Buch lesen: "Tratados. Comentarios"

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 333


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por M.a LUISA PUERTAS CASTAÑOS .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2005.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO413

ISBN 9788424937096.

INTRODUCCIÓN GENERAL

ARQUÍMEDES

Vida de Arquímedes: datos biográficos y anécdotas literarias

Frente a la ausencia prácticamente total de datos con que nos encontramos al acercarnos a la biografía de Euclides, sobre Arquímedes, en comparación, estamos relativamente bien informados. No porque haya llegado hasta nosotros la biografía que Eutocio atribuye a un cierto Heraclidas, sino gracias, más bien, a las indicaciones del propio Arquímedes, las referencias historiográficas de Polibio y Tito Livio y el encomio literario de Plutarco, a lo que hay que sumar algunos datos transmitidos por Cicerón y por los matemáticos posteriores.

Sabemos con certeza que era natural de Siracusa y que su muerte se produjo durante el saqueo de esta ciudad en 212 a. C., en el transcurso de la Primera Guerra Púnica, tras ser tomada la ciudad por las tropas romanas comandadas por Marco Marcelo. Algunas noticias, aunque tardías, puesto que proceden de la época bizantina, afirman que falleció a los 75 años, de manera que se suele fechar su nacimiento en 287 a. C. El propio Arquímedes menciona a su padre, Fidias, y nos dice de él que era astrónomo y que había llevado a cabo una estimación de la relación entre los diámetros del Sol y la Luna 1 : la ocupación del padre desempeñó seguramente un papel relevante en la formación primera y la vocación del hijo.

Diodoro de Sicilia 2 atribuye a Arquímedes una estancia en Egipto, concretamente en Alejandría, y es probable que así fuera, puesto que como sede de la Biblioteca y el Museo era el lugar más adecuado para profundizar en el estudio de las matemáticas; además, Arquímedes deja en sus obras constancia de la relación que mantenía con algunos estudiosos de aquella ciudad a los que debió de conocer por entonces. Entre sus corresponsales alejandrinos constan los nombres de Conón, Dosíteo y Eratóstenes. El primero era un matemático y astrónomo famoso sobre todo por haber dado nombre a la constelación conocida como «Cabellera de Berenice». Arquímedes habla de él como «amigo y hombre que ha llegado a ser admirable en matemáticas» y afirma que solía «escribirle teoremas matemáticos que antes no habían sido estudiados», aunque no sabemos cuál pudo ser el contenido de esa correspondencia, pues no se nos ha conservado ningún testimonio directo de la misma. De Dosíteo sabemos que Arquímedes probablemente no había tenido trato personal previo con él, sino que decidió empezar a remitirle los resultados de sus investigaciones tras saber de la muerte de Conón y por haber oído que Dosíteo «había conocido a Conón y estaba familiarizado con la geometría». A éste le envió los dos libros de la Esfera y el cilindro y los tratados Sobre conoides y esferoides, Sobre las líneas espirales y la Cuadratura de la parábola 3 . En cuanto a Eratóstenes, el bien conocido matemático y filólogo, sucesor de Apolonio de Rodas en la dirección de la Biblioteca de Alejandría, se ha sugerido que la correspondencia de Arquímedes con él pudo nacer a raíz del renombre como matemático de que Eratóstenes hubo de gozar en Alejandría, cosa probable, puesto que antes de remitirle el Método le había enviado los enunciados de Método 1 y 2 invitándole «a descubrir sus demostraciones» que, hasta el momento, no le había comunicado; Arquímedes, además, le considera digno receptor de sus descubrimientos y capaz de obtener nuevos rendimientos de ellos, pues en la carta que precede al tratado afirma: «Y al ver, como digo, que eres estudioso y que destacas notablemente en filosofía y que aprecias la teoría matemática cuando es el caso, probé a escribirte y a definir en este mismo libro la peculiaridad de cierto método mediante el cual, cuando te lo haya proporcionado, te será posible disponer de recursos para poder estudiar algunos asuntos matemáticos por medio de la mecánica». Eratóstenes fue destinatario también del Problema de los bueyes , que Arquímedes le envió sin la solución (aunque no sabemos si lo hizo antes o después de enviarle el Método ) para que lo estudiara y lo sometiera a la consideración de los círculos alejandrinos de estudiosos de las matemáticas.

