Carmelo Peralta

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Antonio Luis Sapienza Fracchia

carmelo peralta

Un emblemático aviador paraguayo

colección

protagonistas de la guerra del chaco

grupo editorial atlas

Agradecimientos

El autor desea expresar su gratitud a las siguientes personas e instituciones que contribuyeron para que esta obra sea una realidad:

• Coronel MAM (SR) Agustín Pasmor (†)

• Coronel PAM (SR) Enrique Déntice (†)

• Teniente coronel bioquímico de Sanidad (SR) Carlos Rubén Peralta (†)

• Señores Carlos y Carmelo Peralta.

• Dr. Hermes Gómez Ginard.

• Sr. Tito Aranda.

• Sr. Javier Yubi.

• Arquitecto Jorge Cornejo.

• Sr. Juan Moreno.

• Sr. Pablo de Cabo.

• Fuerza Aérea Paraguaya (FAP).

• Instituto de Historia y Museo Militar del Ministerio de Defensa Nacional.

• Acervo Histórico de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB).

Prólogo

La biografía de Carmelo Peralta es la vida de un hombre que vivió intensamente su pasión por volar, pasión que además le permitió cumplir con su deber como soldado con puntillosidad, responsabilidad y efectividad.

Antonio Sapienza es, sin duda, el historiador más connotado en temas aeronáuticos no solo del Paraguay, sino posiblemente de la región. Su valiosa investigación desarrollada durante años se plasma en estas páginas con singular maestría, permitiendo al lector conocer aspectos diversos de la vida personal y profesional del destacado aviador paraguayo Carmelo Peralta.

A través de la vida de este hábil piloto, reflejada con mucho detalle en este libro, el lector podrá conocer también las peripecias de la Aviación en Campaña durante el conflicto chaqueño. El rol de la fuerza aérea en las guerras es indudable, pero debemos recordar que en la década de 1930 los aviones formaban parte de una innovación que estaba empezando a incorporarse al mundo bélico, situación que se concretaría con fuerza en la Segunda Guerra Mundial. El rol de apoyo de la fuerza aérea a los ejércitos de tierra se demostró en diversas ocasiones, siendo una de las más memorables el denominado puente aéreo a Nanawa, en el que Carmelo Peralta tuvo un destacado rol, al igual que en muchos otros acontecimientos bélicos relatados con precisión por el autor.

Tras 85 años de la conclusión victoriosa de la Guerra del Chaco, la lección que dejó la vida de Carmelo Peralta Cáceres, al igual que el de otros protagonistas de dicho conflicto, es que el sentido del deber, el patriotismo y el coraje acompañados del profesionalismo, la formación y la técnica se constituyen en los elementos suficientes para lograr el éxito.

Herib Caballero Campos

Invierno de 2020

Introducción

Conocí al hijo mayor de Carmelo Peralta, el teniente coronel bioquímico de Sanidad (SR) Carlos Rubén Peralta Zorrilla, y a dos nietos de este héroe de guerra, uno de ellos que lleva el mismo nombre de su abuelo, Carmelo Peralta, que está casado con una prima hermana de mi señora. Ya en los años ochenta, cuando iniciaba mis investigaciones aeronáuticas, tuve la oportunidad de reproducir fotos del álbum familiar de este insigne piloto militar. En años posteriores también hice amistad con otro de sus nietos, Carlos Peralta, quien ha proporcionado valiosos datos e imágenes para que esta biografía sea una realidad.

En mis 35 años de investigaciones aeronáuticas recolectando datos, reproduciendo fotografías y entrevistando a gente que estuvo de alguna manera vinculada a la aviación paraguaya, varias veces me topé con la fascinante vida del aviador militar Carmelo Peralta. Cuando en los años ochenta leí un libro de historia aeronáutica boliviana en el que se describía el último vuelo de Pabón, quien, según el relato, derribó a una aeronave paraguaya y luego se “accidentó” en el Chaco, decidí revelar la verdad, primero en artículos en diversas revistas nacionales e internacionales, y luego en los libros publicados en los Estados Unidos e Inglaterra sobre la guerra aérea en el Chaco.

Un día muy temprano en una fría mañana de julio de 2018, recibí una llamada del coronel DCEM Roberto Carlos Olmedo Lesme, director del Museo Militar del Ministerio de Defensa Nacional, quien me informó que unos peones de una estancia de un colono menonita de la zona de Florida (Chaco) habían encontrado restos de lo que parecía ser una aeronave de la Guerra del Chaco. Me pasó algunas fotos y enseguida le comuniqué que en Florida solo hubo un combate aéreo el 12 de agosto de 1934 y que la aeronave encontrada era el Curtiss Osprey de Rafael Pabón y Mario Calvo, derribada por el Potez del capitán PAM Carmelo Peralta y el teniente 1.º Rogelio Etcheverry. El coronel Olmedo comunicó la noticia al entonces senador Arnoldo Wiens, quien con Carlos Peralta fueron al día siguiente al lugar donde se habían encontrado dichos restos, los cuales, afortunadamente, fueron rescatados y hoy reposan en el Fortín Nanawa.

