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Metodología de la enseñanza del fútbol

Toni Ardá

Claudio Casal


Autores:

Toni Ardá Suárez

– Doctor en Educación Física, especialidad en Fútbol. INEF Galicia. Universidade da Coruña.

– Entrenador Nacional de Fútbol.

– Profesor de Fútbol en el INEF Galicia.

– Entrenador de categorías inferiores del Racing de Ferrol.

Claudio A. Casal Sanjurjo

– Licenciado en Educación Física, maestría en Fútbol. INEF Galicia. Universidad de la Coruña.

Con la colaboración de:

– María Teresa Anguera Argilaga

•Catedrática de Psicología. Universidad de Barcelona.

– Javier Rico Díaz

•Licenciado en Educación Física.

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

Director de colección: Manuel Pombo

Diseño cubierta: Carlos Páramos

© 2007, Toni Ardá Suárez

Claudio A. Casal Sanjurjo

Editorial Paidotribo

Primera edición:

ISBN: 978-84-8019-698-7

ISBN EPUB: 978-84-9910-800-1

Fotocomposición: Editor Service, S.L.

Diagonal, 299– 08013 Barcelona

Í NDICE

Prólogo

Introducción

CAPÍTULO I El fútbol como juego deportivo colectivo. Origen

1. Antecedentes

2. Origen moderno

a. Las Public Schools

b. Las iglesias

c. Las fábricas

d. Las escuelas de pueblo

3. La introducción del fútbol en España

CAPÍTULO II La organización del juego en el fútbol

1. Análisis estructural del juego

a. La técnica o modelos de ejecución

b. El reglamento

c. El espacio de juego

d. El tiempo de juego

e. La comunicación motriz

f. La estrategia motriz

2. El fútbol a 11 como deporte funcional

a. La finalidad del juego y la finalidad del equipo

b. La dinámica de los procesos ofensivos y defensivos

c. Concepto de centro del juego

3. Análisis del rendimiento en el fútbol a 11

a. Rendimiento individual

a.1. Técnicamente individual

a.2. Microestructura de oposición (1 × 1)

b. Rendimiento colectivo

b.1. Mesoestructura de colaboración-oposición o parcialmente colectiva

b.2. Macroestructura de colaboración-oposición o totalmente colectiva

4. El proceso ofensivo

1. Progresión-finalización

2. Mantener la posesión del balón

a. Principios específicos del ataque

b. Modelos tácticos ofensivos generales

5. El proceso defensivo

1. Recuperar la posesión del balón (iniciativa)

2. Defender el espacio y la portería (expectativa)

a. Principios específicos de la defensa

b. Modelos tácticos defensivos generales

6. Características del jugador de fútbol a 11

a. El jugador cadete

b. El jugador juvenil

CAPÍTULO III LA ORGANIZACIÓN DEL JUEGO EN EL FÚTBOL A 5 (FÚTBOL SALA)

1. El fútbol a 5

a. Origen

b. Reglamento y características fundamentales

2. El fútbol a 5 como deporte segmentario

3. Análisis de los elementos configuradores de la estructura funcional del fútbol a 5

4. Características del jugador de fútbol a 5. El niño prebenjamín y benjamín

CAPÍTULO IV La organización del juego en el fútbol a 7

1. El fútbol a 7

a. Origen

b. Reglamento y características fundamentales

2. El fútbol a 7 como deporte semifuncional

3. Análisis de los elementos configuradores de la estructura funcional del fútbol a 7

4. Características del jugador de fútbol a 7. El niño alevín e infantil

5. Análisis comparativo de los reglamentos del fútbol a 5, a 7 y a 11, para categorías de base

CAPÍTULO V La enseñanza del fútbol

1. Introducción

2. ¿Qué y cómo debemos enseñar?

