Buch lesen: "Un psicoanalista, intérprete en la discordia de los discursos"

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ÉRIC LAURENT

Un psicoanalista,

intérprete en la discordia

de los discursos


Director de la colección:

VICENTE PALOMERA

© de la presentación de las

Primeras Conferencias Internacionales:

Santiago Castellanos, 2019.

© del prólogo: Vicente Palomera, 2019

© de esta edición, RBA Libros, S. A., 2019.

Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona

rbalibros.com · editorialgredos.com

Primera edición: noviembre de 2019.

RBA · GREDOS

REF.: GEBO538

ISBN: 9788424939335

GRAFIME • COMPOSICIÓN DIGITAL

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CONTENIDO

1  Prólogo, por Vicente Palomera

2  Presentación de las Primeras Conferencias Internacionales, por Santiago Castellanos

3  1.ª Conferencia. Las mujeres, entre semblantes y síntoma

4  2.ª Conferencia. El final del DSM y el futuro de la clínica

5  3.ª Conferencia. Religión y cuerpo hablante

6  4.ª Conferencia. Autismo

PRÓLOGO

por

VICENTE PALOMERA

Un psicoanalista, intérprete en la discordia de los discursos es el título del presente libro, que reúne cuatro conferencias que Éric Laurent impartió en las «Primeras Conferencias Internacionales Jacques Lacan».

Invitar a Laurent para abrir unas conferencias es un clásico en nuestro país, desde la «Primera Conferencia de la Escuela Europea de Psicoanálisis sobre Salud Mental», celebrada, en 1995, en Oviedo, y publicada en un libro de esta misma colección.1 Allí se recoge la definición más sencilla de salud mental que Jacques-Alain Miller dio, al declarar que la salud mental no tenía más definición que la del orden público. Frente al montaje de ideales colectivos de salud mental, Lacan quiso ser provocativo declarando que «todo el mundo es loco». Esta frase no significa que todo el mundo sea psicótico o que estemos ante una abolición de la clínica. Lo que significa es que no hay ninguna posibilidad de alcanzar normas comunes y que, cuanto más globalizados sean los ideales de la civilización, más comunes serán los espacios de civilización que antes permanecían separados, lo que conduce inevitablemente a proponer una norma para cualquier cosa. Si algún día se llega hasta el punto de proponer una norma para todo, entonces ya no hará falta recordar que «todo el mundo está loco», se habrá realizado la pesadilla.

Estas magníficas conferencias constituyen una nueva edición de un debate en el que se atisba a la mujer como síntoma de la civilización, un debate donde se incluye el lugar problemático del síntoma en el futuro de la clínica, el triunfo de las religiones, y, finalmente, un debate necesario para afrontar la llamada «batalla del autismo».

Lo que se constata en estas conferencias es que el síntoma no se deja reducir a una psicopatología, que la psicopatología y sus clasificaciones son solo modalidades discursivas y que, aunque podamos preferir algunas de ellas por buenas razones, no debemos llevarnos a engaño porque, en verdad, solo son elucubraciones sobre lo real del síntoma.

El título de este libro recoge las palabras finales de Jacques Lacan en su escrito, de 1953, titulado «Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis»: «Mejor que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico? Que conozca bien la espiral a la que su época lo arrastra en la obra continuada de Babel y que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes».2

Si hemos elegido en el título hablar de la «discordia de los discursos» es para hacer hincapié en los desarrollos de Lacan sobre la noción de discurso y para recordar que, al hablar del «lugar del significante», perdemos de vista que el lugar siempre precede al significante. Decir que el lugar es un efecto del discurso nos ayuda a entender mejor que solo hay un lugar en el lazo social y que cada discurso es una modalidad de lazo social. En la actualidad, es evidente que un nuevo discurso pone en cuestión esos lugares del discurso del amo. Es el discurso de la ciencia, que pone en entredicho los lugares o, si se prefiere, su orden. Lo que Lacan señala es que la ciencia afirma cada vez más el discurso de la escritura. Basta con pensar en los ordenadores, reino de la escritura por excelencia. La escritura que la ciencia hace reinar está hecha de fórmulas, de matemas. Pues bien, si el discurso analítico se desplaza de la palabra a la escritura, es para aprender de las fórmulas de la ciencia, fórmulas que no tienen como perspectiva describir lo real, porque ellas mismas son las que escriben lo real. En definitiva, las fórmulas de la ciencia no son una interpretación de la realidad, sino una escritura de lo real, ya que esas fórmulas producen un real.

