Buch lesen: "Cartas II. Cartas a Ático (Cartas 162-426)"
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 224

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JOSÉ ANTONIO CORREA RODRÍGUEZ .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO320
ISBN 9788424932497.
NOTA TEXTUAL


162 (VIII, 12)
(Finca de Formias, 28 de febrero del 49)
Cicerón saluda a Ático.
La oftalmia me molesta más que antes 1 ; pese a ello, he preferido dictar esta carta a no darle ni una letra para ti a Galo Fabio 2 , que tan buen amigo es de los dos. Pues ayer, ciertamente, yo mismo escribí como pude aquella cuyo vaticinio 3 ansío que sea falso. En cuanto a la presente, el motivo no sólo es no dejar pasar ni un día sin mandarte carta, sino también otro más concreto: lograr que te tomes un momento (porque necesitas muy poco) 4 ; quiero que me expliques con claridad tu consejo, de forma que lo entienda plenamente.
Todo está intacto para mí: no ha habido omisión que no [2] tenga una explicación inteligente, no ya admisible. Desde luego no cometí un error cuando rehusé hacerme cargo de Capua 5 , que tenía ya asignada, por evitar no sólo la acusación de desidia sino incluso la sospecha de traición, ni cuando tras la presentación de las proposiciones de paz por medio de Lucio César y Fabato 6 , tomé la precaución de no ofender el ánimo de aquel a quien, ya armado, Pompeyo, también armado, le ofrecía el consulado y el triunfo.
[3] Y desde luego nadie puede reprocharme en justicia lo más reciente: el no haber atravesado el mar. Pues, aunque era cuestión de pensarlo, sin embargo no pude ir a su encuentro; y no debí tener sospechas, sobre todo cuando, por la carta misma de Pompeyo, no tenía duda (y veo que tú entendías lo mismo) de que él iba a ayudar a Domicio, y preferí meditar durante más tiempo lo que era justo y lo que yo debía hacer.
[4] En primer lugar, pues, me gustaría que me escribas con más detenimiento, aun cuando ya me lo has apuntado, qué te parece todo esto. Luego, que eches también una mirada hacia el futuro y delinees el hombre que debo ser y dónde piensas tú que puedo resultar más útil a la república: si se necesita una persona de paz o todo reside en un hombre de guerra.
[5] También yo, que todo lo miro por el rasero del deber, evoco, sin embargo, tus consejos; si los hubiese seguido, no habría sufrido la tristeza de aquellos tiempos 7 . Recuerdo cuanto me recomendabas por medio de Teófanes, de Culeón 8 , y lo he evocado muchas veces suspirando. Por tanto volvamos ahora al menos a los cálculos que entonces dejamos de lado, con objeto de seguir una conducta, no ya más gloriosa, sino también un poco más segura. Pero no anticipo nada: me gustaría que me escribieras con todo cuidado lo que sientes.
Asimismo quiero que averigües con la mayor presteza [6] que puedas (y por cierto, tendrás quienes te lo permitan) qué hace nuestro Léntulo, qué Domicio 9 ; qué piensan hacer, cómo se comportan ahora, si acusan a alguien, si están enojados con alguno… ¿qué digo con alguno?: ¡con Pompeyo! Absolutamente toda la culpa se la echa Pompeyo a Domicio; eso se puede saber por su propia carta, de la que te adjunto una copia. Esto es, pues, lo que debes ver, y ya te lo escribí antes: mándame, por favor, el libro de Demetrio de Magnesia sobre la concordia que él te mandó a ti 10 .
162A (VIII 12A)
(Luceria, quizá 18 de febrero del 49)
El procónsul Gneo Magno saluda a los cónsules Gayo Marcelo y Lucio Léntulo.
Yo, porque creo que dispersos no podemos ser útiles a la república ni cuidar nuestra seguridad, he escrito precisamente una carta a Lucio Domicio, primero para que venga a nuestro encuentro con todas sus fuerzas; si duda respecto a sí mismo, que nos mande las diecinueve cohortes que habían emprendido el camino desde Piceno en mi busca 11 . Ha ocurrido lo que yo temía: que Domicio está copado y él no es lo suficientemente fuerte para establecer un campamento 12 , por tener distribuidas en tres ciudades mis diecinueve cohortes y las doce suyas (pues las colocó, parte en Alba, parte en Sulmona 13 ), ni puede librarse, si quisiera.
