Buch lesen: "Partes de los animales. Marcha de los animales. Movimiento de los animales."

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PARTES DE LOS ANIMALES
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 283

ARISTÓTELES
PARTES DE LOS ANIMALES

MARCHA DE LOS ANIMALES

MOVIMIENTO DE LOS ANIMALES

INTRODUCCIONES, TRADUCCIONES Y NOTAS DE

ELVIRA JIMÉNEZ SÁNCHEZ-ESCARICHE

Y

ALMUDENA ALONSO MIGUEL


EDITORIAL GREDOS, S. A.

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.

Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por PALOMA ORTIZ GARCÍA.

© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.editorialgredos.com

Las introducciones, traducciones y notas han sido llevadas a cabo por Elvira Jiménez Sánchez-Escariche (Las partes de los animales) y Almudena Alonso Miguel (Marcha de los animales y Movimiento de los animales).

REF. GEBO367

ISBN 9788424932985.

PARTES DE LOS ANIMALES

INTRODUCCIÓN
La obra biológica de Aristóteles

La presente obra forma parte de los tratados biológicos de Aristóteles. Durante mucho tiempo estos tratados han permanecido en un segundo plano frente a los escritos más propiamente filosóficos de nuestro autor, sin despertar el interés de los estudiosos de Aristóteles ni de los científicos. En los últimos años, sin embargo, se ha subsanado este olvido y son numerosos los estudios y las traducciones centrados en este campo de la producción aristotélica.

El propio Aristóteles ya en Meteorológicos1 había expuesto el plan de su obra, que no sería sino una especie de enciclopedia que exploraría todos los campos de la ciencia. El interés de la investigación aristotélica abarcaba desde la física y la astronomía a la zoología y la botánica2, y en este esquema nace la necesidad de organizar una vasta y exhaustiva enciclopedia de la ciencia natural basada en la biología. Precisamente estos temas eran centro de estudio de Platón y de la Academia durante los años en que Aristóteles la frecuentó. En el Timeo platónico hay un intento de unir ciencia y filosofía mediante un procedimiento lógico-dialéctico, que toma como modelo los paradigmas matemáticos, para llegar a un sistema unitario.

Ese camino suponía un intento fallido para Aristóteles, que partía de la premisa de la multiplicidad de las ciencias y su incapacidad de reducción, así como de la imposibilidad de crear una jerarquía entre ellas.

Las obras biológicas suponen cerca de un tercio del total de la producción aristotélica y podemos preguntarnos la razón de este profundo interés por las ciencias naturales3. Hacia la mitad del siglo IV las disciplinas biológicas eran las más avanzadas tras las matemáticas, pero eran saberes parciales reservados a los expertos (los conocimientos de anatomía y fisiología, sobre todo del cuerpo humano, se desarrollaban en las escuelas de medicina; los conocimientos de tipo zoológico eran patrimonio de pescadores, criadores, cazadores) y no habían entrado en los círculos de la ciencia mayor. Por otro lado, los estudios sobre psicología se habían desarrollado dentro de la filosofía y no se les había intentado encontrar una base fisiológica. Había, pues, abundancia de datos, pero faltaba sistematizarlos e interpretarlos de acuerdo con una teoría.

Y es aquí donde los conceptos analógico-funcionales de Aristóteles se mostraron como un instrumento perfecto para organizar todo ese material. Porque los escritos biológicos forman parte de su entramado filosófico, están perfectamente integrados en el conjunto de su obra. Las relaciones que se establecen en el mundo biológico entre estructura y función, proceso y fin, o individuo y especie ofrecían un magnífico campo para ese análisis, y así se explica el extraordinario desarrollo que experimentaron los estudios de biología dentro del cuadro general del pensamiento aristotélico.

