Buch lesen: "Medico cirujano del interior"
Médico cirujano del interior
Médico cirujano del interior
Amadeo Papa
Índice de contenido
Portadilla
Legales
Prólogo
Palabras previas del autor
Capítulo I. Elección de estudiar medicina
Capítulo II. Profesional Médico
Capítulo III. Traslado a la Ciudad de Eduardo Castex, Provincia de La Pampa.
Capítulo IV. Retorno a Olavarría
Capítulo V. Beca de la ESO(European School of Oncology).Italia.
Capítulo VI. Retorno a Argentina.2do Capítulo Olavarría.
Capítulo VII. Mi paso por el Servicio Penitenciario Bonaerense.
Capítulo VIII. Mi paso por la Política.- 1983 hasta el 2000.- Capacitaciones.
Capítulo IX. Impacto de la evolución tecnológica de los últimos 50 años.
Capítulo X. Variación de la Expectativa de Vida al nacer de la Población en los últimos 50 años.
Capítulo XI. Los pacientes.
Capítulo XII. Retribución Médica
Capítulo XIII. Imagen del médico en la sociedad local y nacional.
Capítulo XIV. La valorización de la práctica médica en la actualidad. Enfoque antropológico y social de la pérdida del estado de salud.
Pandemia por Coronavirus 2019-2020.-
Reflexiones finales
Biografía
| Papa, Amadeo Médico cirujano del interior / Amadeo Papa. - 1a ed . - La Plata : Arte editorial Servicop, 2020.Archivo Digital: descargaISBN 978-987-8397-20-71. Autobiografías. I. Título.CDD 808.8035 |
©2020. Amadeo Papa
Digitalización: Proyecto451
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.
Inscripción ley 11.723 en trámite
ISBN edición digital (ePub): 978-987-8397-20-7
Agradecimientos
A mis padres y hermana, a mi esposa, Gladys Adriana Mielgo, a mis hijos, Griselda, Estefanía, Piero y Sofía, a mis nietos, a los que les he robado momentos familiares y a mis amigos, con quienes he mitigado los momentos de dolor y sufrimiento en esta larga carrera médica.
A mis Maestros, a mis colegas que me siguen enseñando aún hoy, a mis pacientes que han recibido y aceptado mis actos médicos.
Especialmente a dos amigos que me han guiado en estas líneas, Roberto Forte y Mariano Giménez
Siempre me pregunto ¿si naciera de nuevo, volvería a ser médico cirujano? La respuesta, definitivamente si.
Gracias a la medicina, la más humana de las ciencias.
Amadeo Papa
Prólogo
Escribir un prólogo es una tarea compleja.
Debe ser breve y directo, generando una incognita que mueva a la curiosidad del lector.
Quizás entonces la mejor manera de escribir este prólogo sea que les comente en pocas palabras las sensaciones que tuvo en mi su lectura.
Este libro nos lleva a través de la vida del Dr. Amadeo Papa.
Y en ese camino, nos va mostrando anécdotas, memorias y como en un juego, nos va dando lecciones de vida.
Nos muestra lo bueno y lo malo. Momentos de alegría que llevan a la sonrisa del lector y otros de tensión y angustia propios de una verdadera novela de misterio o, lo que es lo mismo, de la vida de un médico cirujano.
El autor se permite imprimirle al relato, en todo momento, su propio aroma del tiempo que le tocó vivir.
Sentí al leerlo y releerlo, la escritura de un verdadero líder.
Un líder quiere vivir su vida desde el sentido que le brinda y compartir con otros el sentido e interpretación de los datos del mundo en el que vive. Y eso logró expresar Amadeo con este libro, recordando que la palabra genera realidad, no meramente da cuenta de lo que ocurre.
Es así que un líder es aquel que puede con su palabra transformar la realidad en consonancia con lo que cree. El líder es aquel que sabe brindarle sentido a las cosas.
Por ello, en consonancia con Edmund Wilson creo que no hay dos personas que lean el mismo libro, porque leer un libro nos transforma, nos cambia. Y Amadeo nos lleva en ese camino, donde desde los hechos, nos modifica, nos convierte en algo nuevo.
