Buch lesen: "El arte de la predicación bíblica"
Sinopsis
El arte de la predicación bíblica: vivir, escuchar y narrar las Escrituras es un libro concebido para guiar a los lectores a través del proceso de preparación del sermón y de escuchar a Dios en las Escrituras. Al graficar sobre la vida y la Palabra de Dios, especialmente el camino que conduce a la narrativa de Emaús en Lucas 24, el autor ilustra que los predicadores viven, escuchan y narran una historia. El lector encontrará en este libro la explicación de un proceso a menudo descuidado en la preparación del sermón. Los predicadores necesitan primero escuchar por sí mismos al Dios de las Escrituras, algo que muchos libros de homilética suponen pero que pocas veces dan orientación. Es un libro valioso tanto para quienes se inician en la predicación como para los experimentados en este quehacer puesto que en sus páginas encontrarán inspiración, ideas prácticas y consejos para un fructífero ejercicio de la predicación bíblica.


El arte de la predicación bíblica:
Vivir, escuchar y narrar las Escrituras
Geoff New
Original en inglés: Live, Listen, Tell: The Art of Preaching
Langham Publishing
PO Box 296, Carlisle, Cumbria CA3 9WZ, United Kingdom
www.langhampublishing.org
© 2017 Geoff New
© 2017 Langham Publishing
© 2019 Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip) – Ediciones Puma
Primera edición digital: julio 2020
ISBN N° 978-612-4252-43-3
Categoría: Religión; Estudios Bíblicos; Predicación
Primera edición impresa: octubre 2019
ISBN N° 978-612-4252-34-1
Editado por:
© 2020 Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip) – Ediciones Puma
Av. 28 de Julio 314, Dpto. G, Jesús María, Lima - Perú
Apartado postal: 11-168, Lima - Perú
Telf.: (511) 423–2772
E-mail: administración@edicionespuma.org
ventas@edicionespuma.org
Web: www.edicionespuma.org
Ediciones Puma es un programa del Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip)
Traducción: Sara A. Deik
Edición: Jim Breneman y Alejandro Pimentel
Diseño de carátula: Eliezer D. Castillo P.
Diagramación: Hansel J. Huaynate Ventocilla
Reservados todos los derechos
All rights reserved
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o introducida en un sistema de recuperación, o transmitida de ninguna forma, ni por ningún medio sea electrónico, mecánico, fotocopia, grabación o cualquier otro, sin previa autorización de los editores.
Esta traducción se publica en virtud de un acuerdo con Langham Publishing.
Salvo indicación especial, las citas bíblicas se han tomado de la Nueva Versión Internacional © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional.
Para Talía
Tu arte, escritura y oratoria dan a las personas palabras y visión para ver la vida de una manera nueva y emocionante.
Prólogo
La palabra de Dios es poderosa, afirmamos los creyentes sin titubear. Sin embargo, no siempre nos tomamos el tiempo para escucharla, sea por los afanes, por las distracciones o por la excesiva dependencia en toda la información disponible hoy para el estudio bíblico. En medio de esta realidad, este libro de Geoff New viene al rescate de los predicadores que por una u otra razón han extraviado el camino o que apenas empiezan a encontrarlo.
El libro, El arte de la predicación bíblica: vivir, escuchar y narrar las Escrituras, puede clasificarse como «manual» porque contiene instrucciones, ejercicios y tareas. Sin embargo, es más que eso. Pocas veces nos llevan los manuales a la meditación, la oración y la reflexión, como lo hace este. Además, es un libro interesado tanto en la preparación y práctica de la predicación como en la formación y vida espiritual del predicador.
Se destaca en el libro de Geoff New la sensibilidad literaria. Los relatos y las historias bíblicas, por ejemplo, no son para New cosa de niños, como a veces se cree. Hay que aprender a escuchar los relatos para poder predicarlos; no importa que los hayamos escuchado y leído muchas veces. A lo largo del libro, el autor hace honor a lo que promete desde el inicio, ayudar al predicador a «escuchar a Dios mientras estudia las Sagradas Escrituras, al tiempo que prepara su sermón».
