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GUADALUPE FERNÁNDEZ

El Vuelo de la Vida


Fernández, Guadalupe

El vuelo de la vida / Guadalupe Fernández. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-87-1753-1

1. Narrativa Argentina. I. Título.

CDD A863

EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA

www.autoresdeargentina.com info@autoresdeargentina.com

Imagen de portada: Asdrúbal Marot, “El vuelo”. Acrílico, lienzo (50 x 70 cm). Año 2020.

Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina – Printed in Argentina

La libertad del aire vista desde la perspectiva de una tripulante de cabina, el aprendizaje derivado de las diferentes situaciones vividas en los vuelos hasta entender la máxima de todo personal de las aerolíneas:

“Velocidad y altura conservan la dentadura”; es decir, el equilibrio al cual invito a ustedes a abordar para recuperar - en algo - la cuasi extinta paz. Mientras…

“El hombre piensa, Dios guía”. (Anónimo).

Tabla de contenidos

1  Dedicado a

2  Agradecimiento

3  Introducción

4  Prólogo

5  Vuelo 1 - La certeza de una decisión

6  Vuelo 2 - Entrenamiento en lo inesperado

7  Vuelo 3 - La observación

8  Vuelo 4 - Navidad e inocencia

9  Vuelo 5 - Relación e intimidad

10  Vuelo 6 - Atravesar las tormentas

11  Vuelo 7 - Despido y despedida por enfermedad o accidente

12  Vuelo 8 - El campeonato de las terapias

13  Vuelo 9 - Demoledora noticia de la peor historia;CRM afectado

14  Vuelo 10 - La unión y la multiplicación, el milagro

15  Vuelo 11 - Cuanto más le huyes a lo que temes, te alcanza…

16  Vuelo 12 - Amistad, amor y dignidad

17  Vuelo 13 - Muerte moral y física

18  Vuelo 14 - Terrorismo

19  Vuelo 15 - La comunicación

20  Vuelo 16 - Fidelidad y lealtad

21  Vuelo 17 - Apariencias

22  Vuelo 18 - Perdón y restitución

23  Vuelo 19 - ESPERA, la Sala de la Paciencia

24  Vuelo 20 - El vuelo que nuestro país merece

25  Vuelo 21 - Lo aprendido

26  Un brindis para concluir

27  Fuentes bibliográficas

Landmarks

1 Table of Contents

Dedicado a

Baruj Melej Ha Olam

Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo,

por cuya palabra todo fue llamado a ser.

TODOS LOS PACIFICADORES DEL MUNDO

Trabajadores de las aerolíneas, aeropuertos, aeródromos, controladores aéreos, bomberos, paramédicos, encargados de mantenimiento, programadores, despachadores, operadores de radio, personal de tráfico, técnicos en línea de aviones, pilotos, tripulantes de cabina, agentes aduaneros, miembros del equipo de seguridad, médicos, enfermeras, rescatistas, voluntarios, educadores, estudiantes, pasajeros alrededor del mundo, hombres y mujeres de buena voluntad; en medio de muchos más.

Todo aquel que ame servir, sobre todo;

¡Papá y mamá!

Agradecimiento

Hoy es el día en el que, agradecida, me dirijo al Todopoderoso por la inspiración para escribir este libro. Sin Él, las palabras no hubiesen fluido con la naturalidad con que salieron.

A mí ser amado, por distinguirme, respetarme, en consecuencia, amarme y aceptarme tal cual soy, sin pretensiones ni imposiciones, tornándome en toda una princesa; por ser mi apoyo en cada una de las metas que me propongo, señalándome con afabilidad lo que puedo mejorar y lo que debo ignorar, considerando mi individualidad, mi ritmo y mis tiempos. En pocas palabras, por ser mi defensor y mejor amigo.

A papá y a mamá, porque ambos me otorgaron semillas de fe, honestidad, amabilidad, trabajo, perseverancia y sobre todo la capacidad de saber amar. Asimismo, a cada uno de los miembros de mi familia, tanto por consanguinidad como por afinidad, llamados: “amigos”. Debido a esto, mis apellidos son muchos, ya que he agregado al mío los de ellos.