Por último, y de esta manera cumplir con la premisa de un texto breve, haré un cambio en mi recuerdo de una frase que alguna vez escuché sobre Winston Churchill, primer ministro de Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial y Premio Nobel de literatura “ la historia iba a ser benévola con él, porque él escribiría la historia”, me permito cambiarlo por, la historia que empieza usted a leer, será benévola con Amadeo Papa, porque él puso toda su sinceridad y corazón al escribirla.
Mariano E. Giménez
Mariano E. Giménez, MD, PhD, FSIR
Professor of Surgery

Palabras previas del autor
Decidí escribir este libro, porque casi 50 años de experiencia y de trabajo médico me parecieron suficientes para contribuir con médicos y pacientes, en la comprensión de los intrincados caminos que tenemos los humanos para enfrentar nuestras enfermedades y la relación médico paciente.
Lo realizo como un aporte referencial, sin pretender que sea un tratado científico, con la humildad de contar lo que me ha ocurrido y las sensaciones que me produjo mi tarea como médico.
Es mi testimonio como profesional, para que pueda ser conocido y evaluado por pacientes y médicos compararando sus experiencias y vivencias con el relato, en plena libertad de hacerlo. El relato de casos testigos tiene el aval de las historias clínicas y los testimonios de mis pacientes.
Durante años he analizado y vivido intensamente, la relación médico paciente, su impacto social y mediático. He tenido muchas experiencias y anécdotas, he visto otro tanto y más de mis colegas.
La lucha por la vida es nuestro norte y se ve enfrentada con una realidad por demás compleja; las enfermedades, con sus variadas maneras de manifestarse y los momentos en que ellas lo hacen.
Algunas enfermedades se detectan temprano y otras tardíamente, con sus individualidades propias de cada persona y con las circunstancias de tiempo y lugar.
La medicina, en los últimos 30 años, ha progresado más que en toda la historia de la humanidad, se ha mejorado la expectativa y esperanza de vida al nacer, desde los cincuenta años en los años sesenta, a los noventa años en la actualidad, pero todavía no se logró el don de la vida eterna.
Tenemos protocolos de trabajo médico en todas las ramas de la medicina, con una gran base científica, pero no comprenden a la totalidad de las enfermedades y tratamientos, porque cada persona es única e irrepetible y es propio de cada individuo, cómo se manifiesta en él, la enfermedad.
La ciencia médica usa la valoración probabilística y estadística de “La Campana ó Curva de Gauss”, que engloba las probabilidades de ocurrencia de una enfermedad en la población y se incluyen las mayorías en 2 ó 3 desviaciones estándares de la media, pero siempre queda un pequeño porcentaje que se aparta, lo que siempre hace que exista la posibilidad de ocurrencia de un fenómeno patológico no contemplado, que corresponde a los casos excepcionales y únicos, para los que la creatividad y el arte médico ayuda a la normativa científica para tratarlos.
Los médicos, actuamos, en la gran mayoría de los casos individualmente, principalmente en la consulta profesional, en los grandes centros se trabaja un poco más en equipo, pero todavía tiene una fuerte impronta el personalismo profesional, que enlentece la mejora continua de la integralidad y eficacia del acto médico.
Los profesionales de la salud, padecemos, según mi humilde opinión, de una enfermedad profesional, propia de nuestra práctica, conocida como, ”la soberbia de la Ignorancia”; esto es, que cuanto más ignoramos, mas soberbios somos, porque pensamos que lo que no sabemos o no conocemos no existe y “carecemos de la humildad del conocimiento”; y esto nos indica que tenemos que ser humildes, por cuanto es más lo que no sabemos y conocemos de lo que hemos atesorado con nuestro estudio y trabajo”.
Está muy arraigado en nuestra profesión, el hablar con desconocimiento de los hechos y casos, opinamos de cualquier tema médico sin saberlo y ante cualquiera, léase; pacientes, familiares, amigos, extraños, otros profesionales, abogados, etc., y lo hacemos con una seguridad determinante y esto lleva, en innumerables oportunidades, a que se inicien juicios por supuestas mala praxis, sólo porque se ha opinado sin conocer los hechos en su totalidad y en un ambiente que no tiene conocimiento médico.