Esta fue, también, la razón por la que Lacan subrayó que el referente del significante no es la realidad, sino un discurso como escritura de lo real. Un significante solo toma sentido con relación a un discurso y, por tanto, decir que un significante se refiere a un discurso significa que se refiere más a un lazo que a un lugar. En francés hay un interesante equívoco entre la pronunciación de lugar (lieu) y de lazo (lien).3 Entonces, hablar de «discordia de los discursos» supone poner de relieve la tensión que existe entre tomar el Otro como lugar, o bien el Otro como lazo.

La cuestión del lugar estuvo presente ya en el inicio de estas conferencias. Laurent la tuvo en cuenta en sus primeras palabras: «Debo agradecer la presentación y acogida de mis colegas de la ELP, de la Fundación RBA en su magnífico auditorio. Hay que decir que el dispositivo del auditorio, tan distinto del montaje universitario, me empuja a modificar el desarrollo que había pensado […] un dispositivo así no se presta a leer los textos. Voy a dar una forma oral a mis intervenciones y, de este modo, preparar el intercambio que tendremos».

En estas palabras se resume el tipo de lazo que implica una modalidad discursiva y su lugar, y también nos permite captar el estilo de Laurent, comprobar su habilidad para anudar invención y expresión por intermedio de un agudo sentido de la oportunidad. Uno puede preguntarse: ¿de dónde viene ese sentido, ese don de la oportunidad? Muy probablemente, forma parte de esas «armas que el sujeto recibe de la naturaleza» de las que Lacan habló al referirse al carácter y que un análisis puede ayudar a usar mejor.

En este sentido, es oportuno recordar aquí que durante el «Encuentro Jacques Lacan» celebrado en 1991, en el momento de brindar un homenaje a su analista, Laurent transcribió una frase de Lacan pronunciada en las entrevistas que llevaron al comienzo de su análisis: «Uno acaba siempre por convertirse en un personaje de la novela que es su propia vida. Para eso no hace falta hacer un análisis. Lo que este realiza es comparable a la relación entre el cuento y la novela. La contracción del tiempo que permite el cuento produce efectos de estilo. El psicoanálisis le permitirá descubrir efectos de estilo que pueden resultarle interesantes».4

Un estilo es algo que se hace visible. Es lo que Lacan declaró al decir que «lo que el hombre sabe hacer con su imagen permite imaginar el modo en que se maneja con su síntoma».5 «Saber hacer con la imagen» es una interesante manera de definir lo que acabamos de apuntar.

A diferencia de un modelo, no podemos hacer copias de un estilo. El estilo es inimitable y nos deja ver cómo alguien está afectado por el saber inconsciente, es decir, nos deja ver cómo uno se las arregla con el hecho de que no hay proporción sexual. En suma, este «saber hacer con la imagen» del que habló Lacan implica el modo en que uno sabe arreglárselas con los enigmas del inconsciente y cómo uno se las arregla con el síntoma, en el registro de la imagen.

Por tal motivo, este libro está fabricado con un analista que sabe hacer con la imagen, es decir, un analista que sabe hacer con el cuerpo de la época.

PRESENTACIÓN DE LAS PRIMERAS
CONFERENCIAS INTERNACIONALES

por

SANTIAGO CASTELLANOS

La Fundación para la Clínica Psicoanalítica de Orientación Lacaniana (FCPOL) fue creada el 4 de junio de 2004. Es una fundación privada sin ánimo de lucro y posteriormente reconocida como entidad de utilidad pública por el Estado. La FCPOL fue una iniciativa de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) orientada a la defensa del psicoanálisis y destinada a cumplir una función de bisagra entre la ELP, la sociedad civil y las instituciones del Estado.