El objetivo de escuchar atentamente la Palabra de Dios mantiene al libro en la tradición clásica del cristianismo: que el predicador sea íntegro y fiel a la historia de Dios. Pero New le añade una nueva dimensión, que sea la historia que la gente viva, escuche y narre. Es decir, la labor de la predicación es al mismo tiempo un modelo de cómo vivir, escuchar y narrar la Palabra.
También se destaca en este autor la sensibilidad espiritual a lo cotidiano a partir de la observación y la contemplación. Por medio de esto vemos la vida toda como una historia, la nuestra y la de los demás. Así, New hábilmente muestra cómo la vida del predicador, de las personas con las que tiene relaciones significativas, y lo que ocurre en el mundo, son parte del texto que el predicador lee y del que se nutre para la reflexión, la oración y la predicación.
Para el predicador cuentan también las experiencias tristes y dolorosas de la vida, las cuales no se niegan, no se esconden, no se «solucionan» con versículos bíblicos. El libro ejemplifica de manera magistral cómo adquirir sabiduría y buenas ilustraciones para nuestros sermones narrando historias de la vida actual que ilustran el tema de cómo narrar las historias, cuyo objetivo no es otro que mostrar a Jesús.
Predicarles a predicadores puede ser una tarea compleja, pero New sabe cómo y puede hacerlo porque es predicador, conoce al predicador y lo entiende, sabe que es un ser humano, un creyente. De modo que el autor ha logrado escribir un libro que es por lo menos tres cosas al mismo tiempo: un sermón, instrucción para preparar sermones y sabiduría para la vida cristiana. Para citar un caso, el autor muestra hábilmente el valor de incorporar en un sermón otros textos que dialogan con el texto bíblico del cual vamos a predicar, pero no como producto de una búsqueda en una concordancia, sino como producto de la meditación y la oración.
El libro se articula alrededor de dos prácticas espirituales ampliamente practicadas en el mundo cristiano a lo largo de la historia, la lectio divina y los ejercicios ignacianos, los cuales son explicados de manera práctica y detallada con fines homiléticos. En este punto, la riqueza del libro no se puede subestimar pues afirma la centralidad de la oración en la preparación de un mensaje bíblico y actual.
Es cierto que los relatos hay que imaginárselos para poder comprenderlos, pues están escritos para ser leídos de esa manera. Pero no hay que quedarse allí. Si como lectores logramos meternos en la historia, habremos dado un paso importante hacia la comprensión de su mensaje. Es decir, el libro sugiere que para predicar es necesario convertirnos en mejores lectores, lo cual en este caso significa abandonar la suposición que conocemos los relatos bíblicos para que podamos leerlos como si fuera la primera vez. Escuchar es más que una experiencia auditiva que no se puede hacer a las carreras.
En síntesis, el libro enseña con el ejemplo, de modo que el lector puede ver cómo funciona la propuesta del autor de principio a fin, del libro mismo y de su propuesta para la preparación de un sermón. Tanto el predicador novicio como el experimentado encontrarán en estas páginas inspiración, ideas prácticas y sabiduría para el ejercicio de la predicación. Es decir, el predicador siempre está llamado a crecer.
Finalmente, las preguntas para la reflexión al final de cada capítulo invitan al lector a ir más allá de lo que ha leído y así enriquecer mucho más su experiencia. Los recursos que nos deja este libro representan una vida, la del autor, pero al mismo tiempo nos deja una mina para toda la vida; una mina que no contamina. Por todo esto y mucho más, recomiendo ampliamente este libro.
Dr. Milton A. Acosta
Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia
Prefacio
Cuando era adolescente iba a un colegio de solo varones. Un día, en clase, el profesor de literatura dijo que estudiaríamos Romeo y Julieta. Yo no lo podía creer. ¿Nos iba a enseñar una historia de amor a una clase de varones de dieciséis años? Recuerdo haberme imaginado que la experiencia sería terrible y que me aburriría un montón. No podría haber estado más equivocado.