Los médicos no podemos hacer aseveraciones diagnósticas y terapéuticas terminantes, como, ciento por ciento de efectividad diagnóstica y de cura y cero por ciento de complicaciones terapéuticas. Porque en nuestro trabajo no tenemos infalibilidad, porque no conocemos la totalidad de la enfermedad o estado de salud de los pacientes. Si podemos poner todos los medios de diagnóstico y tratamientos que poseemos, pero sin asegurar los resultados.
Esta es la principal razón por la que ocurren los supuestos casos de mala praxis. Todos los médicos y profesionales de la salud estamos expuestos a que nos ocurra. Pero tratamos, con la mejora continua de los protocolos diagnostico-terapéuticos, bajar al mínimo las posibilidades.
Un capítulo especial de éste apartado es la muerte. Esta puede ocurrir en cualquier momento y en las mejores manos que existan, porque hay una sola condición para que ocurra; ¡estar vivos!. La ley natural de la vida y muerte es inflexible.
En el camino recorrido desde el momento del nacimiento hasta el día final, vivimos una compleja historia personal, que es nuestra historia clínica, la que nosotros, los médicos, recabamos cuando iniciamos la atención de un paciente, cualquiera sea su edad.
Dicha historia clínica, comprende la evaluación de los signos y síntomas, los análisis y estudios complementarios y los antecedentes personales y familiares, desde el comienzo de la vida hasta el día de la consulta.
Estos antecedentes son recordados o no, valorados por los pacientes y familiares como importantes o no, visibles u ocultos, lo que hace que no sepamos la totalidad de su padecimiento.
Esto indica que no controlamos todas las variables, que intervienen en nuestras enfermedades, por lo tanto, nunca estaremos el ciento por ciento en control del diagnóstico y tratamiento de cualquier enfermedad.
Por esta sencilla y natural razón, todos los agentes de salud, que trabajan con pacientes y aún aquellos que están dentro de un laboratorio, sin contacto con ellos, tienen la potencialidad de realizar una supuesta “mala praxis” en el diagnóstico-tratamiento de los mismos.
La mala praxis puede ser simple, menor, con daños reparables, con daños irreparables, e incluso la muerte. Así es la profesión médica, un servicio humano, falible y noble que no puede garantizar resultados milagrosos.
Por esta razón y ante la muerte, aún sin una causa aparente concreta, estamos en presencia de un daño no querido y no deseado pero esperable, sin la más mínima intención de dolo.
Los médicos no somos infalibles, mágicos o dioses, por tanto ante la ley natural de la vida y muerte no somos asesinos. Somos servidores intermediarios, capacitados para tratar de evitar la muerte y curar las enfermedades.
No poseemos el conocimiento completo del fenómeno vida-muerte, por lo tanto, cuando podemos pensar y analizar, en un acto médico, nos guiamos con una máxima: “primun non noccere”, primero no dañar.-
La mala praxis se define judicialmente como, imprudencia, impericia y negligencia, que pueden producir un daño no querido, es decir, actuar con todos estos condicionantes, o algunos de ellos. Ella se refiere a la responsabilidad profesional por los actos médicos realizados con negligencia.
El ejercicio de la medicina se define como una actividad que tiene dos fines; la búsqueda del menor error posible y el mayor beneficio probable.
Cuando nos demandan por un supuesto caso de “mala praxis”, se rompe en su totalidad la relación médico paciente, que es el principalísimo inicio del acto médico, “la relación de confianza entre el paciente y el médico”.
El acto médico se realiza en equipo, la ciencia que provee el equipo médico y el cumplimiento del tratamiento y medidas indicadas por parte del paciente y sus familiares.
La mala praxis, no ocurre solamente en el acto médico, ocurre en todas las profesiones y trabajos, mientras lo realicen seres humanos, porque somos esencialmente falibles y cometemos errores de todo tipo, pero pareciera que a nuestra sociedad solo le importan los errores médicos y no los errores de las otras ciencias y prácticas humanas.
Deberíamos ser más justos y equitativos y hablar de una supuesta “mala praxis social individual y colectiva”.
Con estas simples reflexiones, me he guiado en mis casi 50 años de médico y espero que el objetivo de plasmarlo en la hoja de papel, sirva para mejorar diariamente nuestra relación médico-paciente y se revalorice esta humana profesión de servicio.-
Confieso que me siento orgulloso de ser médico, con la sensación del deber cumplido y antes de envejecer, no quiero perder la oportunidad de contar todas las vivencias que he tenido en el ejercicio de la maravillosa profesión médica.