La presente obra es un pequeño homenaje de este autor a un gran paraguayo de bien que cumplió su deber hasta el último instante de su corta vida, considerando que en el momento de su trágica muerte física solo tenía 30 años de edad, la mitad de los cuales los pasó bajo bandera sirviendo a la patria.

Antonio Luis Sapienza Fracchia

Asunción, julio de 2020


capítulo i

Sus orígenes

Nacimiento y vida familiar

Carmelo Peralta nació en Quiindy el 16 de julio de 1910, hijo de José G. Peralta, contador, oriundo de aquella ciudad, y de Rosa Cáceres de Peralta, ama de casa, oriunda de Paraguarí. Carmelo tuvo dos hermanos, Francisco y Miguel, y una hermana, Rosa. La familia primero se mudó a Misiones, pero en 1915, se estableció en Asunción, de manera que los hijos de la pareja tuviesen una mejor educación. En aquel entonces, Carmelo tenía 5 años de edad. Fue a la escuela primaria en la capital, donde culminó el quinto grado y luego prosiguió sus estudios en la Escuela Nacional de Comercio n.º 1, donde obtuvo el diploma de perito mercantil.

Desde muy pequeño Carmelo leía historias de los pilotos de la Primera Guerra Mundial en los periódicos y revistas de la época y llegó a ver algunas de las demostraciones acrobáticas de Silvio Pettirossi en Asunción, que definieron su vocación hacia la aviación.

Una pintoresca anécdota familiar cuenta que su hermano mayor, Miguel Peralta, llegó a trabajar como ordenanza del presidente de la República José P. Guggiari en el Palacio de López, y a pedido del mandatario iba frecuentemente a buscar documentos a la residencia particular de este y fue ahí donde conoció a una de sus hijas, Clementina Guggiari, con la que eventualmente contrajo nupcias. Su hermano mayor Francisco falleció durante la Revolución de 1922.

En cuanto al propio Carmelo, ya graduado como piloto aviador militar, se casó en 1931 con una señorita de la alta sociedad guaireña, Amalia Zorrilla de San Martín, con quien tuvo cuatro hijos, uno de los cuales falleció prematuramente, siendo los demás Carlos, César y Hugo.


Ingreso a la vida militar

El 4 de marzo de 1925, con apenas 15 años de edad, ingresó como cadete en la Escuela Militar en Asunción. Habiendo terminado el tercer curso en dicha escuela, fue transferido a pedido suyo a la Escuela de Aviación Militar el 18 de junio de 1928 para el curso de pilotaje, nombrado alumno-piloto por Decreto del Poder Ejecutivo n.º 31269 del 13 de septiembre de aquel año.


Entrenamiento de vuelo

Durante su entrenamiento de vuelo, recibió instrucción primeramente en los entrenadores primarios Hanriot HD-32, pasando posteriormente a los Morane Saulnier M. S. 35 y M. S. 139. Con la llegada de los primeros cazas Wibault 73 C.1 y los bombarderos Potez 25 A.2 en 1928, también realizó adaptaciones de vuelo en ambos tipos de aeronaves de combate.


Graduación como piloto aviador militar

Formó parte de la segunda promoción de pilotos aviadores militares (PAM) de la Escuela de Aviación Militar integrada por el Tte. 1.º José Atilio Migone y los tenientes 2.º Tomás Ruffinelli, Isidoro Jara Cardozo, Emilio Rocholl, Walter Gwynn, César Sisa, Ernesto Quiroz, Luis Escario, Román García y Carmelo Peralta. Recibió su brevet de piloto aviador militar el 28 de febrero de 1930, según consta en el Libro de Diplomas, folio n.o 18. Su brevet de PAM tenía el número 18 y estaba firmado por el Tte. Cnel. HC Ernesto Colombo, quien entonces era director de la Escuela de Aviación Militar.

El 22 de abril de aquel año se realizó el acto de egreso de la mencionada promoción en un solemne acto llevado a cabo en la Base Aérea de Ñu Guazú, otorgándole a Carmelo Peralta el rango de teniente 2.º de Infantería a través del Decreto del Poder Ejecutivo n.o 36597. Tenía solo 19 años de edad y ya asumía grandes responsabilidades como piloto aviador militar.

