Buch lesen: "Fortuna y expolio de una banca medieval"

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FORTUNA Y EXPOLIO

DE UNA BANCA MEDIEVAL

LA FAMILIA ROÍS DE VALENCIA (1417-1487)

HISTÒRIA / 187


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FORTUNA Y EXPOLIO

DE UNA BANCA MEDIEVAL

LA FAMILIA ROÍS DE VALENCIA (1417-1487)

Enrique Cruselles Gómez

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.

La investigación que recoge este libro se ha desarrollado a lo largo de una década en el seno del equipo subvencionado con varios proyectos de I+D, el último de ellos concedido por el Ministerio de Economía y Competitividad entre los años 2016-2018 con el título «Minorías conversas a fines de la Edad Media, entre la integración social y el nacimiento de la Inquisición española» (HAR2015-63510-P).

© Enrique Cruselles Gómez, 2019

© De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2019

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es publicacions@uv.es

Ilustración de la cubierta:

Detalle de El plano de Valencia de Tomás Vicente Tosca, Archivo Municipal de Valencia (1704) y Signo mercantil de la familia Roís, Arxiu del Regne de València (1444)

© Digitalización y montaje de la imagen de la cubierta: Roberto Luz Esparza

Coordinación editorial: Juan Pérez Moreno

Maquetación: Inmaculada Mesa

Corrección: Xavier Llopis

ISBN: 978-84-9134-506-0

Antes de su «nuevo orden», el asesinato de una sola persona sin sentencia judicial ni causa notoria estremecía aún al mundo, la tortura era inconcebible en el siglo XX y se llamaba a las expropiaciones lisa y llanamente rapiña y robo.

S. ZWEIG: El mundo de ayer.

... pero hay que recordar que la finalidad primera del proceso y de la condena a muerte no es salvar el alma del acusado, sino procurar el bien público y aterrorizar al pueblo.

Comentario de F. Peña a Nicolau Eimeric:

El manual de los inquisidores.

ÍNDICE

PRÓLOGO

PREFACIO

I. MARTÍ ROÍS, DONCEL DE VALENCIA (1417-1454)

Raíces

A orillas del Mediterráneo

Parientes y compañeros de profesión

Un negocio familiar

II. LOS HEREDEROS (1454-1487)

Relevo generacional

El banco

La mercancía

Patrimonios

Parientes no tan lejanos

III. EL HUNDIMIENTO (1487-1525)

La ignominia

La huida

La joya de la ciudad

Los procesos

Destinos

EPÍLOGO

CUADROS

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE ONOMÁSTICO

PRÓLOGO

En buena medida podemos considerar este libro como una simbiosis entre la historia de una familia, la de su empresa y la de su ciudad a lo largo de un siglo. El cuatrocientos valenciano es especialmente conocido por sus esplendorosos brillos literarios, económicos y demográficos, pero sin minorar sus méritos estas facetas deben conjugarse con algunas de sus más tenebrosas tinieblas que, en concreto, encuentran el mayor de sus exponentes en la actuación de la Inquisición. El tribunal, profundamente renovado en el reinado de Fernando el Católico, desarrolló un cometido de represión de masas en las ciudades de sus reinos, incluida Valencia, con el pretexto de perseguir y expurgar la presunta extensión de la herejía criptojudaica entre unos descendientes de conversos al cristianismo, cuyos ancestros se habían bautizado tres generaciones atrás.

Ninguno de los tres ejes, que articulan el discurso de la obra, resulta nuevo para su autor. Después de dedicar varias décadas al estudio continuado del mundo mercantil valenciano, sus rutas, mercados, operadores y capacidad financiera en el siglo XV –contando con los múltiples recursos que proporcionan los archivos de protocolos notariales– ha logrado conciliar sus resultados con los obtenidos por sucesivos proyectos de investigación, dedicados estos al estudio de los orígenes de la Inquisición y de sus efectos sobre la sociedad valenciana, financiados por el Ministerio de Educación y Cultura. La riqueza de las informaciones notariales sobre los hombres de negocios y sus actividades se han combinado con los registros del tribunal inquisitorial, sus censos, sus procesos y sus relaciones con la estructura política e institucional, conservados en el Archivo Histórico Nacional, en el Archivo del Reino de Valencia o en el Archivo de la Universidad de Valencia. Destaca entre esos fondos el registro del Mestre Racional del reino, Joan Ram Escrivà, convertido en receptor de los bienes confiscados a los conversos acusados de herejía, con un volumen dedicado en exclusiva a la familia, empresa y banca Roís, dado el calibre de su fortuna, de sus negocios y del interés monárquico por hacerse con sus haberes.