A mis compañeros de labores dentro de las aerolíneas, el personal de tierra de los distintos departamentos que forman parte de los diferentes aeropuertos y empresas aéreas, cuya contribución sirvió de aprendizaje de lo aquí expresado, sobre todo Harry Hadelich, Enrique Acosta, Juan Castro, Richard Boulton, Cuerpo de Instructores de AVENSA y a la instructora de vida Olimpia Caló. Ellos me explicaron pacientemente los diversos sistemas de vuelo de forma tan clara y precisa que, a pesar de los años, aún lo recuerdo.

A todos y cada uno de los tripulantes de cabina y pilotos alrededor del mundo, efectivos o en formación, espero que lo que expreso aquí los haga sentir y agradecer el privilegio de volar.

A mis pasajeros en las diferentes empresas donde volé, independientemente de la clase y ruta en la que viajaban, por los momentos compartidos; ya sea en vuelos despejados, en las turbulencias, e incluso en las emergencias.

A mis estudiantes y participantes de los distintos talleres, por ser la inspiración para mejorar diariamente, surcando más cielos y viajando por tierra.

A los profesores, alumnos, personal administrativo y de mantenimiento del Liceo “Enrique Tejera”, quienes contra todo pronóstico destacan con sus corazones y mentes. Pese a las dificultades, todos evolucionamos, ejemplo de ello Javier Araujo, quien dio origen a la ONG Venezuela Without Borders. Él jamás olvidó la procedencia de su cantera.

A ustedes, por emprender la lectura de este libro. Gracias por brindarme la oportunidad de compartir estas vivencias y aprendizajes con su individualidad y desde la perspectiva de su humanidad.

Definitivamente, deseo remarcar la generosidad y profesionalismo del artista plástico Asdrúbal Marot y la señora Alicia Palmero, coordinadora de IcalmArte Internacional, IcalmaGallery; su gesto ofreció color y fuerza a la portada de este libro, que en sí misma evidencia la intención de lo aquí relatado.

A los eslabones de luz: Susana, Dilcia, Aldrin, Arianna, Liz, Héctor, Gabriel, Vanesa, Ana, Noe, Mary, Nora, Corina, Leyda, Rudy, Jesús, Ángel, Clara, Patricia, Daniela, Gladys, Mónica, Sandra, Martín, Yajaira, Yvonne, Iván, Liliana, Luis, Darío, Josefina, Jazmín, Nancy, José, Rocío, Graciela, Morella, América, Carmen, Skydra, Eduardo, Marcus, Alba, Elsa, Claudio, Horacio, Orlando, Marilyn, Nona, Thanya, Marianna, Amanda, Magui, Osvaldo, Rubén, Yessica, Mullan, Mariel, Cecilia, Joaquín, Candela, Laura, Gesy, Belén, Perla, Nadia, Mayra, Gustavo, Nereida, Roberto, Rodrigo, César, Adriana, Meli, Humberto, Elena, Teresa, Diego, Agustín, Fernando, Matías, al igual que a la Editorial Autores de Argentina por sus talentos y vital asistencia en el proceso.

A todos los profesionales de la fotografía, de las distintas revistas, periódicos y en especial a la magnanimidad de www. piqsels. com —aunque la página no requiere de atribución, sin embargo, pienso es vital reconocerlos—; imposible no darles el crédito que merecen por su sentido y visión, estilo propio y sensibilidad; sin lugar a dudas, se debe honrar el buen trabajo.

A Florencia Borrilli, por su calidad profesional y orientación humana; sin ella muchos detalles pasarían inadvertidos.

A Elba Callisto y Héctor Nicora, por el hermoso legado de generosidad y solidaridad en su constante sonrisa, que reitera mi creencia en la bondad de la gente: Susana Nicora Callisto.

Y por último, y no menos sustancial, a las situaciones adversas, así como a los adversarios. De no ser por ellos, jamás hubiese adquirido el temple, la fuerza, ni tampoco encontrado mi esencia. Mil gracias por el gran favor de haberme dado la ocasión de comprender que todo proceso de transformación surge de los difíciles trances.

Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla —. Juan 1:5

Introducción
El Vuelo de la Vida

Todo libro alberga una historia y en ella se halla una enseñanza o un mensaje derivado de la misma, a través de los protagonistas. El vuelo de la vida no es distinto, es una compilación de las anécdotas vividas como tripulante de cabina en la aviación comercial en los años de servicio. Los miembros de la tripulación, al igual que los pilotos, pasamos horas estudiando sobre diferentes equipos y procedimientos de emergencia, aviones y sistemas, además de una serie de conocimientos más. Aunado a esto, debemos aprender a interactuar con los pensamientos negativos y los miedos de todos los involucrados en la operación de un traslado aéreo, para poder llegar sanos y salvos a destino.