Una vez que Arquímedes regresó de Egipto a su patria, mantuvo cierta relación con Hierón, tirano de Siracusa —tal vez por estar emparentado con él, como sugiere Plutarco 4 — y varias anécdotas ponen en conexión a ambos personajes. La más conocida cuenta que en una ocasión Arquímedes le había escrito que era posible mover mediante una fuerza dada un peso dado; tan convencido estaba de su aserto que incluso aseguraba que si le dieran otra Tierra, tras pasar a aquélla movería ésta (la versión más conocida y abreviada de esta anécdota atribuye a Arquímedes la frase «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo»). Hierón le pidió una demostración; Arquímedes hizo sacar a tierra, con gran esfuerzo y ayuda de gran número de hombres, una nave de tres palos de la flota real e introdujo en ella carga y tripulación; luego «él, sentado fuera, no con esfuerzo, sino poniendo en marcha tranquilamente con la mano un mecanismo de varias poleas, la atrajo hacia sí suavemente y sin sacudidas, como si avanzara por el mar» 5 .

Otra de las anécdotas en las que participa Hierón cuenta que el tirano deseaba consagrar a los dioses una corona votiva y para ello entregó el oro al orfebre; la corona, una vez realizada, pesaba lo mismo que el metal entregado, pero Hierón sospechaba que una parte del oro había sido sustituida por plata; para salir de dudas solicitó de Arquímedes que ideara un medio para comprobarlo. Mientras se ocupaba mentalmente en esta tarea, Arquímedes tomaba un baño: a medida que se sumergía, el agua iba desbordándose de la bañera, y ese hecho es el que le sugirió la solución del problema. Emocionado por el hallazgo, salió corriendo desnudo como estaba al tiempo que gritaba: ¡Heúrēka, heúrēka! («¡Lo encontré, lo encontré!»); a continuación, puso a prueba su intuición sumergiendo en una vasija llena de agua volúmenes de oro y de plata de peso igual al de la corona y haciendo lo mismo con ésta; comparando los volúmenes de agua desplazados calculó el porcentaje de cada metal que había en la joya y demostró el engaño del orfebre 6 .

Estas notabilísimas muestras de inventiva fueron, según Plutarco, las que impulsaron a Hierón a encargarle las tareas de ingeniería que más tarde, cuando los romanos atacaron Siracusa, serían de tanta utilidad a la ciudad y fuente de tanta fama para el matemático.

Polibio, que fue apenas una generación posterior a Arquímedes y pudo, por tanto, conocer los hechos por testimonios muy próximos —si no directos— describe el detalle de las acciones bélicas en un largo pasaje cuyas noticias recoge en su obra Tito Livio, quien, por su parte, añade el relato más antiguo sobre la muerte del matemático. Plutarco, aproximadamente un siglo más tarde, compone con esos mimbres el cesto de su encomio historiográfico-literario 7 , amenísimo y colmado de anécdotas… difícilmente contrastables.

Gracias a estos autores sabemos que durante esa campaña, en efecto, Arquímedes desempeñó un importante papel en la defensa de su ciudad natal mediante el empleo de ingenios que él había ideado y fabricado: máquinas que lanzaban a gran distancia grandes piedras que hundían las naves; otras que disparaban a menor distancia proyectiles menores destinados a los soldados atacantes; manos de hierro que, accionadas mediante un contrapeso de plomo, agarraban las naves romanas cuando se acercaban con sus «arpas» 8 y las suspendían con la proa en el aire para luego dejarlas caer de golpe con severos daños para las embarcaciones y el consiguiente espanto de soldados y tripulantes. Una fuente tardía pero no exenta de credibilidad, el matemático e ingeniero Antemio de Trales (s. VI ), que fue uno de los arquitectos de Santa Sofía, refiere que Arquímedes consiguió incendiar las naves romanas mediante otro invento aún más llamativo, el de los «espejos ustorios» 9 . Según él, lo consiguió no por medio de un espejo parabólico, sino mediante un artilugio formado por veinticuatro espejos planos. Este último relato, a pesar de contar con el apoyo de algunas otras fuentes, ha hecho correr ríos de tinta, casi siempre con el encarnizado propósito no ya de negarlo, sino de demostrar su imposibilidad desde el punto de vista de la física y la técnica 10 . Desde el punto de vista filológico, lo que más crédito resta a las fuentes que transmiten esta noticia es el hecho de que los autores más antiguos —Polibio, Tito Livio, Plutarco— no mencionen esta invención. Luciano de Samosata, que es el primero en hacer referencia al asunto, dice sólo que «prendió fuego a las trirremes de los enemigos gracias a su arte (têi téchnēi11 , sin mencionar los espejos, y Galeno emplea la expresión equívoca dià tôn pyríōn , que tanto puede referirse a «espejos ustorios» como a «materias inflamables».