La familia Roís puede ser considerada como paradigma del heterogéneo conjunto de historias de vida que protagonizaron el efervescente movimiento económico de la ciudad de Valencia en los primeros decenios del siglo XV. Aquella sociedad se demostró extraordinariamente abierta y capaz de acoger a numerosos inmigrantes sin interesarse por sus orígenes o por su procedencia, al tiempo que brindaba múltiples posibilidades de negocio para todos aquellos que pudiesen insertarse en sus estructuras de producción y redistribución de mercancías. La primera generación de los Roís procedía de Teruel y se dedicó a negociar con lana aragonesa en un proceso de acumulación de capital que permitió diversificar sus actividades, inicialmente comerciales, en sectores productivos, inversores y especulativos dentro de una ciudad que experimentaba su transformación en un centro cosmopolita del Mediterráneo. Los niveles de éxito económico fueron paralelos a la integración entre las élites sociales y entre las esferas económicas y financieras de la ciudad. Su solvente posición contaba con el aval del estatuto de doncel, con el que la monarquía había premiado los servicios prestados en su ciudad de origen a Martí Roís, circunstancia que acabaría siendo reconocida y aceptada entre los círculos sociales y políticos de las más prestigiosas familias de ciudadanos y caballeros valencianos.

La muerte de este paterfamilias a mediados de la centuria convirtió a sus hijos varones en responsables de una empresa bien consolidada, la cual pronto reorientaría sus negocios hacia horizontes europeos mucho más amplios y diversificados. La original actividad comercial, sostenida en el tráfico de materias primas, derivó hacia la banca y la actividad financiera en general con el relevo generacional, a través de una taula de canvis propia, que pasó a operar en las principales plazas y mercados europeos, a través de su dedicación especializada en los giros bancarios y lletres de canvi con Palermo, Sevilla, Mallorca, Barcelona, Nápoles, París, Aviñón o Brujas y, al mismo tiempo, intensificando sus relaciones con las más importantes bancas internacionales del momento, tales como la de los Strozzi, Médici, Pazzi o Spanocchi. Prácticamente ni una plaza ni una banca de importancia quedaba fuera de la red de negocios urdida desde Valencia por la banca Roís, a través de sus factores y, de hecho, el propio autor señala que pocas empresas valencianas lograron proyectar actividades financieras de tal magnitud en la ciudad cuatrocentista.

Este salto cualitativo en los negocios tuvo su parangón con unas relaciones sociales acordes al nivel económico y al prestigio adquirido. Las sustanciosas dotes reservadas para las doncellas de la parentela constituyeron un atractivo para linajes de caballeros y de ciudadanos honrados, de la misma manera que las inversiones en deuda pública municipal y de la Generalitat acentuaron el reconocimiento de la familia y de la empresa hasta construir una formidable red de negocios y de relaciones sociales locales y regionales. Se entiende así que la continuidad de las actividades comerciales tradicionales (lana, abastecimiento frumentario, pañería, etcétera) se mantuviera y se complementara con el arrendamiento de impuestos y la compra de censales del municipio y de la Generalitat, servicio al bien común que en ningún caso constituyó el grueso de los activos de la banca Roís. Mientras tanto, el resto de la parentela asentada en Valencia, siempre de origen converso, se dedicaba al comercio, a la abogacía, a la medicina, e incluso desempeñó magistraturas locales, sin que faltasen entre ellos algunos familiares insertados entre la clerecía y la caballería. Se constatan pues vínculos matrimoniales con familias de la nobleza y de la ciudadanía valenciana, de raigambre cristianovieja, una circunstancia que coincide con el detallado conocimiento de sus prácticas religiosas. Testamentos, sepulcros en conventos, vínculos con las más elitistas cofradías de la ciudad, así como el regular cumplimiento sacramental y litúrgico, se detallan en los testimonios recopilados en los procesos de la nueva Inquisición de Fernando el Católico.