Ahora, sabedlo, soy presa de la mayor ansiedad. Pues [2] estoy deseando librar del peligro de asedio a tantos y tan valiosos hombres, mas no puedo ir en su ayuda porque no creo que quepa confiar a estas dos legiones un traslado hasta allí; al margen de que sólo he podido reunir de ellas catorce cohortes, porque mandé una guarnición a Brundisio y pensé que tampoco debía dejar sin guarnición a Canusio durante mi ausencia.
Había encargado a Décimo Lelio 14 , pues esperaba tener [3] a nuestra disposición más tropas, que, si tal era vuestro parecer, uno cualquiera de vosotros viniera a mi encuentro y el otro marchara a Sicilia con las fuerzas que habéis reunido en Capua y sus alrededores más los soldados que reclutó Fausto, y que Domicio se incorporara allí con sus doce cohortes; que todo el resto de las tropas fuera concentrado en Brundisio y desde ahí transportado en barcos a Dirraquio. Pero ahora, como en las circunstancias presentes me es tan imposible como a vosotros ir en ayuda de Domicio, (aun cuando él pueda) 15 escapar a través de las montañas, no debo permitir que el enemigo se acerque a estas catorce cohortes, de las que no estoy muy seguro, o pueda alcanzarme en ruta.
Por tanto he decidido (y veo que lo mismo opinan 16 [4] Marco Marcelo y los demás de nuestro orden que están aquí) conducir a Brundisio estas tropas que tengo conmigo. Os exhorto a que reunáis cuantos soldados podáis reunir y vengáis lo antes posible igualmente a Brundisio. Las armas que me ibais a mandar debéis usarlas, pienso, para armar a los soldados que tenéis con vosotros. Las que sobren, si las lleváis a Brundisio en bestias de carga, haríais un considerable servicio a la república. Quisiera que informéis sobre este asunto a los nuestros. Yo he mandado a los pretores Publio Lupo y Gayo Coponio 17 para que se unan a vosotros y os lleven los soldados que tengan.
162B (VIII 12B)
(Luceria, 11 de febrero del 49)
El procónsul Gneo Magno saluda al procónsul Lucio Domicio.
Mucho me sorprende que no me hayas escrito nada y que mis noticias sobre la república procedan de otros más que de ti. Nosotros, con el ejército dividido, no podemos equipararnos a los adversarios; una vez reunidas nuestras fuerzas, espero que podamos ser útiles a la república y a la salvación de todos. Por tanto, después de haber decidido, como me escribió Vibulio 18 , marcharte de Corfinio el 9 de febrero con tu ejército y venir a mi encuentro, me pregunto extrañado cuál sería el motivo de que cambiaras tu plan. Pues el que me escribe Vibulio es insignificante: que te has demorado al oír que César, avanzando desde Firmo, había llegado a Castro Truentino. En efecto, cuanto más empieza a acercarse el enemigo, tanto más rápidamente debías intentar unirte conmigo, antes de que César pudiese cortarte el camino a ti o aislarme a mí de ti.
Por tanto te ruego y te exhorto de nuevo (y no he cesado [2] de pedírtelo en cartas anteriores) que vengas el primer día que puedas a mi encuentro a Luceria, antes de que las fuerzas que César ha comenzado a reunir, concentradas en un solo punto, te separen de mí. Y si hay quienes te pongan dificultades por salvar sus granjas, es una petición justa por mi parte que me mandes las cohortes procedentes de Piceno y Camerino 19 , las cuales han abandonado sus propias fortunas.
162C (VIII 12C)
(Luceria, 16 de febrero del 49)
El procónsul Gneo Magno saluda al procónsul Lucio Domicio.
Marco Calenio 20 me ha traído una carta tuya el 16 de febrero; en esa carta escribes que tienes intención de vigilar a César y, si emprende la marcha en mi dirección a lo largo de la costa, acudir enseguida a mi encuentro a Samnio; en cambio, si se detiene en los alrededores de esa zona, quieres oponerle resistencia a poco que se acerque.