El Vuelo de la Vida nos muestra que la sabiduría se adquiere haciendo y ensayando, nos ayuda a entender y materializar la realidad experimentando sincronía. ¿Cómo? Abriendo los brazos, porque sabemos que el Creador pondrá el viento. Volar requiere de un plan—desconocido tal vez— que dilucidamos a lo largo y ancho de las pistas del mundo, sin dejar de ser sentido por todos los pasajeros de este vasto planeta.

Eso, queridos lectores, los incluye a ustedes; los verdaderos protagonistas de esta historia. Aunque ignotos, la totalidad de los habitantes de la tierra estamos en una base aérea llamada savia de la existencia, honrando un pasado muerto, empero intentando distinguir nuestro futuro aquí y ahora; pese a la estación o aeródromo del que deseamos partir: miedo, angustia, rabia, tristeza o, tal vez, queramos permanecer en el aeropuerto del amor, la alegría, armonía y felicidad.

Las distintas anécdotas y hechos históricos aquí narrados son la manera de incentivar a todos para la realización del más hermoso vuelo; el de la vida. En tal sentido, resulta necesario: preparar el corazón y la mente para dar inicio a un viaje con destino a la propia conciencia. Durante el trayecto, las diferentes circunstancias y los múltiples encuentros nos harán descubrir quiénes somos y hacia dónde vamos.

Sea que nos percatemos de ello o no, la existencia instruye con el objetivo de convertir a los seres vivientes en una influencia armoniosa para el mundo. El vuelo de la vida alberga innumerables escalas; en las mismas se nos capacita para reconocer y explorar nuestros talentos ocultos en los diversos aeropuertos (lugares, empleos, relaciones). Por ende, cada despegue y aterrizaje propicia el encuentro con los dones y esto, a su vez, al logro del equilibrio que brinda la paz interior. Por consiguiente, a agudizar la intuición y detectar la energía que recibe; bien sea negativa, bien sea positiva. De allí seguir las señales emanadas por el corazón y que revela la intención secreta del espíritu, es decir, el buen sentido, el saber práctico, la inteligencia y también el poder. El Ser Supremo nos entrena diariamente y, tiene el propósito de transformarnos en el sujeto que Él quiere y desea que seamos, sin juicio, prejuicio ni creencias limitantes, sin embargo, sí accionando y materializando. La mente tiene su plan lógico, no obstante, las emociones seducen y nos vuelven impredecibles, desviando el curso —y aun— demorando la llegada a destino. Todo tripulante sueña con alcanzar el cielo solo para darse cuenta —a su regreso— de que no hay nada más sublime que aterrizar y besar la tierra, valorando lo sencillo, encontrando una forma de amar la vida con autenticidad.

En la aviación y en la vida nos rigen las normas, son el traje que reviste nuestra desnudez con la uniformidad del criterio sensato. ¿Cuesta aceptar estas reglas?, obviamente, aunque pronto y en medio de los intercalados despegues, rutas y aterrizajes, nos habituamos a ellas y logramos inmortalizarlas. Tanto es así que vemos los distintos preceptos como instrumentos de liberación de las difíciles eventualidades, entre las cuales están las emergencias. Ellas existen para prevenir los desastres, pero también para proteger o minimizar los daños. Los preceptos espirituales no escapan a ello.

Por medio de este relato procuramos responder las razones que nos direccionan a incumplir las normas; ¿qué nos empuja? Incluso, y cabe subrayarlo, parece natural y aun necesario romperlas. No obstante, jamás hablamos de las consecuencias de esas rupturas. ¿Hasta dónde se pueden quebrantar?, tratamos de demostrar que el hecho de que sigamos reglas no nos hace comunes. Esa falsa percepción deviene de comparaciones. Todos somos diferentes como los vuelos, distintos y enriquecedores, sin importar el tipo de avión que abordemos. Volar es atreverse a soñar y ser lo valientemente decididos a fluir con el viento, resistiendo las tempestades, zigzagueando las turbulencias. Sin embargo, siguiendo la ruta indicada por la luz de las estrellas, con humildad y la plena seguridad de saber cuándo dejar el equipaje innecesario o adquirir uno nuevo, defendiendo lo vital y desprendiéndonos de lo que no es esencial.