 

Por Decreto del Poder Ejecutivo n.o 36597 de la misma fecha mencionada anteriormente, el Tte. 2.º PAM Carmelo Peralta fue trasladado a prestar servicio en el Regimiento Ytororó en Campo Grande. Al mes siguiente, fue designado comandante de pelotón de la compañía de fusileros y se lo envió a prestar servicio en la Escuadrilla de Entrenamiento de la Escuela de Aviación Militar como instructor de vuelo.


Entre 1929 y 1931, la empresa aérea Aeroposta Argentina operó vuelos regulares de pasajeros, correo y pequeñas cargas entre Buenos Aires y Asunción, aterrizando en la Base Aérea de Ñu Guazú. El Tte. 2.º PAM Carmelo Peralta tuvo la oportunidad de hablar y hacer amistad con pilotos de la talla de Pedro Ficarelli, Leonardo Selvetti, Paul Vachet e inclusive con las visitas eventuales de Antoine de Saint-Exupéry. Los pilotos de Aeroposta, que se reunían para alegres tertulias con música y asados regados con abundante buen vino en la casa de los Cuevas, solían invitar a varios pilotos militares paraguayos, entre ellos a Peralta.

En mayo de 1931 fue destinado a prestar servicio en la Primera Escuadrilla de Reconocimiento y Bombardeo con los Potez 25 A.2 y el 16 de diciembre de aquel año, por Orden n.º 793, fue designado jefe de la Sección Montaje de Aviones.


capítulo ii

La Guerra del Chaco

Cuando estalló la Guerra del Chaco, el Tte. 2.º PAM Carmelo Peralta seguía prestando servicios en la Primera Escuadrilla de Reconocimiento y Bombardeo. El 8 de agosto de 1932, dicha escuadrilla fue desplegada a la primera base aérea que se construyó en el Chaco en un lugar denominado Isla Taguató, unos kilómetros al suroeste de la estación Punta Rieles del Ferrocarril de Casado. Allí llegaron los primeros tres Potez 25 A.2, tripulados por los tenientes 1.º PAM Atilio Ibáñez Rojas y Trifón Benítez Vera, y el Tte. 2.º PAM Román García como pilotos, y los tenientes 2.º PAM Carmelo Peralta, Isidoro Jara y Emilio Rocholl como artilleros. En aquel entonces, todas las misiones operativas de los Potez llevaban dos pilotos, de manera que, si el piloto a cargo de la aeronave era herido o muerto, el segundo piloto podía seguir volando el aparato. Posteriormente, el comandante en jefe del Ejército Paraguayo, el entonces teniente coronel José Félix Estigarribia, prohibió incluir un segundo piloto, dado que, si una aeronave paraguaya era derribada, se perderían dos valiosos pilotos, y ordenó que el artillero fuera un oficial de ejército entrenado en el uso de las ametralladoras apareadas Madsen, con las que se equipaban los Potez.


Estando ya desplegado en el Chaco, el Gobierno nacional emitió el decreto correspondiente ascendiendo a Carmelo Peralta al rango de teniente primero de Infantería el 14 de agosto. Tres días después, el Arma Aérea Paraguaya cumplió su primera misión operativa cuando los tres Potez con sus tripulantes antes mencionados realizaron una acción de reconocimiento y bombardeo sobre las posiciones bolivianas en la zona de Carayá. En dicha ocasión el Tte. 1.º PAM Carmelo Peralta tuvo a su cargo del Potez 25 A.2 serial 5, acompañado por su camarada el Tte. 1.º PAM Román García como artillero. El 17 de aquel mes, en una misión de reconocimiento en los alrededores del Fortín Boquerón, descubriendo una franja desocupada al oeste de dicho fortín, reportando la novedad a sus superiores. Inmediatamente, el Tte. Peralta transportó al Tte. 1.º de Infantería Heriberto Florentín para otro reconocimiento en dicha área y la elaboración de un croquis. El día 25 cumplió una misión de transporte de correo urgente del Comando en Jefe desde la Base Aérea de Isla Taguató a la ciudad de Concepción, retornando a su base en el Chaco el 2 de septiembre, también con correo urgente para el Comando en Jefe.

Desde el principio de la guerra, el Tte. Peralta siempre tuvo la precaución de llevar consigo una suerte de kit de supervivencia consistente en un vaka’i (carne enlatada), galletas, fósforos, una cantimplora con agua (que era boliviana, un obsequio que recibió luego de la batalla de Boquerón), un cuchillo de montaña y una pistola de oficial reglamentaria con munición, en caso de que tuviese que realizar algún aterrizaje de emergencia en el medio de la nada. Fueron varios los pilotos que copiaron su ejemplo, pues el propio director de la Escuela de Aviación Militar, el mayor HC Vicente Almandós Almonacid, piloto argentino veterano de la Aviación de Caza Francesa, les había sugerido esa idea que se implementó justamente durante la Primera Guerra Mundial en Europa.

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