3. Fases en el proceso de enseñanza y aprendizaje del fútbol

4. Pautas metodológicas en el proceso de iniciación

5. Desarrollo y calidad del juego

CAPÍTULO VI Modelo de aplicación práctica del proceso de enseñanza

Fase l. Construcción de la relación con el balón y construcción del juego colectivo básico

Fase II. De la enseñanza de la construcción del juego en presencia del adversario. La situación de 1 x 1

Fase III. De la enseñanza de la construcción del juego en presencia de compañeros y adversarios. Del juego a dos al juego a tres

Fase IV. De la enseñanza de la construcción del juego del equipo contra el equipo contrario en el centro del juego

Fase V. De la enseñanza de la construcción del juego entre once

CAPÍTULO VII La tarea y la sesión

1. La tarea

2. La sesión

CAPÍTULO VIII Metodología básica de observación en fútbol (por María Teresa Anguera Argilaga)

1. Introducción

2. Observación sistemática de partidos

3. Formación de observadores

4. Referencias

Referencias bibliográficas

P RÓLOGO

Antonio Ardá, más que estudioso, un entendido en fútbol, me pide que le prologue su último libro sobre este bello juego que él sabe vivir sin la pedantería excluyente y exclusiva de tanto profesor de INEF, que suele decir que de lo suyo es el que más sabe. Toni acepta cuerdamente que todo el mundo puede y debe hablar de fútbol y también lo afronta con la pasión artística de un Garrincha, por decir alguien que, al parecer, levantaba más que pasiones.

La petición me parece sorprendente, y ahora diré porqué, pero tratándose de un amigo, y Toni lo es, no me queda más que cumplir con el dicho sobre la amistad:

En eso estamos. Aquí estamos. Para eso estamos.

Existe una anécdota que ya ha trascendido a categoría. Llegado Rubén Darío a Madrid para presentar sus cartas credenciales, se fue a ver a su amigo de café y mujerío Ricardo Baroja, para que le ilustrara con sus dibujos Coloquios de Centauros, y la respuesta defensiva de Ricardo Baroja fue:

“Si yo soy dibujante callejero, ¿cómo voy a ilustrar un poema mitológico?” En el mismo brete me encuentro. Si soy amante del fútbol callejero, el que se juega con la cabeza de los pies, ¿cómo voy a prologar un manual de agarrar créditos bancarios en sus sucursales universitarias?

Por dos razones entro al trapo. Una de ellas ya está expresada, la amistad. La otra, porque Toni, el profesor más inteligente que se esconde por el INEF de Galicia, le gusta el mismo fútbol alegre y abomina de los que venden el césped como si fuese una pizza, convirtiéndolo en un negocio vulgar y silvestre.

Uno de esos días, que la placentera comida en el INEF, entre ojeadas a las turbadoras presencias de ángeles sólo visibles por los elegidos, nos lleva a gloriosas charlas de juegos y retrúecanos, le pregunté:

–¿Cómo explicarías a un niño algo como la felicidad? –No se lo explicaría –me respondió rápido–, le lanzaría un balón para que jugara.

Efectivamente, para quien no se empeñe en vivir en la ceguera, el balonpié no deja de ser un negocio industrializado, pero no podemos dejar de ver que es también una fiesta ofrecida a los espectadores y una alegría para los que lo juegan.

El fútbol como juego no admite comparación, no sólo como espectáculo, sino como proceso educativo, como cuando muestra su efectividad en los ajustes sociales, en la integración y en la colaboración entre los niños y no tan niños; es una cantera de la imaginación, de la fantasía y de la creatividad; es un escape de tensiones que por algún lado deben salir, y dentro del juego, del fútbol también, todos acabamos aceptando nuestras limitaciones y admirando las virtudes del contrario. Y todo eso es así porque sus esencias son las del juego y no las del negocio en que lo han convertido. El fútbol estuvo en su primer siglo de vida al alcance de los desfavorecidos, de gentes, de niños que lo practicaban sin apenas recursos –pues no se necesitan muchos medios para jugar a este bendito entretenimiento–, que se entregaban a él con afán y obsesión lúdica. Esto se está acabando. La clásica noción del juego sigue existiendo, pero sólo como condición subsidiaria. Ahora las prioridades son de mercado. El jugador profesional pasó de ser una pieza de consumo y especulación, mientras que los demás sólo aspiran a imitarlos. No obstante, adjudicar la responsabilidad de la situación a las puntuales exigencias de un determinado jugador es obligar a no enfrentarse al problema. Lo podrido es el sistema. Son los que Eco llama el fútbol al cubo: políticos, prensa, presidentes, tecnócratas y hasta la Universidad de los que estimulan y envilecen el juego, por razones que no son ni sociales, ni educativas. Antes el fútbol pasaba por la magia, mientras que ahora sólo pasa por caja.