Para una evacuación de emergencia en un avión solo disponemos de un máximo de 90 segundos. Nosotros, los seres humanos, vamos por la vida sin entender que debemos ser rápidos para despedir lo negativo y preservar lo positivo, soltar y lograr tomar. Nos sabemos creados semejantes al Eterno y pretendemos ser tratados como iguales, empero ¿cómo osamos propulsar nuestra aeronave? ¿Qué tipo de combustible utilizamos para llenar nuestro corazón?, todo depende del octanaje de las emociones. Estas miden la resistencia en la detonación de las reacciones, sentimientos y acciones.

Entonces, ¿de qué forma podemos y pretendemos llegar a aterrizar en el aeropuerto del amor y el perdón? ¿Nos animaremos a un vuelo crucero en el cielo de la prosperidad? ¿No les parece incongruente no comprender la ruta de la generosidad e insistir en viajar con personas inadecuadas?

La vida nos señala que hay un tiempo para todo y ese momento está marcado, tal cual las horas de despegue y aterrizaje de un avión: “Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y tiempo de morir… ”.

Entre días, trayectos y deseos se nos encomienda responder algunas preguntas:

¿Quiénes somos?, ¿Qué queremos tener?, ¿De quiénes deseamos rodearnos?, ¿A qué altitud anhelamos emprender nuestro planeo?, ¿A la del águila?, longeva en su capacidad de reinvención para afrontar los cambios o ¿A la del avestruz?, estancada en el agujero del confort y de la falsa seguridad de la rutina. Es necesario recordar que todos somos transeúntes hasta los virus y bacterias.

A través de sus episodios, el vuelo de la vida advierte que nuestras peores pesadillas no son otro elemento que los amargos recuerdos de lo que no pudimos alcanzar. Somos seres de amor que, tal vez, erramos, si bien esto no quiere decir que la intención no haya sido buena. Nuestra naturaleza es energía más que cuerpos pesados en los que nos transportamos.

Somos las semillas del Creador, cuyo designio es crecer y desarrollarnos donde Él considere sea mejor para cada uno y la “gran obra”, y así florecer en equilibrio. Nuestros cuerpos son las aeronaves que vemos surcar el cielo, pilotados por nosotros mismos. De la misma manera que cualquier avión, necesitamos de un VOR (Very High Frequency Omnidirectional Range - radiofaro omnidireccional de muy alta frecuencia-). Las frecuencias estarán determinadas por el tipo de pensamiento, la vibración será producida por el sentir de nuestra alma, nutrida por las emociones del corazón.

Lo que creemos de nosotros, eso manifestamos, ya sea en positivo o negativo; cada alma reconoce el origen de la vida. Antes de ser el espejismo de un pensamiento, somos el sentir de nuestra ánima otorgada para regocijarse de la existencia sin ataduras emocionales, ni las cargas de las culpas. Los seres humanos también necesitamos mantenimiento para poder incrementar la autonomía de vuelo, las distancias y el tiempo de duración y rendimiento. Ese cuidado no solamente incumbe lo físico, sino que de igual forma lo espiritual: regresar a la esencia de lo creado, la pureza y la libertad de los cielos; el retorno a casa en las manos del Padre.

Bienvenidos a la más segura y puntual de las aerolíneas:

“FLY GOD AND LIVE”— “Vuele con Dios y Viva”


Prólogo

Señoras y señores: ¡muy feliz existencia!

En nombre de la aerolínea Fly God & Live (Vuele Con Dios y Viva) el capitán, el Todopoderoso Creador, les damos la más cordial bienvenida a la lectura del libro:

El Vuelo de la Vida

TIEMPO DE VUELO: abarca toda la existencia, los sueños y más.

ALTITUD: 30.000 pies, cuyo ascenso será cada 10.000 pies, de acuerdo con nuestro deseo e intención para distinguir lo especial, transformándonos en extraordinarios hasta llegar a ser excepcionales.

VELOCIDAD: al ritmo y sazón del corazón de cada quien, porque cuando hay propósito el artilugio aparece.