CAPITULO I Elección de estudiar medicina
Lejanos están los recuerdos de cuando empezó mi interés por la medicina, pero trataré de traerlos de mi memoria al menos, los más importantes.
En la escuela primaria N° 32, “Ministro Wilde” de Olavarría, hice casi toda la etapa primaria. Me integraron al equipo de La Cruz Roja, que creo, fue la primera vez en que me di cuenta que no me daba miedo ver sangre.
Pero a mis once años, un episodio familiar, marcó para siempre mi vocación de médico. Fue ver a un tío muy querido en el lecho de enfermo, moribundo con un cáncer gástrico y antes de morir, me hizo prometerle que estudiaría para médico, promesa que escucharon mis padres e hicieron propia.
Así empecé a caminar hacia el destino de ser médico, con una franca inclinación para las ciencias biológicas. Era un orgullo para mis padres y familiares, todos inmigrantes de la postguerra y obreros, tener “un hijo Doctor”.
En aquellos años era un honor familiar que un italiano tuviera un título universitario. Mi padre obrero de la fábrica cementera de Loma Negra, trabajaba como mecánico industrial especializado en montaje.
Sobreviviente de la segunda guerra mundial, en donde participó de hitos históricos, como el desembarco del General Paton, en la isla de Sicilia, Italia, y en la Batalla de Montecasino. Realizó un año de servicio militar obligatorio y seis años de guerra. Combatió con los alemanes y contra ellos. Historia que algún día desarrollaré en su honor.
Mi madre, costurera de alta costura. Había estudiado en Italia en la época de la preguerra, en las escuelas técnicas obligatorias, instituidas por el régimen del Dictador Benito Mussolini, que las obligaban a usar los famosos uniformes con camisas negras, distintivo del fascismo gobernante.
Vestía a las novias para su casamiento y también hacía ropa común para los vecinos y la paisanada italiana, -con su máquina Singer traída de Italia- que aún conservamos y que heredó mi hija mayor Griselda. Todavía la recuerdo caminar entre los vestidos desparramados en el piso lustroso del living, donde la “Assunta”, -así llamaban a mi madre los paisanos y conocidos, por Asunción, su nombre-, con mucho cuidado y esmero desplegaba la tela para darle forma al ajuar de novia.
Quiero señalar que no eran años fáciles. Los italianos laboriosos, como mis padres y nosotros los hijos, padecíamos lo que hoy sería “bulling”; “gringos muertos de hambre se vienen a matar el hambre aquí”, expresión de lo más suave, porque trabajaban veinte horas por día.
Se agravó más el bulling, cuando mi padre compró un terreno y nos pudimos hacer, trabajando entre todos, la primera casa de familia.
Hoy estos hechos no generan ninguna reacción, pero en aquella época era motivo de envidia para muchos, que no podían aceptar que un extranjero tuviera su casa hecha por él mismo, en pocos años de trabajo en una fábrica.
En el año 1961 ingresé al glorioso Colegio Nacional Coronel Olavarría, del cual guardo los más lindos recuerdos y las eternas amistades de los compañeros.
En el año 1965, nos diplomamos como bachilleres. Ya había decidido estudiar Medicina y elegí la Universidad Nacional de La Plata, dónde íbamos la mayoría de los estudiantes universitarios olavarrienses.
Comenzaba el camino al título
Primeros pasos en la facultad. Mezcla de estudio, política y deportes.

Facultad De Medicina De La U.N.L.P.
En el mes de enero de 1966, comienzo el primer curso de ingreso a Medicina en la Universidad Nacional de La Plata, que era presencial y con evaluación. Teníamos que cursar dos materias; Elementos de Biofísica y Bioquímica.
Fue el primer gran choque como estudiante, el paso del colegio secundario a la Universidad. Pero luego de dos meses, nos adaptamos rápidamente al ritmo universitario, porque en rigor de verdad, veníamos con una buena base del secundario y aprobamos casi todos los mil quinientos alumnos a primer año.
Ese año, fue muy convulsionado políticamente, porque se produjo el derrocamiento del Presidente Dr. Arturo Illia, a mediados de año, por el golpe de estado de los Militares comandados por el General Onganía, nombrado como Presidente Provisional, por la Junta Militar.
