas 70 .

4. TÉCNICA NARRATIVA

Jenofonte, en la Ciropedia, como en otras obras, opera con material procedente de otros escritos de su autoría, adaptándolo a su propósito literario, pero delatando en algunos detalles la formulación originaria. Por medio de esas constantes, consigue relacionar, por un lado, los distintos libros entre sí y, por otro, el conjunto de la obra con sus otros escritos. El hecho de que la narración no sea lineal y presente interrupciones o retardación de la acción no implica que los distintos elementos queden descolgados del hilo conductor o que no exista unidad en el conjunto; Jenofonte sabe entrelazar perfectamente los episodios y la acción principal, y tales variantes deben ser entendidas como recursos literarios encaminados a conseguir un clímax que incremente el impacto de la personalidad de héroe.

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