La FCPOL se constituyó para promover y defender el psicoanálisis y su práctica en lo social. Como presidente de la FCPOL en el período 2014-2016 y con la estrecha colaboración de Rosa López y Joaquín Caretti, miembros del patronato y del directorio de la Escuela, impulsamos la organización de estas I Conferencias Internacionales con el horizonte de que fueran las primeras de una serie.

La participación de Éric Laurent fue determinante para el éxito de las mismas. Éric Laurent se formó con Jacques Lacan, fue miembro de la Escuela Freudiana de París, que Lacan fundó en 1964, y posteriormente miembro de la Escuela de la Causa Freudiana y formó parte del primer Consejo de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, creada por Jacques-Alain Miller en 1992. Fue su tercer delegado general entre los años 2006 y 2010. Docente en el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII. Éric Laurent es psicoanalista, ejerce su práctica en París, pero ha formado a generaciones de analistas en todo el mundo. Es autor de numerosos libros muy conocidos y difundidos.

Al evento asistió un numeroso público y las cuatro conferencias dictadas por Éric Laurent fueron seguidas de un amplio debate, tal y como podrán leer en este libro.

Las conferencias contaron con el apoyo del presidente de la Fundación RBA editores, Ricardo Rodrigo, que puso a nuestra disposición el magnífico auditorio y el equipo técnico de dicha Fundación.

Como subraya Éric Laurent en numerosas ocasiones, durante esos dos días de trabajo, Jacques Lacan tuvo una visión anticipada de lo que hoy constituye nuestro presente y transmitió una nueva orientación para interpretar el malestar de esta época. Su enseñanza —y esta es la razón por la que las Conferencias llevan su nombre— nos permite analizar los trastornos actuales del lazo social, las formas inéditas del sufrimiento y las ideologías emergentes que contribuyen al olvido de la verdad y la ética.

Estas conferencias nos muestran, al mismo tiempo, las elaboraciones que a partir de ahí los psicoanalistas estamos convocados a desarrollar. Éric Laurent las plantea, las interroga, las responde y las deja abiertas al mismo tiempo. Como decía Jacques-Alain Miller en la presentación del último Congreso de la AMP celebrado en Brasil (2016), se hace necesaria «una puesta al día». Una puesta al día que nos permita comprender los paradigmas que rigen las prácticas terapéuticas en la actualidad, las patologías del vínculo social, el lugar de la mujer en la contemporaneidad, la ciencia, la religión, el estatuto del cuerpo y otros fenómenos a los que el psicoanálisis debe dar algunas respuestas. Muchas de estas cuestiones son elaboradas por Éric Laurent y debatidas posteriormente.

Le pedimos especialmente a Éric Laurent que incluyera el tema del autismo como parte del trabajo epistémico y clínico de los debates. En ese momento se estaba produciendo una intensa campaña contra el psicoanálisis y su práctica por parte de algunas asociaciones que responden a la orientación de las terapias conductuales. Es una batalla política en curso, evocando uno de los últimos libros de Éric Laurent, a la que el psicoanálisis debe responder con argumentos y con actos.

Hay entonces tres dimensiones puestas en acto del discurso analítico en este libro: la dimensión epistémica, la clínica y también la política.

Estas primeras conferencias se realizaron con éxito gracias a la colaboración de muchas personas que no podemos incluir porque sería un listado largo. Respondieron a un deseo decidido del Patronato de la FCPOL y del Consejo de la ELP de reactivar el funcionamiento de la Fundación y recuperar la iniciativa política en el plano social. Mi agradecimiento personal a todos ellos y a los que hicieron el esfuerzo de asistir.

1.ª CONFERENCIA LAS MUJERES, ENTRE SEMBLANTES Y SÍNTOMA

Viernes, 13 de mayo

PRESENTACIÓN

ROSA LÓPEZ

Buenas tardes a todos. Tengo que agradecer, antes de nada, a Manuela Caballero y Helena Pascual que durante estos meses me han ayudado de una manera impresionante.