Sea lo que fuere de esa cuestión, la situación de la empresa bélica contra Siracusa vino a ser tal que Marco Marcelo tuvo que renunciar al ataque por mar; Polibio dice que «se llevó un gran disgusto, pero al cabo se mofó de sus propias acciones y dijo que Arquímedes con las naves romanas sacaba el agua para mezclar con el vino, y que sus arpas, caídas en desgracia, habían quedado excluidas del banquete» 12 . En el ataque por tierra sucedieron cosas muy semejantes, de manera que las tropas romanas, cuenta Plutarco, «si se veía un cable o un madero que sobresalía un poco por encima de la muralla, gritando que Arquímedes ponía en marcha otro ingenio contra ellos, se retiraban y huían» 13 .

A pesar de las máquinas de Arquímedes, que hicieron imposible consumar el asalto de la ciudad, Marco Marcelo logró al fin tomarla por asedio. En medio de la confusión provocada por los soldados entregados al pillaje, Arquímedes, indiferente, estaba inclinado sobre unos dibujos que había trazado cuando uno de los soldados, tras una disputa, lo mató. Marcelo se disgustó por ello, pues quería haber conocido al hombre que le puso en tantas dificultades, y se encargó de avisar a sus parientes y de que se le diera sepultura como convenía a hombre tan notable. Plutarco nos transmite que era deseo de Arquímedes que en su tumba figurara la relación entre el cilindro y la esfera inscrita en él, relación que Arquímedes había descubierto y demostrado, según figura en el tratado Sobre la esfera y el cilindro . Y cuenta Cicerón que cuando él fue a Sicilia como cuestor en el año 75 a. C., consiguió encontrar, cerca de la puerta de Acradina, una columna sepulcral oculta bajo la maleza en la que, efectivamente, estaban representadas la esfera y el cilindro 14 .

Los relatos que hemos referido han conformado durante siglos la fama de Arquímedes, y no podemos dejar de señalar que incluso la literatura de divulgación de nuestros días —y en ella incluyo las informaciones que circulan por la red— hace más hincapié en esos puntos que en cualesquiera otros relativos al matemático. Sin embargo, no cabe dejar de lado la consideración de que era tradicional en la literatura biográfica de la Antigüedad la invención de anécdotas que permitieran situar cronológicamente al biografiado o poner de relieve sus logros o las características más destacadas del personaje 15 : y sucede que las anécdotas relatadas vienen, precisamente, a resaltar los principales descubrimientos de Arquímedes. El «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo» nos recuerda que fue Arquímedes el primero en formular matemáticamente la ley de la palanca; el Heúrēka , que fue el descubridor del primer principio de la hidrostática; los espejos ustorios nos deberían llevar a considerar sus trabajos en materia de catóptrica —aunque perdidos, sabemos que él fue el primero en observar la refracción de la luz—; la inscripción funeraria sobre el cilindro y la esfera nos remite a sus descubrimientos sobre el volumen y la superficie de la esfera… La «muerte entre los círculos» es paralela al despiste de Tales, que cayó en un pozo mientras observaba las estrellas, con gran regocijo de la esclava que lo atendía, con lo que nos los representamos como «sabios despistados», más interesados en su mundo intelectual que en las banalidades de la existencia cotidiana. Y obsérvese que todas estas anécdotas pueden resumirse en poquísimas palabras; a veces, incluso, en una sola frase. De modo que alguna sospecha sí que cabe sobre si estos relatos son testimonio de los hechos de la vida del matemático o muestra de la maestría de la Antigüedad en materia de invención biográfica y de recursos mnemotécnicos.