La voracidad manifiesta de este tribunal quedó reflejada de forma nítida con las penas, condonaciones y multas pecuniarias impuestas a los conversos procesados, las cuales no tuvieron relación con la gravedad de los pecados cometidos sino con la solvencia económica de la que cada uno de aquellos gozaba en la sociedad valenciana. A mayor patrimonio mayor punición monetaria ante la comisión de un mismo pecado. Esta circunstancia ha venido a ratificar la existencia de un procedimiento instituticionalizado y sistemático de expolio de los patrimonios familiares de los conversos, bajo el pretexto de la defensa de la fe, que al mismo tiempo garantizaba ingresos ingentes para la monarquía.

Entre 1485 y 1487, justo cuando la banca y la familia estaban en la cima de su éxito social y empresarial, en el momento en que los Roís formaban parte de la flor y nata de la sociedad valenciana, pero también cuando comenzaban a acumularse los devastadores efectos de las actuaciones inquisitoriales, primero en Teruel y desde 1482 en Valencia, dos de los tres herederos, Martí y Gil Roís, huyeron a Milán, con lo que descapitalizaron buena parte de la empresa con la derivación de sus fondos mediante giros bancarios a otras plazas. Un total de medio millón de sueldos en aquel momento fue la cantidad calculada por Joan Ram Escrivà, mestre racional y receptor general de los bienes confiscados por la Inquisición, con la que cuantificaba la inversión de activos en Europa, justo en el momento de la huida.

La fuga fue considerada como un signo inequívoco de la culpabilidad de sus crímenes y de inmediato se inició el procedimiento de confiscación, así como el principio de su procesamiento sobre la base de la recopilación de testimonios, generalmente frágiles e indirectos, que cumplen los estereotipos habituales de la mayor parte de los procesos inquisitoriales. Maledicencias de comadres y chismorreos vecinales o del servicio doméstico, permitían a los inquisidores identificar ciertas costumbres cotidianas, alimenticias y familiares como fehaciente expresión del judaísmo perseguido.

Mientras Martí y Gil escaparon de las garras de la Inquisición, el hermano mayor, Gonçal, permaneció en Valencia al quedar postrado en el lecho por padecer una grave enfermedad. Mediante procesos de ausencia y de presencia los dos primeros fueron condenados a la hoguera y ejecutados en estatua, pero Gonçal acabaría exculpado de sus crímenes tras un largo proceso, ya en 1491, años después de su fallecimiento. En cualquier caso, la banca Roís fue deshecha, todo el patrimonio de la empresa y la fortuna familiar que el mestre racional pudo incautar pasó a engrosar la Hacienda real.

RAFAEL NARBONA VIZCAÍNO

Valencia, 2 de marzo de 2019

PREFACIO

Ha pasado cerca de una década desde que llegó a mis manos un registro contable de la oficina del Maestre Racional de Valencia de características peculiares. Poco antes, un grupo de compañeros de esta y otras universidades españolas habíamos suscrito el primero de varios proyectos de investigación que, centrado en el análisis de la actividad de los primeros tribunales inquisitoriales, congregarían nuestro interés a partir de entonces. Sin duda alguna, para quien había dedicado veinte años de su investigación al estudio del mundo comercial local en el siglo XV, centrado en el análisis de documentación notarial y, excepcionalmente, de la contabilidad privada, consultar aquel registro era abrir una pequeña caja de sorpresas reconfortantes. El volumen, lejos de la sobriedad repetitiva de otros registros de contabilidad pública fiscalizada por aquella oficina, contenía una estimación del patrimonio de una empresa bancario-mercantil de finales del siglo XV y de una familia cuyos bienes habían sido embargados por los jueces inquisitoriales. En ese contexto, a lo largo de los folios, se detallaba la estructura de la empresa, la nómina de factores y corresponsales y los diferentes tipos de negocios que otorgaban una perspectiva general de su organización que, de otra manera, solo se podría obtener a través de un fatigoso vaciado de documentación notarial. Y, probablemente, ni siquiera así. Además, tanto el principio como el final del registro recogían la correspondencia cruzada entre el oficial regio y el monarca Fernando II, donde se daba cuenta de la huida de los propietarios del banco y de las medidas adoptadas para su captura y el embargo de sus bienes.

