Buch lesen: "Querida María"

González Táboas, Carmen
González Táboas, Carmen. Querida María: cuando el psicoanálisis no es un sueño / Carmen González Táboas; editado por Nicolás Cerruti; María Magdalena. - 1a ed mejorada. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Las Furias, 2020.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-47774-3-0
1. Clínica Psicoanalítica. 2. Ensayo. 3. Autobiografías. I. Cerruti, Nicolás, ed. II. Magdalena, María, ed. III. Título.
CDD 150.195

PRIMERA EDICIÓN Editorial Tres Haches, 2008
EDICIÓN María Magdalena / Nicolás Cerruti
DISEÑO Romina Luppino
COMUNICACIÓN Lila Magdalena
No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito de los editores. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.
ISBN 978-987-47774-3-0
EDICIÓN EN FORMATO DIGITAL: enero de 2021
Conversión a formato digital: Libresque
CARMEN GONZÁLEZ TÁBOAS
Nace en Buenos Aires, Argentina. Es miembro, en grado de Analista Practicante (AP), de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). En sus libros publicados su mirada ha tomado diferentes sesgos, siempre con Lacan. Querida María. Cuando el psicoanálisis no es un sueño fue publicado por primera vez en el año 2008.
De la misma autora: La salvación por el síntoma. Una apuesta lacaniana (2003, Tres Haches, edición agotada), Querida María. Cuando el psicoanálisis no es un sueño (2008, Tres Haches, edición agotada). Semblantes de Occidente. La apuesta lacaniana por el síntoma (2009, Tres Haches, edición aumentada de La salvación por el síntoma), Mujeres. Claves místicas medievales en el Seminario 20 de Lacan (2010, Tres Haches), El siglo XXI en su laberinto (2012, Grama), Abrir el juego del decir de Lacan (2013, Letra Viva), Un amor menos tonto. Una lectura del Seminario 21 de Lacan (2015, Grama), Lecturas de una Argentina. Con Lacan (2016, Letra Viva), La cita fallida 1. El continente mestizo. Una mirada, con Lacan, La cita fallida 2. Mutaciones americanas. Una mirada, con Lacan (2017, Grama), La cita fallida 3. En Argentina. De la mirada al inventario (2019, Grama), El amor, Aún. Una lectura del Seminario 20 de Lacan y sus fuentes antiguas (2020, Grama).

A Ramiro, María y Gonzalo
Ladrón de Guevara
Índice
Cubierta
Portadilla
Créditos
Sobre la autora
Portada
Dedicatoria
Índice
Epígrafe
En 2020, este libro
Prólogo. Juan Carlos Indart
Cero / Antepórtico
Uno / Palabras indicativas
Dos / La lengua que nos habla
Tres / Ni eclecticismo, ni humanismo
Cuatro / Hay vida lejos de Buenos Aires
Cinco / Sucesos Argentinos
Seis / Hacer la América
Siete / Una excursión pueden ser muchas
Ocho / El amor y el psicoanálisis
Nueve / Una lógica que incluye un vacío
Diez / Los confines de una experiencia
Tal vez mi sueño anunciaba el riesgo de concluir…
En 2020, breve. Post scriptum
Bibliografía de consulta para los temas argentinos y latinoamericanos
Acerca de este libro
Las Furias editora

“Pensar y actuar no consiste en superponer capas planas de realidad y cortar lo que sobresale, hasta darle al mundo la forma de nuestros fantasmas, sino en aceptar su diversidad y su amenaza, aunque al contacto de su ardor nuestra omnipotencia quede chamuscada”.
JUAN JOSÉ SAER1
1. En El concepto de ficción.
En 2020, este libro
Hace tiempo que este libro desapareció de las librerías. ¿Un libro de psicoanálisis, situado en Argentina, decididamente coloquial, que se sirve de las libertades formales que ofrece el ensayo y a la vez riguroso en los conceptos?