Pero haya en ellos lo que haya de veracidad, no podemos perder de vista que contienen las referencias más difundidas sobre la vida del matemático. Otras fuentes algo menos conocidas atribuyen a Arquímedes tres llamativas construcciones mecánicas más: el tornillo de Arquímedes, un planetario y un órgano hidráulico.

El kochlías o tomillo de Arquímedes era un mecanismo para extraer agua de lugares inundados que, según diversos testimonios, Arquímedes puso en funcionamiento en Egipto para regar terrenos a los que no alcanzaban las crecidas del Nilo y que también se utilizó en las minas de Hispania para extraer el agua de las galerías inundadas. Respecto al planetario, Cicerón nos ha conservado una descripción 16 : en él, al ponerse el Sol en movimiento, la Luna y los planetas reproducían el mismo movimiento que cursarían en un día respecto de una bóveda de estrellas fijas: unos versos de Claudio Claudiano (Carmina Minora LI) narran la sorpresa de Júpiter al ver el mundo reproducido por obra de un ser humano 17 . En cuanto al órgano hidráulico, estamos aún peor informados: sólo Lactancio lo menciona y lo hace para comparar con él la naturaleza del alma: igual que el órgano es uno, a pesar de estar compuesto de muchas partes, así también el alma, a pesar de la variedad de sus funciones, es sólo una.

Por otro lado, las fuentes antiguas nos hablan de la existencia de planetarios y órganos hidráulicos en fechas más antiguas, de manera que la atribución a Arquímedes de estos dos mecanismos debemos interpretarla más bien en el sentido de que llevó a cabo modelos especialmente bien logrados de inventos ya conocidos; en cuanto al kochlías , Ateneo y Diodoro dicen que fue invención suya, pero un testimonio de Estrabón 18 , en el que describe un ingenio semejante sin atribuírselo a Arquímedes hace dudosa esta afirmación.

Como vemos, la fama más extendida sobre Arquímedes no hace referencia tanto a su labor de geómetra como a su inventiva en el terreno de la ingeniería, y esa fama, nacida en la Antigüedad, se prolongó a lo largo de toda la Edad Media. Sin embargo, si escribió algo sobre esas materias no nos ha llegado noticia. Según Plutarco —pero ya venimos viendo que las versiones de los hechos que este autor nos ofrece son muy personales y no siempre están del todo libres de intención literaria ni de prejuicio— estas ocupaciones no eran para él más que entretenimientos sobre los que no quiso dejar ningún escrito «considerando innoble y menestral el ocuparse de la mecánica y, en general, de cualquier arte que tocara la utilidad» 19 .

Obras

Las obras que se nos han conservado de Arquímedes son todas de carácter teórico, dedicadas unas a la geometría y otras a la física matemática. En griego se nos han conservado los dos libros Sobre la esfera y el cilindro, Sobre la medida del círculo , Sobre conoides y esferoides, Sobre las espirales , los dos libros Sobre el equilibrio de las figuras planas , el Arenario , la Cuadratura de la parábola , los dos libros Sobre los cuerpos flotantes , el Stomachion , el Método , el Problema de los bueyes y breves fragmentos —o resúmenes— de sus trabajos sobre los polígonos semirregulares y sobre catóptrica.

Desde ahora hay que hacer constar que una ojeada somera a los textos nos hace ver que la mayor parte de las obras no nos han llegado completas ni con los ipsissima verba que Arquímedes empleó para redactarlas. Unas tienen carácter fragmentario por causa del deterioro del soporte escriptorio: tal es el caso del Método , el Stomachion o el libro II de los Cuerpos flotantes , transmitidas de modo incompleto por un único manuscrito, el famoso palimpsesto de Jerusalén, o de los dos libros Sobre los cuerpos flotantes , de los que algunas partes sólo nos han llegado en versión latina. Otras han padecido resúmenes y refecciones en el curso de sucesivas adaptaciones a su uso escolar, como se evidencia en la Medida del círculo y en las obras transmitidas en árabe. Muchas, como consecuencia de la desaparición de los antiguos dialectos, han perdido el original dorio de Siracusa en que Arquímedes escribía para ser vertidas a la koinè diálektos , el «dialecto común», generalizado a partir de la época helenística en la expresión literaria y que, al evolucionar, produciría el griego bizantino y el griego moderno: así ha sucedido con la Esfera y el cilindro , la Medida del círculo , la Cuadratura de la parábola , el Stomachion , el Método y el Problema de los Bueyes .