De este modo, Aristóteles ha transmitido a la ciencia moderna la herencia de la biología griega, de una forma similar a como hizo Euclides respecto a la geometría, pero con el mérito añadido de la dificultad que entrañaba para los estudios biológicos la falta de instrumentos de observación microscópica y de conocimientos químicos. Así, ninguno de los dos fueron creadores originales, sino ordenadores y organizadores conceptuales de saberes previos.

Aristóteles puede ser considerado el fundador de la zoología, anatomía, botánica, etc. como disciplinas científicas. De hecho, la obra que nos ocupa es el primer tratado de anatomía comparada.

Precedentes históricos

El propio Aristóteles en el libro I nos hace un breve resumen sobre sus predecesores en la indagación biológica, citando a varios filósofos presocráticos de los que tomaría su concepción de la phýsis.

Por otro lado, la physiología, sobre todo la siciliana de Empédocles y Filistión, aporta la doctrina de la composición de la materia a partir de los cuatro elementos (aire, agua, tierra y fuego) y de las cuatro propiedades activas (caliente/frío, húmedo/seco). De aquí también proviene la idea de la centralidad del calor y por tanto la localización central del corazón y de la sangre, y el asignar al calor y al corazón un papel fundamental en la vida psíquica, siguiendo una línea distinta a la marcada por Alcmeón, Anaxágoras o Hipócrates (e incluso el mismo Platón) que reconocían la función psíquica del cerebro, frente a la orgánica del corazón. De la physiología de origen jónico proviene la idea del pneûma4.

De las diferentes escuelas de medicina, teniendo además en cuenta su conocimiento de primera mano al ser su padre médico, Aristóteles toma abundante material, especialmente en lo relativo a la anatomía del cuerpo humano, los tratados ginecológicos y la teoría de los humores.

El principal inconveniente era el enfoque eminentemente patológico de la medicina y su finalidad práctica y terapéutica, frente al planteamiento fundamentalmente teórico de la biología. De la exclusión de la medicina de la enciclopedia aristotélica (y, por tanto, de la ciencia teórica) se derivó la consecuencia negativa de que la biología permaneciese durante muchos siglos como una inmóvil disciplina filosófica, y la medicina quedase reducida a una técnica aplicada, perdiendo el papel cultural que había desempeñado en los siglos V y IV.

Experiencia práctica y observación directa

Otra riquísima fuente de información procede de técnicas no escritas como la zootecnia, la ganadería, la agricultura o la pesca. El conocimiento de cerca de quinientas especies que Aristóteles cita, en especial los animales marinos y aves cuidadosamente descritos, no es posible sin la información oral de criadores, pescadores o cazadores tanto en lo relativo a su morfología, como a su comportamiento (migración, hibernación, costumbres sexuales…)5.

Y al hablar sobre la anatomía de los órganos internos parece clara la aportación de carniceros y pescaderos, pues normalmente se trata de animales comestibles. Y lo mismo cuando se estudia el crecimiento, el acoplamiento, el parto o las enfermedades de los animales, parece indudable la intervención de criadores y pescadores (en el caso de peces, moluscos, etc.), o de agricultores y apicultores al tratarse de insectos. A veces utiliza información de gente común y emplea fórmulas del tipo «se dice», «cuentan».

No debemos desdeñar, sin duda, la importancia que la propia observación directa tuvo en el desarrollo de su labor investigadora, por ejemplo son frecuentes sus referencias a la práctica de disecciones. De aquí procederían sus penetrantes análisis y sus certeras intuiciones.

Pero, además, Aristóteles, consciente de la inmensidad de su tarea y de la pluralidad de fuentes de información, se supo rodear de colaboradores especializados, reservándose el papel de director de la investigación y de organizador e intérprete del material recopilado, dando un carácter uniforme a toda la obra en que se deja ver su mano maestra. De esta forma, tras su muerte, se garantizaba la continuidad de la labor investigadora en el Liceo6.