Estimo esa actuación tuya de gran coraje y energía, pero debemos mirar con más celo por no dispersarnos y estar en desventaja respecto al adversario cuando él tiene grandes fuerzas y en breve las tendrá mayores. No debes, pues, de acuerdo con tus previsiones, atender sólo a una cosa: el número de cohortes que en este momento tiene César contra ti, sino a la cantidad de fuerzas de caballería y de infantería que reunirá en breve tiempo. Testimonio de ello es la carta que me ha mandado Busenio 21 ; en ella me escribe (y lo mismo me escriben también otros) que Curión 22 reúne las guarniciones que están en Umbría y Toscana y emprende el camino al encuentro de César. Si estas fuerzas son concentradas en un solo lugar, aun cuando una parte del ejército sea enviada a Alba, y otra avance hacia ti, sin atacar, pero repeliendo los ataques desde sus posiciones, quedarás clavado y no podrás solo, con esas fuerzas, mantener a raya a una multitud tan grande para aprovisionarte.
[2] Por lo tanto, te exhorto con la mayor insistencia a venir aquí cuanto antes con todas tus fuerzas; los cónsules han decidido hacer lo mismo. Yo encargué a Marco Tuscilio 23 transmitirte la necesidad de tomar precauciones para que mis dos legiones no se pongan a la vista de César sin las cohortes del Piceno. Por lo tanto, no te alarmes si oyes que emprendo la retirada en el caso de que César venga hacia mí; pienso, en efecto, que se deben tomar precauciones para evitar que, rodeado, se me inmovilice. Pues ni puedo establecer un campamento a causa de la estación del año y la disposición de los soldados, ni es solución reunir las tropas sacándolas de todas las ciudades para no perder la retirada; de manera que no he concentrado en Luceria más que catorce cohortes.
Los cónsules me traerán todas las guarniciones o [3] marcharán a Sicilia, pues conviene o bien tener un ejército firme que nos dé confianza en la posibilidad de romper el frente o bien ocupar regiones desde las que se pueda repeler un ataque, cosas ambas que no están a nuestro alcance en este momento, porque César ha ocupado gran parte de Italia y nosotros no tenemos un ejército tan bien dotado y tan numeroso como él. Por eso debemos tomar precauciones para atender la situación de la república en conjunto. Una y otra vez te exhorto a que vengas cuanto antes a mi encuentro con todas tus fuerzas. Podemos todavía ahora enderezar la república si administramos el asunto de común acuerdo; pero si nos dispersamos, seremos débiles. Esto lo tengo claro.
Terminada ésta, Sica 24 me ha traído tu carta y tus [4] encargos. En cuanto a tu exhortación de que vaya ahí, considero que no puedo hacerlo, porque no confío en absoluto en estas legiones.
162D (VIII 12D)
(Luceria, 17 de febrero del 49)
El procónsul Gneo Magno saluda al procónsul Lucio Domicio.
Me ha llegado el 17 de febrero tu carta donde escribes que César ha establecido su campamento junto a Corfinio 25 . Ocurre lo que yo pensé y avisé: no quiere en el momento presente entablar combate contigo y, una vez reunidas todas sus tropas, te cercará para que no tengas expedito el camino hacia mí y puedas unir esas tropas de magníficos ciudadanos con estas legiones de cuya lealtad dudo. Por eso me ha afectado más tu carta: pues no confío en la lealtad de los soldados que tengo conmigo lo suficiente para poner en juego toda la suerte de la república, y encima no se han concentrado los reclutas procedentes de las levas de los cónsules.
[2] Por tanto, haz un esfuerzo, si todavía está a tu alcance conseguirlo de alguna manera, por librarte de obstáculos y venir aquí lo más pronto posible, antes de que se concentren todas las tropas de los adversarios. Pues los hombres procedentes de los reclutamientos no pueden acudir aquí con rapidez y, si lo hicieran, no se te escapa lo que pueden conseguir contra legiones veteranas quienes ni siquiera se conocen entre sí.
163 (VIII 13)
(Finca de Formias, 1 de marzo del 49)
Cicerón saluda a Ático.
Sírvate como prueba de mi oftalmia la letra de mi secretario 26 , causa también de la brevedad; aunque hoy, por cierto, no tengo nada que escribirte. Toda nuestra atención está en las noticias de Brundisio; si César ha alcanzado a nuestro Gneo, esperanza incierta de paz; pero si éste ha hecho antes la travesía, miedo a una guerra funesta.
Pero, ¿ves en manos de qué hombre ha caído la república?, ¿cuán listo, cuán vigilante, cuán preparado? Si, por Hércules, no mata a ninguno y a nadie le quita nada, será el más querido por los que más le temían.