El juego se ha convertido en un espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores: fútbol para mirar; el espectáculo se ha transformado en negocio, que no organiza para jugar sino para evitar que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un juego de velocidad y fuerza, de ahí que los entrenadores de atletismo, un deporte con escaso futuro, se pasen al crematístico fútbol profesional. Éste ha renunciado a la alegría, está atrofiando la fantasía y prohíbe la osadía.

Estoy seguro de que Toni suscribe estas opiniones. La pregunta estaría en saber qué le empuja a aparecer en el lado de los tecnócratas. Seguramente son varios los motivos: ganarse la vida en este país del ¡todo va bien!, con música de España cañí, es una tarea ardua y difícil; la estructura universitaria obliga a entrar en una empobrecedora competición de puntuaciones y tramos para escalar en el escalafón de funcionario instructor; y lo que es peor, la Universidad desprecia nuestros estudios sobre el mundo de los juegos, por resultarles no sólo incomprensibles sino también irracionales, con lo que muchos compañeros se han lanzado a una numeralización, por otro lado inútil e imposible, de los juegos para poder justificar nuestra presencia en los pedantescos departamentos universitarios.

Estos extraños y nuevos tecnócratas, con aires científicos, hacen todo lo posible para castrar la feliz y sensual energía del juego, pero éste sobrevive a pesar de los pesares. Y quizá el fútbol no puede dejar de ser asombroso y se les escapa a los técnicos con regodeo del personal de a pie o balompié.

Dice Toni, cuando los tecnócratas no le oyen, que el juego que él trata de enseñar posee una gran capacidad de asombro, que lo mejor que tiene el fútbol es su porfiada génesis de sorpresa. Por más que los enseñantes tecnocráticos lo prorgramen, lo algoritmicen, lo cuadriculen, informaticen..., y por mucho que el dinero lo manipule, el fútbol continúa apareciendo como el arte de lo imprevisto, geometría bailada. Donde menos se espera salta lo imposible, el pequeño da una lección al grande, el débil tumba al fuerte, el esmirriado desarbola al atleta esculpido en la recia Grecia.

Estoy seguro de que el libro de Antonio Ardá está lleno de trabajo, de buen trabajo tocado de su prodigio pensante y revestido de esos toques de magia que sólo él sabe dar. Toni ha impartido clases sobre fútbol muy suculentas y nutritivas, seguro que como su libro, que sienta cátedra con los pies, cosa que no puede menos de esperarse de quien elevó a lección de honor y causa la “pachanga como recurso de método”.

El autor de este librito necesitaba publicarlo, así se va liberando de ciertas cordoneras que atan y enredan, mientras se va haciendo más fresco, osado, descarado, con un punto de insumisión y conocedor, esto último a la manera de los gourmets, que son los que saben que, en el fútbol de los niños, es donde puede aparecer algún descarado que se sale de los libros, de los manuales, sin que le atrape el algoritmo, y cometa el disparate de regatear a todo el equipo rival, y al árbitro, y al público de las tribunas, y a los del banquillo, y a los tecnócratas, simplemente porque se lo pide el cuerpo, por puro goce, porque jugando se siente libre.

Toni Ardá sabe mucho de esto, por eso conviene que vigile que no nos birlen esa alegría. Así, mientras coronado de las prestaciones que antes hemos nombrado y ensolerado por el paso del tiempo, Toni se irá haciendo sabio y nos ofrecerá lo mejor, que ya no será manual sino cerebrocorporal, un producto a caballo entre la melancolía irremediable y el puro gozo físicointelectual, algo parecido a la sensación que sentimos cuando acaban los juegos amorosos o el partido. Sólo el que lo ha probado lo sabe y sólo él puede contarlo y convertirlo en ciencia al servicio de la gente.