En el vuelo de la vida embarcamos sin ninguna preparación y sin manual de instrucciones, pero sí con identidad, aprendemos porque nos equivocamos y rectificamos rumbo y altitud. Todo lo demás, señoras y señores, depende de nosotros. Disfruten del viaje y observen la señal que les indica el abrocharse el cinturón de seguridad espiritual y emocional. Asimismo, aseguren en sus mentes la siguiente frase:

“La divinidad duerme en las rocas, respira en las plantas, sueña en los animales y despierta en los seres humanos”. —Proverbio hindú.

Vuelo 1
La certeza de una decisión


Señoras y señores, permítannos darles la más cordial bienvenida al vuelo de la vida N.º 1 de la aerolínea FLY GOD & LIVE con destino a la decisión. Volaremos a la altitud que determine la ilusión y nuestro tiempo de vuelo estará signado por el deseo.

Favor de asegurar en sus mentes la siguiente frase:

“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir, nunca decide”, — Henry Ford.

Corría el fin de la década de los ochenta: joven, inquieta e impaciente, recién graduada y sin perspectiva de encontrar empleo rápido, opté por buscar trabajo en otras áreas que en nada estaban relacionados con lo estudiado.

Un lunes de una mañana cualquiera y a escasos días de haber culminado la universidad, más aún ansiosa por ser económicamente independiente, compré el periódico en un kiosco de revistas de mi ciudad. De igual modo en plena conexión con el Eterno, dije a mi madre, quien estaba conmigo en esos momentos:

—Mamá, me cansé de que me digan que soy muy joven para el puesto X, o que no tengo experiencia para el cargo Z. —Y finalicé—: ¡mamá! ¿Cómo voy a obtener la práctica necesaria si no me dan el empleo? Necesito que sepas la dimensión de la frustración que siento. Me encuentro igual que los marineros cuando se ven obligados a atravesar el estrecho de Bonifacio.

Mi madre, intrigada, levantó sus arqueadas y bien definidas cejas e inquirió tras un suspiro, mientras me miraba fijamente:

— ¿Y eso dónde queda?

—Mami, eso está ubicado entre la isla francesa de Córcega y la italiana de Cerdeña y dicen que, debido a su no muy grande profundidad, enormes corrientes y un clima espantoso, es peligroso de transitar.

Mi madre, preocupada, en un intento de calmar tanta ansiedad, replicó:

—No veo la relación entre esos navegantes y tú. —Y agregó—: ¿qué clase de analogía es esa?

—Considera esto mamita y demuéstrame si no estoy en la misma que esos navegantes. Explícame, ¿de qué otra forma se puede justificar que antes de los veinticinco eres muy joven sin praxis y luego de los treinta y cinco te encuentras viejo con veteranía, sin embargo, indomable y obsoleto? Pónganse de acuerdo, ¡por favor y en consideración a los clavos de Cristo!, —señalé.

Hasta ese momento había llenado múltiples solicitudes de empleo para los cargos a los que consideré que podía postularme, tomando en cuenta la realidad de mi perfil, mi nivel educativo y de mi obvia inexperiencia laboral, que empezaba a inquietarme.

No obstante, ese día en particular me sentía diferente; después de orarle con total sentimiento al Creador, sentí una fuerza indubitable en mi corazón, del mismo modo en el que una persona toma la decisión más trascendental de su vida y sin pizca de duda le agregué lo siguiente:

—Solo te digo algo: donde abra el periódico, en esa página estará mi puesto de trabajo. —Y al expresar con el alma dicha declaración, el Eterno dijo: “amén”, puesto que fue cuestión en extremo cierta—.

Abrí el diario y justo en esa página solicitaban jóvenes mayores de 18 años, 1.65 m de altura, bilingües y buena presencia para trabajar en una conocida aerolínea venezolana (Nótese y subráyese la frase buena presencia, porque más adelante comprenderán).

Mi madre, de pie a mi lado, escuchaba escandalizada mientras yo leía el anuncio en voz alta, cuando exclamó a modo de pregunta:

— ¿Cómo es posible que posteriormente a que estudiaste tanto y de ser una muy buena alumna vas a terminar sirviendo bandejas en un avión?—Y añadió, de manera sentenciosa—: las azafatas tienen una vida inestable, también toma en cuenta que no llegas a la altura requerida, —añadiendo —, ¿qué piensas?, ¿usar zancos?, —riendo contesté —: por favor madre, ¡soy menuda, no pigmea!, —agregando—: ¿sabes que viven poco, pero son muy inteligentes y fuertes?