Su primera edición ¿cómo ha sido leída?
Desde 2008 no he dejado de recibir noticias de mis lectores. Ellos me han permitido formarme una idea de dos modos de abordarlo; unos se han sentido atraídos por su lectura al punto de no poder soltarlo, en algún caso hasta pensar “no quiero que se termine”. Otros se han lanzado a buscar en el libro los trazos de mi propia vida deslizados en él; pero esos trazos que hasta se atreven a reflejar mis diferentes experiencias de análisis, están allí para permitir una trama sostenida y crítica, guiada por el discurso analítico, donde se cruzan los hilos de un tejido vivo; también se trata de la Argentina en la que vivimos, de los complejos movimientos de la cultura, de la inserción del psicoanálisis en ella. Limitarse a rastrear la anécdota personal es privarse de una verdadera lectura.
Consentir al síntoma, o no solamente
El lector de hoy encontrará a continuación el precioso prólogo que Juan Carlos Indart1 escribió para la primera edición. Allí se refiere a uno de los hilos principales del libro, “el que deriva de la salida del análisis por la identificación al síntoma, como la autora nos dice que le fue dicho”. En efecto, Querida María se cierra con una experiencia de análisis notable; lo fue por su transcurso en París, por su extraño final en 2003 y por mi decisión de presentarme al pase en 20042. Se había constatado “un final de análisis por identificación al síntoma”, lo cual J. C. Indart leyó así: “es cosa diferente y muy divertida, porque la niña discutidora obstinada y verborrágica que se nos describe es la misma que ahora discute algo con tenacidad, una y otra vez, y otra vez, a lo largo de todo el libro. Es evidente que ha consentido con su síntoma, y que quiere hacer algo con él diferente al sostén de una neurosis”. Nada más cierto. Sin embargo, ser “la misma que discute con tenacidad” empezó a molestarme; no quise más eso y diez años más tarde decidí retomar otro análisis que ya no pertenece a este libro. En realidad, si el sujeto identificado con su síntoma dobla la apuesta, un nuevo análisis puede permitirle un mejor fin.
Diez años después
Esta vez debía ser en Buenos Aires. La difícil elección de un analista se vio resuelta por casualidad, fue algo impredecible; la nueva experiencia me condujo a lo que Lacan enseña3 cuando dice: “Trabajo en lo imposible de decir. Decir no es lo mismo que hablar. El analizante habla; sólo hace poesía (solo dice) cuando le sucede hacerla”. Y Lacan prosigue, el analista corta (tranche) porque lee; pero el corte es del orden de la escritura. “Ni en lo que dice el analizante ni en lo que dice el analista hay otra cosa que escritura”. ¿Qué quiere decir todo eso? Que más allá del sentido de las palabras, el decir del analizante encuentra en sí el silencio que permite otra relación consigo y con los otros. Se escribe otro modo de gozar4. Yo había escrito en Querida María (“Diez / Los confines de una experiencia”) los hitos de una secuencia inolvidable y la salida del análisis en un abrupto e inexplicable final. Sí. Sin duda faltaba una vuelta más. Esa vuelta fue posible.
1. Juan Carlos Indart es miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Sus enseñanzas y publicaciones tienen amplia difusión en toda la extensión del Campo Freudiano.
2. El dispositivo del pase recibe el pedido de quienes desean testimoniar sobre su experiencia de análisis sobre la cual se pronuncia después, a partir de un exhaustivo análisis.
3. Lacan, J., Le Seminaire XXV, Le moment de conclure, inédito (20/12/77).
4. Se trata del goce genuino que resta después de la travesía de un análisis, menos molestado por el síntoma.
Prólogo
JUAN CARLOS INDART
De los diversos sentidos que se han acumulado sobre la función de un prólogo me atengo al muy simple que consiste en defender el mérito de la obra y la necesidad de que exista. Sobre todo eso último, la necesidad de que exista, porque la intensidad del derecho a pensar y el derecho a luchar que emana de la misma es su mérito, inusual, y lo que hoy hay que defender como necesario.