Una primera lectura superficial del registro evidenciaba que aquella no había sido una empresa mercantil cualquiera. Por la cantidad de mercancías señaladas, por el volumen de sus activos y deudas, por la red de operadores comerciales que utilizaba en Europa y por su actividad bancaria, de la cual ciertamente no es fácil encontrar rastro en la documentación notarial desde el mismo momento en que se perfeccionaron los procedimientos contables, aquel banco había tenido unas dimensiones importantes para lo que eran las características generales del capital mercantil valenciano en los siglos bajomedievales. Se hacían llamar els hereus de Martí Roís y, en principio, era el negocio de tres hermanos: Gonçal, Martí y Gil.

Vaya por delante que el libro contable y sus protagonistas eran conocidos por la historiografía local que había abordado la actividad de los primeros tribunales inquisitoriales del distrito. Por ejemplo, en su primera obra sobre el tema, García Cárcel los citaba en su descripción de la élite de descendientes de conversos de judío perseguidos por la Inquisición valenciana: «Los 42 “potentados” fueron los siguientes: Gil Roiç, Martín Roiç, Jaume de Santángel [a los que seguía un elenco de personas que no reproducimos] [...]. De entre ellos destacan extraordinariamente Gil y Martín Roiç, con bienes por valor de medio millón de sueldos». Mención que iba acompañada de una referencia más intrigante: «La Inquisición generó un curioso trasmundo de sobornos y actividades poco claras: proteccionismo dispensado a determinadas personas como los Roiç [...]».1 Ni en una ni en otra alusión se adjuntaban referencias archivísticas, si bien es evidente que la primera afirmación solo podía hacerse tras la consulta de la documentación del receptor del tribunal. En cualquier caso, al menos en la Tran sición democrática de este país, la historiografía había advertido la significación social y empresarial de la banca Roís, si bien, como sería frecuente desde entonces, en un marco confuso de información cruzada relativa a diferentes parientes que hacían la historia de esta familia casi ininteligible. Por ejemplo, cabía preguntarse por qué los Roís huyeron si eran conscientes de poder obtener protección política y judicial por medio de sobornos.