Ese año que estudiamos Romeo y Julieta cambió mi vida. Sé que es mucho decir, pero es la verdad. La razón por la cual estudiar un romance de hace cuatrocientos años fue tan poderoso para mí fue debido a mi maestro. No se limitó a enseñar literatura como una materia, le encantaba hacerlo. Enseñar literatura para él era un estilo de vida, no un trabajo. Mientras nos enseñaba sobre la obra, nos explicaba el significado de palabras antiguas, de la poesía y de eventos importantes. La historia cobró vida y se hizo emocionante. El profesor nos enseñó cómo entender un texto antiguo hoy en día. Desde esa primera introducción a Romeo y Julieta, cada vez que me entero de que está siendo interpretada por un grupo de teatro local o si se lanza una nueva versión de la película, allí estoy. Me encanta escuchar y ver la historia una vez más. En realidad mi experiencia de aprender cómo estudiar una obra como Romeo y Julieta para darle sentido hoy en día me ha ayudado como predicador. Las habilidades que mi profesor de literatura nos enseñó y la manera en la que expresaba su amor por su trabajo me inspiraron para toda la vida. Después, cuando me convertí al cristianismo, Dios tomó algo de esa experiencia y la transformó para que pudiera entender y vivir dentro de la historia de amor más grande de todos los tiempos: Dios envió a su hijo Jesús, porque amó tanto al mundo. Ahora las historias a la cuales dedico mi vida se encuentran en las Escrituras, y paso mi tiempo estudiándolas, predicándolas y ayudando a las personas a entenderlas. Mi vida está dedicada al Autor de la mejor historia. Una historia sin fin.
Y ahora, respecto al libro que estás leyendo. ¿Qué tiene que ver Romeo y Julieta con un libro acerca de la predicación? Un día, más de treinta años después de haber descubierto Romeo y Julieta, mi sobrina, Talía (de trece años en ese entonces), me envió algo que había escrito acerca de esa obra. La estaba estudiando en el colegio. Ella no sabía de mi amor por la historia y cuando recibí su trabajo fue una sorpresa muy especial. No sé exactamente qué fue lo que ocurrió mientras leía su versión de la historia, pero me hizo reflexionar sobre la importancia de predicar la Palabra de Dios. Dios me habló por medio de Talía. ¡Dios tiende a hablarnos de maneras inesperadas! Mientras le respondía, comencé a pensar más acerca de la manera en que vivimos nuestras vidas en relación con Dios. Escribí esto:
Tu escritura es… un don. Tu forma de narrar esta historia es única y maravillosa. Es poderosa. Tienes un don especial. En este mundo las personas están haciendo tres cosas: viviendo una historia (la propia), escuchando historias (las de otros, alrededor suyo) y narrando historias (una mezcla de las dos anteriores). Su mundo y su forma de ser son poderosamente moldeados por estos tres tipos de historias: las que viven, las que escuchan y las que cuentan. Lo que más necesita este mundo son personas que puedan hacer las tres bien. No hay muchos que puedan hacerlo. Sugiero que eres de las pocas que sí pueden.
Mi oración para ti, lector de este libro, es que el Espíritu de Dios te empodere e inspire para que puedas vivir, escuchar y narrar la historia de Jesucristo de maneras que te cambien a ti y que continúen cambiando al mundo. Pido a Dios que tu amor por las Escrituras se profundice y se extienda, y que tu amor por el Autor de la vida sea abundante.
Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén. (Ef 3.20-21)
Geoff New
Navidad de 2015

Capítulo 1
La historia de tu vida
Este es un libro para predicadores acerca de la predicación. Ya seas el pastor de una iglesia o un miembro, incluso si predicas solo una vez al año, si predicas, entonces este libro es para ti.
Tal vez pienses que como este libro es para predicadores y sobre predicación, entonces el contenido será sobre oratoria. Tal vez pienses que este libro trata sobre lo que tienes que decirles a las personas que escuchan cuando predicas. Tal vez pienses que este es un libro sobre cómo escribir un sermón; es decir, cómo estudiar la Biblia y preparar las palabras que vas a predicar.