Decimos «un interrogante para el psicoanálisis», las mujeres en realidad son un interrogante para todo ser hablante y en todas las épocas históricas. El propio Freud fíjense cómo acabó, diciéndole a Marie Bonaparte que después de treinta y ocho años de estudio no entendía qué es lo que quiere la mujer. Es, pues, un interrogante para todo ser hablante. Es un agujero en el campo de la representación del que nos va a hablar Éric, que no puede ser dicho con las palabras, que no puede ser visualizado en el campo de las imágenes y que resulta francamente insoportable.

No voy a desvelar las palabras de Éric, que son extraordinarias, él tiene muchísima enjundia, pero hay algo que me gustó: en un momento determinado, dice que las civilizaciones se montan sobre este agujero porque no lo soportan, tratan de obturarlo, y cada una lo hace a su manera, que generalmente es una manera bastante loca. La civilización occidental desvela a las mujeres, es decir, trata de sacarle hasta el séptimo velo y la piel si hiciera falta, para intentar visualizar a toda la mujer, cuando Lacan define ese agujero como la mujer no-toda, lo que descompleta el campo de la representación. Mientras que la locura oriental es velarla, lo que también es una trampa, una manera de hacer creer que esta mujer incolmable en realidad es un secreto escondido.

Con esto ya le doy la palabra a Éric Laurent.

LAS MUJERES, ENTRE SEMBLANTES Y SÍNTOMA

Conferencia establecida por

ANDRÉS BORDERIAS

Debo agradecer la presentación y acogida de mis colegas de la ELP, y de la Fundación RBA en su magnífico auditorio. Hay que decir que el dispositivo del auditorio, tan distinto del montaje universitario, me empuja a modificar el desarrollo que había pensado, porque los textos pueden publicarse después, pero un dispositivo así no se presta a leer textos. Voy a dar una forma oral a mis intervenciones y preparar así el intercambio que tendremos, sea en la mesa, sea con la sala, para conservar la forma de diálogo, agradeciendo la disposición que realmente merece este auditorio. Será como mi último libro, compuesto por ocho charlas de mi curso de lecturas lacanianas, que luego fue establecido para su forma escrita. Me parece lo más adecuado al intercambio.

Descubrí que el programa de estas propone un cruce entre temas de investigación dentro del psicoanálisis lacaniano y temas que tienen una resonancia en el discurso de la civilización, por utilizar la palabra freudiana. En él tienen resonancia los impasses del discurso del amo ante las preguntas candentes sobre nuestras maneras de vivir. Y esta intersección, como dijeron tanto Vicente Palomera como Santiago Castellanos, motivó los temas elegidos para estas conferencias, con más incidencia en el estado actual de las disciplinas clínicas fuera del psicoanálisis, la psiquiatría especialmente, y la crisis que atraviesan.

Así el primer tema se basa en la pregunta: ¿cómo respondemos desde el psicoanálisis de hoy al actual momento de crisis epistémica de la clínica? El segundo trata sobre el intento de las burocracias sanitarias de implementar un modo único de aproximación al sujeto autista. Esto ha producido una tensión sobre la invención por parte de los analistas en los últimos veinte años de un tratamiento posible de los sujetos con autismo, desarrollado en instituciones a través de Europa, que trata de proporcionar un modo original de respuesta al desafío y al enigma que representa el sujeto autista para el psicoanálisis. Y el tercer tema es la religión. A finales del siglo XX se podía pensar que la religión no era un tema tan candente. Incluso algunos pensadores creían poder anunciar la salida de la religión, por lo menos en Europa, un continente que parecía «desreligiosizado». Un pensador francés, Marcel Gauchet, decía: «Se verifica en Europa que el catolicismo es la religión de la salida de la religión»; esto lideraba un momento en el cual se podía pensar en una humanidad vacía de religión. En el siglo XXI la religión tiene una vigencia y una presencia que es muy distinta de lo que pensaba Malraux cuando decía: «El siglo XXI será religioso». Entonces, ¿cómo el psicoanálisis de hoy puede dar cuenta de estas paradojas de la religión, del lugar de la religión en la civilización?

Si hay algo que es propio de la orientación lacaniana es el punto que se ha elegido en la conferencia de Lacan cuando afirma: «El ser parlante se pierde en el nivel de la relación sexual». Esto nos sirve para introducirnos a lo candente de la investigación a partir del punto en el que se detuvo la película de presentación.