Aún así, el corpus de obras conservadas nos da pie más que suficiente para reconocer los dos rasgos más característicos de la obra de Arquímedes: profundidad y originalidad, perceptibles tanto en los temas abordados como en los métodos empleados. Ambas peculiaridades están en relación directa con una tercera característica: no son, como los Elementos de Euclides o las Cónicas de Apolonio, recopilaciones de descubrimientos matemáticos anteriores, ordenadas y completadas por sus autores con finalidad principalmente didáctica; los escritos de Arquímedes son verdaderos ensayos científicos, destinados a dar a conocer a la comunidad matemática los nuevos descubrimientos realizados por su autor.

Algunos de ellos derivan de las líneas de investigación emprendidas y proseguidas en la matemática griega, como ocurre con la Medida del círculo , que pretendía —y consiguió— dar solución a uno de los tres problemas clásicos de la matemática griega mediante la intuición de renunciar a la cuadratura estricta e intentar la triangulación y el recurso al método «de compresión» 20 , o con la Cuadratura de la parábola , en esa misma tradición de buscar equivalencias entre áreas de figuras planas y figuras curvilíneas, la clase de problemas que suelen llamarse «de aplicación de áreas»; relacionado en cierto modo con esa clase de problemas está también el Stomachion , juego 21 elevado a la categoría de problema geométrico en el que se pretende dividir un cuadrado —o un rectángulo— de tal manera que las figuras resultantes de la división sean o bien iguales y semejantes o bien susceptibles, tomadas de dos en dos, de sustituir a otra u otras dos de las figuras, siempre dentro del cuadrado o el rectángulo inicial. Siguiendo aún la línea pitagórica de encontrar equivalencias entre figuras, como lo habían hecho otros matemáticos antes que él 22 , pero ahora en el terreno de los sólidos, tenemos los dos libros Sobre la esfera y el cilindro y el tratado Sobre conoides y esferoides .

El resto de sus obras se apartan de la tradición geométrica más clásica para adentrarse en territorios apenas explorados: Sobre las líneas espirales se ocupa del estudio de la curva que hoy recibe el nombre de «espiral de Arquímedes», curva de generación mecánica ideal descrita por un punto que se mueve a velocidad uniforme sobre una semirrecta que, a su vez, se desplaza radialmente en tomo a su origen. La originalidad del tratado radica en que la matemática griega no había llevado a cabo hasta entonces estudios sobre curvas distintas de la circunferencia más que en el caso de las cónicas, descubiertas y estudiadas primero por Menecmo y después por Euclides 23 , y de la trisectriz (o cuadratriz) de Hipias. En Sobre el equilibrio de las figuras planas y Sobre los cuerpos flotantes Arquímedes aplica el rigor de los métodos geométricos a observaciones experimentalmente comprobables pertenecientes al terreno de la estática y la hidrostática, con lo que sienta las bases de la física matemática. El único antecedente para esta clase de orientación en los estudios matemáticos tendríamos que ir a buscarlo a la Mecánica del corpus aristotélico, el texto griego más antiguo en que un fenómeno físico es reducido a expresión matemática, que es donde encontramos, aunque de un modo no del todo preciso, la descripción del «paralelogramo de las fuerzas». El Arenario —que formalmente es una carta a Gelón, hijo de Hierón de Siracusa— aborda, so pretexto de calcular el número de granos de arena necesarios para llenar el universo, el problema de la expresión y notación de cifras elevadas 24 ; por último, el Problema de los bueyes propone averiguar el número de vacas y toros de los rebaños del Sol, dadas ciertas condiciones complejas—resumiendo, un sistema de siete ecuaciones con ocho incógnitas— que hacen que el problema, en términos de la matemática actual, venga a resolverse mediante una ecuación diofántica del tipo Pell-Fermat.