Claro que este libro incluirá esos temas. Pero el enfoque es en aprender a escuchar a Dios mientras estudias las Escrituras para preparar tu sermón. Cuando escuchas lo que Dios quiere decir mediante tu sermón, todo cambia. La manera en la que predicas cambia. Las personas que escuchan tu sermón cambian. Si escuchas y te encuentras con Dios mientras te preparas, cuando estés delante de tu congregación, podrás decir: «¡He visto al Señor!» Y al final de tu sermón, la congregación responderá: «¡Nosotros también!». Si sabes lo que Dios te está diciendo a ti como predicador, cuando prediques no solamente darás un sermón. ¡Tú serás el sermón!
Es obvio que como predicador necesitas entender la Biblia. La Biblia es la fuente de donde predicas. Pero no es suficiente con simplemente entender la Biblia. Es importante que entiendas para quién es la Biblia: es para las personas. Me encanta cómo Agustín, uno de los grandes líderes de la iglesia de hace siglos, describió la Biblia. Dijo que es como «una carta desde casa». La Biblia es una carta de Dios para las personas. Los predicadores a menudo estudian la Biblia, pero no siempre estudian a las personas. Había un predicador muy respetado en mi país al que le gustaba ir al aeropuerto en sus días libres a observar a las personas. Aprendió mucho de sentarse por horas observando a unos despedirse y a otros llegar y encontrarse con sus seres queridos. Era un predicador muy bueno porque conocía la Biblia y a las personas.
Pero puede ser difícil llegar a entender a las personas. Somos tan diferentes y las personas tienen secretos, problemas, dolores, esperanzas, amores y dones. Sin embargo, a pesar de que somos tan diferentes, tenemos algunas cosas en común. Una de las cosas que compartimos es la manera en la que crecemos y somos formados. Piensa en la historia de la vida de las personas. Todos tenemos esto en común. Nuestras vidas son una historia. El desafío para los predicadores es narrar fielmente la historia de Dios de manera que sea la historia a partir de la cual vivamos nuestras vidas. Pero, primero, consideremos cómo la vida de las personas puede entenderse como una historia.
Todos nosotros estamos viviendo una historia, estamos escuchando una historia y estamos narrando una historia.1 Muchas veces ni siquiera pensamos al respecto porque la historia que vivimos, escuchamos y narramos es lo que hacemos desde el momento en que nos despertamos cada mañana. Nuestro vivir, escuchar y narrar es lo que constituye nuestras vidas. Todos estamos viviendo vidas que necesitan el mensaje y la Palabra de Cristo. Entonces, el punto de partida son vidas que tienen una mezcla de fidelidad e infidelidad a Dios. La historia que vivimos requiere que constantemente «escuchemos la historia de Cristo» para que la «historia que narramos» cambie y por lo tanto cambie también «la historia que vivimos». Sin siquiera intentarlo, todos nosotros estamos viviendo una historia, escuchando una historia y narrando una historia.
Piensa en los niños pequeños. La historia que viven incluye el tiempo y el país en el que nacieron. Sus padres y familiares son parte de la historia que viven. La clase de hogar en el que nacieron es parte de su historia. Todos los niños viven una historia desde mucho antes de caminar y hablar.
Estamos viviendo una historia.
Poco a poco los bebes aprenden su nombre y el sonido de las voces de sus padres. Lentamente aprenden a escuchar y a entender. Esto comienza a cambiar la vida que están viviendo. Se dan la vuelta cuando escuchan la voz de su madre. Experimentan felicidad y consuelo cuando escuchan voces amorosas.
Estamos escuchando una historia.
Con el tiempo los niños comienzan a hablar. Una sola palabra al empezar. Tal vez ni la dicen correctamente, pero es hermoso. Después aprenden más palabras y pronto los niños están narrando una historia cada vez que hablan.
Estamos narrando una historia.