Hablan mucho conmigo hombres de los municipios, [2] mucho los del campo: no se preocupan absolutamente de nada más que de sus tierras, de sus granjitas, de sus dineritos. Y observa lo cambiada que está la situación: temen a aquél, en quien antes confiaban; aprecian a éste, al que temían. En qué medida se debe esto a nuestros fallos y errores no puedo imaginarlo sin sufrimiento. En cuanto a lo que nos espera, ya te he escrito mi opinión; ahora aguardo tu carta.
164 (VIII 14)
(Finca de Formias, 2 de marzo del 49)
Cicerón saluda a Ático.
No me cabe duda de que te resultarán odiosas mis cartas diarias, de manera especial cuando no te doy ninguna información nueva sobre cosa alguna ni, en definitiva, encuentro ningún nuevo tema para escribirte. Pero si, puestos a la obra, sin motivo alguno te mandara mensajeros con cartas vacías, actuaría como un necio; en cambio cuando parte alguien, sobre todo gentes de la casa, no puedo evitar confiarles unas letras para ti; al mismo tiempo, créeme, descanso un poco en medio de estas miserias cuando, por así decirlo, hablo contigo 27 y sobre todo mucho más cuando leo tus cartas. Tengo perfectamente claro que no ha habido ningún momento desde que empezaron nuestras huidas y temores más digno de quedar mudo de cartas, sobre todo porque no se oye nada nuevo ni en Roma ni en estos lugares que están más cerca que tú de Brundisio dos o tres días. Y es precisamente en Brundisio donde se desarrolla todo el conflicto de este período inmediato, una expectativa que sin duda me atormenta. Pero lo sabremos todo antes del 7, pues veo que César salió de Corfinio después del mediodía en la misma fecha, los Feralia 28 , en que lo hizo Pompeyo de Canusio por la mañana. Lo que ocurre es que César se mueve de tal modo, e incentiva la rapidez de sus soldados con tales raciones, que temo que alcance Brundisio antes de lo conveniente.
Dirás: «¿y qué provecho le sacas a anticipar el [2] sufrimiento por algo que conocerás dentro de tres días?». Ninguno, por cierto; pero, como he dicho más arriba, me encanta hablar contigo, y además has de saber que se debilita aquel plan mío que parecía ya bastante firme. No me resultan muy adecuados los modelos que cuentan con tu aprobación 29 : en efecto, ¿ha existido nunca una acción valiosa de ellos en asuntos públicos? o ¿hay quien espere de ellos algo digno de alabanza? Por Hércules, no creo que merezcan elogios quienes han cruzado el mar para preparar la guerra, a pesar de que la situación aquí es insoportable; veo, en efecto, cuán grande y repugnante será esta guerra. Pero sólo me mueve un hombre de quien me considero obligado a ser compañero en la huida y aliado en la recuperación de la república. «¿Tantas veces, pues, cambias de opinión?». Yo hablo contigo como conmigo mismo y ¿hay alguien que no discuta consigo mismo en un sentido o en otro sobre asunto tan importante? A la vez estoy deseando sonsacarte tu opinión: si es la misma, para mantenerme firme; si ha cambiado, para adherirme a ti.
En todo caso, al objeto de mis dudas atañe que sepa qué [3] va a hacer Domicio, qué nuestro Léntulo. Sobre Domicio he oído varias cosas: que está ora *** 30 , ora en su finca de Tíbur o en la de Lépido, con quien habría llegado a la Urbe, lo cual es igualmente falso, según veo, pues dice Lépido que se ha internado con no sé quién por caminos ocultos para ocultarse o por ver si alcanza el mar (también eso lo ignora); no sabe nada ni de su hijo 31 . Añade una cosa muy preocupante: no se le ha devuelto a Domicio una suma bastante considerable que tenía en Corfinio 32 . Por otra parte, respecto a Léntulo no hemos oído nada. Quisiera que investigues estas cosas y me escribas con detalle.
165 (VIII 15)
(Finca de Formias, 3 de marzo del 49)
Cicerón saluda a Ático.
El 3 de marzo me ha entregado Egipta 33 cartas tuyas, una antigua, del 26, que, según me escribes, habías entregado a Pinario, a quien no he visto; en ella estás a la expectativa de lo que pueda hacer Vibulio 34 , enviado por delante, que desde luego no ha sido visto por César (veo en la otra carta que estás al tanto de ello), y de cómo acojo a César a su vuelta: pienso evitarlo de todas todas. Además proyectas una fuga ‘inmediata’ 35 y un cambio de tu vida (en mi opinión debes hacerlo), e ignoras si Domicio lleva los fasces 36 ; cuando lo sepas, comunícamelo. Esto, a la primera carta.