El Método merece tratamiento aparte, y no sólo por ser el único caso en la literatura matemática griega de exposición del sistema heurístico de un autor. Presenta, además, el aliciente especial de que, mencionado por varios escritores de la Antigüedad 25 , el tratado parecía haberse perdido para siempre y fue completamente desconocido para Occidente hasta que en 1906 el filólogo danés Heiberg, que ya había publicado una edición de las obras conocidas de Arquímedes, tuvo noticia 26 de que un palimpsesto hierosolimitano escondía trabajos matemáticos. Se interesó por estudiar el códice, para lo cual tuvo que desplazarse a Constantinopla y fotografiarlo. El códice contenía, entre otros escritos de Arquímedes, el que ahora nos ocupa: la única versión del Método que ha llegado hasta nosotros. El pergamino que servía de soporte escriptorio había sido lavado y reutilizado en el siglo XIII para escribir en él un eucologio, proceso en el cual habían desaparecido varias páginas, otras habían sido borradas tan completamente que era imposible leer nada que no fuera el texto para el que se reutilizó y, además, había desaparecido el orden primitivo de las páginas. La tarea de Heiberg fue, por tanto, muy meritoria. El asunto, en todo caso, es que toda esta peripecia había mantenido la obra alejada de comentaristas y estudiosos durante casi un milenio.

Desde el punto de vista formal, es un ejemplo de correspondencia erudita con una doble finalidad: por un lado, Arquímedes había enviado a Eratóstenes los enunciados de dos teoremas sin la demostración, invitándole a descubrirla por sí mismo. Esos dos teoremas conciernen al volumen de la uña cilíndrica y de la doble bóveda cilíndrica. Ahora —le comunica Arquímedes— le envía las demostraciones, distintas de otras que ya tiene publicadas sobre el volumen de los sólidos conoides y esferoides, pues las demostraciones que le remite en ese momento tienen el interés especial de que por primera vez consigue hallar equivalencias entre figuras comprendidas por superficies planas y figuras comprendidas por superficies curvas y planas. En segundo lugar, quiere también darle a conocer un método nuevo que permite «disponer de recursos para poder estudiar algunos asuntos matemáticos por medio de la mecánica» y para ello le envía el estudio de diversos teoremas sobre áreas y volúmenes según lo había efectuado mediante el método mecánico antes de resolver con el rigor pertinente las demostraciones geométricas.

Aparte de las obras y fragmentos conservados en griego, mediante versiones árabes disponemos de restos del Libro de los lemas , del tratado Sobre el heptágono inscrito en el círculo y de otro tratado Sobre los círculos tangentes . Las versiones árabes le atribuyen, asimismo, libros Sobre las líneas paralelas, Sobre los triángulos, Sobre las propiedades de los triángulos rectángulos, Sobre clepsidras y unos Datos , aunque buena parte de las referencias arquimedeas contenidas en los manuscritos árabes se entremezclan con resultados debidos a otros autores y, en particular, con trabajos de los propios matemáticos árabes que los transmiten, lo que hace especialmente delicada la tarea de discernir qué parte corresponde a quién dentro de cada obra. Los estudiosos de Arquímedes han apreciado de modo especial los fragmentos del Libro de los lemas , cuya versión latina incluye Heiberg en su edición, ciertas partes de los tratados Sobre el heptágono inscrito en el círculo y Sobre los triángulos , de los que Dijksterhuis se ocupa en su clásica exposición de las obras de Arquímedes, y del fragmento del Stomachion conservado sólo en árabe y dado a conocer por Suter, más amplio y de más interés que el conservado en griego 27 .

Además, contamos también con referencias a otras obras, perdidas: el trabajo sobre los poliedros semirregulares aludido por Papo, un De la denominación de los números que dedicó a Zeuxipo, al que el propio Arquímedes hace referencia 28 , una Catóptrica y una o varias obras sobre mecánica que contenían teoremas que no figuran en el Equilibrio de los planos —las referencias del propio Arquímedes y de otros autores de la Antigüedad parecen remitirnos a títulos como Sobre los centros de gravedad, Sobre los equilibrios, Mecánica, Sobre las balanzas o Sobre las palancas —. Las alusiones indicadas a los trabajos sobre mecánica mencionan demostraciones concretas, pero no es posible siquiera saber si se trataba de una sola obra conocida por varios títulos o de varias obras referentes a temas emparentados entre sí y con la mecánica.