La posibilidad de aunar en un mismo objetivo el mundo mercantil, que había trabajado hasta entonces, con los ambientes conversos perseguidos por la Inquisición –motivo de la constitución del equipo de investigación–, me animó a indagar sobre esta familia y sus actividades profesionales. Más aún, cuando la historiografía ya había destacado el potencial económico de la empresa. En otras de esas enigmáticas (por la carencia de referencia archivística) afirmaciones, Ventura describía el volumen demográfico de la comunidad conversa y su enraizamiento en la sociedad local de finales del siglo XV, remachando: «[...] i, sobretot, hi havia una llarga rastellera de notaris, de mercaders, d’artesans i de negociants (que, ja practicaven, com els Roís, els mètodes més moderns del capitalisme comercial), que acabaren per figurar en les llistes dels reus inquisitorials».2 En principio, la investigación exigía ampliar los datos en varios frentes. Por de pronto, resultaba necesario confirmar que el mencionado padre era el comerciante Martí Roís, que había tomado la ciudadanía valenciana en 1417, procedente de Teruel. Así lo parecía en principio, pues tenía un hijo que, hacia la década de 1440, trabajaba con él, llamado Gonçal, según señalaban los contratos notariales. Aun así, ello implicaba profundizar en sus orígenes sociales, la comunidad conversa de aquella villa aragonesa, pero sobre todo exigía colmar el vacío documental que se abría entre el final de aquella década, límite inicial de mis investigaciones sobre comercio valenciano bajomedieval, y la época del registro recogido en la serie de Maestre Racional, finales de la década de 1480. Suponía un esfuerzo de búsqueda de los notarios que habían trabajado tanto para el padre como para sus hijos en las décadas siguientes. Sobre todo, hallar algún escribano que diera cuenta de los vínculos de parentesco de los personajes cuyas biografías confeccionaba, permitiendo en la medida de lo posible la reconstrucción de los ambientes y de las redes de sociabilidad sobre las que se apoyaban. Asimismo, la consulta de la documentación generada por las instituciones públicas, en todos sus niveles, desde la administración municipal hasta la regia, debía permitir calibrar el grado de solidez de los lazos mantenidos con aquellas instituciones y las posibilidades de disfrute de los beneficios ofrecidos por la relación con o la pertenencia a la élite dirigente, bien a través de cargos de representación política, bien por la participación en los mecanismos de reproducción económica que el sistema urbano permitía (compra de deuda pública, arrendamiento de impuestos, obtención de subvenciones, etcétera). Toda esta información debía describir una tendencia que permitiera evaluar la trayectoria vital de la familia desde la consolidación de la empresa familiar, durante la vida del supuesto padre, hasta la época próxima a la mencionada desaparición de la ciudad. De hecho, esos se han convertido al final en los límites cronológicos formales de la investigación realizada: 1417, el año del asentamiento de Martí Roís padre en la capital del reino, de la que se convirtió en ciudadano; 1487, la desaparición nocturna de sus hijos Martí y Gil, que precipitaría su condena y el embargo de sus bienes y de los capitales de la empresa. Ciertamente, ni uno ni otro límite cronológico arropan bien la historia de la familia: antes de su asentamiento en Valencia, el linaje converso Ruiz estaba amasando una pequeña fortuna con el negocio de la lana y destacaba entre la oligarquía de Teruel, lo que llevaría a algunos de sus miembros a rondar Valencia antes de que Martí Roís jurara la ciudadanía valenciana; tras la huida de los dos hermanos, Gonçal y, sobre todo, su familia y otros parientes consanguíneos y afines debieron sufrir la persecución judicial y el trato deshumanizado dispensado por los oficiales del tribunal a lo largo de una época que se deslizaba por los primeros años de la centuria siguiente. En cualquier caso, una fecha y otra eran suficientemente representativas de las dos fases que caracterizaron a la historia familiar: la época del enriquecimiento y éxito social; el momento de su ruina y zozobra.

En este último caso, se abría un segundo frente de análisis. Si, como el registro de la oficina del Maestre Racional parecía sugerir, algunos de los propietarios del banco habían huido, razón que había motivado el embargo de sus bienes, los datos ofrecidos en algunos trabajos históricos generaban discrepancias puesto que los situaban en la ciudad después de la fecha de su desaparición y búsqueda.3 Implicaba que habían regresado y, lo que es más extraño, habían sido perdonados. Se hacía necesario, por tanto, reconstruir la historia procesal de la familia y de la red de parentesco, empezando desde la nada, puesto que el estudio del grupo se había limitado a las ramas turolenses procesadas. En esta parcela, los años han pasado a gran velocidad con el vaciado anual de los fondos inquisitoriales del Archivo Histórico Nacional, esfuerzo compartido del que es deudora esta investigación y que debo agradecer a mis compañeros: mi hermano José María, quien hizo llegar a mis manos el registro del Maestre Racional, Rafael Narbona, Manuel Ruzafa y José Bordes. En parte, este estudio es fruto también de su trabajo, o de un esfuerzo colectivo. El vaciado de la heterogénea y barajada documentación que se conserva en la subserie de Varia debía procurar reconstruir las desdibujadas redes familiares que la homonimia enredaba en una maraña intrincada, donde los personajes huidos reaparecían al cabo de los años trabajando en sus negocios o presos en la cárcel del Santo Oficio. Hasta tal punto la homonimia familiar generaba esa confusión que, en la época de vida de aquellas personas, los escribanos de las distintas instituciones (Inquisición, municipio, notarios, etcétera) tendían a esclarecer sus identidades utilizando el nombre propio del padre como apellido del personaje tratado, lo que les permitía diferenciar con más nitidez entre un Gonçal de Martí Roís y un Gonçal de Gonzalo Roís. Para facilitar la distinción también tomé la decisión de combinar la grafía onomástica valenciana y castellana en toda la red de parentesco, dando origen a fórmulas híbridas como en el último caso citado: un padre turolense cuyo hijo juró la ciudadanía valenciana.