Vivir una historia, escuchar una historia y narrar una historia. Si aprendes estas tres partes de la vida te convertirás en un mejor predicador, porque te entenderás a ti mismo, a los demás y a Dios. Verás que dónde las personas viven, cómo viven, y con quién viven forman la historia que viven. Te darás cuenta de que las voces que escuchan y lo que esas voces dicen forman la historia que la gente escucha. Verás que esto ayuda a crear la historia que, después, las personas cuentan. Déjame darte un ejemplo.
Nagaland es un estado del noreste de la India. Los Naga son gente muy hospitalaria; aman recibir a las personas que visitan su casa y su país. También aman a Dios. Noventa y cinco por ciento de la población se identifica como cristianos. Fui a Nagaland a enseñar sobre predicación a pastores y a líderes y me acompañó un grupo de cristianos de una iglesia en Nueva Zelanda donde yo pastoreaba en ese entonces. Viajando desde el aeropuerto, por las calles y hacia las colinas de Nagaland, nos dimos cuenta de algo. Las colinas y las planicies son muy abiertas y amplias, pero las casas en los pueblos están construidas una al lado de la otra, pared a pared. Esto es parte de la historia que viven. ¿Por qué construyen sus casas tan juntas? Por una historia que los Naga han escuchado acerca de su cultura y su historia. Escuchemos a Visakhonu Hibo (líder cristiano, presidente de seminario y autor) de Nagaland, que nos cuenta algo sobre su historia:
Antes de que el evangelio llegara a Nagaland, los Naga eran cazadores que vivían en pequeños poblados aislados e independientes. Cazaban personas para ahuyentar a sus enemigos y a las enfermedades. Cazar personas también era una forma de ganar prestigio y honor para sus pueblos. Sin embargo, la razón principal por la cual cazaban así era para proteger a las mujeres y a los niños.
Aunque este tipo de cacería ya no se practica desde hace muchos años, los Naga continúan construyendo sus casas una al lado de la otra, por protección. Las casas están tan unidas que forman una especie de fortaleza. La historia que los Naga han escuchado afecta la historia que viven y la historia que cuentan. Aunque ya no se practica la caza de humanos, todavía esa vieja costumbre influye en cómo los Naga construyen sus pueblos. Las historias del pasado no pueden narrarse sin explicar esa parte de su historia. A todos nos afectan nuestras historias del mismo modo. Las historias que escuchamos forman las vidas que vivimos hoy y las historias que narramos.
La historia de Dios, la Biblia, empieza a cambiar la historia que vivimos. La predicación es una de las mejores maneras en la que nuestro Padre celestial habla con sus hijos.
Las historias que escuchamos dan forma, de manera poderosa, a la historia que vivimos y a la historia que narramos. Vivimos en un mundo caído. Génesis 1-2 nos dice que Dios creó este mundo bello. Génesis 3 nos cuenta cómo esta belleza ha sido dañada por el pecado. Nuestra tendencia natural es vivir, escuchar y narrar historias que no incluyan a Dios. Esto quiere decir que la historia que vivimos necesita desesperadamente de Dios. Una de las primeras cosas que la Biblia nos dice acerca de Dios es que él habló (Gn 1.3). Cuando Dios habla y las personas lo escuchan, las historias que viven y cuentan cambian. Como predicadores tenemos que entender esto.
Así que la primera habilidad que un predicador necesita es saber escuchar. Si los predicadores no escuchan lo que el Espíritu está diciendo a la iglesia a partir de las Escrituras, entonces no tienen mucho que decir cuando predican. Como predicador, escuchar es la habilidad más importante que necesitas aprender porque tu sermón se convierte en la historia que las personas escuchan. Tus sermones serán la manera en la que Dios cambiará la historia que las personas viven y cuentan.