Cronología de las obras conservadas

La ordenación seguida a lo largo del último siglo en la presentación de las obras de Arquímedes deriva directamente del orden propuesto en su edición por Heiberg, quien, a su vez, siguió fundamentalmente la ordenación de los manuscritos 29 . Que esa ordenación no se correspondía con la secuencia cronológica de la composición de los tratados era cosa manifiesta ya para Torelli en 1792, y sus observaciones, ampliadas por Heiberg y Heath, han sido utilizadas en los trabajos de Dijskterhuis, Itard, Claggett y Mugler con pocas alteraciones 30 .

El criterio principal en el que se basan las reconstrucciones cronológicas es de orden filológico: ya dijimos más atrás que algunas de las obras de Arquímedes van precedidas de una carta, y dos de esas cartas, las que preceden a los tratados sobre Cuadratura de la parábola y Espirales , son especialmente significativas a este respecto. Por la dedicatoria de Cuadratura de la parábola sabemos que éste fue el primer tratado que Arquímedes envió a Dosíteo, pues allí se lee: «Al oír que había muerto Conón, cuya amistad nunca me faltó, y que tú habías conocido a Conón y que estabas familiarizado con la geometría, me entristecí por el difunto en su calidad de amigo y de hombre que ha llegado a ser admirable en matemáticas, y me propuse enviarte por escrito, igual que solía escribir a Conón, teoremas matemáticos que antes no habían sido estudiados, pero que ahora han sido estudiados por mí» 31 . Esta misiva podemos fecharla, según Knorr, en fecha posterior a 246 a. C.

Por otra parte, en la dedicatoria de Espirales y como respuesta a la petición de Dosíteo de que le envíe ciertas demostraciones, Arquímedes enumera las obras que ya le ha enviado y las que le envía en ese momento: en primer lugar cita los principales resultados de los dos libros Sobre la esfera y el cilindro , cuyas demostraciones —dice— le había remitido por medio de Heraclidas; a continuación, los de Conoides y esferoides , cuyas demostraciones aún no le ha enviado; y por último, los problemas sobre las espirales que le remite en ese momento. La secuencia de los escritos enviados a Dosíteo, por tanto, fue: Cuadratura de la parábola, Sobre la esfera y el cilindro, Sobre las espirales y Sobre los conoides y esferoides , y no parece muy aventurado suponer que fueron compuestos en ese mismo orden.

En tercer lugar, el Arenario 19 (II 230, 3-7) cita de un modo muy preciso el resultado de la proposición 3 de la Medida del círculo : «Sabes que yo demostré que la circunferencia de todo círculo es mayor que el triple del diámetro en menos de la séptima parte», de modo que este pasaje es tenido por testimonio definitivo para la datación relativa de ambas obras, aunque no da pie para relacionar su cronología con la de los tratados remitidos a Dosíteo.

El segundo de los criterios empleados tiene que ver con la relación interna entre los tratados: si en uno de ellos se utilizan como argumento resultados obtenidos en otro, se toma por indicio válido a efectos de ordenación cronológica. Tenemos, por ejemplo, el caso de Cuadratura de la parábola (props. 6, 8, 10) en donde se recogen resultados procedentes de Equilibrio de los planos I (props. 6, 7, 14, 15) 32 , mientras que en Equilibrio de los planos II (prop. 10) se recogen resultados de Cuadratura de la parábola (prop. 3), aunque no se menciona la obra de la que proceden: de ahí que, en general, se restituya la secuencia Equilibrio de los planos I/Cuadratura de la parábola/Equilibrio de los planos II. Del mismo modo, puesto que en Sobre los cuerpos flotantes I (props. 8 y 9) se da por demostrado —sin mencionar literalmente la obra— el contenido de Equilibrio de los planos I 8 y que en Sobre los cuerpos flotantes II (props. 2, 3, 4, 6, 7, 8 et al .) se emplea el resultado de Sobre conoides y esferoides 11 (relativo al volumen del paraboloide de revolución), se propone para los libros Sobre cuerpos flotantes una fecha de redacción posterior a la de Sobre conoides y esferoides .

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