Haciendo caso omiso a las palabras de mamá y su observación sobre mi altura, sin decirle nada y despojándome de todo prejuicio, decidí introducir mi currículum en la aerolínea.

Aquel día, después de haber hecho entrega de la documentación necesaria en relación con el acto de grado en la universidad en donde cursé mis estudios, fui a una librería y compré unas hojas blancas. En ellas, escribí a mano un currículum que no constaba de más de una página, y de forma firme y decidida, pasé a dejarlo por la empresa.

Al momento de entregar mi hoja de vida, una señora de unos cuarenta y tantos años, de trato muy agradable, preguntó sin titubeos si hablaba los idiomas que allí había manifestado que sabía, a lo que respondí sin dudar:

— ¡Sí! Me defiendo bastante bien.

La mujer, sonriendo, dijo:

—Por favor, sube al piso trece a una entrevista.

En ese momento, la amable dama notó mi atuendo: un jean desteñido, una franela o remera blanca, zapatos deportivos desgastados, peinada con una cola de caballo y sin una pizca de maquillaje. Con bondad, expresó:

—Te voy a colocar una pinturita en los labios. —Hizo una pausa y añadió—: ¿de dónde vienes?

—De la universidad —contesté, mientras observaba cómo extraía de su bolso un lápiz labial color carmesí.

Le expresé con toda la espontaneidad que me caracterizaba, y aún me caracteriza:

—No tengo 21 años y en casa no me permiten maquillarme hasta cumplirlos. ¿Es necesario?

La señora respondió con la pregunta:

— ¿Es que no quieres optar por el empleo? —inquiriéndome con la natural comprensión propia de las mujeres maternales.

—Claro que sí —dije, y obedientemente permití que me echara la pintura.

Camino al ascensor, retiré un poco de aquel intenso color con una servilleta porque me hacía sentir incómoda y traidora hacia las costumbres familiares, si bien agradecida por la noble intención de aquella buena señora.

Acto seguido y muy tranquilamente subí al piso indicado; cuando el ascensor abrió sus puertas, allí, frente a mí, había un desfile de mujeres que optaban por el cargo. Parecían sacadas de las portadas de revistas: altas, esbeltas, hermosas, elegantemente vestidas, en zapatos de tacones altos y perfectamente; maquilladas.

En ese instante, de golpe y porrazo, tomé conciencia de que no tenía la vestimenta, ni los tacones, ni la estatura adecuada; aunque sí era delgada, pero nada más. En esa hora deseé muy encarecidamente tener las habilidades de MacGyver, un investigador de una serie televisiva de esos tiempos, quien siempre resolvía todos los problemas usando su inteligencia sobresaliente, vastos conocimientos técnicos y una amplia cultura general. Quizás él hubiese sabido fabricar en el baño un vestido y unos stilettos — mi modelo de zapatos favoritos— con papel o algún otro material.

Sin embargo, lejos de amedrentarme, solo me hizo recordar lo que decía papá: “un individuo elegante es aquel que logra cruzar un salón lleno de personas bien vestidas en total desnudez, sin que esta sea visible o se note”. Sin otro remedio, decidí probar que era lo suficientemente refinada, pese al estilo informal.

En mi mente se desataba una batalla campal contra mi corazón a quien le gritaba: “¡De todos los momentos en tu vida, tuviste que agarrar este para indagar tu distinguido estilo!”. Mientras el deseo de mi fuero interno libraba el combate por la razón y no por la ilusión, busqué con la vista cualquier recurso que me ayudara a solventar el requisito de la “buena presencia” que aparecía en el aviso. Para mi buena suerte, visualicé un periódico sobre la consola de la sala de espera. De inmediato lo tomé con el supremo anhelo de que me contribuyera a alcanzar la ansiada invisibilidad y respirando hondamente ocupé un asiento.

Una vez acomodada en un confortable sillón, comencé a leerlo enfrascándome en la lectura, a tal punto que no escuché cuando me llamaron para la entrevista. Fue la señora responsable de la recepción de candidatos quien se aproximó hasta donde estaba sentada y tocando mi hombro, dijo: “Señorita, la esperan para la reunión, pase al tercer despacho a la derecha”.