José Luis Salvador Alonso

Profesor de Educación Física y escritor.

I NTRODUCCIÓN

En un análisis retrospectivo histórico sobre el proceso de enseñanza de los Juegos Deportivos Colectivos en general, y del fútbol en particular, comprobamos cómo, en un primer momento, la técnica fue considerada un factor fundamental del rendimiento, la cual se optimizaba a través del dominio de acciones aisladas con o sin balón. Esta teoría se fundamentaba en el modelo de análisis característico de ese momento; el juego se entendía como la suma de acciones individuales de los jugadores, con la particularidad de que el análisis correspondía fundamentalmente a las acciones que realizaba el jugador sobre el balón. El centro del proceso de enseñanza recaía en el aprendizaje de las técnicas con balón, grave error si tenemos en cuenta que el jugador a lo largo de un partido sólo actúa sobre el balón entre dos y tres minutos. A esta etapa, le siguió o le sigue otra que atribuye a la táctica el papel principal en la enseñanza del juego, y que se materializa en la capacidad que el jugador revela en la toma de decisiones frente a los problemas o situaciones que se le plantean en el juego. Esta dicotomía entre técnica y táctica a escala conceptual, se ve reflejada en metodologías de abordaje de enseñanza del fútbol opuestas.

Actualmente, nos encontramos en la necesidad de afrontar el estudio del juego en el contexto que le confiere significado; quizás la dialéctica técnicatáctica no es suficiente para explicar la funcionalidad del juego y, por tanto, basarse en ella no será suficiente para establecer un modelo de abordaje de la enseñanza del juego.

Sin poder prescindir de la necesidad de una buena técnica que le permita al jugador libertad para «hacer» el juego, y de la táctica que define colectivamente la esencia del mismo, proponemos un nuevo modelo basado en la estructura del rendimiento en el fútbol; rendimiento definido por los comportamientos individuales de los jugadores en las situaciones de interacción con compañeros y adversarios, por los comportamientos grupales en situaciones espaciotemporales puntuales, y por las actuaciones tacticoestratégicas colectivas. Según esto, que se explicará en profundidad más adelante, el juego y sus características pasan a ser el centro del proceso de enseñanza. Además, no sólo hay un referente de juego del que partir para definir la metodología, sino que tenemos dos: el juego de alto nivel al que pretendemos acceder, y el juego puntual en el que se encuentra el practicante. Las características de juego particular y las posibilidades motoras del joven jugador orientan la definición de las propuestas de aprendizaje.

Nuestro modelo de enseñanza y aprendizaje define una estructura de rendimiento para cada modalidad competitiva en cada etapa del desarrollo. Los modelos de juego que proponemos son el fútbol a 5 (fútbol sala), el fútbol a 7, y evidentemente como fin del proceso, el fútbol a 11. El fútbol a 5 y el fútbol a 7 no son un fin en sí mismo, sino que son medios competitivos al servicio de las posibilidades motoras del niño, más adecuados a su edad y que servirán para aproximarlo eficazmente al fútbol a 11. Pero no sólo tenemos que caracterizar el modelo general de juego, sino que debemos definir el juego practicado en cada edad para intervenir a partir de él y no a partir de una situación indefinida. Comprobamos según esta propuesta la necesidad de la observación del juego, la necesidad de una observación rigurosa sobre los diferentes factores de rendimiento en cada modalidad.

Estudiando las Escuelas de Fútbol de muchos de los clubes más prestigiosos de Europa, entre ellos los de AJAX de Amsterdam, la de PSV Eindhoven, la NEC Nijmegen School holandesa, la del FC Barcelona, la del Liverpool FC y la del Auxerre, encontramos muchas similitudes en la filosofía del proceso de entrenamiento con las propuestas que se presentan en este libro.

Destacamos:

•El conocimiento de las características del niño para intervenir sobre él de la forma más racional en cada momento.

•La elección de los contenidos técnicos, tácticos y físicos adecuados a cada edad.

•La utilización de contenidos tacticosestratégicos desde las primeras edades.