Lo que para Freud se presentaba como el impasse al final de un análisis, lo que él llamó «la roca de la castración», sea para los hombres, sea para las mujeres, no era un perderse, era más bien fracasar.

En lugar de la metáfora sólida de esta roca que surge, que tiene resonancias fálicas, Lacan insiste en lo que no existe. Lacan hace un giro lógico al transformar en un real lo que no existe en la realidad.

«El sujeto se pierde en la relación sexual» puede relacionarse con uno de los aforismos más famosos de Lacan: «La mujer no existe». No existe correlativo de lo que sí existe, que tiene una existencia lógica, que son las mujeres una por una. Ellas en tanto que existen son el fundamento más real sobre el cual se puede apoyar la experiencia analítica, esto toma la herencia freudiana al revés.

Para Freud lo que era sólido de la experiencia analítica era el goce fálico, esto se sabía lo que era. Se sabe tanto que, efectivamente, se puede construir una industria sobre el goce fálico. La pornografía es una industria desarrollada en la exploración de todas las presentaciones de modos de articulación del goce fálico con algunos trozos de lenguaje, hasta la búsqueda por parte de la industria porno y los grandes sitios en internet de, como se dice, el perfecto haghstag. El perfecto relato, minimizado, que tiene el máximo número de contactos; se puede calcular, todos los días, qué ha funcionado bien y qué no. Y los estudios de producción porno tienen un modo directo de calcular lo que funciona, no funciona, qué cambiar todos los días, ajustar, etc. Eso es sólido.

Del lado de las mujeres no se sabe bien cómo gozan, qué quieren, cómo sistematizarlo. Lo que sí se puede construir es una industria del fetiche. La moda es una industria del fetiche para la articulación entre hombres y mujeres. Pero no se puede decir que haya un fetichismo femenino como tal. O por lo menos, esto podría ser un tema de debate.

Entonces, al revés de plantear la cosa fálica como lo sólido, el punto de anclaje, Lacan más bien propone el goce fálico como lo que se puede escribir. Eligió Φ, el carácter Φ que al mismo tiempo designa lo que se puede escribir con marca negativa, el –Φ, para escribir la castración freudiana, pero también lo que no se puede negativizar, el gran Φ.

Fueron las articulaciones, las investigaciones de Jacques-Alain Miller al presentar la teoría de los goces en Lacan, las que hicieron surgir estos aspectos de la reducción lógica o de la escritura lógica de la herencia freudiana. Lo más real, si hay algo que no se puede reducir o relativizar del goce, incluso del lado fálico, lo que sí que es real y no se puede negativizar es el goce femenino. Lacan hace del goce femenino el punto de certidumbre sobre el cual se puede concebir una lógica que articula lo imposible de escribir y lo real: lo real en tanto que imposible. Lo que era para Freud un enigma en las mujeres, Lacan lo aborda con su lógica de los goces, como lo que hay que descifrar. Un enigma sí, pero un enigma para descifrar en el goce. Como si precisamente del lado de las mujeres hubiera algo que articulase el cifrado de la lengua con el goce presentándose en una disposición que propicia el desciframiento.

Cuando del lado del goce fálico hay, más bien, algo que se cifra, del lado del goce femenino hay algo que descifrar. En este sentido, articula las mujeres una por una más bien en posición de síntoma como lo que hay que descifrar. Y se puede decir que en la obra de Lacan antes de «una mujer es el síntoma de un cuerpo, otro cuerpo», que formula en la víspera de su última enseñanza, se podía decir que en el estatuto de la reina del cuento La carta robada, la reina portadora en su silencio de un enigma por descifrar, veíamos funcionar algo que anticipaba la fórmula de la mujer como síntoma para descifrar, un descifrado superior.

Podríamos decir que esta formulación es un concentrado de la elaboración de Lacan. Es una formación conceptual delicada, pero que al mismo tiempo se entiende. Hay algo que parece evidente: las mujeres son el síntoma de las civilizaciones en las que están. Freud habló del malestar. Se podría decir que las mujeres, como síntoma de una civilización, dicen mucho sobre lo que son las civilizaciones en cuestión, en nuestra época globalizada aparentemente uniformizada, con el triunfo de cierto capitalismo, pero adaptado en todas las civilizaciones: China, Rusia, Estados Unidos, Europa.