Levantándome sin prisa, periódico en mano, caminé muy derecha hacia el lugar mencionado, mientras entre inhalación y exhalación, pensaba: “Esta vestimenta informal es una contradicción que me llevará a la expansión de mi verdadera expresión”. Allí, en esa oficina, sentado junto a su escritorio, se hallaba un señor ataviado de traje y corbata que, con cara muy seria, hablaba vía telefónica. Al verme, me dio la señal indicativa de pasar y sentarme a la cual obedecí. Puesto que él se encontraba conversando por teléfono, y de modo de no prestar oídos a su conversación (acaso no era suficiente con el hecho de la indumentaria y la falta de los tres centímetros como para agregarle a esa situación la ausencia de modales, ¡eso por Dios no lo podía permitir!), retomé el artículo que me había atrapado, por lo que volví a abrir el diario y continué leyendo hasta escuchar un insistente “Jmmm, jmmm”.

De inmediato, bajé el diario y observé frente a mí y mirándome de forma inquisidora, al señor que habría de entrevistarme, levantando una ceja, preguntó:

— ¿Está buena la noticia?

— ¡Sí, señor! —respondí con entusiasmo.

— ¿De qué trata? — inquirió con gesto curioso.

—De los pescadores de Tucupita.

—Ah, ¿y por casualidad el artículo menciona dónde se encuentra ubicada Tucupita, o usted lo sabe? —cuestionó en tono amigable.

—Claro, en el oriente del país —repliqué.

De ese modo, comenzó mi entrevista como potencial candidata a un puesto de trabajo en la industria aeronáutica que, en cuestión de minutos, se convirtió en una grata tertulia, llevándome a conseguir mi primer empleo. Un cargo con el cual jamás soñé, pero para el que fui moldeada con el cincel de la excelencia por una empresa de calidad. Allí pasé a ser empleada y miembro de un grupo o parentela muy selecta que conocimos en ese entonces como “La Gran Familia AVENSA”.

Dentro de las múltiples preguntas, continuó:

— ¿Sabes nadar?

—Sí señor, cual sardina. —, a fin de cuentas, la charla entre nosotros había comenzado con el artículo sobre unos pescadores—. ¿Por qué? —pregunté, no entendía la relación cielo-agua, iba a volar, no a nadar, ¿o no?

—Saber flotar y bracear —respondió con total paciencia a mi curiosidad— es imprescindible a causa del entrenamiento donde deberás realizar pruebas de natación para obtener la licencia de TCP (Tripulante de Cabina de Pasajeros). Además, es obligatorio pasar el Certificado Médico Aeronáutico de Clase 2. Esta certificación puede obtenerse en los centros autorizados por el Departamento de Aeronáutica Civil.

En ese momento hizo acto de presencia una señora muy sofisticada, se presentó como instructora de tripulantes y se unió a la entrevista. Jamás olvidaré su mirada de completa atención al detalle. Ella solicitó que me levantara, caminara, girara y me volviera a sentar, preguntándome de manera directa y aplastante la razón del atuendo tan informal para esa reunión.

Con total sinceridad manifesté el desconocer que me iban a entrevistar ese mismo día. El aviso del periódico solamente señalaba que debía entregar el curriculum vitae en la dirección indicada y, por ende, asumí que me llamarían en el transcurrir de los días, en el hipotético caso de estar interesados. Sonrió y en señal de aprobación al entrevistador, manifestó encontrarse de acuerdo con la selección y posterior reclutamiento, hecho que dio por concluida la charla.

Ambos, gerente e instructora, en total concordancia, me comunicaron que el lunes de la semana siguiente comenzaría el curso de entrenamiento, siempre y cuando aprobara los exámenes médicos y el psicotécnico y que los resultados me serían notificados vía telefónica.

—No obstante —añadió la espléndida señora—, deberás usar tacones y ropa más formal durante el curso —los tres reímos casi en simultáneo ante la acotación, sobre todo por el impulso de aquella contagiosa risa de la hermosa instructora.

—Sí, me imagino —dije y mirando al caballero, le expresé—: señor, si es tan fácil superar una entrevista y ser cuasi admitida, ¿por qué hay tantos desempleados?

€8,99

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Altersbeschränkung:
0+
Veröffentlichungsdatum auf Litres:
26 September 2025
Umfang:
421 S. 53 Illustrationen
ISBN:
9789878717531
Rechteinhaber:
Bookwire
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