Buch lesen: "La edad media"
Érase una vez...
la edad media
Dirección de la obra: José M. Parramón Vilasaló
Texto: Gloria y Oriol Vergés
Ilustraciones: María Rius
Coordinador general: Rafael Marfil Mata
Editor: Isidro Sánchez
Diseño de la portada: José M. Parramón Vilasaló
1. a edición: febrero, 1988
Fotocomposición: FOINSA
© Copyright ParramonPaidotribo—World Rights
Published by Parramon Paidotribo, S.L., Badalona, Spain
ISBN 84-342-0962-4
ISBN EPUB: 978-84-9910-360-0
María Rius • Glòria & Oriol Vergés
Érase una vez...
la edad media

—Tres días más y la siega habrá terminado —dice el padre—. Por suerte, este año la cosecha ha sido buena. Después trillaremos y guardaremos el grano en el silo, antes de que lleguen el frío y las lluvias.
—¡Dios quiera que no suframos ninguna epidemia! —responde la madre–. Con el granero lleno, este invierno no pasaremos hambre... ¿Sabéis qué podríamos hacer?: cambiar con nuestros vecinos un par de sacos de trigo por tocino fresco.
Los niños acogen la propuesta con alegría, ya que la vida de los campesinos en la Edad Media era muy dura y poder comer algo de carne representaba un acontecimiento.
Los escasos campesinos propietarios de sus tierras intercambiaban sus productos con los vecinos o en el mercado del pueblo, porque las monedas de cobre, plata y oro escaseaban, especialmente estas últimas, acaparadas por los nobles.

Otros campesinos no tenían tierras propias: eran siervos de la gleba. Las cosechas y los frutos que recolectaban pertenecían al señor del castillo o al abad del monasterio.
Los siervos estaban obligados a vivir siempre en cabañas, junto a los campos de labranza, lugar que no podían abandonar sin permiso del noble.
—¡Qué triste es la vida de nuestros padres! —dice el niño.
—¡Y la nuestra también, porque cuando crezcamos, seremos esclavos como ellos!
—¡Pues yo, cuando tenga unos años más, me escaparé! Buscaré un lugar donde no me conozcan y... ¡seré libre!
—Eso mismo pensaba Juan, pero los perros que poseen los soldados del barón siguieron su rastro. Cuando los centinelas dieron con él, lo encerraron en una mazmorra del castillo, tras haberlo deslomado a palos... ¡A saber cuándo saldrá de allí!

En los monasterios, los monjes llevaban una vida menos dura que la de los campesinos. El abad presidía la comunidad y el prior ordenaba las actividades de los monjes, estableciendo el horario, que se repartía entre oraciones y trabajo.
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