Todo el mundo es capitalista, hay un fetichismo de la mercancía absolutamente vigente en toda esta zona de la civilización actual. Pero incluso en estas civilizaciones, uniformizadas a cierto nivel, vemos surgir una diferencia máxima en el estatuto de las mujeres, un tema que no se globaliza y que, más bien, se diferencia. De cierta manera, va a ser cada día más evidente en el siglo XXI que la mujer es un síntoma.

Se podría pensar que es un síntoma de la pareja: es sabiduría antigua el saber qué tipo de hombre se es al mirar a su esposa, o su compañera. Lo mismo ahora en las parejas de lesbianas, tener la idea de la mujer como síntoma. Esto no ocurre solamente en la pareja, también en la civilización. Y calificar a la mujer de síntoma nos permite salir de lo que era demasiado marcado como la relación de las mujeres con la mascarada femenina, con el semblante.

Esta relación con el semblante define un nivel que tiene que ser articulado en los tres registros: simbólico, imaginario y real, y que se reordena a partir de la proposición «las mujeres en tanto que punto real». Esto se va a manifestar cada vez más este siglo. Tenemos que acordarnos de las tesis, por ejemplo, de Simone de Beauvoir, fundadora de una corriente feminista importante que tenía como idea que las mujeres hasta el siglo XX eran un punto de silencio en la civilización, como la reina en el cuento de La carta robada, porque los hombres eran los que sí actuaban en la historia, en el sentido hegeliano-marxista del tema. Eran los agentes de la historia y hablaban de las mujeres. Ellas, el punto de silencio. Simone de Beauvoir señalaba que en la segunda mitad del siglo XX, después de las grandes conquistas de la década de 1920, todo el mundo dio un lugar a las mujeres tras la Primera Guerra Mundial, en la que los hombres fueron masacrados y surgió la oportunidad para las mujeres de tomar la palabra. Ella veía una nueva oportunidad y a medida que las mujeres iban a ser actoras en la historia de su destino, el futuro de la humanidad iba a ser una reducción de la distancia hombre/mujer. Y a medida que iban a tomar la palabra, el futuro sería un futuro de igualdad de destino.

Lo que vemos más bien es que a medida que las mujeres conquistan una igualdad de derechos, toman la palabra a todos los niveles. La economía actual está más centrada en el saber que en la fuerza muscular, lo que favorece a las mujeres, que están más presentes en el mercado de trabajo. Y esto a todos los niveles, desde el nivel básico de servicios, como en lugares de poder como la presidenta de Europa, Angela Merkel, que nos lo recuerda todos los días.

Hay una presencia, una actuación, pero lo que se produce, en cambio, lo que se marca cada vez más, al contrario que esta igualdad de destino, es que la mujer queda en esta posición de síntoma por descifrar incluso para ella misma. Y eso es a fuerza de Lacan de decir que, si el goce femenino es un enigma para descifrar, no es un enigma que deba ser descifrado por los hombres solamente. Es decir, que toda la civilización está metida en esto y ellas mismas, las mujeres, son un enigma para ellas.

Eso permite decir, con esta concepción amplia del síntoma como lo que hay que descifrar, que es hetero quien ama a una mujer. Esto incluye todo el LGBT, todo el panorama gay, lesbianas, trans, etc. A partir del momento en el cual un sujeto considera que el goce femenino es un enigma para descifrar, lo que el amor permite, entonces se es hetero, al encontrar algo hetero a sí mismo.

Cuando Lacan dice: «hetero no es heterosexual», se trata de saber cuáles son las elecciones de objetos sexuales, en el sentido de la investigación policial. El hetero ha encontrado algo que es de otro registro que no es lo mismo. Y hetero puede funcionar incluso para los sujetos homosexuales, en esta generalización. Por supuesto, decir «el que ama a una mujer es hetero» no implica que los homosexuales no tengan precisamente una relación con esto. Lacan sorprendió cuando presentó su comentario sobre la homosexualidad del siglo XX con el escritor francés André Gide, al subrayar en el núcleo central de la vida de Gide la fijación, el enigma, el papel que desempeñaba su esposa Madeleine.