•El empleo de juegos reducidos (8 x 8, 7 x 7, 9 x 9), en cada edad.

•La utilización preferente de un sistema de juego en cada modalidad de juego, 1:3:3 para fútbol 7, 1:3:2:2 para fútbol 8 y 1:4:4:2 para fútbol 11.

CAPÍTULO I

EL FÚTBOL COMO JUEGO DEPORTIVO COLECTIVO. ORIGEN

1. A NTECEDENTES

El origen de los juegos deportivos colectivos se encuentra en las sociedades primitivas. Numerosos juegos de balón forman parte del patrimonio cultural de cada civilización y constituyen la prehistoria de los actuales juegos deportivos colectivos. En el siglo XIX a. de C. los chinos jugaban al tsu-chu; los árabes jugaban al koura; en el norte de América jugaban al skinny; los abisinios practicaban un juego con el mazo (antepasado de la crosse de la Edad Media y del hockey moderno). En el siglo X a. de C., en Japón, el kemari constituye el antepasado del fútbol moderno. Los incas, en el siglo VII a. de C., practicaban un juego semejante al baloncesto, el pok a pok; los helenos y romanos poseían diferentes juegos como el epyskiros, el harpastum y el follis (que recuerda al rugby). Todos estos juegos que han sido practicados por las civilizaciones primitivas, han ido evolucionando hasta constituir los juegos deportivos modernos que practicamos en la actualidad.

Estudiosos y tratadistas difieren a la hora de señalar la fecha exacta sobre los orígenes del fútbol. «Existen referencias ampliamente fundamentadas, entre ellas, las de los eruditos chinos Tsao Tse y Yang Tse, que manifiestan la existencia de un antecedente serio de este juego en los remotos tiempos del siglo XXV antes de Cristo» (Enciclopedia Mundial del Fútbol, 1981, p. 3-4).

En otra línea, hay quien encuentra en los juegos del enioxupos, follis y harpastum practicados en la antigua Grecia y Roma, los verdaderos antecedentes del fútbol actual, ya que en ellos ya se daba al balón con el pie (Polo del Barrio, 1985a).

Estas teorías, junto con otras que se apuntaron el invento, no son inciertas, pero creemos que no dejan de ser anecdóticas pues, aunque el balón se jugaba con los pies, tal como es norma fundamental en la actualidad, también se jugaba con la mano y no había reglamentación, lo que ocasionaba dureza y violencia en exceso.

Es en el gioco del calcio, practicado por la aristocracia italiana, a principios del s. XV, bajo el poder de los Medici, donde se encuentra un antecedente social serio del fútbol actual (Polo del Barrio, 1985a). «Fue Pietro Medici quien reunió en la ciudad y en su corte a los más destacados practicantes del calcio» (Enciclopedia Mundial del Fútbol, 1981, p. 8).

A pesar de que en un principio fue criticado y muchas veces prohibido, no se pudo evitar que el fútbol arraigara de forma definitiva durante la época victoriana del Imperio Británico, y más en concreto, en las prestigiosas Public Schools del siglo XIX.

2. O RIGEN MODERNO

El fútbol, tal y como se conoce actualmente, inicia su desarrollo en Inglaterra. Las primeras «Leyes del fútbol en la forma en que se juega en la Escuela de Rugby», (un primer bosquejo de reglas en las que se permitía a ciertos jugadores, bajo ciertas condiciones concretas, llevar el balón con las manos) fueron resultado de una asamblea de los chicos de sexto año en 1845, y que fueron posteriormente sancionadas en 1846 por una asamblea de toda la escuela (Barbero, 1993). Los alumnos de la Rugby School llevaron consigo este recién constituido juego a Oxford y Cambridge; fue en el Trinity College de esta última universidad, en el año 1846 y después de largas discusiones, donde un conjunto de directivos y estudiantes de diversos centros educativos de la nación elaboraron el «primer código del fútbol» (Enciclopedia Mundial del Fútbol, 1981). Este código deslindaba los dos posibles tipos de juego: el de manos-pies por una parte, fomentado fundamentalmente por Rugby, y el de sólo pies –denominado soccer– por otra, perfilando así la escisión entre los grandes juegos herederos de la vieja tradición de perseguir un balón (Polo del Barrio, 1985b).

a. Las Public Schools

Fueron las Public Schools, internados a los que la aristocracia y la alta burguesía encomendaban la educación de sus hijos varones, los centros educativos en los que el deporte surgió como parte de una estrategia de control del tiempo libre de los jóvenes, y en un período muy corto de tiempo, acabó convirtiéndose en el elemento central del currículo de estas instituciones.