Piensa en las historias que escuchaste en tu niñez. Historias sobre cómo se conocieron tus padres. O quizá historias sobre las travesuras de tus tías y tíos cuando eran más jóvenes. Tal vez escuchaste historias sobre algo valiente que hizo alguien en tu familia. Esas historias nos forman. Piensa en las historias acerca de tu iglesia. Yo fui pastor de una iglesia por diecisiete años, y esa iglesia recuerda la historia de cuando fue fundada, en 1958. Cada año, en noviembre, teníamos un culto especial de acción de gracias y recordábamos esa historia. Nos encantaba. Una vez, como iglesia, pasamos un tiempo respondiendo a esta pregunta: «Cuéntanos cuándo, durante el culto, te sentiste más vivo y emocionado por adorar. ¿Qué sucedió?». Las historias que narraron abarcaron más de cincuenta años. Fue un tiempo poderoso. Ese tipo de historias nos moldea. Ese tipo de historias nos cambia porque nos da memorias frescas de la obra y la presencia de Dios entre nosotros. En el mejor de los casos, escuchar buenas historias nos trae esperanza y luz. El cristianismo ha sido descrito como una religión de revelación. Eso significa que cuando escuchamos la historia de Dios por medio de la Biblia, el Espíritu de Dios nos da entendimiento acerca de una nueva forma de vida. Descubrimos que Dios nos ama y mediante Jesucristo tenemos paz con él. Cuando respondemos a la historia de Dios, nuestras vidas son transformadas de muchas maneras. La Biblia a menudo utiliza el ejemplo del alfarero y la arcilla para hablar de esto (Is 6.8). Somos formados y amoldados como la arcilla en manos del alfarero. Escuchar cuidadosamente la historia de Dios en las Escrituras es una de las maneras más importantes que Dios usa para formar nuestras vidas.
Vivir una historia, escuchar una historia y narrar una historia. ¿Cuál historia escuchas más? ¿Cuál historia tiene mayor impacto en tu vida? ¿Cuáles historias guían tu vida? Si eres un predicador, tu repuesta probablemente será algo así: «La historia de la Biblia. La historia del amor de Dios por el mundo. Su amor al enviar a su Hijo para salvar al mundo, y enviar al Espíritu Santo para ayudarnos a participar en la misión de Dios hasta el retorno de Cristo». O podríamos decir como cristianos que escuchamos la historia de la Navidad (Dios viene con humildad), la historia de la Pascua (Dios viene con amor) y la historia de Pentecostés (Dios viene con poder).
Así que, ¿cuál historia escuchas más? Revisa tu respuesta preguntándote: ¿Cuál historia estoy viviendo? y ¿cuál historia estoy narrando? Piensa en las cosas que haces diariamente y las cosas que hablas con otros. ¿Coinciden con la historia que dices que escuchas más? ¿La forma en la que vives y las cosas que cuentas a otros están marcadas por las historias de la Navidad, la Pascua y el Pentecostés? Si realmente quieres saber cuál historia escuchas, piensa en tu manera de vivir y la manera en la que hablas. Eso te mostrará más claramente cuál historia realmente estás escuchando. Déjame darte un ejemplo.
Jasmine es una joven cristiana que estaba muy emocionada preparándose para el día de su boda. Sin embargo, dos semanas antes de la boda, su primo de dieciocho años murió repentinamente. Fui a ver a Jasmine. Estaba profundamente afectada. Me dijo que sentía que era egoísta por seguir planeando su boda: quería hacer el duelo por su primo y honrarlo.
Hice una pausa, porque sabía lo que le quería decir, pero no estaba seguro de que ella podría oírlo. Sabía la historia que quería narrar, pero no estaba seguro si Jasmine realmente podría escucharme en medio de su tristeza y dolor. Pero decidí narrarla de todos modos. Así que empecé a narrarle a Jasmine la historia de la Pascua. Le dije que su boda y la muerte de su primo no eran eventos totalmente separados y que, tal como la historia de la Pascua, vivimos en luz y tinieblas, dolor y gozo. No hay separación. En la historia de la Pascua, Jesús se encuentra en el huerto de Getsemaní orando para que su propia muerte no suceda. Entonces ocurre el calvario, por el bien de todos nosotros. Luego, tres días después, vemos una tumba vacía en el huerto porque él ha salido victorioso y ha resucitado. Oscuridad y luz, muerte y vida, dolor y gozo son parte de esta historia. Terminé de hablar e hice una pausa.