Los estudios del ambiente de represión religiosa y de la historia procesal de los miembros de la familia presentaban serias dificultades, porque los fragmentos de los procesos y de los registros administrativos del Santo Oficio se encuentran dispersos entre los cientos de legajos reunidos en esa subserie del archivo del tribunal de distrito de Valencia. Por tanto, la investigación exigía recoger la mayor cantidad posible de fragmentos de procesos para aclarar el destino de los diferentes componentes de la red de parentesco. Sin embargo, si se trataba de analizar las motivaciones que llevaron a ciertos miembros de la familia a fugarse de la ciudad, también era necesario tener una imagen más detallada de la dinámica de los tribunales inquisitoriales valencianos, pues los primeros análisis realizados dejaban constancia de que los conocimientos historiográficos sobre la Inquisición valenciana eran muy superficiales y muchos de los datos sobre los que se basaban, erróneos cuando no directamente falsos.

En conclusión, la enorme cantidad de datos recopilados sobre los diferentes miembros de la familia Roís destaca por su heterogeneidad: desde contratos empresariales cerrados a lo largo del siglo en las mesas notariales de la ciudad, pasando por los restos de sus libros de cuentas o de testamentos de la familia desperdigados entre la documentación inquisitorial, que una vez atrajeron la atención de jueces y fiscales para después descansar olvidados en sus archivos tras perder su utilidad procesal, hasta los fragmentos de sus expedientes judiciales desperdigados entre lejanas signaturas de legajos documentales. Todos ellos se fueron sumando a aquel primer registro contable del Maestre Racional y a los otros muchos que darían cuenta de la liquidación del patrimonio de los condenados, para contribuir a relatar la historia de esta familia. Quizá el trabajo aquí presentado pueda considerarse un ejercicio de biografía modal,4 como me planteaba no sin ciertas dudas hace un tiempo.5 La historiografía de hace unas décadas consideraba, con muy pocas pruebas documentales a su alcance, que la comunidad hebrea, posteriormente la conversa, había protagonizado el esplendor intelectual, casi social, de la ciudad de Valencia. Recuperamos la misma cita, líneas arriba:

[...] I és que, nobles, mercaders, artesans, intel·lectuals o bé homes de lleis, els conversos d’origen judaic constituïen un percentatge important de la societat valenciana de finals del segle XV. A més de literats, hi havia també músics, orfebres, escultors i pintors coneguts; i, sobretot, hi havia una llarga rastellera de notaris, de mercaders, d’artesans i de negociants [...].6

A día de hoy, y con más información en nuestras manos, preferimos ser más cautos en estas afirmaciones que ignoraban las dinámicas demográficas y sociales que determinaron la trayectoria de la sociedad capitalina. En cualquier caso, tras muchos años de investigación, tengo la certeza de que el caso de la familia de los banqueros Roís solo podría ser representativo de una muy reducida élite de profesionales de ascendencia conversa que, a pesar de la acumulación de capital y patrimonio, fueron desalojados de las posiciones de privilegio al final del último siglo medieval. Desde luego, su trayectoria en nada es comparable a la de la mayor parte del grupo de ascendencia conversa, mercaderes mediocres y pequeños maestros artesanos, cuyo destino fue más lúgubre, si eso es posible.