Los pasatiempos tradicionales predeportivos, formas ancestrales de balompié u otros juegos de pelota, transformados en deportes como el rugby o el fútbol, fueron producto, fundamentalmente, de asambleas de cursos y escuelas. Las Public Schools más antiguas y prestigiosas, y de las que habían de nacer las ideas para impulsar el deporte en general y el fútbol en particular, fueron las de Eton, Harrow, Rugby, Westminter, Winchester, Charterhouse, St. Paul y Merchan Taylor (Enciclopedia Mundial del Fútbol, 1981).

En Winchester y en Harrow, donde se disponía de grandes espacios, se impuso el modelo del rugby, con grandes carreras y de acentuada violencia (Diem, 1966, vol. II). En Eton, Westminster y Charterhouse, donde se jugaba otra variante del fútbol diferente a la de Rugby –el juego de regate–, fueron integrando reglas escritas más precisas y restrictivas. «En un relativamente pequeño espacio de la Charterhouse School, en lo que antes había sido el jardín del convento, se desarrolló el dribbling game. La escuela de Westminster no contaba con un espacio mucho mayor, y también practicó este fútbol» (Diem, 1966, vol. II p. 85). El deseo de ligas más amplias desembocó en compromisos pactados por parte de las comisiones representantes de los clubes en el sentido de la homologación de los reglamentos. La clase inglesa salida de las escuelas preparatorias (Public Schools) tendió gradualmente hacia la variante de Rugby, que permitía coger el balón con las manos y autorizaba las agarradas y los forcejeos. La variante más restrictiva del fútbol, que penalizaba el uso de las manos, fue acogida con entusiasmo por los jugadores de la clase obrera (Mandel, 1986).

Sin embargo, la confusión entre las posibles normas a aplicar en el juego de perseguir un balón persistió, y la posibilidad de unificación entre el código de Rugby y el de Cambridge se esfumó. Durante los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX, las dos modalidades fueron perfilando su existencia. «En donde podía disponerse de un gran campo de juego, la vieja afición al zarandeo se expresaba en forma de partidos de rugby. Las reglas de dicho deporte fueron calificadas por la Rugby Football Union, que más tarde pasó a llamarse simplemente Rugby Union» (Diem, 1966, vol. II p. 85). Los de Rugby siguieron con sus prácticas, pero la mayor parte de centros docentes de Gran Bretaña aceptaron gradualmente el código de Cambridge, y enmarcado por sus normas, se fundó el primer club no universitario de la nación en 1857: el Sheffield Club. La primera asociación de fútbol surgió cerca de Londres también en ese año, se trataba del Forest Club (Diem, 1966, vol. II). Unos años después, en 1862, nacía el segundo en la ciudad de Nottinghan: el Notts County (Enciclopedia Mundial del Fútbol, 1981).

Fue a partir de la década de 1960 cuando las nuevas generaciones de viejos muchachos comenzaron a poner en práctica las ideas que habían adquirido. Desde los distintos aparatos del Estado (ideológicos y coercitivos) y desde sus propias empresas, promovieron y dirigieron la nueva religión de la práctica deportiva. Se reunieron, discutieron las distintas formas de «juego», se juntaron y se separaron, se crearon clubes, asociaciones y federaciones, formaron comités, órganos de gobierno y una amplia normativa legal autónoma respecto al poder civil. Tejieron la red o conjunto de redes de instituciones y jerarquías deportivas que organizaron competiciones de ámbito local, regional y nacional.