Sistema de trabajo

A partir de los datos recopilados y de sus propias observaciones, Aristóteles realizó dos tipos de exposiciones7. La primera es la Investigación sobre los animales8 que sería un repertorio enciclopédico y descriptivo del mundo animal; la otra, que incluye las Partes de los animales, Reproducción de los animales9, Parva Naturalia10 y Marcha de los animales (incluido en el presente volumen) supone una reelaboración teórica centrada en aspectos concretos, en un intento no tanto de resolver problemas de las diversas disciplinas, como de delimitar las propias disciplinas. Y, a pesar de este empeño, todavía encontramos encabalgamientos e interferencias debidas a la unidad especulativa de fondo. Así, en las Partes y la Reproducción se describen los modos de la causalidad, que se estudian también en la Física; en Acerca del alma se entrecruzan la biología y la psicología; y lo mismo podríamos decir de otros tratados. Esta permeabilidad entre los límites de las distintas disciplinas es el carácter distintivo de la reflexión aristotélica y el elemento de mayor fuerza de su pensamiento.

No sólo no ofrece respuestas a problemas ya formulados, sino que plantea nuevos temas para resolver. Y gracias a esta discusión, en Aristóteles encontramos los escasos testimonios de la investigación científica precedente (si exceptuamos la médica, conservada por sus escuelas). Una vez determinado un problema, cita las opiniones o doctrinas precedentes (sean de Empédocles, Anaxágoras, Demócrito o de cualquier otro) discutiéndolas y refutándolas, si es el caso, tratando de mostrar la continuidad de la investigación, pues nada está más lejos de su mentalidad que el presentarse como absoluto innovador o excluir la experiencia acumulada. Su pensamiento es el punto de llegada de una larga y rica tradición especulativa. Y la crítica que con frecuencia hace a sus predecesores es la falta de observación empírica, pues insiste en que toda investigación debe basarse tanto en la evidencia de los sentidos como en la razón.

Aristóteles se mueve dentro de una mentalidad estrictamente científica y objetiva. Su explicación de los fenómenos y sus causas parte siempre de la lógica de los procesos naturales y jamás recurre a lo sobrenatural o a la divinidad. Es curioso destacar cómo a lo largo del tratado la palabra «dios» (theós) sólo aparece una vez, y se trata de una cita de Heráclito11.

El lenguaje utilizado por Aristóteles no es técnico; es la lengua cotidiana. No se constatan neologismos, y cuando utiliza términos más especializados les añade la expresión «el llamado». No intenta elaborar una nomenclatura zoológica (como hará Linneo), sino que utiliza la terminología popular y cuando ésta no existe no inventa un nombre, sino que se limita a decir que es «anónimo». Una rigurosa clasificación no es el objetivo primario de su especulación zoológica, y no dedica una parte de su obra a una exposición sistemática de las clasificaciones12. Más bien en cada ocasión recurre a la clasificación más significativa; así en las Partes el agrupamiento o afinidad entre especies atiende a criterios de tipo morfológico, en la Reproducción son consideraciones de tipo fisiológico. Otras veces la clasificación se realiza según el modo de locomoción o el de reproducción. Por tanto, la clasificación es un método instrumental en su investigación, no un verdadero objeto de reflexión en sí misma. Como afirma Pellegrin13, Aristóteles nunca tuvo un proyecto taxonómico, ni entraba en sus planes configurar una clasificación definitiva de los animales.

La herencia aristotélica en la biología moderna

La ciencia biológica, claramente definida e independiente en Aristóteles, volvió a quedar subordinada a la medicina y así la transmiten los textos de Galeno a la Edad Media. Será el auge científico del Renacimiento el que volverá a la especulación biológica aristotélica y la situará en el centro de atención de la ciencia de su tiempo gracias a las traducciones latinas de Miguel Escoto y Guillermo de Moerbeke. De nuevo, los estudios biológicos recobran su autonomía respecto a la medicina. Pero con desigual fortuna: así, mientras la anatomo-fisiología despierta gran interés (especialmente la embriología), la zoología comparada permanece relegada y debe esperar varios siglos hasta que Linneo y Cuvier centren en este campo sus investigaciones.