Dicho lo cual me deslizo a las primeras impresiones que, como un lector entre otros, me ha suscitado este texto presentado como larga serie de cartas de una madre a su hija. La intriga inmediata no debe encandilar, pues no se trata de cómo una mujer que en su primera juventud decide una vocación religiosa, ingresa en una congregación y pasa muchos años de formación en el noviciado, deja de pronto todo eso, se casa, tiene hijos, y cuenta a uno de ellos las razones de ese cambio. La intriga de fondo radica en que, ya de niña, y luego de monja, y luego de esposa y madre, y pasando por las más diversas actividades, siempre estaba lo que no cambiaba respecto de un profundo y sufrido anhelo.
Hasta que encontró la solución por vía del psicoanálisis, del psicoanálisis de orientación lacaniana, y en su última experiencia como analizante.
Ese es uno de los hilos principales del libro. Es desde ahí, si el lector capta la solución por algún sesgo, que vale la pena leer y releer el testimonio que se nos ofrece. El punto de inflexión está evocado de muchas maneras, porque en esto se verifica que no puede decirse todo. A mí me evocó una pequeña historia narrada por Lázaro Carreter, quien se la oyó a su amigo don José Artero, un canónigo de la Santa Catedral. En un convento de Alba de Tormes una monja presentaba estigmas sangrantes, de modo que se abría la pregunta acerca de si Dios no la habría elegido para su predilección. Enviaron de indagador a don José, y así nos cuenta Lázaro Carreter su astucia: “Con tan peliagudo encargo este recordado amigo tomó el camino de Alba. Y, reunida en torno suyo la comunidad, preguntó con inocencia casi infantil: ‘Veamos, hermanas, ¿quién es la santita?’. Una voz sumisa, llena de arrogante humildad, brotó del grupo: ‘Una servidora’. Le bastó a don José”. Por un cierto vaciamiento de esa pasión, y ya con cierta distancia, me explico que a medida que avanza el texto, aquí y allá, aparezca una prosa que vira a lo poético en la pintura de las pequeñas escenas familiares, o de barrio, o de río, o de charlas con amigos, o de viajes, o de lecturas. Hay aroma local en esto, sin duda, pero justamente porque ya es sin otra trascendencia.
Cosa diferente es el otro hilo principal del libro, el que deriva de la salida del análisis por la identificación al síntoma, al resto incurable, como la autora nos dice que le fue dicho. Es cosa diferente y muy divertida, porque la niña discutidora obstinada y verborrágica que se nos describe es la misma que ahora discute algo con tenacidad, una y otra vez, y otra vez, a lo largo de todo el libro. Es evidente que ha consentido con su síntoma, y que quiere hacer algo con él diferente al sostén de una neurosis. Lo que quiere hacer, se me ocurre decirlo así, mide bien el tamaño de su esperanza. Quiere sacar a luz la estructura del síntoma argentino, la del llamado ser nacional, o simplemente la de qué es lo argentino como tal. No quiere saber de eso por afán de erudición, aunque semejante empresa la lleve a leer y pensar muchísimo de lo que se ha escrito al respecto. Quiere saber para incidir en eso de un modo nuevo, de un modo psicoanalítico, y es por eso que abre la discusión a los analistas miembros de la misma Escuela a la que ella pertenece, alertándolos sobre un aspecto tan conocido como insuficiente del síntoma: enajenarse en problemas que son de afuera, e ignorar la invención de un bien decir para los problemas que son de acá.