Toda esta posición de mujer síntoma complica y enriquece lo que es el síntoma en la civilización. Probablemente, esta es una de las razones que hacen que Lacan cree aforismos extraños para ubicar esta relación de la civilización con el síntoma mujer.

Por ejemplo: en el prefacio de la obra de Wedekind, El despertar de la primavera, se da cuenta de que los chicos para aproximarse a las chicas en la adolescencia no tienen una idea de esto sin los sueños. Proposición extraña en nuestro mundo en el cual el 99 % de los niños de catorce años ha visto una película porno. Decir una frase así parece provocador. Pero si la ponemos en serie con lo que he dicho, se necesita un sueño para tener la idea de que se descifra, de que ahí hay un mensaje por descifrar que apunta a lo más íntimo de uno. El movimiento de Wedekind fue el movimiento de la primera liberación, o la manifestación de un deseo de liberarse del puritanismo victoriano en Viena. Estos chicos se autorizan a acercarse a lo hetero-femenino a partir del momento en el cual han tenido la experiencia de algo que en la lengua se dirige a lo más íntimo de ellos, uno por uno.

La relación de la posición femenina como síntoma permite aclarar también la posición y la ligereza de la posición femenina con los semblantes. El uso que hacen las mujeres de los fetiches y de los semblantes de una civilización, encarnándolos hasta un nivel utilizado por la industria de la publicidad en la cual, para hacer soñar a los chicos de Wedekind, se vende cualquier mercancía, cualquier objeto articulado a una mujer. Lo constataba Karl Lagerfeld en su último desfile con los modelos discutiendo: «Nadie quiere ver a los hombres desnudos», lo que es interesante sabiendo la orientación sexual de Karl Lagerfeld, que no es un misterio.

Lo que hay en la relación que se instala entre mujeres y semblante es, al mismo tiempo, la posibilidad de tener cada vez representadas a las mujeres con todos los semblantes posibles y encarnaciones de los fetiches y el deseo de obtener en el horizonte la mujer desnuda. El séptimo velo es una historia en la que se presentaba la famosa referencia bíblica a Salomé que baila para obtener la cabeza de san Juan Bautista. Ella baila la danza de los siete velos y esta vez el rey quiere ver el último velo y ordena que se lo quite. Vemos este afán, este deseo insaciable de obtener la última palabra sobre lo que hay que descifrar y que queda siempre como sentido velado de lo que es el goce femenino en juego. El aforismo bíblico es una metáfora del sadismo fundamental que puede mover a los hombres a obtener la última palabra de una mujer sobre su goce. Lo que hay en Sade, la obra de Sade como una empresa frenética de obtener esta última palabra. Del lado occidental está esto; del lado oriental, la solución de velar con seis velos suplementarios, hasta obtener el burka final, un burka incluso sin los ojos, como en algunas partes de Afganistán, donde parece que han alcanzado algo muy excepcional. Vemos esta voluntad de obtener un universal absolutamente silencioso.

Probablemente para entender el enfoque de Lacan sobre esta mujer síntoma, tendremos que dar el paso que él dio en su última enseñanza. Es decir, renunciar a lo que Freud había instalado como lo principal, el síntoma histérico. Freud había dado la palabra a estos síntomas que en la época victoriana no hablaban. Las mujeres, los niños, los locos, hablaban a sus psiquiatras y se hacían clasificaciones fantásticas. Pero era una palabra que parecía no dirigirse al público en general. Freud hizo una transformación fundamental al mostrar el interés de cada uno de nosotros en estas palabras que él ponía en circulación, sea de las histéricas, de los niños, de los locos. Freud consideró que la invención del psicoanálisis fue hacerse dócil a la palabra de las histéricas que se dirigían a él, tal y como Anna O le dijo al señor Breuer: «Cállate, tengo cosas que decir». A partir de ese punto hubo un destape fundamental de la historia de Occidente. Esto da una primacía y un fundamento al síntoma estructurado como un sueño por descifrar.

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121 S. 2 Illustrationen
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9788424939335
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