La intuición aristotélica de la homología anatómica y fisiológica entre los distintos animales permitió el nacimiento de la zoología comparada y permanece como su pilar básico14.

Y a pesar de errores y falsas conclusiones debidos en muchos casos a prejuicios y a creencias tradicionales no sometidas a crítica, algunos de sus planteamientos siguen vigentes incluso después de Linneo. Y ciertas observaciones de Aristóteles fueron olvidadas durante siglos y redescu-biertas por la ciencia moderna. Así, permanece su división entre sanguíneos y no sanguíneos, que corresponde a nuestros vertebrados e invertebrados; la inclusión de los cetáceos entre los mamíferos; la distinción entre peces ósěos y cartilaginosos; la división de los invertebrados en crustáceos, cefalópodos, gasterópodos y bivalvos, e insectos; el reconocimiento del carácter animal, y no vegetal, de formas inferiores marinas; o su idea de la continuidad entre materia no viviente y materia viviente, y entre los animales y el hombre.

Por otro lado, aunque la teoría de la evolución por adaptación debería esperar a Lamarck y Darwin, ya en Aristóteles se da uno de los presupuestos de la adaptación: la correlación directa entre estructura anatómica y funcionalidad fisiológica, si bien falta el concepto de variación de los organismos vivos, eje central en el evolucionismo. A lo largo de su obra encontramos sugestivas indicaciones para el concepto de adaptación.

Pero quizás el punto más importante donde difiere la ciencia moderna de la teoría de Aristóteles es en su finalismo, su forma de concebir la causalidad. La génesis de cualquier ser vivo y de sus partes está orientada a un fin.

El tratado de las «Partes de los animales»

El objetivo de este tratado es investigar las causas que determinan la composición de los animales. Es un estudio fisiológico y teleológico de las funciones de las partes de acuerdo con una finalidad interna. Es el primer texto de anatomía comparada, una disciplina que inaugura Aristóteles y que tardará siglos en hallar continuadores.

Los datos sobre los que trabaja son los mismos recopilados para los otros tratados biológicos, como se ha dicho más arriba, pero en este caso Aristóteles se centra en la descripción de tejidos, órganos y miembros de todo el reino animal. De ahí que la palabra partes del título haya que entenderla en un sentido muy genérico y amplio.

La autenticidad del tratado nunca se ha puesto seriamente en duda y queda garantizada al aparecer en los más antiguos catálogos de la obra de Aristóteles15. Y el propio autor lo cita varias veces en otras obras16. Así, en Acerca de la juventud dice: «El corazón es principio de las venas, como se ha dicho anteriormente en el tratado sobre las partes de los animales»17. Y aparece también citado dos veces en la Reproducción de los animales, que a su vez es citado en quince ocasiones en las Partes.

Tal como ha llegado a nosotros, la obra consta de dos secciones claramente diferenciadas. El libro I, que consiste en una introducción metodológica general a todo el grupo de los tratados biológicos, excepto la Investigación sobre los animales. La segunda sección incluiría los libros II-IV y consiste en la elaboración desde el punto de vista anatómico y morfológico, con referencia a problemas fisiológicos, del vasto material acumulado siguiendo un método comparativo.

Cronología del tratado

Es muy largo el debate sobre la cronología aristotélica. Parece que el tratado de las Partes es una obra posterior a la Investigación sobre los animales. Vegetti18 sitúa su composición definitiva en los años del retorno a Atenas y de la fundación del Liceo (335-330). El libro I, en concreto, pertenecería al mismo período de los grandes libros ontológicos de la Metafísica, Acerca del alma y Reproducción de los animales. También D’Arcy W. Thompson y P. Louis19 son de esta opinión. D’Arcy Thompson20 se basó en el estudio de los topónimos que aparecen en la Investigación. Puesto que la mayoría corresponden a Asia Menor y Macedonia, pensó que Aristóteles debió de realizar sus trabajos biológicos, o al menos recopilar los datos, entre sus dos periodos de residencia en Atenas. Esta tesis es también seguida por Lee21 con el mismo argumento de los topónimos.