Las informaciones obtenidas se han organizado en tres capítulos. El primero da cuenta de los esfuerzos del padre por hacer crecer una empresa mercantil recién instalada en la ciudad de Valencia, así como de sus estrategias en la constitución de unas redes de apoyo social que permitiera su inserción en la sociedad local. El segundo traslada los mismos planteamientos al período de gobierno de la empresa, constituida como banco, por los tres hijos del mercader turolense y el proceso de promoción social que los llevaría a forzar las puertas de la aristocracia urbana. Y el tercero y último es el hundimiento de todos sus sueños y aspiraciones, cuando se estaba produciendo la transición a la siguiente generación, consecuencia del asentamiento de los tribunales inquisitoriales en Valencia y de la represión social de la comunidad de ascendencia conversa.

1 R. García Cárcel: Orígenes de la Inquisición española. El tribunal de Valencia. 1478-1530, Barcelona, Ediciones Península, 1985, pp. 160-161.

2 J. Ventura Subirats: Inquisició espanyola i cultura renaixentista al País Valencià, València, Eliseu Climent editor, 1978, p. 14. Las investigaciones desarrolladas durante la década de los años noventa, en especial aquellas que acumulaban datos procedentes de las actas notariales de finales del siglo XV, constataron de manera fehaciente la trascendencia de la banca Roís. Por ejemplo, D. Igual Luis y G. Navarro Espinach: «Los genoveses en España en el tránsito del siglo XV al XVI», Historia, instituciones, documentos, 24 (1997), pp. 307, 323 y 325-326.

3 Pongo un ejemplo que –sin pretender señalar a nadie, puesto que al fin y al cabo suponía la aportación de información en su momento– nacía en el desconocimiento y generaba más desconcierto. Dice la autora, y es una traducción libre mía: «Galceran Adret aparece a este respecto como un modelo [...] Su matrimonio con Isabel, hermana de Gonsal d’Alfons Roís, le había permitido aliarse a una de las más ricas familias de banqueros conversos de Valencia». Para añadir en las páginas siguientes: «De 1491 a 1494, es de nuevo una gran familia de conversos que acapara la recaudación de impuestos, la de los Roís, dinastía de cambistas, banqueros y comerciantes [...]» (J. Guiral: «Convers á Valence à la fin du XV s.», Melànges de la Casa de Velàzquez, 11 (1975), pp. 89 y 91, respectivamente). Pues no, nada de dinastía de banqueros. Los únicos que fueron banqueros son los que se investigan en este libro y, tras su huida o defunción en 1487, nunca volvieron a ejercer la profesión en Valencia. Sus primos, unos más cercanos, otros más lejanos, nunca fueron banqueros. Finalmente, estoy convencido de que eran más conversos en la mente de algunos historiadores actuales que en la realidad de sus vidas pasadas, que no gestionaban como grandes entramados de parentesco amplio, todos viviendo juntos, apretujados, todos llevando los negocios en común. De hecho, no he encontrado ninguna evidencia de contactos entre los propietarios del banco y los hijos de Alfons Roís, mercader turolense afincado en Valencia décadas más tarde. Simplemente compartían un apellido. Nosotros los hemos encerrado artificiosamente en un mundo inextricable de vínculos familiares secretos. En cualquier caso, sirva el ejemplo para demostrar que, desde aquel lejano año de transición política contemporánea, la historiografía ha asumido esas cronologías confusas. En la reciente actualización de su obra casi iniciática, Belenguer Cebriá recogía de la autora francesa el mismo dato: «Así, familia de conversos eran los Ruiz, cambistas, banqueros y mercaderes que [...] se hicieron con su arrendamiento entre 1491 y 1494» (E. Belenguer Cebrià: Fernando el Católico y la ciudad de Valencia, València, Universitat de València, 2012, p. 186). A partir de finales de la década de 1990, nuevos datos hallados hacían sospechar ya del temprano destino de la banca Roís (R. Narbona Vizcaíno y E. Cruselles Gómez: «Espacios económicos y sociedad política en la Valencia del siglo XV», Revista d’Història Medieval, 9 (1998), p. 212).

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Umfang:
842 S. 5 Illustrationen
ISBN:
9788491345060
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