Siendo, como soy, miembro de la misma comunidad analítica a la que la autora se refiere, no puedo negar la implicación, y si ella me concede el privilegio de ser primer lector que le puede responder por escrito, eso podría abrir la serie de las muy deseables y diversas respuestas que su libro merece:
- Creo que las incesantes preguntas y los esbozos de tantas respuestas, en el plano de las ideas y los hechos sociales, económicos, políticos y culturales de la Argentina, desde los más recientes hasta los más remotos, que el texto ofrece, dicen bien que no se trata de historiar ese pasado “sin historia” que sería el nuestro, sino de sostener una memoria. No es lo mismo, y pienso que no seré el único lector alcanzado de la buena manera en su tendencia al olvido gracias a las páginas que prologo.
- También creo que lo que más se repite en esa memoria es: a) la creencia en lo argentino como una potencialidad no realizada (aquí está lo más unitivo); b), luego, los fracasos en la realización de esa potencialidad en una dirección cualquiera (acá esta la desunión); c) por último, si algo se realiza, su falta de reconocimiento, a buscar en solitario y en otra parte (acá bastan pocos casos para así retroalimentar a)). Y así siguiendo. Por eso, si llega poco a poco a haber, por extensión de lo analizante, efectos de interpretación sobre el síntoma que ocupa y preocupa a la autora, será en tanto sacudan la creencia señalada en el punto a).
Que el lector de Querida María entre en la aventura, pues lo que creía que era sueño puede que no lo sea, y lo que creía que no lo era puede que sí lo sea1.
1. Prólogo a la edición de 2008.
Cero / Antepórtico
Querida María,
Muchas veces, desde chica, mostraste curiosidad.
¿Cómo fue tu vida, mamá?
Y más tarde: ¿qué te llevó de la religión a la práctica lacaniana?
Ahí seguía un: “lo tenés que escribir”.
Aquel verano me encontré anotando sin ningún orden cosas y tiempos de nuestra vida; trazar en ella los senderos de la mía me condujo más lejos.
¿La mía? ¿La de la niña neurótica?
¿La de mis veinte años, cuando huí del mundo para rebotar en él a los treinta, sin idea de nada? ¿La que siguió, tardía, urgida, animada por…?
Veía cómo las ficciones verdaderas que hilvanaba surcaban muy diferentes épocas de la vida argentina y del psicoanálisis en Argentina.
Veía entrelazarse ahí, más invisible o más expuesto, el largo hilo rojo de los trabajos y los días que habían hecho de mí una analizante1. Ese verano escribí; obtuve un anillado de 90 páginas. Había encontrado una manera de decir esas cosas. ¿Un estilo?
Al concluir esas páginas me pareció ver el esbozo de un libro.
¿Qué libro me volvió de semejantes páginas?
Un libro inquieto (mío); conversado, extraño, errático, por saltos, y sin embargo, María, muy ceñido a los temas que se habían ido formando aquel verano.
La buena educación
De algún modo, todo había empezado en una temprana neurosis (la mía), nutrida en el Otro2 del orden dogmático, parte de una mezcla explosiva de amores edípicos y de simultánea y feroz resistencia a ellos.
Angustia, pecado, culpa, obediencia, deber, deuda, sacrificio, elementos de la religión del Padre, permiten una extraordinaria erótica nutrida en la espiritualidad que la Iglesia transmitió a través de los siglos (como a través de los siglos ocultó sus pecados; los antiguos padres decían: “La corrupción de lo mejor es lo peor”).
De la Iglesia pude saber más durante los diez años que vestí un hábito religioso.
Todo eso ¿no está pasado de moda? No estoy tan segura.
Muchos creen haber salido de la religión porque abandonaron sus prácticas. O porque la odian o porque la ignoran.
Este libro quiere mostrar que no es tan fácil salir de la religión, suponiendo que se lo desee. Se puede hacer una religión con cualquier cosa; cualquier religión puede servir para justificar lo peor de nosotros.
Diré que los nuevos síntomas pacen junto a los viejos, o enredados con ellos.
Me interesa observar lo que sucede en la Argentina.
La Escuela de la Orientación Lacaniana
Aquel verano te contaba también cómo me había ido involucrando en una práctica, y en una formación que elegía el psicoanálisis lacaniano, y cómo un día formé parte de una Biblioteca, y más tarde de la Escuela3.