En cambio Jaeger22 lo sitúa en el período más tardío de la vida de Aristóteles, basándose en su progresivo alejamiento de las ideas platónicas y su creciente interés por los temas empíricos. E incluso Nuyens23, tomando como punto de referencia la teoría aristotélica sobre la relación entre alma y cuerpo, sostiene que el libro I sería de fecha más reciente que los restantes libros del tratado.

Es muy difícil establecer el orden cronológico de la composición y redacción definitivas, pues responde al procedimiento en «espiral» típico del trabajo filosófico y científico de Aristóteles, que vuelve muchas veces sobre el mismo problema, desde puntos de vista diversos y cada vez más complejos, añadiendo partes nuevas, eliminando las viejas o dejando coexistir ambas. Y, además, realizando constantes citas y referencias cruzadas entre los distintos tratados. Es muy posible que los libros II-IV contengan materiales de diversas épocas y añadidos varios que no fueron unificados en la redacción definitiva, lo que explicaría determinadas divergencias de doctrina, así como repeticiones o contradicciones. En cualquier caso, parece que el conjunto del tratado estaría terminado hacia el 330, que es la fecha admitida por Nuyens para la composición del libro I.

Transmisión y tradición

Las Partes de los animales es uno de los tratados biológicos menos comentados en la Antigüedad. El único comentario griego conservado es el de Miguel de Éfeso, discípulo de Miguel Psello, en el siglo XI.

A comienzos del siglo IX las traducciones florecían en Bagdad bajo el califato de al-Mamun, y al frente de esta escuela de traductores se encontraba el físico Ibn al-Batriq que tradujo al árabe varias obras biológicas de Aristóteles, entre ellas el tratado De partibus. Pero fue en el sur de Italia, Sicilia y España donde se produjo la transmisión de la obra aristotélica del árabe al latín. En el marco de la Escuela de Traductores de Toledo, Miguel Escoto24 realizó hacia 1210 una traducción de toda la zoología de Aristóteles (De Animalibus, en 19 libros) probablemente a partir de la traducción árabe de Ibn al-Batriq. Sobre esta traducción latina compuso Alberto Magno un comentario en veintiséis libros hacia la mitad del siglo XIII.

Por las mismas fechas y a petición de Sto. Tomás de Aquino, Guillermo de Moerbeke25 efectuó una nueva traducción, esta vez directamente del griego. A comienzos del Renacimiento se sitúa la traducción, también a partir del griego, de Teodoro de Gaza26 que todavía constituye una gran ayuda para la comprensión del texto de Aristóteles. Su traducción de las obras zoológicas se convirtió pronto en la versión canónica.

A partir de aquí nuestro tratado queda relegado en la sombra, a pesar del comentario de Agostino Nifo, de la Universidad de Padua (1546). Y así, mientras la embriología despertaba el interés de los científicos Fabricio de Acquapendente y de Harvey, en otros campos de estudio, durante el sigo XVII, la autoridad de Aristóteles y la doctrina escolástica con la que se le identificaba fueron combatidas en nombre de la libertad.

El redescubrimiento del De partibus se produjo a finales del siglo XVII de la mano de biólogos como Cuvier o de Saint-Hilaire ya en el XIX. La filología germánica también colaboró; y de 1831 es la fundamental edición de I. Bekker.

Gracias a los comentarios de Von Frantzius (1853) y a la versión inglesa de Ogle (1882) la obra volvió de nuevo al centro de atención no sólo de los estudiosos de Aristóteles, sino también de los científicos, despertando el interés de Darwin27 y de los biólogos en general.