En el ámbito de la facultad de medicina, por reclamos estudiantiles, se comenzó con una lucha estudiantil por demandas muy concretas de la carrera, sin politización partidaria, que se iniciaron, con la realización de asambleas en el Aula Magna de la facultad. Como todo joven impetuoso, participo activamente en ellas y tengo un importante rol, muy activo, haciendo propuestas concretas.
La asamblea aceptó una de las propuestas que realicé como ponencia, que era la presentación de un petitorio con todos los aspectos que demandábamos y se la presentáramos al decano de Medicina. De los diez puntos, del petitorio, logramos que se aceptaran ocho puntos.
Pero transcurrido el mes, las autoridades no habían cumplido y nos vimos obligados a la realización de otra asamblea con reiteración del petitorio anterior. Forzamos la aceptación con una sentada pacífica,- en esa época y aún ahora, admiraba la política activista pacifista del gran político Hindú, Mahatma Gandhi- en la diagonal 74, en la entrada del Cementerio de La Plata, con mucha visibilidad publica, por lo que el decanato decidió aceptar.
Nuevamente, las Autoridades no cumplieron con lo pactado. Propusimos una tercera asamblea y cuando estaba por ingresar a la misma, se me acercaron cuatro miembros integrantes del centro de estudiantes (compuesto por comunistas y peronistas) y me impidieron ingresar, bajo amenazas muy serias.
Ante estos hechos, novedosos para mí, porque no los esperaba en un ambiente universitario, les comenté a mis padres lo sucedido. Me aconsejaron que deje de participar en política estudiantil, porque como era extranjero, me podían deportar?.
Resigné mi corta participación en política universitaria, decidí estudiar y hacer deportes hasta recibirme.
Tuve una cursada normal, con dos materias aplazadas Bioquímica y Anatomía Patológica, porque perdí el turno de diciembre por una escabiosis- sarna-, que no me dejaba estudiar concentrado.
A partir de ahí fue todo viento en popa, con promedio de seis con 75 céntimos, en toda la carrera, ayudantías en las dos cátedras de Anatomía Patológica, termine los estudios de grado con el examen de Neurología, en el Hospicio de Melchor Romero.
Rendí la última materia, el 26 de junio de 1973, el día que mi viejo cumplía cincuenta años y el mejor regalo para él en ese momento.
En instantes en que escribo estas palabras no puedo dejar de pensar en la estrecha relación que siempre mantuve con mi padre, en los lazos de afecto que nos unieron y en lo mucho que debo agradecerle por su apoyo y acompañamiento en todas las etapas de mi existencia.
Tampoco puedo olvidar los hechos que marcaron su difícil vida en Italia, especialmente en los aciagos días de la 2da. Guerra Mundial, como combatiente del Regimiento Alpino y otros en sus 6 años de guerra.
Sus relatos de esos tiempos me llegaron desde mi primera infancia y se hicieron carne en mí. Cuando me relata el desembarco del General George D. Patton en Sicilia, ocurrido en 1943, donde la resistencia italiana no disparó un solo cañonazo, el desasosiego cuando se produjo la rendición del Gral. Pietro Badoglio, la colaboración posterior a la rendición, con las líneas de abastecimiento del ejército, norteamericano y aliados, para sostener la tremendamente cruenta ofensiva de Montecasino.
Siempre he pensado que debo escribir sobre esos hechos, una verdadera deuda de honor con mi padre. El futuro lo dirá.
No obstante todas las dificultades universitarias, debo agradecer el haberme formado en una Universidad Pública y una facultad de medicina con grandes maestros. Facultad que tenía una currícula clásica, que te formaba estudiando desde el muerto y en los últimos años, hacia el vivo. Hoy el método pedagógico moderno forma a los médicos, de manera integral, multidisciplinaria y desde inicio con el ser vivo. Contamos en Olavarría con una de las escuelas de medicina, hoy facultad, de la Universidad Nacional del Centro de la Pcia de Bs. As., con esta metodología pedagógica. A juzgar por el producto de los egresados, podemos afirmar que salen con una sólida formación, que aún debe ser aceptada por los formados con la vieja escuela pedagógica.
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