Escribiéndote, me aparecía que la enseñanza de Oscar Masotta, a fines de los años sesenta, había preparado y esperaba a la Orientación Lacaniana de Jacques-Alain Miller, de la que tuve noticias en 1982, diez años antes de que se creara la Escuela.
Desde 1992 participé intensamente de la vida de la colmena; en los últimos años pude empezar a verla por el revés, en sus filigranas y sus paradojas.
Sobre todo, empecé a ver un problema actual de la Escuela. La Escuela parece distraída de lo que pasa “en casa”, casi desinteresada. Si bien sus miembros están por todas partes en la vida de la ciudad, o en la extensión de las acciones que caracterizan la fuerte presencia del psicoanálisis en la región, o tomando su lugar en la práctica del dispositivo, parece estar pendiente de la guerra que libran los colegas europeos con las TCC4 (quebequenses, norteamericanas y europeas) y sus expertos burócratas que, metidos en las instancias gubernamentales, arremeten contra los psicólogos clínicos y atacan el psicoanálisis.
¿Es un problema argentino tal vez? Digo que no.
Descubro que la aparente “distracción” de la Escuela es también (sin que ella lo sepa) un tratamiento práctico del silencio argentino, del que forma parte.
Ninguno de nosotros ignora que no es el conductismo lo que nos domina, ni la magia del número clasificatorio la que pinta nubarrones en el horizonte.
Al respecto, para empezar, a muchos les contaría algunas de Fontanarrosa5.
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
Ni siquiera hemos estudiado cuál es nuestra guerra, no sólo difusa y difícil de localizar. Mucho más que eso, si pensamos en las últimas décadas.
¡La Argentina!
Me la había encontrado ese verano entre las líneas, mientras te escribía. Me nacía una “curiosidad argentina” y nacía con mil preguntas debajo del brazo.
Antes de mis veinte años había mirado a la Argentina con ojos de poeta, desinteresada del matete político que dejé atrás cuando me ausenté del país entre la revolución Libertadora de 1955 y la revolución Argentina de 1966, dos de las gemas argentinas que brillaron en el siglo XX. Faltaba la peor.
A mi regreso, había empezado para mí una vida ajena al psicoanálisis.
Muchos años después me encontré en el campo de Freud.
Durante ese tiempo padecí la Argentina como cualquier argentino, pero ella no estaba para mí en el foco de una interrogación cualquiera.
¿Me atrevería a ensayar una lectura? Necesitaba hacerlo. Me puse a hacerlo.
Quería saber más.
¿Dónde había estado yo antes de ahora? ¿Hacia dónde miraba la Escuela? ¿Por qué hablábamos como si nuestros problemas fuesen los de los colegas europeos?
No digo que ignoremos que hoy, en todas partes, también acá, el hombre tiende a llenarse “como un espantapájaros, de un puñado de certezas adquiridas o dictadas por la presión social”6.
Digo que no hemos construido una pregunta que nos concierna particularmente; que no somos europeos, ni brasileros, ni venezolanos, ni lo que sea, sino argentinos.
¿No resulta extraña la homogeneización, que avalamos con nuestro silencio, de las problemáticas contemporáneas que conciernen al psicoanálisis?
¿Alcanza con señalar el silencio argentino como única razón de que no podamos hacerle lugar a una diferencia? (¿Acaso son preguntas retóricas? Te aseguro que no para mí). ¿Por qué estamos tan ajenos a los sedimentos que diferencian lenguas y culturas, a los discursos en los que habitamos, a la repetición que los agita?
¿Sabés, María? Los trabajos y la práctica de los colegas argentinos y la de los latinoamericanos reflejan muy bien los discursos de la época en los respectivos países. ¿Qué consecuencias extraemos de ahí, que podamos llevar al ámbito de lo público?