Ella dijo: «sí, hablamos sobre esto con mi novio ayer por la noche». No esperaba que alguien tan joven tuviera una respuesta tan sabia. Era claro que ella había estado escuchando la historia de Jesús. Estaba viviendo esa historia, escuchando esa historia y narrando esa historia. Fue al funeral de su primo y a su propia boda la misma semana. Ella y su familia habían escuchado la historia bien. ¿Cómo lo sé? Porque pude ver cómo vivieron esa historia, y escuché como la narraron. Vivieron su fe y hablaron de la esperanza porque supieron escuchar la historia del amor de Dios.
La Biblia contiene ejemplos maravillosos de personas que vivieron una historia, escucharon una historia y narraron una historia. Considera la historia del profeta Isaías en Isaías 6. El año de la muerte del rey Uzías, Isaías ve al Señor (El Rey viviente) en su trono en el templo (Is 6.1-4). Isaías es confrontado con la visión de Dios y confrontado con la historia que él ha estado viviendo. Isaías describe esta historia con estas palabras: «¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos, ¡y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso!» (Is 6.5). Esta es la historia que Isaías está viviendo.
Después, Isaías experimenta el perdón de Dios (Is 6.6-7) y escucha una nueva historia. «Entonces oí la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?”». Esta es la historia que Isaías está escuchando.
«Y respondí: Aquí estoy. ¡Envíame a mí!» (Is 6.8). Isaías ha sido empoderado para narrar una historia. Dios le dice: «Ve y dile a este pueblo…» (Is 6.9). El profeta recibe el mensaje de Dios para predicar. Esta es la historia que Isaías cuenta.
La historia que Isaías cuenta nos lleva a otro ejemplo: el eunuco etíope en Hechos 8. En Hechos 8.26, un poderoso oficial de Etiopía se encontraba en Jerusalén para adorar en el templo (Hch 8.27). Esta es la historia que estaba viviendo. Después, camino a casa, está leyendo Isaías, pero no lo entiende. Mientras tanto el Espíritu guía a Felipe a encontrarse con el etíope. Felipe corre hacia la carroza del etíope y le pregunta si entiende lo que está leyendo. El etíope admite que no e invita a Felipe a subirse a su carroza. El eunuco entonces le pregunta a Felipe: «Dígame usted, por favor, ¿de quién habla aquí el profeta, de sí mismo o de algún otro? Entonces Felipe, comenzando con ese mismo pasaje de la Escritura, le anunció las buenas nuevas acerca de Jesús» (Hch 8.34-35). Esta es la historia que el etíope escucha. Luego Felipe lo bautiza y el Espíritu súbitamente se lleva a Felipe y el eunuco «no volvió a verlo, pero siguió alegre su camino» (Hch 8.39). Tiene una nueva historia para narrar. La tradición nos cuenta que la iglesia cristiana en Etiopía comienza con este encuentro.
Vivir una historia, escuchar una historia y narrar una historia. Ver este patrón en las vidas de las personas es importante a la hora de predicarles. Consideremos un capítulo particular en la Biblia que ayuda a las personas a ver este patrón. Hebreos 11 nombra hombres y mujeres que vivieron y narraron la historia de Dios porque escucharon su historia y la creyeron. Hebreos 11 es un maravilloso pasaje de donde obtener fuerza e inspiración para reflexionar acerca de cómo vivimos, escuchamos y narramos la historia de Dios. Los predicadores deben dominar las tres, pero tienen que ser más expertos en escuchar profundamente y cuidadosamente, porque solo entonces vivirán y narrarán la historia «según las Escrituras».
El primer ejemplo en Hebreos 11 es el de Abel (v. 4):
«Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía».
¿Ves el patrón?
* Vivir la historia
«Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín».
Abel hizo una ofrenda a Dios.
* Escuchar la historia
«Por fe recibió testimonio de ser justo, cuando Dios aceptó su ofrenda».
Abel escuchó a Dios y aprendió a adorarlo.
* Narrar la historia
«Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía».
Todavía se cuenta sobre la fe de Abel y la injusticia que sufrió.
Die kostenlose Leseprobe ist beendet.