Siguieron dos, datadas ambas el 28, que me han [2] arrancado de mi posición inicial, ya, con todo, vacilante, como te escribí antes. Y no me mueven tus palabras «inicuo para el mismo Júpiter» 37 , pues el peligro está en la cólera de uno y de otro, y la victoria es tan incierta que la causa peor me parece la más preparada. Tampoco me mueven los cónsules, más fáciles de mover a su vez que una pluma o una hoja 38 . Es la consideración de mi deber lo que me atormenta y me ha venido atormentando. Más prudente sin duda es quedarse, pero se considera más honroso cruzar el mar. A veces prefiero que muchos juzguen imprudente mi actuación a que unos pocos la juzguen deshonrosa. En cuanto a tus preguntas sobre Lépido y Tulo 39 , ellos no tienen duda de que se pondrán a disposición de César y se presentarán al senado.
[3] Tu carta más reciente es la fechada el 1; en ella deseas una reunión y no pierdes las esperanzas de paz; por mi parte, mientras te escribo esto, pienso que ni ellos se van a reunir 40 ni, en caso de hacerlo, Pompeyo va a acceder a ninguna condición. En cuanto a eso de que al parecer no dudas sobre la conducta que debo adoptar si los cónsules atraviesan el mar 41 , la verdad es que lo están atravesando o, tal como se encuentran las cosas ahora, ya lo han atravesado. Pero recuerda que, excepto Apio 42 , no hay casi nadie que no esté legalmente autorizado a hacerlo 43 : pues, o bien tienen mando militar como Pompeyo o como Escipión, Sufenas, Fannio, Voconio, Sestio 44 , los mismos cónsules, a los cuales les es concedido por tradición ir si quieren a todas las provincias, o bien son legados de ellos. Pero no aplazo nada; comprendo lo que tú propones y qué es más o menos lo correcto.
Te escribiría más si pudiese hacerlo yo mismo; con todo, según me parece, podré dentro de dos días. Te mando copia de la carta de Cornelio Balbo, que recibí el mismo día que las tuyas, para que te compadezcas de mi condición viendo cómo se burlan de mí.
165 A (VIII 15A)
(Roma, hacia el 1 de marzo del 49)
Balbo saluda al general Cicerón.
Te ruego, Cicerón, que te encargues del trabajo y del proyecto más digno de tu valía: trae de nuevo a la concordia anterior a César y Pompeyo, alejados por la perfidia de la gente. Créeme, César no sólo estará a tu disposición, sino incluso pensará que le has hecho el mayor beneficio, si te aplicas a ello. Yo quisiera que Pompeyo haga lo mismo; no obstante, deseo más que espero que pueda ser inducido a algún pacto, tal como están los tiempos. Sin embargo, cuando se pare y deje de temer, empezaré a no desesperar de que tu autoridad tenga también gran influencia sobre él.
En cuanto a tu deseo de que mi 45 Léntulo, el cónsul, [2] permanezca aquí, ha sido grato para César, y para mí, por los dioses, gratísimo. Pues lo tengo en tanta estima, que ni a César lo aprecio más. Si hubiese permitido que yo hablara con él como teníamos por costumbre y no se hubiese apartado totalmente una y otra vez de mi conversación, sería yo menos desgraciado de lo que soy. No vayas a pensar, en efecto, que en este momento alguien sufre más que yo cuando veo a la persona que aprecio por encima de mí mismo ser en su consulado cualquier cosa menos cónsul. Y si quisiera hacerte caso y creerme a mí respecto a César y cumplir en Roma el resto de su consulado, empezaría yo a esperar que, con el consejo del senado a iniciativa tuya y mediación suya, Pompeyo y César podrían unirse. Si esto llega a suceder, pensaré que he vivido bastante.
[3] Sé que aprobarás todo cuanto ha hecho César respecto a Corfinio y cómo en un asunto de este tipo no ha podido suceder nada mejor que llevarlo a término sin sangre.
Me alegro de que hayas disfrutado con la llegada de mi querido Balbo, que lo es también tuyo. Todo cuanto te dijo sobre César y cuanto César ha escrito, los hechos te demostrarán, lo sé, que, sea cual sea su suerte, ha escrito con toda sinceridad.