Anteriores a estas asociaciones deportivas, existían clubes cuya configuración y propósito eran mucho más selectivos y aristocráticos. Las primeras asociaciones deportivas se crean a partir de la década de 1960 (Barbero, 1993). «La creciente popularidad del juego del football llevó a que surgiera un gran interés por su estudio y reglamentación, que cristalizó en 1862 con la publicación The Simplest Game, obra de Thing, profesor de Uppinghan, en la Universidad de Cambridge, donde se recogen diez reglas básicas» (Polo del Barrio, 1985b, p. 12). Se describía por primera vez el gol, que se lograba cuando el balón traspasaba los postes de la portería, con la prohibición de ser introducido con las manos. Aparecía y se reconocía el fuera de banda, y los saques de portería, que debían hacerse desde el área de puerta. Se acordó el cambio de campo en el intermedio del partido, y se definió por primera vez el fuera de juego.

El año 1863 fue decisivo para el fútbol. Los intentos por parte de algunas comisiones de armonizar las dos variantes del juego y sus respectivos reglamentos fallaron estrepitosamente. A partir de este fallido intento conciliador, los clubes ingleses se reunieron en la Freemason’s Tavern de la barriada londinense de Great Queen Street el 23 de octubre de 1863, y allí se fundó la Football Association, primer organismo oficial encargado de encauzar este deporte. En base a las ideas de Cambridge, la nueva sociedad estableció un conjunto de reglas novedosas: los campos habrían de tener una longitud máxima de 181 m con una anchura variable, y los postes laterales de las porterías quedaron fijados en su posición actual. Y lo que era más importante, se prohibía definitivamente y radicalmente el uso de las manos, incluso para los jugadores que ocupaban una posición defensiva; el guardameta propiamente dicho todavía no existía (Enciclopedia Mundial del Fútbol, 1981). Los clubes de fútbol empezaron a fundarse también por aquella época. Estos primeros clubes y encuentros se produjeron con frecuencia sobre la base de las amistades escolares.

b. Las iglesias

Las iglesias fueron otra de las agencias más importantes en la difusión del mensaje deportivo. Como medio de intervención, tenían bastante fácil el acceso a las comunidades y barrios de trabajadores y disponían de terrenos que podían transformarse en campos de juego. Además, los curas jóvenes creían en los deportes, y descubrieron que el balón de fútbol podía ser un buen medio para atraer el pueblo hacia Dios. Miles de clubes y equipos deportivos, de los que sobreviven sólo una minoría, se constituyeron al amparo de instituciones religiosas; algunos ejemplos de clubes constituídos en torno a las iglesias son el Aston Villa (Villa Cross Weslwyan Chapel, 1874), el Bolton Wanderers (Bolton Christ Church, 1874), el Birminghan City (Trinity Church, 1875), el Everton (St. Domingo’s Church Sunday School, 1878; de él se desgajó posteriormente el Liverpool FC), el Totenham Hotspur, 1878, etc. Todos los clubes fundados en la ciudad de Liverpool durante la década de 1870 lo fueron en torno a las diferentes iglesias (Barbero, 1993).

c. Las fábricas

El interés o altruismo de ciertos patronos hizo que las fábricas se convirtiesen también en un foco de creación de clubes deportivos. Los equipos de fútbol formados en torno a ellas constituyeron una de las características recreativas del proletariado de las ciudades industriales. La extracción social de estos equipos trajo consigo una forma distinta de ver el fútbol, así como diversas modificaciones en el estilo de juego. Su creciente influencia dio lugar en la década de 1880 al debate sobre el profesionalismo, que estuvo a punto de provocar un cisma en la Asociación de Fútbol; finalmente, estos equipos de obreros profesionales acabaron dominando en muy poco tiempo todas las competiciones. Algunos de los equipos más conocidos fundados a la sombra de las fábricas son el Manchester United, creado al cambiar el nombre del Newton Heath en 1902, y cuyo origen fue la Lancashire/Yorkshire Railway Company en 1880; el Royal Arsenal FC, que después se llamó Woolwich Arsenal y sólo Arsenal a partir de 1914, tuvo su origen en la fábrica de explosivos y municiones Woolwich en 1886 (Barbero, 1993).